Sólo a partir de Darwin se ha comprendido que no somos la especie elegida, sino como dice Robert Foley, una especie única entre muchas especies únicas, aunque eso sí, maravillosamente inteligente. Y no deja de ser paradójico que tantos años de ciencia nos hallan llevado a saber algo que cualquier bosquimano del Kalahari, cualquier aborigen australiano, o cualquiera de nuestros antepasados que pintaron la cueva de Altamira conocía de sobra: Que la Tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la Tierra. Juan Luis Arsuaga

Qué es ateo agnóstico

De vez en cuando, algún ignorante llega a esta web o a mis cuentas de twitter o facebook, dándoselas de listo y preguntando retoricamente si uno puede ser ateo y agnóstico o  afirmando que uno no puede ser ateo y agnóstico. Para todos ellos y para los prepotentes que creen estar en posesión de la verdad absoluta en cuanto a cómo se definen los términos, va dirigido esto.

Table of Contents

¿Qué son ambas?

Etimológicamente

1º.- Ateo, del latín athĕus, (atheos) que a su vez proviene del griego ἄθεος, significa ‘sin dios(es)’.

2º.- Agnóstico, proviene del griego α- [a-], ‘sin’; y γνώσις [gnōsis], ‘conocimiento’.

Según los diccionarios y enciclopedias

1º.- Según el RAE, un ateo es: adj. Que niega la existencia de Dios.

2º.- Según la RAE, un agnóstico es la persona con una: m. Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.

1º.- Según la Wiki, ateísmo es: el rechazo a la creencia en la existencia de uno o más dioses.

2º.- Según Wiki, el agnosticismo es: la postura que considera que los valores de verdad de ciertas afirmaciones —especialmente las referidas a la existencia o inexistencia de Dios, además de otras afirmaciones religiosas y metafísicas— son desconocidas o inherentemente incognoscibles.

La definición más correcta y aceptada socialmente

1º.- Ateo se usa para definir lo que no se cree. Se basa en lo que uno cree o, en este caso, lo que no cree.

2º.- Agnóstico se usa para definir lo que no puede conocerse. Se basa en el conocimiento. En este caso la imposibilidad de conocimiento sobre algo.

No significan lo mismo

A algunos esto parece costarles entenderlo. Como hemos visto, estos términos hacen referencia a cosas totalmente distintas: una se refiere a las creencias y otra al saber o conocimiento. Para explicar esto, la Fundeu realizó un artículo donde deja bien claro qué son ambos términos:

Agnóstico y ateo son palabras con distinto significado y, por tanto, no deben emplearse como sinónimas.

Agnóstico es aquel que ‘declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia’, según la definición del Diccionario académico. Por lo tanto, el agnóstico no afirma la existencia o inexistencia de Dios mientras estas no sean demostrables. Ateo, por el contrario, es aquel ‘que niega la existencia de Dios’.

No obstante, en ocasiones se emplea el término ateo con un carácter más general: «La primera semana de marzo, los ateos de todo el país harán llegar sus solicitudes de apostasía». En este caso, sin embargo, y dado que se desconoce la condición de quienes van a apostatar (pueden ser ateos, pero también agnósticos o creyentes de otras religiones nacidos en el ámbito del catolicismo), hubiera sido preferible escribir «La primera semana de marzo, católicos [o excatólicos] de todo el país harán llegar sus solicitudes de apostasía».

Con carácter general, y más allá de matices filosóficos, para aglutinar a ateos y agnósticos suele emplearse la expresión no creyentes.

¿Son compatibles?

Si. Ya que ambos se refieren a cosas distintas.

Se usa ateo para definir a alguien que no cree en la existencia de deidades.

Se usa agnóstico para definir a alguien que piensa que la existencia de las deidades no puede conocerse (es incognoscible).

Ejemplo:

No creo en las hadas y no puedo conocer sobre su existencia.

¿A qué me refiero con «no puedo conocer»?

Primero, habría que diferenciar entre Dios y dios: cuando uno habla de Dios (o dios bíblico), se refiere al descrito en la Biblia. Dios es la latinización (deus), del indoeuropeo Dyeu (luz diurna), y del que Zeus tiene el mismo origen (Dyeus). Lo mismo que sucede con Día. Esto, además, explica porqué se asocian a las deidades con el culto al Sol.

Cada vez que un creyente está usando Dios como nombre propio, en vez de Yahvé (pronunciación correcta del tetagramatón YHWH), está prácticamente llamando Zeus a su dios.

En este caso, tanto Yahvé como Zeus, tienen sus propiedades y cualidades bien definidas y descritas en sus correspondientes textos religiosos (el primero en los libros de la mitología hebrea – Biblia – y el segundo en los libros de la mitología helénica – las obras homéricas).

Ya que ambos tienen sus cualidades y propiedades, además de narraciones sobre sus supuestos actos, suficientemente descritos en esos textos, pueden ser refutados perfectamente demostrando que dichas cualidades son imposibles, incoherentes, contradictorias o que dichos sucesos jamás ocurrieron o pudieron ocurrir. Dicho de una forma simple: es falsable.

Cuando, sin embargo, se habla de dios en el sentido más abstracto y teológico, uno puede definir a ese personaje como desee, otorgándole las cualidades que se necesiten cuando a uno se le piden evidencias de ello. El creyente siempre podrá colocarlo, además, en aquellos huecos donde necesite una explicación debido a que no conoce o ignora por qué suceden.

