"Una mente crédula [...] encuentra el mayor deleite en creer cosas extrañas y, cuanto más extrañas son, más fácil le resulta creerlas; pero nunca toma en cuenta las que son más sencillas y posibles, porque todo el mundo puede creerlas."

Samuel Butler

FACT-CHECKING

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FALSO: Un geólogo australiano acaba con la «mentira» del cambio climático

La Gaceta, medio de VOX para hacer propaganda de sus intereses, pretende inferir basándose en opiniones que "el cambio climático es mentira". Para ello se sirve de difundir ideas afines, en este caso las de un negacionista: Ian Plimer.
VEREDICTO: FALSO

El post de @gaceta_es (la cuenta de X.com del panfleto de VOX) comparte un artículo que presenta las declaraciones de Ian Plimer, un geólogo australiano conocido por sus posiciones escépticas sobre el cambio climático, como si fueran una «prueba» definitiva de que el cambio climático antropogénico es una «mentira» o «estafa».

Plimer afirma, entre otras cosas, que solo el 3% del CO₂ atmosférico proviene de humanos, que el CO₂ no causa el calentamiento y que todo es una conspiración financiera. Estas ideas son un mito recurrente en círculos negacionistas, pero han sido ampliamente desmentidas por la ciencia climática. A continuación, refuto punto por punto con evidencia basada en datos y consenso científico, sin apelar a opiniones ideológicas.

1. El mito del «3% de CO₂ humano»: Una distorsión del ciclo del carbono

La afirmación de Plimer: Solo el 3% del CO₂ total en la atmósfera viene de actividades humanas (como la quema de combustibles fósiles), mientras que el 97% es «natural» (de océanos, volcanes, etc.). Por tanto, el impacto humano es «insignificante».

La refutación: Esta cifra se refiere a las emisiones anuales totales (donde las fuentes naturales emiten ~750 gigatoneladas de CO₂ al año, y las humanas ~36 Gt, es decir, ~3-5%). Sin embargo, ignora el ciclo del carbono: las fuentes naturales están equilibradas por sumideros naturales (océanos, plantas y suelos absorben casi todo ese CO₂, manteniendo niveles estables durante milenios). Las emisiones humanas son un añadido neto que no se absorbe por completo, acumulándose en la atmósfera y causando el aumento observado.

Preindustrialmente, el CO₂ atmosférico era ~280 ppm. Hoy es ~420 ppm, un aumento del ~50%, y casi todo ese incremento (~140 ppm) es atribuible a humanos, no al 3% mítico. Las firmas isotópicas del carbono (el CO₂ fósil tiene menos carbono-13) confirman que el exceso viene de combustibles fósiles, no de fuentes naturales.

En resumen: humanos no emiten el «97% del CO₂», pero somos responsables del 33-50% del CO₂ actual en la atmósfera (el aumento total desde 1850).

Esto no es opinión: es consenso de la NASA, NOAA y el IPCC.

2. El CO₂ sí causa calentamiento: No es un «gas menor»

La afirmación de Plimer: El CO₂ es irrelevante porque el vapor de agua es el 95% del efecto invernadero; además, en la historia geológica, aumentos de CO₂ siguieron al calentamiento, no lo causaron, y ha habido épocas con miles de ppm sin «catástrofes».

La refutación: El vapor de agua es el principal gas de efecto invernadero, pero actúa como amplificador: el CO₂ inicial atrapa calor, evaporando más agua y potenciando el efecto. Sin CO₂, no habría vapor de agua suficiente para mantener el clima habitable. Los registros geológicos (núcleos de hielo, sedimentos) muestran que CO₂ y temperatura están correlacionados bidireccionalmente en ciclos largos (como eras glaciales), pero en escalas modernas, el CO₂ lidera el calentamiento: desde 1850, el aumento de CO₂ precede y explica ~50-70% del calentamiento observado (+1.1°C).

Periodos pasados con CO₂ alto (ej. Cretácico, 1000+ ppm) tuvieron climas cálidos extremos (sin hielo polar, océanos 10°C más calientes), pero la Tierra era diferente (continentes, vida). Hoy, el ritmo de cambio es 10-100 veces más rápido que en transiciones geológicas, amenazando ecosistemas adaptados.
Modelos climáticos incorporan Sol, volcanes y órbitas; el forzante principal actual es el CO₂ antropogénico. Plimer ignora esto y cherry-picka datos antiguos para minimizar el riesgo presente.

3. No es una «estafa científica»: Consenso abrumador y beneficios reales

La afirmación de Plimer: El alarmismo es una herramienta para impuestos y control global; el CO₂ es «beneficioso» para plantas, y predicciones pasadas fallaron.

