La hipocresía y vender libros: la iglesia de Ratzinger

Hace poco me llegó un twitt en el que se leía la noticia más reciente del anterior papa, Ratzinger, en el que este alardeaba de haber desarticulado un “lobby gay” compuesto por, según él,  “cuatro o cinco personas“. No irá mi crítica por ese camino para ver lo hipócrita que me parece el hecho de que el mayor lobby de toda la historia, la Iglesia Católica, se queje de que tenía un lobby dentro de su institución haciendo ¿qué? ¿presionando para que esta no fuera tan homófoba? o que dicha frase entone un moralismo homófobo porque al ¡oh! gran representante de lo imaginario le diera por frenar la tolerancia hacia un colectivo, discriminado durante milenios por ellos, en el seno de su iglesia.

No, mi crítica no irá por ese camino sino por lo hipócrita que me parece que un tipo que, para vender un libro ensalzando su imagen moralista, se dedique en él a revindicar en los medios:

“su papel decidido contra la “plaga de la pedofilia” pese a las dificultades se encontró cuando se quieren tomar decisiones firmes sobre “la suciedad que se encuentra en la Iglesia”

(Fuente: El diario.es)

Ratzinger - El diario

Que se las dé de víctima y a la vez justiciero de un problema dentro de su empresa no es algo que debiera sorprendernos pues eso mismo es algo que ya hizo hace años cuando se recogieron en los medios las declaraciones de este mostrándose como el adalid de la lucha contra la pederastia (énfasis añadido por el propio medio – procatólico, por si no se nota en la redacción de la noticia):

“Habéis traicionado la confianza depositada y debéis responder ante Dios y los tribunales”. Es el grito, dolorido y escandalizado, que el Papa Benedicto XVI lanzaba el pasado sábado en su carta pastoral a los fieles de Irlanda sobre los abusos sexuales del clero. Quizás porque el Papa anciano, que llegó al solio pontificio con la misión de limpiar la “suciedad” de la Iglesia, recordaba la todavía más dura sentencia de Cristo en los Evangelios (Mc. 9,42) : “¡Ay de aquel que escandalizara a un niño! Más le valiera haberse colgado una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar”.

…el Viernes Santo de 2005, el cardenal Ratzinger clamó: “¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar entregados al Redentor. ¡Cuánta soberbia! La traición de los discípulos es el mayor dolor de Jesús”. Apenas un mes después era elegido Papa y tantos los cardenales como el pueblo de Dios sabían que uno de sus objetivos prioritarios iba a ser limpiar la suciedad y el escándalo de los curas, traidores a Dios y a sus votos.

Sabía y sabe Benedicto XVI que, en los casos de pederastia, lo que se está jugando la Iglesia católica es su credibilidad social y su autoridad moral. Las únicas armas que tiene. Esos son sus poderes, aquellas divisiones por las que preguntaba Stalin.Fiel a su misión, el Papa está dispuesto a cargar con la cruz de la pederastia en nombre de toda la Iglesia católica. Porque también sabe que, para llegar a la alegría de la pascua de resurrección, hay que pasar por el calvario y por la cruz del Viernes Santo.

(Fuente: El Mundo)

Ratzinger - El Mundo,

El problema de esto es que no vivimos en la Europa estamentaria (donde esta podía dar la imagen pública que quisiera y vetar toda opinión discordante) y en donde prácticamente no existían los medios de comunicación, sino en el siglo XXI, donde existe una cosa llamada hemeroteca, que es muy mala para quienes no tienen memoria.