Aunque la mayoría de creyentes usa al dios bíblico como base, cuando se les pregunta, estos tienden a recurrir a este tipo de deidad. Un dios de los huecos que puede tener o no un atributo, dependiendo de qué se quiera afirmar sobre él en ese momento. Dependiendo de la imaginación de cada creyente, este puede tener los atributos que este desee o necesite, y por ejemplo, pasar de un estado sólido a uno etéreo dependiendo de qué quiera argumentar dicho creyente para excusar o defender su postura sobre su existencia (de ahí que exista la metafísica). Debido a eso, es este tipo de dios, el cual es inaccesible e incognoscible, al cual nos referimos cuando usamos la palabra agnósticismo. Ya que por más que intente uno evidenciar o refutar cualquiera de las cualidades que emplea cada creyente para sostener una afirmación sobre su existencia, siempre podrá inventarse otra que de explicación a por qué la anterior definición no se cumple, es incoherente o es contradictoria.

Ejemplo:

– Tengo una pelota que levita.

– No te creo. Muéstramela.

– Es invisible.

¿De donde proviene la palabra agnóstico?

Aunque las ideas agnósticas ya existieran o fueran planteadas hace siglos, la palabra fue creada en 1869 por el biólogo y amigo del naturalista Charles Darwin, Thomas Henry Huxley, quien acuñó dicha palabra en su defensa, para definir cual era su postura:

«Cuando alcancé la madurez intelectual y empecé a preguntarme a mí mismo sobre si era un ateo, un teísta o un panteísta; un materialista o un idealista; un cristiano o un librepensador; descubrí que cuanto más aprendía y reflexionaba, más alejada estaba la respuesta; hasta que, al final, llegué a la conclusión de que no tenía arte ni parte con ninguna de esas denominaciones, salvo la última. Lo único en que la mayoría de estas buenas personas estaban de acuerdo era en lo único en que discrepaba con ellos. Estaban bastante seguros de haber alcanzado cierta «gnosis»: habían, con más o menos éxito, solucionado el problema de la existencia; mientras que yo estaba bastante seguro de que no lo había logrado, y tenía una convicción bastante fuerte de que el problema era irresoluble. Y, con Hume y Kant de mi lado, no podía creerme osado en albergar rápidamente esa opinión […] Así que reflexioné e inventé lo que concebí un título apropiado para «agnóstico». Vino a mi cabeza como provocativamente antitético del «gnóstico» de la historia de la Iglesia, quien declaraba saber mucho sobre las mismas cosas de las que yo era ignorante. […] Para mi gran satisfacción el término fue aceptado.»

Huxley, Thomas. Collected Essays, Vol. V: Science and Christian Tradition. Macmillan and Co 1893. pp. 237–239

Cierto tipo con muchas ínfulas de tener una verdad absoluta en cuanto a sus razonamientos y palabra y al que no puede cuestionarse (él ya sabrá, si lee esto de nuevo, quién es) criticó la definición de agnosticismo que he dado en el 2º punto cuando se le expliqué e incluso expuse que dicha definición Huxley la realizó en un contexto religioso, empleando como argumento lo confesado por el propio Huxley en unos ensayos. Veamos qué dijo y en qué se basó, según el propio Huxley, sobre el origen del término en la fuente que este prepotente usó como referencia al discutírmela alegando que la anterior cita en este mismo artículo estaba «incompleta»:

Si yo profesara la doctrina sostenida por «Santiago, el hermano del Señor», y por cada una de las «miríadas» de sus seguidores y correligionarios en Jerusalén hasta veinte o treinta años después de la crucifixión (y no se sabe cuánto después en Pella), ¡debería ser condenado, con unanimidad, como hereje ebionizante por las iglesias romana, griega y protestante! Y, probablemente, esta condena sincera y unánime del credo, sostenida por aquellos que estaban en la relación personal más cercana con su Señor, es casi el único punto en el que estarían cordialmente de una sola mente. Por otro lado, aunque apenas me atrevo a imaginar tal cosa, me temo mucho que los «pilares» de la primitiva Iglesia Hierosolimita hubieran considerado al Dr. Wace un infiel. Nadie puede leer el famoso segundo capítulo de Gálatas y el libro de Apocalipsis sin ver cuán estrecho fue incluso el escape de Pablo de un destino similar. Y, si se debe confiar en la historia eclesiástica, los treinta y nueve artículos, sean correctos o incorrectos, divergen de la doctrina primitiva de los nazarenos mucho más que incluso el cristianismo paulino.

Pero, más allá de esto, me cuesta mucho asegurarme a mí mismo de que incluso Santiago, «el hermano del Señor», y sus «miríadas» de nazarenos, representaban correctamente las doctrinas de su Maestro. Porque nuestros «pilares» modernos afirman constantemente que una de las principales características de la obra de Jesús fue la instauración de la religión mediante la abolición de lo que nuestros fanáticos de los artículos y las liturgias, con humor inconsciente, llaman las estrechas restricciones de la Ley. . Sin embargo, si Santiago sabía esto, ¿cómo podría haber surgido la amarga controversia con Pablo? y ¿por qué uno u otro lado no citó ninguno de los diversos dichos de Jesús, registrados en los Evangelios, que se refieren directamente a la pregunta, a veces, aparentemente, en direcciones opuestas?

