"Una mente crédula [...] encuentra el mayor deleite en creer cosas extrañas y, cuanto más extrañas son, más fácil le resulta creerlas; pero nunca toma en cuenta las que son más sencillas y posibles, porque todo el mundo puede creerlas."

Samuel Butler

FACT-CHECKING

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Estados Unidos y el petróleo: el mayor consumidor del mundo camino del agotamiento

Durante décadas, Estados Unidos ha sido percibido como una potencia petrolera. Sin embargo, un análisis riguroso de sus reservas, consumo y producción revela una realidad muy distinta: EE. UU. consume más petróleo que nadie, tiene reservas limitadas y solo mantiene su posición gracias a una explotación intensiva y tecnológicamente forzada.

Durante décadas, Estados Unidos ha sido percibido como una potencia petrolera. Sin embargo, un análisis riguroso de sus reservas, consumo y producción revela una realidad muy distinta: EE. UU. consume más petróleo que nadie, tiene reservas limitadas y solo mantiene su posición gracias a una explotación intensiva y tecnológicamente forzada.

Los siguientes gráficos permiten entender por qué el modelo petrolero estadounidense es estructuralmente insostenible.

1. Un país que consume más petróleo que ningún otro

Estados Unidos encabeza el ranking mundial de consumo de petróleo con casi 20 millones de barriles diarios, alrededor del 20 % del consumo global. Este dato no es coyuntural: responde a un modelo económico basado en:

  • Transporte privado masivo
  • Urbanismo disperso
  • Aviación intensiva
  • Logística por carretera
  • Industria altamente dependiente de derivados fósiles

 

Además, el consumo per cápita es desproporcionado frente a otras grandes economías, lo que indica que el problema no es solo demográfico, sino estructural.

EE. UU. quema petróleo a un ritmo que ningún otro país puede sostener a largo plazo.

2. Reservas: el gran talón de Aquiles estadounidense

Cuando se observa el ranking de reservas probadas, la situación cambia radicalmente.
Estados Unidos apenas concentra algo más del 2 % del petróleo mundial, muy lejos de países como Venezuela, Arabia Saudí o Canadá.

Esto significa algo crucial:

EE. UU. consume como una superpotencia petrolera, pero no posee reservas acordes a ese consumo.

La ecuación es simple:

mucho consumo + pocas reservas = agotamiento acelerado.

3. Décadas perdiendo petróleo… hasta que llegó el fracking

Desde los años 80 hasta finales de la década de 2000, las reservas probadas de EE. UU. muestran una caída constante. Esto refleja una realidad geológica clara:

  • Los grandes yacimientos convencionales estaban maduros
  • Se extraía más petróleo del que se descubría
  • El país se acercaba progresivamente al agotamiento interno

 

Sin embargo, a partir de 2009 se produce un giro brusco: las reservas aumentan de forma repentina. ¿»Milagro»? ¿Nuevos yacimientos encontrados en su territorio? No.

⚠️ Este aumento no se debe a nuevos descubrimientos, sino a un cambio de criterio:

Petróleo que antes no consideraban rentable pasa a contarse como “reserva” por mera necesidad especulativa:

  • Suben los precios
  • Avanza la tecnología
  • El protagonista es el shale oil (fracking).

 

Las empresas que dependían del petróleo, y el propio gobierno ante la alarma social, deciden añadir el fracking a la contabilidad del petróleo producido.

¿Qué es el fracking y por qué es un producto de la desesperación petrolera de Estados Unidos?

El fracking (fractura hidráulica) es una técnica de extracción de petróleo y gas que permite obtener hidrocarburos atrapados en rocas de muy baja permeabilidad, principalmente esquistos (shale). No es una innovación neutra ni una mejora natural del sector energético: es una respuesta extrema a la falta de petróleo convencional.

El fracking consiste en 1º. perforar verticalmente hasta varios kilómetros de profundidad, 2º. Girar la perforación en horizontal durante kilómetros dentro de la roca y 3º. Inyectar a altísima presión agua, arena o productos químicos contra esa roca. Esta presión fractura la roca, libera el petróleo o gas atrapado y permite que fluya hacia el pozo.

Para que lo entiendan mejor: como sus pozos ya se quedaron sin petróleo, ahora extraen el que se quedó entre las paredes como si estas fueran una esponja.

¿Por qué ese petróleo no se extraía antes?

