Mito y Realidad – Mircea Eliade

Mito y realidad - Eliade

Para el gran historiador de las religiones, Mircea Eliade, el mito es una realidad. No es sólo una imagen del pasado, sino un instrumento que el ser humano utiliza continuamente para percibir lo sagrado. Para ilustrar esta impresionante conclusión Eliade se adentra en las mitologías de la antigua Grecia, de los romanos, de los aborígenes de Australia, de los Vedas, del Medioevo europeo… o de las obras de Picasso, Joyce o Ionesco. Un libro del que tanto el especialista como el gran público sacarán un profundo provecho.

Desde hace más de medio siglo, los estudiosos occidentales han situado el estudio del mito en una perspectiva que contrastaba sensiblemente con la de, pongamos por caso, el siglo XIX. En vez de tratar, como sus predecesores, el mito en la acepción usual del término, es decir, en cuanto «fábula», «invención», «ficción», le han aceptado tal como le comprendían las sociedades arcaicas, en las que el mito designa, por el contrario, una «historia verdadera», y lo que es más, una historia de inapreciable valor, porque es sagrada, ejemplar y significativa. Pero este nuevo valor semántico acordado al vocablo «mito» hace su empleo en el lenguaje corriente harto equívoco. En efecto, esta palabra se utiliza hoy tanto en el sentido de «ficción» o de «ilusión» como en el sentido, familiar especialmente a los etnólogos, a los sociólogos y a los historiadores de las religiones, de «tradición sagrada, revelación primordial, modelo ejemplar».

Se insistirá más adelante sobre la historia de las diferentes significaciones que el término
«mito» ha adoptado en el mundo antiguo y cristiano (cf. capítulos VIII-IX). Es de todos conocido que a partir de Jenófanes (hacia 565-470) —que fue el primero en criticar y rechazar las expresiones «mitológicas» de la divinidad utilizadas por Homero y Hesiodo— los griegos fueron vaciando progresivamente al mythos de todo valor religioso o metafísico. Opuesto tanto a logos como más tarde a historia, mythos terminó por significar todo «lo que no puede existir en la realidad». Por su parte, el judeocristianismo relegaba al dominio de la «mentira» y de la «ilusión» todo aquello que no estaba justificado o declarado válido por uno de los dos Testamentos.

No es en este sentido (por lo demás el más usual en el lenguaje corriente) en el que nosotros entendemos el «mito». Precisando más, no es el estadio mental o el momento histórico en que el mito ha pasado a ser una «ficción» el que nos interesa. Nuestra investigación se dirigirá, en primer lugar, hacia las sociedades en las que el mito tiene —o ha tenido hasta estos últimos tiempos— «vida», en el sentido de proporcionar modelos a la conducta humana y conferir por eso mismo significación y valor a la existencia. Comprender la estructura y la función de los mitos en las sociedades tradicionales en cuestión no estriba sólo en dilucidar una etapa en la historia del pensamiento humano, sino también en comprender mejor una categoría de nuestros contemporáneos.

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Comentarios

Mito y Realidad – Mircea Eliade — 2 comentarios

  1. Primero te contaré en qué no creo (la lista es muy extensa, te daré sólo unos pocos ejemplos)

    A estas alturas de la vida, ya he visto adónde llega la fe en otras cosas cuando se pone de modo absoluto. Y creo que muchos comparten la falta de fe en lo que sigue:

    Quise creer en el hombre… pero la historia y mi experiencia me muestran que muchas veces fallan

    Quise creer en los politicos… Y entonces vi el telediario.

    Quise creer en el comunismo sin dios. .. Y entonces vi los gulags

    Quise creer en el humanismo y la cultura… y vi el siglo XX

    Quise creer en mí mismo a secas… y me fui secando.

    Quise creer en la honestidad de los médicos…Y entonces vi lo que hacían con el cigarrillo electrónico, y con la salud en general

    Quise creer en Oriente… y entonces vi sus sociedades, y no vi sus ONGs ayudando a otros hombres

    Quise creer en el dinero…Y llegó la crisis crediticia (jeje, ironías de las palabras)

    Quise creer en el consumo…Y no me llenaba, y consumiamos el planeta.

    Quise creer en el amor matrimonial espontáneo… Y pasé dolores sin cuento.

    Y entonces dejé de buscar en qué creer. Me dediqué a seguir lo que, sin buscarlo, me resulta absolutamente creíble (todo lo anterior sólo es creible a trocitos). Y la lista es breve. Y resulta que la llevo siguiendo toda mi vida…

    a) Me resulta creíble la realidad de lo que son las cosas, que pueden ser muy hermosas si nos armonizamos con sus leyes (no pretendiendo que el fuego no queme, aceptando que si saltas de un sitio alto te rompes la crisma, entendiendo que si te cargas de muchos asuntos te agotas, pensando que si no cuidas la amistad se pierde, comprendiendo que si pones toda tu esperanza en el dinero te decepcionas… ese tipo de “leyes”)

    b) Me resulta creíble la experiencia de lo que es importante, transmitida de modo imperfecto (pero con muchas pistas para extraer esencias de esos tabues o de esos hechos sagrados) por nuestros mayores o nuestros ancestros.

    c) Me resulta creíble la actitud de de ese tipo de barbas dedicado a curar locos, sucios, impedidos, tristes y hambrientos, y de usar como herramienta el amor y el perdón, y de usar como ayudantes a todos los que, sin importar su pasado, quisieran ayudar.

    d) Me resulta creíble mi juicio sereno y sutil, lo que en el silencio siento que es, o que ha de hacerse, y que intuyo que está en armonía con lo que otros, también en paz, sentirán y decidirán.