Entonces, si me piden que me llame «infiel», respondo: ¿A qué doctrina me piden que sea fiel? ¿Está contenido en los Credos de Nicea y Atanasio? Mi firme creencia es que los nazarenos, digamos del año 40, encabezados por Santiago, se habrían tapado los oídos y creído digno de apedrear al hombre audaz que se lo propuso. ¿Está contenido en el llamado Credo de los Apóstoles? Estoy bastante seguro de que incluso eso habría creado una conmoción recalcitrante en Pella en el año 70, entre los nazarenos de Jerusalén, que habían huido de los soldados de Tito. Y, sin embargo, si la tradición no adulterada de las enseñanzas del «Nazareno» se encontrara en alguna parte, seguramente debería haber sido entre esos discípulos no muy ancianos que pudieron haberlos escuchado cuando fueron entregados.

Por lo tanto, por mucho que me arrepienta de no poder demostrar que, si es necesario, no debería tener miedo de llamarme «infiel», no puedo hacerlo. «Infiel» es un término de reproche, que cristianos y mahometanos, en su modestia, convienen en aplicar a quienes difieren de ellos. Si tan sólo hubiera pensado en ello, el Dr. Wace podría haber utilizado el término «malhechor», que, con el mismo significado etimológico, tiene la ventaja de ser aún más «desagradable» para las personas a las que [234] se aplica. Pero, ¿por qué debería esperarse que un hombre se llame a sí mismo «sinvergüenza» o «infiel»? Que San Patricio «tenía dos cumpleaños porque era gemelo» es una expresión razonable e inteligible al lado de la del hombre que debería declararse infiel, sobre la base de negar su propia creencia. Puede ser lógico, si no éticamente, defendible que un cristiano deba llamar infiel a un mahometano yviceversa; pero, según los principios del Dr. Wace, ambos deberían llamarse infieles, porque cada uno aplica el término al otro.

Ahora me temo que todo el mundo mahometano estaría de acuerdo en corresponder ese apelativo al propio Dr. Wace. Una vez visité la mezquita de Hazar, la gran universidad del mahometanismo, en El Cairo, sin saber que no tenía la debida autoridad. Un enjambre de estudiantes universitarios enojados, como supongo que debería llamarlos, vino zumbando a mi alrededor ya mi guía; y si hubiera sabido árabe, sospecho que «perro de un infiel» no habría sido de ninguna manera el más «desagradable» de los epítetos que se me derramaron antes de que pudiera explicar y disculparme por el error. Si hubiera tenido el placer de la compañía del Dr. Wace en esa ocasión, me temo que los seguidores indiscriminados del Profeta no hubieran hecho ninguna diferencia entre nosotros; ni siquiera si hubieran sabido que era el director de un seminario cristiano ortodoxo.

Por lo que precede, creo que queda suficientemente claro que el relato del Dr. Wace sobre el origen del nombre de «Agnóstico» es bastante erróneo. De hecho, debo agregar que un mínimo esfuerzo por descubrir la verdad lo habría convencido de que, de hecho, el término surgió de otra manera. Soy reacio a repasar una vieja historia una vez más; pero más de un objeto que tengo a la vista servirá contándolo un poco más completamente de lo que se ha dicho hasta ahora.

Mirando hacia atrás casi cincuenta años, me veo a mí mismo como un niño, cuya educación ha sido interrumpida, y que, intelectualmente, se quedó, durante algunos años, completamente a su suerte. En ese momento, yo era un lector voraz y omnívoro; un soñador y especulador de la primera agua, bien dotado de ese espléndido coraje para atacar todos y cada uno de los temas, que es la bendita compensación de la juventud y la inexperiencia. Entre los libros y ensayos, sobre todo tipo de temas desde la metafísica hasta la heráldica, que leí en este momento, dos dejaron impresiones imborrables en mi mente. Una era la «Historia de la civilización» de Guizot, la otra era el ensayo de Sir William Hamilton «Sobre la filosofía de los incondicionados», que encontré, por casualidad, en un extraño volumen de la «Revista de Edimburgo».10 sin embargo, lo devoré con avidez, y grabó en mi mente la firme convicción de que, incluso en las preguntas más solemnes e importantes, los hombres tienden a tomar frases astutas como respuesta; y que la limitación de nuestras facultades, en un gran número de casos, hace que las respuestas reales a tales preguntas, no sólo sean realmente imposibles, sino teóricamente inconcebibles.

La filosofía y la historia, habiéndome agarrado de esta manera excéntrica, nunca me han soltado. No tengo ninguna pretensión de ser un experto. en cualquier tema; pero el giro por la lectura filosófica e histórica, que hizo atractivos para mí a Hamilton y Guizot, no sólo ha llenado muchas horas de ocio legítimas, y aún más insomnio, con el reposo de una ocupación mental cambiada, sino que ha cuestionado con frecuencia mi propio trabajo. tiempo con mi señorita, Ciencias Naturales. De esta manera he descubierto que es posible cubrir una gran cantidad de terreno en el territorio de la filosofía; y tanto más fácilmente que nunca me han importado mucho las opiniones de A [237] o B, sino que he buscado saber qué respuesta tenía que dar a las preguntas que tenía que hacerle: la de la limitación del conocimiento posible el jefe. El examinador ordinario, con su «Exponga las opiniones de Fulano de tal», me habría dejado anonadado en cualquier momento. Si me hubiera dicho qué piensas sobre un problema determinado, podría haberme llevado bastante bien.

El lector que ha tenido la paciencia de seguir el egoísmo impuesto, pero no dispuesto, de esta verdadera historia (especialmente si sus estudios lo han llevado en la misma dirección), verá ahora por qué mi mente gravitaba constantemente hacia las conclusiones de Hume y Kant. tan bien expresado por este último en una frase, que he citado en otra parte.