Durante más de un siglo, la industria petrolera se basó en yacimientos convencionales:

  • El petróleo fluía de forma natural
  • Los pozos duraban décadas
  • Los costes eran bajos
  • El retorno energético era muy alto

 

El shale oil es lo contrario:

  • El petróleo está disperso, no concentrado
  • No fluye
  • Cada pozo se agota en pocos años
  • Requiere perforar sin parar

 

Durante décadas no se explotó porque no valía la pena. Primero, porque costaba más extraerlo, en todos los sentidos, y segundo porque generaba daños medioambientales. Pero no entiendan esto último como que no lo extraían así por un  ecológico. No lo hacían porque, en un sistema capitalista donde priman más los beneficios que las pérdidas, a los altos costes de extracción se les sumaban las demandas de los habitantes y políticos regionales por contaminar el agua que salía por sus grifos y con la que cultivaban, dando además una mala reputación (más aun) a las empresas petroleras. Pero, repetimos, estamos hablando de un país cuyo sistema y cultura son capitalistas, y más concretamente neoliberales.

4. Producción forzada para sostener un consumo desmedido

Este gráfico muestra el núcleo del problema. Durante décadas el consumo se mantiene alto y estable. Luego la producción cae y la dependencia exterior aumenta.

A partir de 2009 la producción se dispara, EE. UU. se acerca a la autosuficiencia y se reduce la necesidad de importaciones por dicha extracción a la desesperada. Pero esta aparente solución tiene un coste enorme: el petróleo de fracking es más caro de extraer, tiene una vida útil muy corta y exige perforar sin parar para mantener niveles.

Con el fracking EE. UU. no ha resuelto su problema, lo ha pospuesto acelerando el agotamiento de sus propios recursos.

5. El problema de fondo: EE. UU. se come su propio petróleo

El modelo estadounidense se basa en una contradicción insalvable:

  • Es el mayor consumidor del mundo
  • Tiene reservas limitadas
  • Mantiene la producción a base de tecnología intensiva
  • Acelera el agotamiento de sus yacimientos

 

A diferencia de países con enormes reservas convencionales, EE. UU. no puede reducir su ritmo de consumo sin afectar a su economía, ni puede mantenerlo indefinidamente sin vaciar sus recursos. Toda la economía estadounidense se basa en el petróleo. Es totalmente dependiente de él y, por si fuera poco, sus políticos (todos ellos aupados por el lobby del petróleo o con acciones en empresas petroleras) no solo no primaron las alternativas a él como parte de sus políticas principales sino justo lo contrario.

Al mayor consumidor de petróleo, que se volvió totalmente dependiente de él y negó la realidad (por lo que jamás se centró en buscar alternativas), se le sumó (también por un afan y filosofía de vida capitalista) la desindustrialización. A los empresarios les convenía deslocalizar sus fábricas para obtener mayores beneficios. Su punto de mira fue el continente asiático, con China a la cabeza.

Podrán ver en los gráficos que China es el segundo mayor consumidor del planeta. Pero hay una diferencia notable entre EE.UU. y China: mientras que el primero hizo caso omiso de los síntomas para beneficiar a una minoría adinerada que hacía negocios mediante la explotación y legalizaba la corrupción política (el lobbismo), el segundo hacía justo lo contrario: planes a largo plazo de industrialización, favoreciendo sectores no tan dependientes del petróleo y fomentando los servicios públicos, y condenas tajantes a los políticos corruptos. Esto le ha llevado a China a sacar de la pobreza a más de 800 millones de sus habitantes, reduciendo la desigualdad, según el Banco Mundial. Mientras que en EE.UU (un país en el que sus ciudadanos carecen de acceso a una sanidad y los que lo hacen tienen que hipotecarse para costear las facturas médicas) creció el número de pobres y aumentó la desigualdad.

También ha llevado a China a ser un competidor directo del hasta ahora líder económico. Tanto, que EE.UU. lo considera un adversario a su hegemonía, por lo que ya ha empezado una estrategia a la desesperada contra él, primero usando la campaña mediática para demonizarlo y segundo emprendiendo acciones contra sus abastecedores. Porque China, como se puede ver, todavía es muy dependiente del petróleo. Pero hay otra diferencia notable entre China y EE.UU. Mientras que China consigue todo, incluido el petróleo, mediante acuerdos comerciales con otros países, EE.UU. lo hace mediante la coacción.