Pero es que ni si quiera hace falta recurrir a esta sino a los documentos expedidos por el propio Vaticano, con conocimiento del entonces papa (Juan Pablo II) y del propio Ratzinger, entonces cardenal y Prefecto de la renombrada “Sagrada Congregación del Santo Oficio” (renombrada, también, Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición)

1º.- El Crimen Solitittionis

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Publicado en 1922, este documento concedía a la “Congregación para la Doctrina de la Fe“ la jurisdicción explícita sobre los casos ‘de abuso’ sexual de menores y disponía los procedimientos para procesar tales casos. El documento no era público y contuvo la orden explícita de permanecer secreto: “Para ser guardado con cuidado en el archivo secreto de la curia para empleo interno.” El documento fue puesto al día en 1962 para incluir órdenes religiosas, además de diócesis. Esto requirió a todos los actores complicados, incluyendo a víctimas, sus miembros de familia y testigos, mantener el secreto a riesgo de excomunión. La carta estaba firmada por el Cardenal Alfredo Ottaviani, Secretario de la Congregación, e iba dirigida a “todos los Arzobispos, Obispos y otros Ordinarios locales, incluyendo aquellos de las iglesias católicas orientales”.

2º.- Las Normae de gravioribus delictis

Delictis Gravioribus

Fuente: Vaticano

Cuando un Ordinario o jerarca tenga noticia, al menos verosímil, sobre un delito reservado, y tras realizar una investigación previa, lo debe comunicar a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que, a menos que por algunas circunstancias particulares avoque a sí la causa, ordenará al Ordinario o al jerarca que proceda mediante su propio tribunal, dando las normas oportunas; el derecho de apelar contra la sentencia en primera instancia, tanto por parte del reo o de su abogado como por parte del promotor de justicia, es únicamente válido al Tribunal Supremo de la misma Congregación.Hay que notar que la acción criminal respecto a los delitos reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe prescribe a los diez años[11]. La prescripción se cuenta conforme a la norma del derecho universal y común[12]; en el delito cometido por un clérigo con un menor, la prescripción empieza a contar desde el día en que el menor cumple dieciocho años.…Este tipo de causas están sometidas a secreto pontificio.

Publicada en 2001 en el boletín oficial de la Santa Sede, este documento, ordenaba que ante la detección de cualquier delito este se debía mantener en secreto y debía ser comunicado a la Congregación para la Doctrina de la Fe, apelando únicamente al veredicto de este tribunal, se haría solamente a la Congregación en lugar del tribunal de apelaciones de costumbre (tribunal civil).

En 2010, se hizo una modificación, después de salir en los medios los casos de pederastia, de las Normae de gravioribus delictis, ampliaba los plazos de prescripción de 10 a 20 años.

Para saber más sobre estos documentos (ver artículo).

3º.- La carta de Ratzinger

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El texto de la carta, que fue escrito en latín, fue traducido al inglés por Thomas Habinek, presidente del Classics Department de la University of Southern California.

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Con fecha de 1985, cuando Ratzinger era todavía cardenal este envió, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, una serie de misivas a la Diócesis de Oakland discutiendo los delitos del padre Stephen Kiesle, acusado más tarde por la Policía canadiense de haber abusado de por lo menos 13 niños entre 1964 y 1984 en la diócesis de Pemboke y condenado en 2005 por abuso a menores, ordenando que este se procesara a través de los cauces eclesiásticos en vez de los laicos (la justicia penal) “para el bien de la Iglesia universal”. Funcionarios de la iglesia de California escribieron a Ratzinger al menos en tres ocasiones para comprobar el estado del caso de Kiesle pero, por lo visto, según el propio Vaticano, la documentación se perdió. 1

En 1981, mientras Kiesle aun se encontraba cometiendo los delitos, la Diócesis presentó documentación al Vaticano para destituir al sacerdote pederasta. ¿Lo hizo? Pues no: el obispo de Oakland, John Cummins (1977 – 2003), recibió respuesta del propio Ratzinger, quien debía castigar a los condenados pedófilos en ese momento, alegando que “los argumentos presentados en favor de la eliminación” eran de “grave importancia” y que era “necesario considerar el bien de la Iglesia universal, junto con la de la peticionario.” Según respondió Ratzinger, “los incidentes de este tipo” necesitan una “consideración muy cuidadosa, lo que requiere un período de tiempo más largo.”