    Y, si eso me resulta creíble a mí, supongo que también se lo debió resultar a otros antes que nosotros. Me imagino que, al intentar traducirlo a palabras, supongo que nuestros ancestros tuvieron que crear una palabra para referirse a “lo más alto”, lo “Altísimo” la realidad TAL COMO ES, la “vida”. Y a esa palabra le llamaron Theos, o Zeus, o Deus…

    Y quizá por eso los judíos dijeron que eso “divino” y “sagrado” es… LO QUE ES, y que es un todo que tiene sentido, es Theos (o Yavhé, o Elloí, o como sea, no soy experto) y es un Padre metafórico, que también resume en su nombre a todos los ancestros, y que unifica al pueblo judío como hermanos metafóricos.

    Y los cristianos dijeron, vale, pero también es Theos el hijo, ese de barbas, porque lo que dice es Altísimo y supone un plan concreto para salvar el mundo, y también es Theos eso sereno y sutil, pero fuerte, que sentimos dentro y que nos señala qué es deseable y qué no, eso que nos ruge cuando vemos que atacan al débil (aunque no nos estén atacando a nosotros) y que nos inflama y nos hace perseguir la justicia, la paz, la libertad, el amor, el infinito, el futuro… ese “espíritu”… ¿bueno? ¿armonioso? ¿luminoso y cálido?… ¡ya está! La palabra es… santo. Ese espíritu santo que nos hace resonar en común unión a quienes luchemos por el bien común aquí y en la Cochinchina (si alguien nos lo ha “encendido” con enseñanzas o con ejemplos visibles)…

    Ya ves, así de sencillamente entiendo eso que, si sólo buscamos las palabras, es un galimatías (la Santísima Trinidad).

    • Todo su comentario se resume en, como diría Dennet, una “profundiotez”. Una perorata de afirmaciones que aparentan, bajo su semántica, ser inteligentes pero que carecen de sentido llegando casi al absurdo.

      1º.- Dedica varios párrafos a listar en lo que, según usted, no cree (si) o cree “a trocitos” en la cual incluye que no cree “en el hombre” porque quiso pero este muestran que muchas veces fallan“. Y sin embargo, sí lo ha hecho en el momento en que cree en aquellos le afirmaron existe una deidad concreta.

      El resto de cosas listadas, lejos de intentar dejar una prosa que aparente algo, en realidad no dicen absolutamente nada: como cuando afirma que quiso creer en el humanismo y la cultura… y (vio) el siglo XX” o cuando afirma que quiso creer en usted mismo “y se fue secando”.

      Que además concluyen en lo que podría habernos dicho desde un principio para así ahorrarnos esa introducción donde generaliza falazmente sin llegar a concretar nada con su “Y entonces dejé de buscar en qué creer. Me dediqué a seguir lo que, sin buscarlo, me resulta absolutamente creíble” que se resume a que creyó en lo que le afirmaron desde el cristianismo.

      2º.- Su imagen del tipo con barbas al que usted afirma creer no viene a ser nada más que el estereotipo arquetipado que le han vendido dichos cristianos en misa. Basta con leerse todos los textos neotestamentarios, conocer la historia de su composición y ver quienes fueron los primeros cristianos para ver que dicha imagen pueril y simplista de ese personaje no es la que ese cristianismo primitivo ideó. Ni si quiera la que ha propagado a lo largo de toda su historia.

      Afirma además no creer en el hombre pero sí lo hace con el tipo de barbas. ¿?

      3º.- Me viene además declarando que: “Me imagino que, al intentar traducirlo a palabras, supongo que nuestros ancestros tuvieron que crear una palabra para referirse a “lo más alto”, lo “Altísimo” la realidad TAL COMO ES, la “vida”. Y a esa palabra le llamaron Theos, o Zeus, o Deus…
      Y quizá por eso los judíos dijeron que eso “divino” y “sagrado” es… LO QUE ES, y que es un todo que tiene sentido, es Theos (o Yavhé, o Elloí, o como sea, no soy experto) y es un Padre metafórico, que también resume en su nombre a todos los ancestros, y que unifica al pueblo judío como hermanos metafóricos.”

      Como veo que no se lo han explicado, lo hago yo:

      – La palabra “Dios”, que proviene del latín “Deus” y este a su vez del indoeuropeo dyew que significa “luz diurna”. Zeus tiene la misma raíz.

      De hecho Día tiene la misma raíz etimológica que Dios precisamente por eso. Ambas provienen del culto al Sol. Algo que está implícito en ese perosnaje en el que usted cree a tantos niveles que incluso los primeros cristianos dibujaban a este como el Dios Sol y cambiaron días “santos” por días en los que se celebraba el culto al Dios Sol (Sol Invictus).

      – Theus, que también deirvó en “dios” proviene del indoeuropeo “dhes” que significa “sagrado”.

      La “experiencia” y su propio “juicio”, afirma usted, le resultan creíbles. A mi no. Los juicios y experiencias personales, como subjetivos que son, pueden ser erróneos o conducir a conclusiones falaces. De todas formas: allá usted.

      Pero sí. Tiene usted razón: la trinidiad que proclama gran parte del cristianismo es un galimatías y dicha deidad, ese personaje, no pasa de algo puramente metafórico. Una entelequia.

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