«El mayor y quizás el único uso de toda la filosofía de la razón pura es, después de todo, meramente negativo, ya que no sirve como un órgano para la ampliación [del conocimiento], sino como una disciplina para su delimitación; y, en lugar de descubrir la verdad, sólo tiene el modesto mérito de prevenir el error «. 11

Cuando llegué a la madurez intelectual y comencé a preguntarme si era ateo, teísta o panteísta; materialista o idealista; Cristiano o librepensador; Descubrí que cuanto más aprendía y reflexionaba, menos preparada estaba la respuesta; hasta que, por fin, llegué a la conclusión de que no tenía ni arte ni parte con ninguna de estas denominaciones, excepto la última. En lo único en lo que estaban de acuerdo la mayoría de estas buenas personas era en lo único en lo que yo difería de ellos. Estaban bastante seguros de haber alcanzado cierta «gnosis», de haber resuelto, con más o menos éxito, el problema de la existencia; mientras que estaba bastante seguro de que no lo había hecho, y tenía una convicción bastante fuerte de que el problema era insoluble. Y, con Hume y Kant de mi lado, no podía considerarme presuntuoso al aferrarme a esa opinión. Como Dante,

Nel mezzo del cammin di nostra vita
Mi ritrovai per una selva oscura,

pero, a diferencia de Dante, no puedo agregar,

Che la diritta via era smarrita.

Al contrario, tenía, y tengo, la más firme convicción de que nunca abandoné la «verace vía», el camino recto; y que este camino no conducía a ningún otro lugar más que a las oscuras profundidades de un bosque salvaje y enmarañado. Y aunque encontré leopardos y leones en el camino; aunque he conocido en abundancia al lobo hambriento, que «con garra escondida devora rápido y no dice nada», como dice otro gran poeta de la bestia voraz; y aunque ningún espectro amistoso me ha ofrecido su guía, estaba y estoy dispuesto a seguir adelante, hasta que salga al otro lado del bosque o descubra que no hay otro lado. al menos, ninguno alcanzable por mí.

Esta fue mi situación cuando tuve la suerte de encontrar un lugar entre los miembros de esa notable cofradía de antagonistas, fallecida hace mucho tiempo, pero de memoria verde y piadosa, la Sociedad Metafísica. Allí estaba representada toda variedad de opiniones filosóficas y teológicas, y se expresaba con total franqueza; la mayoría de mis colegas eran -istasde un tipo u otro; y, por muy amables y amistosos que fueran, yo, el hombre sin un trapo de etiqueta con que cubrirse, no podía dejar de tener algunos de los sentimientos incómodos que debieron acosar al zorro histórico cuando, después de salir de la trampa en la que su cola permaneció, se presentó a sus compañeros normalmente alargados. Así que pensé e inventé lo que concebí como el título apropiado de «agnóstico». Me vino a la cabeza como sugestivamente antitético al «gnóstico» de la historia de la Iglesia, que profesaba saber tanto acerca de las mismas cosas que yo ignoraba; y aproveché la primera oportunidad de exhibirlo en nuestra Sociedad, para demostrar que yo también tenía cola, como los otros zorros. Para mi gran satisfacción, el término se prolongó; y cuando el espectador había sido su padrino, cualquier sospecha en la mente de personas respetables, de que el conocimiento de su parentesco podría haber despertado fue, por supuesto, completamente adormecida.

Esa es la historia del origen de los términos [240] «agnóstico» y «agnosticismo»; y se observará que no está del todo de acuerdo con la confiada afirmación del reverendo director del King’s College, de que «la adopción del término agnóstico es sólo un intento de cambiar el tema, y que implica una mera evasión» en relación con a la Iglesia y al cristianismo.

Incluso aunque Huxley definició su agnosticismo como un positivismo factualista (donde este se enmarca solo como un método verificacionista), el pretencioso que solo admite un tipo de agnosticismo (el de Huxley) por cómo lo interpreta él, se topará con que Huxley en ese mismo ensayo, a lo largo de él, dijo que, aunque él lo entiende como un método consistente en ir hacia donde la evidencia a uno le lleve, esta está limitada:

Si alguien hubiera preferido esta petición a mí, debería haber respondido que, si se refería a los agnósticos, no tienen credo; y, por la naturaleza del caso, no puede tener ninguno. El agnosticismo, de hecho, no es un credo, sino un método, cuya esencia radica en la aplicación rigurosa de un solo principio. Ese principio es de gran antigüedad; es tan antiguo como Sócrates; Tan antiguo como el escritor que dijo: «Prueba todas las cosas, aférrate a lo bueno», es el fundamento de la Reforma, que simplemente ilustró el axioma de que todo hombre debe poder [246] dar una razón para la fe. que está en él; es el gran principio de Descartes; es el axioma fundamental de la ciencia moderna. Positivamente, el principio puede expresarse: en asuntos del intelecto, sigue tu razón hasta donde te lleve, sin tener en cuenta ninguna otra consideración. Y negativamente: en asuntos del intelecto no pretendas que las conclusiones sean ciertas que no estén demostradas o demostrables. Eso lo considero la fe agnóstica, que si un hombre mantiene íntegro y sin mancha, no se avergonzará de mirar al universo a la cara, sea lo que sea lo que el futuro le depare.