Según Cummins, en una carta enviada en 1982, el no retirarlo, como sugirió Ratzinger, haría más daño a la imagen de la iglesia que expulsarlo:

“Estoy convencido de que no habría ningún escándalo si se les concediera esta petición y que, como cuestión de hecho, dada la naturaleza del caso, podría ser mayor escándalo para la comunidad si al padre Kiesle se le permitiera regresar al ministerio activo “

Kiesle, sin embargo, no se retiró hasta 1987, tres años después de cometer los delitos de los que la justicia le acusó más tarde.

La iglesia ha intentado mantener en secreto todos los delitos que ha cometido; es el propio Ratzinger quien ha dañado “la confianza depositada” y debe “responder ante Dios y los tribunales” junto con toda la ralea católica que contribuyó con ello. Grupos de víctimas presentaron en 2012 ante La Haya una demanda por crímenes contra la humanidad con 40.000 hojas en las que se probaba el encubrimiento.* La demanda estaba dirigida contra el propio Ratzinger y los cardenales Tarciso Beltrone, Ángelo Sodano y William Levada. ¿Responderá ante la justicia algún día?¿Cuando lo hará? Seguramente, al igual que sucedió con Wojtyla, no lo haga nunca. Lo más probable es que siga publicando libros ensalzando su imagen y la de su institución y que cuando muera, al igual que sus antecesores, este sea beatificado por sus “buenas obras” y por alguno de esos “milagros” que les suceden a algunos de sus fanáticos. En vida comen, enferman, mean y cagan, como cualquier otra persona pero, por lo visto, cuando mueren se vuelven superhéroes. A los cristianos, por arte de magia, parece olvidárseles todo lo malo que estos, sus líderes, han cometido. Pero por desgracia, para ellos, al resto de nosotros esto no nos sucede.

 