La guerra por el petróleo

En un país culturalmente neoliberal, no se ha promovido frenar el tren de vida que lleva su población ni se le ha ofrecido a esta población otra alternativa desde sus gobiernos, porque esto da pingües beneficios a los empresarios que les venden el crudo y sus derivados. Tanto es así, que llegados al absurdo, no solo es que estén gastando más petróleo del que poseen en su consumo propio, sino que además han provocado conflictos entre otros países para ofrecerse ellos como la alternativa: como se pudo ver en los planes que publicó uno de los mayores thin-tank estadounidenses (la Rand Corporation), usaron a la OTAN para provocar una guerra entre Rusia (productora y servidora de gas a Europa) y Ucrania, uno de los países que da paso de ese gas a Europa, para cortar ese suministro y ofrecerse ellos como la alternativa y únicos vendedores de gas a Europa. A lo que además añadieron el sabotaje al gaseoducto ruso Nord Stream 2 (al que también le impusieron sanciones), que al principio negaron y luego reconocieron (vean esto y esto), para cortar también el suministro de gas ruso que pasaba por Alemania.

Distinto método, pero mismo objetivo que cuando también EE.UU. saboteó en 1982 el gasoducto Urengoi-Surgut-Cheliábinsk: la CIA introdujo software malicioso (un virus) para socavar la economía de la URSS.

No tienen ya apenas petróleo propio y el que tienen es de mala calidad, pero no solo no bajan el ritmo de consumo propio sino que a este añaden el consumo externo. Les importa más los beneficios que les reporta la venta de petróleo, que el propio país del cual se hacen pasar por sus adalides portando banderas o soltando eslóganes grandilocuentes, pero falaces y vacíos, en sus campañas políticas.

Los vendepatrias necesarios

Para remate final, ante la disonancia cognitiva que les provocó la noticia de que se estaban quedando sin petróleo, decidieron negar el problema públicamente, mientras lo intentaban solucionar invadiendo otros países, cuando se ven incapaces de colocar a sus títeres políticos autóctonos. Como sucedió con Irak, inventándose excusas morales (como el derrocamiento de sus gobernantes bajo campañas mediáticas de demonización y simplificación del enemigo).

En Irak el vendepatrias era Ahmad Chalabi. Chalabi fue el principal opositor iraquí apoyado por Estados Unidos antes de la invasión de 2003. Era el líder del Congreso Nacional Iraquí (INC), una organización financiada por la CIA y el Pentágono que promovía activamente el derrocamiento de Saddam Hussein.

El expresidente estadounidense George W. Bush (izquierda), el expresidente iraquí Jalal Talabani (centro) y Ahmad Chalabi en 2003
El expresidente estadounidense George W. Bush (izquierda), el expresidente iraquí Jalal Talabani (centro) y Ahmad Chalabi en 2003

A ver si les suenan estas características:

Con Irak las excusas de los gobiernos de derechas, con Bush Jr como presidente y una serie de mamporreros en otros países ofreciendo su apoyo (como Aznar en España y Blair en Reino Unido), eran las «armas de destrucción masiva» (ADM). Unas armas que no existieron jamás, pero que sirvieron como justificación para atacar e invadir Irak para hacerse con su petróleo y otros recursos, como el oro.

Ahora directamente asaltan barcos mediante el pirateo o atacan a Venezuela (el país con la mayor reserva de petróleo y más cercano a ellos geográficamente) y secuestran a su presidente para coaccionar a sus gobernantes, declarando públicamente en todas sus intervenciones o mostrándolo directamente con sus acciones, que lo hacen para adueñarse del petróleo y otros recursos.

Si la excusa de George W. Bush en Irak eran las ADM, ahora la excusa de Donald J. Trump en Venezuela fue un inexistente «Cartel de los Soles». Bush y Trump, por cierto, del mismo Partido Republicano.

Si el títere vendepatrias en Irak fue Ahmad Chalabi, en Venezuela lo ha sido María Corina Machado, del partido Vente Venezuela (VV). La «Nobel de la Paz» que pedía intervenciones militares en Venezuela a EE.UU para derrocar a su gobierno y la colocaran a ella en el poder, prometiéndoles el espolio mediante la privatización de las empresas y la extracción de recursos, como el petróleo venezolano.

Y si el presidente títere final colocado por EE.UU. en Irak tras su invasión fue Yalal Talabani, del partido Unión Patriótica del Kurdistán (PUK); en Venezuela se espera que el títere sea Edmundo González, del partido Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Conclusión final

Estados Unidos no se está quedando sin petróleo de golpe, pero sí está entrando en una fase clara de agotamiento estructural: consume demasiado, produce de forma forzada y depende de un petróleo cada vez más caro, más corto y más destructivo.

El fracking no es una solución energética, sino una huida hacia adelante. Mientras no cambie su modelo de consumo, EE. UU. seguirá quemando hoy el petróleo que necesitará mañana.

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