Los resultados de la elaboración del principio agnóstico variarán según el conocimiento y la capacidad individuales, y según la condición general de la ciencia. Lo que no está probado hoy puede probarse mañana con la ayuda de nuevos descubrimientos. Los únicos puntos fijos negativos serán aquellas negaciones que emanan de la limitación demostrable de nuestras facultades. Y la única obligación aceptada es tener la mente siempre abierta a la convicción. Me temo que los agnósticos que nunca fallan en llevar a cabo sus principios son tan raros como otras personas de las que se puede predicar con sinceridad la misma coherencia. Pero, si se encontrara con tal fenix y le dijera que ha descubierto que dos y dos son cinco, él le pedirá pacientemente que exponga las razones de esa condena. y expresar su disposición a [247] estar de acuerdo con usted si los encuentra satisfactorios. El mandato apostólico de «sufrir con gusto a los necios» debería ser la regla de vida de un verdadero agnóstico. Soy profundamente consciente de lo lejos que me quedo yo de este ideal, pero es mi concepción personal de lo que deberían ser los agnósticos.

 



Fuente: J. Huxley, Diario de HMS Rattlesnake. Agnosticismo (1889), Ensayos recopilados V

Huxley en dicho ensayo ni si quiera discute que el agnosticismo, además de emplear una metodología científica, sea una postura para la infalsabilidad sino su equivalencia como «infiel», que es de lo que le acusa Dr Wace. De hecho en las anotaciones este considera, apoyándose en su custionamiento sobre la creencia en espíritus, que este es una suspensión del juicio:

Nadie puede probar que los fenómenos sensibles, en estos casos, pudieran ser causados únicamente por la acción de los espíritus: y hay abundantes motivos para creer que pueden producirse de otras formas. Por lo tanto, lo máximo que se puede razonablemente pedir, según las pruebas tal como están, es la suspensión del juicio.

El prepotente define «agnosticismo» como él lo interpreta siguiendo las declaraciones de Huxley mientras que este, a lo largo del ensayo llega a decir que «De modo que declaro, tan claramente como puedo, que no puedo demostrar por qué estos demonios transferibles no deberían existir«.

Por eso y porque existen muchos tipos de agnosticismo, quizá, todos definamos el «agnosticismo» de la forma en la que lo hacemos (algunos, religiosos, siendo más vehementes con su creencias y otros, los que no estamos influidos por ese sesgo, siendo más objetivos), al menos en cuanto a las razones epistemológicas, siempre como una filosofía que declara la infalsabilidad de ciertas cuestiones. La RAE, por ejemplo, más influenciada por ese sesgo religioso, define así al agnosticismo:

«Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.»




Fuente:
RAE.

Pero otras fuentes, a las que no se les puede acusar de ese sesgo, como:

(Del griego: “a”, no: “gnosis”, conocer.) El agnosticismo es una doctrina filosófica que afirma que la razón humana es limitada, que la verdadera naturaleza de las cosas es inasequible al conocimiento humano. Esta fue la concepción de Hume y de Kant, así como de muchos otros filósofos idealistas (Comte, Spencer, Mach y otros). Según la doctrina de los agnósticos, el mundo que vemos y con el que tratamos en nuestro conocimiento, no es una realidad objetiva, sino sólo el producto de la actividad de nuestros órganos de los sentidos y de nuestra razón. La experiencia y la práctica refutan el agnosticismo. La ciencia va conociendo cada día más profundamente y en más aspectos los fenómenos de la Naturaleza. No existen límites para nuestro conocimiento. No existen cosas incognoscibles. Sólo hay una diferencia entre lo que ya se conoce y lo que aún no es conocido.

 



Fuente: Diccionario filosófico marxista · 1946:10

(Del griego “a”: no; “gnosis”: conocimiento). Doctrina filosófica que sostiene que la razón humana es limitada y que la verdadera naturaleza de las cosas es inaccesible al conocimiento humano. En este punto de vista se encontraban Hume y Kant, como también muchos filósofos idealistas (Comte, Spencer, Mach y otros). Según la doctrina de los agnósticos, el mundo que observamos y tratamos en nuestro conocimiento, no es una realidad objetiva, sino producto de la actividad de la razón y de nuestros órganos de los sentidos.

El agnosticismo se refuta por la experiencia y la práctica. La ciencia cada día conoce más profunda y totalmente los fenómenos de la naturaleza. No existen límites para nuestro conocimiento. No hay cosas incognoscibles. Sólo hay diferencia entre lo que es ya conocido y aquello que aún no lo es.

 



Fuente: Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:7-8

(Del griego άγνωστος, incognoscible.) Teoría idealista que afirma que el mundo es incognoscible y la razón humana limitada e incapaz de conocer nada más allá de las sensaciones. Elaborada en el siglo XVII por Hume (ver) y por Kant (ver), el agnosticismo logra completo desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX y en la época del imperialismo.

En su libro Materialismo y empiriocriticismo, Lenin mostró claramente la oposición irreductible entre el materialismo y el agnosticismo. Denunció la naturaleza reaccionaria del “machismo”, una de las expresiones más virulentas del agnosticismo, y aplastó literalmente a sus émulos. Refiriéndose a las dos tendencias en filosofía, Lenin escribe: “La primera es que los sentidos nos dan unas imágenes verdaderas de las cosas, que nosotros conocemos estas cosas mismas, que el mundo exterior obra sobre nuestros órganos sensoriales. Tal es el materialismo con el que el agnóstico no está de acuerdo ¿Qué es lo esencial en la tendencia del agnóstico? Es, que no va más allá de las sensaciones, que se detiene más acá de los fenómenos, negándose a ver nada que sea ‘cierto’ más allá de las sensaciones. De estas cosas mismas (es decir, de las cosas en sí, de los ‘objetos de por sí’, como decían los materialistas con los que discutía Berkeley) nosotros no podemos saber con certeza nada: tal es la declaración terminante del agnóstico. Así, pues, el materialista… afirma la existencia y la cognoscibilidad de las cosas en sí. El agnóstico no admite la idea misma de las cosas en sí, declarando que no podemos conocer nada de cierto acerca de ellas.” (LeninMaterialismo y empiriocriticismo, p. 111, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948).