4º.- Más documentos

Bertone - Secreto pederastia

El caso de Wisconsin en el que estuvo involucrado un sacerdote estadounidense, el reverendo Lawrence C. Murphy, que trabajó en una escuela reconocida por niños sordos entre 1950 y 1974. Pero es sólo uno de los miles de casos remitidos durante décadas por los obispos a la oficina del Vaticano llamada Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida desde 1981 hasta 2005 por el cardenal Ratzinger. En 2010 todavía la oficina estaba decidiendo si los sacerdotes acusados ​​debían ser sometidos a un juicio canónico completo y apartados del sacerdocio.En 1996, el cardenal Ratzinger no respondió a dos cartas sobre el caso de Rembert G. Weakland, arzobispo de Milwaukee en el momento. Después de ocho meses, el segundo al mando en la oficina doctrinal, el cardenal Tarcisio Bertone, actual secretario de Estado del Vaticano, instruyó a los obispos de Wisconsin para iniciar un juicio canónico secreto que podría conducir a la expulsión de Murphy.Pero el cardenal Bertone detuvo el proceso después de que el padre Murphy escribiera personalmente al cardenal Ratzinger protestando que él no debía ser llevado a juicio porque ya se había arrepentido, se encontraba en mal estado de salud y que el caso estaba más allá de un estatuto propio de la iglesia de limitaciones.”Simplemente quiero vivir el tiempo que me queda en la dignidad de mi sacerdocio,” el padre Murphy escribió cerca del final de su vida al cardenal Ratzinger. “Les pido su amable asistencia en esta materia.” Los archivos no contienen ninguna respuesta del cardenal Ratzinger.The New York Times obtuvo los documentos, por los cuales la iglesia luchó para mantener en secreto, de Jeff Anderson y Mike Finnegan, los abogados de cinco hombres que han traído cuatro demandas contra la Archidiócesis de Milwaukee. Los documentos incluyen cartas entre los obispos y el Vaticano, declaraciones de las víctimas, las notas escritas a mano de un experto en trastornos sexuales que entrevistó al padre Murphy y actas de una reunión final sobre el caso en el Vaticano.…Se le dijo a tres arzobispos sucesivos en Wisconsin que el padre Murphy estaba abusando sexualmente de los niños, según lo demuestran los documentos , pero nunca lo reportaron a las autoridades penales o civiles.En lugar de ser disciplinado, el padre Murphy fue trasladado en silencio por el arzobispo William E. Primos de Milwaukee a la Diócesis Superior en el norte de Wisconsin en 1974, donde pasó sus últimos 24 años trabajando libremente con los niños en parroquias, escuelas y, facturando de una demandas, en un centro de detención juvenil. Murió en 1998, siendo sacerdote.A pesar de que el propio Papa en una reciente carta a los católicos irlandeses ha hecho hincapié en la necesidad de cooperar con la justicia civil en los casos de abuso, la correspondencia parece indicar que la insistencia del Vaticano en el secreto ha impedido a menudo este tipo de cooperación. Al mismo tiempo, la reticencia de los funcionarios para destituir a un abusador sexual muestra que a nivel doctrinal, el Vaticano ha tendido a considerar la cuestión en términos de pecado y el arrepentimiento más de crimen y castigo.Al portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, se le mostraron los documentos y se le pidió que respondiera a preguntas sobre el caso. Este proporcionó una declaración diciendo que el padre Murphy ciertamente había violado los niños “particularmente vulnerables” y la ley, y que era un “caso trágico.” Sin embargo, señaló que no se remitió el  caso al Vaticano hasta 1996, años después que las autoridades civiles tenían investigado el caso y lo habían dejado caer.El padre Lombardi subrayó que ni el Código de Derecho Canónico, ni las normas del Vaticano emitidas en 1962 , las cuales instruyen obispos para llevar a cabo investigaciones canónicas y los juicios en secreto, prohibían a los funcionarios de la iglesia reportar el abuso infantil a las autoridades civiles. No se dirigió porque nunca había sucedido en este caso.En cuanto a por qué el Padre Murphy nunca fue apartado del sacerdocio, dijo que “el Código de Derecho Canónico no prevé sanciones automáticas“. Dijo que la mala salud del padre Murphy y la falta de acusaciones más recientes en su contra fueron factores en la decisión.La inacción del Vaticano no es inusual. Sólo al 20 por ciento de los 3.000 sacerdotes acusados ​​cuyos casos fueron a la oficina doctrinal de la iglesia entre 2001 y 2010 fueron considerados para ser juzgados y sólo algunos de ellos fueron expulsados, de acuerdo con una reciente entrevista en un diario italiano con Mons. Charles J. Scicluna, el fiscal interno en jefe de esa oficina. Un 10 por ciento adicional fue apartado del sacerdocio inmediatamente. El diez por ciento fue voluntariamente. Sin embargo, una mayoría – 60 por ciento – se enfrentó a otras “disposiciones administrativas y disciplinarias” según dijo Monseñor Scicluna, como la prohibición para celebraciones.

Fuente: The New York Times (con enlaces hacia todos los documentos firmados por los cardenales y miembros de la iglesia mencionados)

 

Notas:

1. Por lo visto, que se traspapelaran informes sobre abusos era algo común. Cuando se le informó a Ratzinger de que un cura,  Peter Hullermman, que el propio Ratzinger había enviado a terapia contra la pederastia en 1980 iba a volver a ejercer tan solo unos días después de haber sido enviado a tratamiento, el 15 de enero de 1980, se aprobó su traslado de este pederasta a otra parroquia, según un informe de la archidiócesis de Munich. El Vaticano responsabilizó de esto al ayudante de Ratzinger, el reverendo Gerhard Gruber pero el documento probaba que fue Ratzinger, con conocimiento de esto, quien aprobó ese traslado. El jefe de personal de la iglesia era el reverendo Friedich Fahr, quien estuvo informando personalmente en todo momento a Ratzinger. La excusa que puso la iglesia, la cual confesó que “hubo muchos errores”, para que nadie, incluido Ratzinger (quien tenía dicha responsabilidad de hacerlo), denunciara, en boca del reverendo Lorenz Wolf, fue que el informe era algo rutinario y que este “difícilmente acabó en la oficina de Ratzinger“.