La refutación: Más del 99% de científicos climáticos coinciden en que el cambio climático es real, antropogénico y peligroso. Organizaciones como la ONU/IPCC no «manipulan» datos: publican informes basados en miles de estudios revisados por pares. Sí, el CO₂ fertiliza plantas en algunos casos (+10-15% de crecimiento), pero los efectos negativos (sequías, inundaciones, extinciones) superan eso: pérdidas agrícolas globales de billones de dólares anuales ya ocurren (véanse el impacto y las repercusiones). Sólo en Europa unos 28.000 millones de euros en pérdidas agrícolas. Por lo que además, el discurso anticlimático y negacionista es en realidad un discurso de un sector empresarial, el de los fósiles, que perjudica a otros sectores empresariales, como la agricultura.

Las predicciones «fallidas» son una falacia de hombre de paja: el IPCC ha acertado en tendencias (aumento de temperaturas, derretimiento polar). El «control» son regulaciones para mitigar daños reales, no conspiración. Por esto, porque son regulaciones, es por lo que los negacionistas como Ian Plimer realizan estas campañas: porque afecta a sus beneficios millonarios a costa de la salud (véase cómo afecta incluso a la diabetes) y bienestar del resto de la población.

Las motivaciones de Plimer y de la derecha

Plimer, pese a su título (que suele usarse como ad verecundiam), no es climatólogo: no está formado y especializado en climatología; sus libros han sido criticados por errores factuales (ej. ignorar evidencia isotópica). Es parte de un ecosistema financiado por industrias fósiles, similar a tabaco negando cáncer. De hecho Plimer es director y presidente de hasta nueve empresas mineras con claros conflictos de interés por ser causantes de la contaminación por CO2: Ivanhoe Australia (una subsidiaria de Ivanhoe Mines de Bob Friedland),​ CBH Resources y Kefi Minerals, en 2010 fue nombrado presidente de la junta de TNT Mines Ltd. y presidente de la mina de hierro Hope Downs de Gina Rinehart . Y de hecho también es director de la compañía de gas de hulla con sede en Australia Ormil Energy, de Hancock Prospecting, del Roy Hill Holdings de Rinehart y de Queensland Coal Investments.

Por eso, para remate, Plimer figura como asociado del Instituto de Asuntos Públicosun grupo de expertos conservador con estrechos vínculos con el Partido Liberal de Australia

En 2007, Plimer fue incluido como «experto aliado» del Proyecto de Administración de Recursos Naturales, un grupo canadiense de defensa contra el Protocolo de Kioto.  

n 2008 y en 2009, de acuerdo al columnista del The Age, Plimer ganó más de 400.000 dólares australianos de esos intereses y tiene acciones mineras y opciones por valor de cientos de miles de dólares australianos.

En noviembre de 2009, Plimer fue nombrado miembro del consejo asesor académico del grupo escéptico del calentamiento global del político conservador y tatcherista Nigel Lawson, la Fundación para la Política del Calentamiento Global

Las afirmaciones negacionistas del geólogo Ian Plimer, amplificadas en el panfleto de La Gaceta (un medio perteneciente a Vox, a su fundación Disenso, que difunde propaganda ultraderechista para captar votos entre perdedores de la transición energética, rechazar «impuestos globalistas» y defender intereses fósiles), repiten mitos desmentidos sin sustento frente al consenso científico. Lejos de ser una «estafa», el calentamiento global (+1.2°C antropogénico) está probado por miles de estudios revisados (IPCC, NASA), que confirman el rol del CO₂ humano vía datos satelitales e isotópicos. Vox y sus aliados no buscan verdad, sino obstruir acciones climáticas por ideología nacionalista y pragmática, urgiendo en cambio una respuesta inmediata para mitigar la crisis real.

Conclusión

En conclusión, las afirmaciones de Ian Plimer no «acaban» con el debate sobre el cambio climático: simplemente reciclan mitos obsoletos y distorsionados que desvían la atención de la evidencia científica abrumadora. La ciencia no se construye sobre la opinión aislada de un negacionista, por creíbles que parezcan sus credenciales, sino sobre el vasto cuerpo de miles de estudios revisados por pares (publicados en revistas como Nature, Science y el Journal of Climate) que, mediante datos satelitales, núcleos de hielo, modelos físicos y análisis isotópicos, han demostrado de manera irrefutable que el calentamiento global actual es antropogénico, impulsado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero como el CO₂. Este no es un «estafa» ni una conspiración, sino una crisis medible y predecible (con +1.2°C de aumento ya registrado desde la era preindustrial, derretimiento acelerado de glaciares y eventos extremos en ascenso) que demanda acción inmediata y coordinada: transición a energías renovables, protección de sumideros de carbono y políticas globales para limitar el calentamiento a 1.5°C, tal como insta el IPCC. Ignorar esto no solo perpetúa el daño, sino que hipoteca el futuro de generaciones enteras.

Lo que nos encontramos con los propagandistas del negacionismo climático (no sus lacayos replicadores) son siempre claros intereses empresariales vs la evidencia científica. Por esto sus discursos siempre se alinean con la agenda anticientífica de grupos religiosos y magufos. En resumen: quieren librarse de responsabilidades por las acciones que cometen.

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