Ese era el punto de vista de Hume y de Kant así como de tantos otros filósofos idealistas, entre los cuales Comte (ver) y Spencer (ver). El agnosticismo se manifiesta en diversas formas. Mientras Kant reconocía la existencia objetiva de las “cosas en sí” (ver) negando al mismo tiempo la posibilidad de conocerlas, Hume y otros agnósticos llegan al extremo de negar la existencia objetiva de las cosas puesto que es imposible, en su opinión, conocer nada de ellas con certeza.

En su libro Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (ver) así como en diversas obras, Engels hizo una crítica a fondo de esos dos puntos de vista. El agnosticismo es una de las manifestaciones del escepticismo (ver) en gnoseología. El agnóstico es un escéptico pues pone en duda la posibilidad de conocer las “cosas en sí”, el carácter objetivo del conocimiento, la existencia del mundo exterior, &c. El agnosticismo está ampliamente difundido en la filosofía burguesa contemporánea. Lo que lo distingue es el renunciamiento total al conocimiento científico, al pensamiento lógico. Favorece la tendencia al misticismo, al irracionalismo, &c. El origen social del agnosticismo reside en la tendencia de las clases explotadoras a poner diques a la ciencia, puesto que la verdadera ciencia sostiene todo lo que es nuevo y se desarrolla, y combate lo que está caduco y muere. Los agnósticos tratan de desviar a los trabajadores del conocimiento de las leyes objetivas de la sociedad, leyes que conducen necesariamente al comunismo.

La actividad práctica en la vida social refuta al agnosticismo. Ya se trate de la naturaleza o de la sociedad, el conocimiento científico se extiende y se profundiza sin cesar. No hay límites absolutos al conocimiento humano. No hay en la naturaleza cosas incognoscibles. Hay solamente una diferencia entre lo ya conocido y lo que todavía no lo está, pero que lo será gracias a la ciencia y a la práctica.

 



Fuente: Diccionario filosófico abreviado · 1959:9-10

Y así, con una larga lista de diccionarios filosóficos. Todos equivocados según el prepotente. Para el cual solo su definición de agnosticismo es válida porque solo él es el profeta capaz de entender al originador del agnosticismo al que todos debemos seguir. El prepotente promedio citará falacias de autoridad alegando que todo tipo de autoridades lo definían como él (ya hemos visto que su interpretación ortodoxa incluso sobre Huxley es cuestionable). Citará a Bertran Russell, pero este sostenía sin embargo esto:

Un agnóstico cree que es imposible conocer la verdad en asuntos como Dios y la vida futura que concierne al cristianismo y otras religiones. O, si no imposible, al menos imposible en la actualidad.

¿Son ateos los agnósticos?

No. Un ateo, como un cristiano, sostiene que nos podemos saber si existe o no un Dios. El cristiano sostiene que podemos saber que hay un Dios; el ateo, que podemos saber que no lo hay. El agnóstico suspende el juicio, diciendo que no hay motivos suficientes ni para la afirmación ni para la negación. Al mismo tiempo, un agnóstico puede sostener que la existencia de Dios, aunque no imposible, es muy improbable; incluso puede considerarlo tan improbable que no vale la pena considerarlo en la práctica. En ese caso, no está muy lejos del ateísmo. Su actitud puede ser la que tendría un filósofo cuidadoso hacia los dioses de la antigua Grecia. Si me pidieran que probaraque Zeus, Poseidón, Hera y el resto de los olímpicos no existen, no podría encontrar argumentos concluyentes. Un agnóstico puede pensar que el Dios cristiano es tan improbable como los olímpicos; en ese caso, a efectos prácticos, es uno con los ateos.

 



Fuente: Qué es un agnóstico, Bertran Russell. 1953

De hecho esto es lo que opinaba Russel en cuanto a si era ateo o agnóstico:

Nunca sé si debería decir «agnóstico» o si debería decir «ateo». Es una pregunta muy difícil y me atrevería a decir que algunos de ustedes se han sentido preocupados por ella. Como filósofo, si estuviera hablando a una audiencia puramente filosófica, diría que debería describirme a mí mismo como un agnóstico, porque no creo que haya un argumento concluyente mediante el cual uno demuestre que no hay un Dios.

Por otro lado, si quiero transmitir la impresión correcta al hombre común de la calle, creo que debería decir que soy ateo, porque cuando digo que no puedo probar que no hay un Dios, debería agregue igualmente que no puedo probar que no existan los dioses homéricos.

Ninguno de nosotros consideraría seriamente la posibilidad de que todos los dioses de homero realmente existan y, sin embargo, si se pusiera a trabajar para dar una demostración lógica de que Zeus, Hera, Poseidón y el resto de ellos no existían, lo encontraría. un trabajo horrible. No pudo obtener tal prueba.

Por lo tanto, en lo que respecta a los dioses olímpicos, hablando a una audiencia puramente filosófica, diría que soy un agnóstico. Pero hablando popularmente, creo que todos diríamos respecto a esos dioses que somos ateos. Con respecto al Dios cristiano, creo que debería tomar exactamente la misma línea.