*. Años más tarde de dimitir, en el libro que publicará,  afirma a su entrevistador,  Peter Seewald, que las razones para dimitir no se debieron a “presiones”, pero es muy aparente que este tuviera que hacerlo por otra razón que no fuera el deterioro de su imagen y de la misma iglesia debido a la cantidad de denuncias que salían a la luz. Tantas que ya en 2013 Benno Grimm, de la diócesis de Limburg (que cubre el territorio de los estados de Hesse, Rhineland-Palatinate y la ciudad de Frankfurt) dijo que ya no podía soportar el número de alegaciones e informes que pasaban por sus manos.

A las denuncias particulares de cada caso y a las de medios, como SpotLight o el New York Times sacaban a la luz, se le unieron las denuncias contra el entonces papa y varios cardenales ante el Tribunal de La Haya por “crímenes contra la humanidad”.

El 14 de febrero de 2011, incluso dos abogados alemanes de Marktheidenfeld (Baviera), Christian Sailer y Gert-Joachim Hetzel, perteneciente a una secta cristiana, “Universal Life” (cuyo líder, Gabriele Wittek, se autoproclama como profeta) presentaron una denuncia contra Joseph Ratzinger por “crímenes contra la humanidad” criticando la “estrategia del silencio” del Vaticano ante los escándalos de abusos sexuales, su política contraria al uso de preservativos contra el VIH/sida y las “coacciones y amenazas” contra los católicos disidentes.

Los demandantes presentaron el escrito, de 51 páginas, al Tribunal Penal Internacional de la Haya.En el documento estos denunciaban el “mantenimiento y el liderazgo de un régimen mundial totalitario de coacción, que somete a sus miembros mediante amenazas terroríficas y peligrosas para la salud“, “la adhesión a una prohibición mortal del uso de preservativos, incluso cuando existe el peligro de infección del VIH-sida” y el mantenimiento de un sistema mundial que ampara los delitos sexuales cometidos por sacerdotes católicos y su tratamiento preferencial, “que está ayudando siempre a nuevos criminales“.

El 11 de agosto de 2011, una decena de organizaciones feministas y de homosexuales  interpusieron una denuncia ante el Juzgado de Guardia de Donostia contra Joseph Ratzinger por encubrimiento de pederastas de forma sistemática y organizada.En el documento estas denunciaban que “cualquier tribunal puede ejercer la jurisdicción universal” sobre delitos como los actos generalizados de tortura, abusos sexuales y encubrimiento de los mismos, apología de la misoginia y la homofobia y persecución por motivos políticos, étnicos, de género o de orientación sexual“; cometidos por personal religioso y encubiertos por el máximo responsable, Benedicto XVI. “No existe inmunidad de los jefes de Estado sobre actos que representen crímenes de lesa humanidad“Se exigía, además, a las instituciones públicas el que la Iglesia Católica “deje de recibir dinero público, que a sus agentes no se les permita acercarse a los menores de edad, y que su jerarquía sea investigada por posibles crímenes contra la humanidad“.En la denuncia se concluye que, por todo ello, se debe proceder a la “detención e ingreso en prisión sin fianza de Joseph Ratzinger hasta la celebración del juicio donde se dicte sentencia conforme proceda en Derecho”.

En febrero de 2013, varias organizaciones de derechos humanos a través de la abogada del Centro por los Derechos Constitucionales, Pamela Spees, presentaron una denuncia para que Ratzinger fuera juzgado ante la Corte Penal Internacional de La Haya por encubrir los casos de abusos sexuales de los que habían sido informados.Según informó la abogada a la agencia Reuters, “Hemos presentado una denuncia ante la Corte Penal Internacional, pidiéndole al fiscal que investigue y considere procesar a Joseph Ratzinger“.

La respuesta que ha dado a los medios la Iglesia Católica, ante tal cantidad de demandas, no sólo estas sino las individuales, es que todo aquel que les denuncia lo hace para a) enriquecerse con los pleitos y b) para difamar mediáticamente a la Iglesia. Por lo visto, ese es el único argumento que le queda a la iglesia para excusar que miembros suyos, con impunidad, hayan estado abusando a sabiendas de todo tipo de cargos eclesiásticos durante décadas. A Ratzinger, por supuesto, nunca se le juzgó sino que se hizo con él cómo se hizo con esos párrocos: se le retiró a otro sitio.


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