Escepticismo

Existe exactamente el mismo grado de posibilidad y probabilidad de la existencia del Dios cristiano que de la existencia del Dios homérico. No puedo probar que no existan ni el Dios cristiano ni los dioses homéricos, pero no creo que su existencia sea una alternativa lo suficientemente probable como para merecer una consideración seria. Por tanto, supongo que en estos documentos que me entregan en estas ocasiones debería decir «ateo», aunque ha sido un problema muy difícil, ya veces he dicho uno y otras veces el otro sin ningún principio claro por el cual ir. Cuando uno admite que nada es seguro, creo que también debe admitir que algunas cosas son mucho más seguras que otras. Es mucho más seguro que estemos aquí reunidos esta noche que que tal o cual partido político tiene razón. Ciertamente hay grados de certeza, y uno debe tener mucho cuidado de enfatizar ese hecho, porque de lo contrario uno aterriza en un escepticismo total, y el escepticismo total sería, por supuesto, totalmente estéril y completamente inútil.

 



Fuente: Bertrand Russell, ¿Soy ateo o agnóstico?, 1947.

Para el prepotente promedio su opinión es ley en todos los tipos de temas que toma. Sólo él ha leído y entendido correctamente y solo sus razonamientos, incluso sobre cómo se define un término, son válidos. No por el consenso y el uso, que es como la sociedad determina qué significa un término, ni por cómo el resto razonamos lo que acuña una postura filosófica sobre qué es dicho término. Todos estamos equivocados y debemos rectificar menos él. Porque, supondremos, ninguno hemos leído a Huxley (ni aun que lo hayamos leído, no lo hemos hecho «correctamente»); ni a los referentes que este usó (Hume, Kant, etc.); ni hemos el resto (ni los citados en este artículo ni yo) definido correctamente; ni usamos correctamente el término. Ni si quiera Julián Velarde, según el prepotente promedio, entiende correctamente a Huxley cuando este explica qué es el agnosticismo:

En el ámbito de la filosofía, la cuestión epistemológica fundamental es para Huxley «la limitación del conocimiento posible»
 

Tampoco Javier Echegoyen, ya que este define agnosticismo como:

… la teoría según la cual no es posible saber si Dios existe o si no existe. Es una forma de escepticismo, en este caso dirigido al conocimiento de Dios. A diferencia del agnosticismo, el ateísmo mantiene que en la cuestión de la existencia de Dios cabe cierto saber, el saber de que Dios no existe. Así, en este tema  se pueden dar las tres actitudes siguientes:

  • la del creyente: cree que Dios existe;

  • la del ateo: cree que Dios no existe;

  • la del agnóstico: no cree ni una cosa ni otra, sino que declara la imposibilidad de saber si Dios existe o no existe.

En la filosofía griega, los atomistas, los sofistas, y en el helenismo Epicuro y los escépticos, son los movimientos que con mayor o menor claridad defienden este punto de vista.

 



Fuente: Historia de la Filosofía. Volumen 1: Filosofía Griega, Javier Echegoyen Olleta

Todos nos hemos equivocado para el prepotente promedio. Desde la anónima wikipedia:

El agnosticismo (del griego antiguo α- [a-], ‘sin’; y γνώσις [gnōsis], ‘conocimiento’) es la postura que considera que la veracidad de ciertas afirmaciones —especialmente las referidas a la existencia o inexistencia de Dios, además de otras afirmaciones religiosas y metafísicas— son desconocidos (agnosticismo moderado) o inherentemente incognoscibles (agnosticismo radical).

Hasta Gaspare Mura en su Diccionario Interdisciplinar:

es justamente esta negación la que constituye el significado del agnosticismo moderno, en tanto que este no busca ser, en la mayoría de los casos, una refutación hostil de asuntos metafísicos o religiosos –como es el caso del ateísmo–, sino más bien un llamado a suspender el juicio con respecto a la cuestión de Dios y lo Absoluto. Para no inhibir la investigación científica, la existencia de Dios o lo Absoluto no es ni negada ni afirmada por el agnosticismo. Mientras que el ateísmo mantiene que no existe Dios, el agnosticismo se limita a afirmar que no poseemos, desde el punto de vista científico y cognitivo, instrumentos racionales adecuados para afirmar o negar tales realidades.

El diccionario de Oxford, según el prepotente promedio, también se equivoca cuando define así al agnosticismo:

La opinión de que alguna proposición no se conoce, y tal vez no se pueda saber si es verdadera o falsa. El término se aplica particularmente a las doctrinas teológicas.

 



Fuente: The Oxford Dictionary of Philosophy

El diccionario filosófico de Stanford también:

Los términos «agnóstico» y «agnosticismo» fueron acuñados a finales del siglo XIX por el biólogo inglés TH Huxley. Dijo que originalmente

inventó la palabra “agnóstico” para designar a personas que, como [él], se confiesan irremediablemente ignorantes sobre una variedad de asuntos, sobre los cuales metafísicos y teólogos, tanto ortodoxos como heterodoxos, dogmatizan con la mayor confianza. (1884)

incluyendo, por supuesto, el asunto de la existencia de Dios. Sin embargo, no definió el «agnosticismo» simplemente como el estado de agnóstico. En cambio, a menudo usó ese término para referirse a un principio epistemológico normativo, algo similar a (aunque más débil que) lo que ahora llamamos «evidencialismo». A grandes rasgos, el principio de Huxley dice que es incorrecto decir que uno sabe o cree que una proposición es verdadera sin una evidencia lógicamente satisfactoria (Huxley 1884 y 1889). Pero fue la aplicación de Huxley de este principio a las creencias teístas y ateas lo que finalmente tuvo la mayor influencia en el significado del término. Argumentó que, dado que ninguna de esas creencias está respaldada adecuadamente por evidencia, deberíamos suspender el juicio sobre la cuestión de si existe o no un Dios.

Hoy en día, el término “agnóstico” se usa a menudo (cuando el tema es la existencia de Dios) para referirse a quienes siguen la recomendación expresada en la conclusión del argumento de Huxley: un agnóstico es una persona que ha considerado la proposición de que hay un Dios pero no cree ni que sea verdad ni que sea falso. No es sorprendente, entonces, que el término «agnóstico ismo”Se define a menudo, tanto dentro como fuera de la filosofía, no como un principio o cualquier otro tipo de proposición, sino como el estado psicológico de ser un agnóstico.

 


Fuente:
Enciclopedia de Filosofía de Stanford

También, por supuesto, para el prepotente promedio, se equivoca la Enciclopedia Británica:

agnosticismo , (del griego agnōstos , “incognoscible”), estrictamente hablando, la doctrina de que los humanos no pueden conocer la existencia de nada más allá de los fenómenos de su experiencia. El término ha llegado a equipararse en el lenguaje popular con el escepticismo sobre las cuestiones religiosas en general y, en particular, con el rechazo de las creencias cristianas tradicionales bajo el impacto del pensamiento científico moderno.

La palabra agnosticismo fue acuñada públicamente por primera vez en 1869 en una reunión de la Sociedad Metafísica en Londres por TH Huxley , biólogo británico y defensor de la teoría darwiniana de la evolución. Lo acuñó como una etiqueta adecuada para su propio puesto. “Me vino a la cabeza como sugestivamente antitético al ‘gnóstico’ de la historia de la Iglesia que profesaba saber tanto sobre las mismas cosas que yo ignoraba”.

 



Fuente: Enciclopedia Británica.

Ya ni hablemos cuando esta sostiene, tal y como le dije al prepotente, que la definición de este término no es única, que uno no puede sostener que todas las demás son «incorrectas» pero que todas, pese a lo que este prepotente negaba, sí compartían el común sobre a qué se refiere dicho término:

La declaración de Huxley resalta tanto el hecho de que el agnosticismo tiene algo que ver con no saber, como que este no saber se refiere particularmente al ámbito de la doctrina religiosa. Sin embargo, la etimología y el uso común ahora permiten usos menos limitados del término. El líder soviético Vladimir Lenin, por ejemplo, en su Materialismo y empiriocriticismo (1908), distinguió los extremos del verdadero materialismo por un lado y el audaz idealismo de George Berkeley , un idealista del siglo XVIII, por el otro. Reconoció como intentos intermedios entre ellos los «agnosticismos» del escéptico escocés David Hume y el gran filósofo crítico alemán Immanuel Kant.—Agnosticismos que aquí consistían en sus afirmaciones sobre la incognoscibilidad de la naturaleza, o incluso la existencia, de las “cosas en sí mismas” (realidades más allá de las apariencias).

Y es que aunque Huxley acuñara el término, la definición y a qué se aplica el mismo no está limitada a como Huxley lo entendía. Lo que muchos entienden como agnosticismo en realidad tiene que ver con dos problemas sobre teoría del conocimiento que tienen sus raíces en el inductivismo de Hume: el falsacionismo y el verificacionismo.

Precisamente porque estamos ante una postura filosófica sobre algo subjetivo, que es cómo entendemos y usamos un término que mayoritariamente empleamos para definir la postura ante el conocimiento y no sobre datos objetivos, es por lo que existen distintos tipos de agnosticismo. Aquí tienen una lista con los tipos.

Que existen distintos tipo de agnosticismo, todos eso sí con la base en común centrada en la imposibilidad del saber, no es un secreto. Aquí tienen otra, por ejemplo.

¿ateo y agnóstico?

Pues sí. La combinación de ambas ya fue planteada cuando Robert Flint, teólogo y filósofo, definió qué es el ateísmo agnóstico en Croal Lecture of 1887-1888, publicado en 1903 bajo el título de Agnosticism:

El ateo puede ser sin embargo, y no raramente es, un agnóstico. Existe un ateísmo agnóstico o un agnosticismo ateo, y la combinación de ateísmo con agnosticismo que pueda llevar tal nombre no es una poco común.

Si un hombre no ha conseguido encontrar ninguna buena razón para creer que hay un Dios, es perfectamente natural y racional que no deba creer que exista un Dios; en ese caso, es un ateo… si va más allá y, tras una investigación de la naturaleza y el alcance del conocimiento humano, llega a la conclusión de que la existencia de Dios es imposible de probar, deja de creer en ello basado en que no se puede conocer su veracidad, entonces es un agnóstico y también un ateo – un ateo-agnóstico –, un ateo por su agnosticismo… por tanto, mientras que es un error asimilar agnosticismo y ateísmo, es igualmente erróneo el separarlos como si cada uno fuera independiente del otro..

Fuente:  Agnosticism: the Croall Lecture, 1887–1888. William Blackwood and Sons. pp. 49-51

Pero no seguimos diferenciando entre ambas porque este religioso lo definiera así y todos hayamos caído en su influencia, como sostiene el prepotente promedio, sino porque los términos (tal y como lo he expuesto, creo, sobradamente a lo largo de este artículo) los definimos al menos en su forma más básica de una forma distinta: tanto para exponer cómo definimos a quien sostiene que existen cosas infalsables, lo que se puede o no saber, como para definir a quien cree o no en su existencia.

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