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Axel Kaiser y el mantra de los nazis socialistas: otro de derechas usando el Principio de Transposición

VEREDICTO: FALSO

Seguidores y afines al libertarismo  y a la Escuela Austriaca llevan años, junto con la derecha actual, intentando deshacerse de su currículum ideológico. Hitler, que en fueros internos es apreciado, de cara a la galería es un apestado porque, pese a lo que ellos desearían, está más que consensuado a nivel social mundial que él y su nazismo fueron lo peor que le pasó al mundo en el siglo XX. En este sentido, el artículo de Axel Kaiser, titulado «Nazi-comunismo», publicado en «Puno y Letra», sostiene que el nazismo y el comunismo son ideologías gemelas, ambas anticapitalistas, totalitarias y basadas en la planificación central del Estado.

Cita a Friedrich von Hayek para argumentar que ambos sistemas comparten raíces colectivistas, suprimen la libertad individual y llevan a la destrucción económica y social. Kaiser enfatiza similitudes como el rechazo al libre mercado, el control estatal y admiraciones mutuas entre líderes como Hitler y Stalin. Sin embargo, esta tesis es ampliamente refutada por historiadores, politólogos y críticos, quienes la consideran una simplificación revisionista que ignora diferencias fundamentales en ideología, economía, objetivos y contexto histórico. A continuación, desglosaremos los principales argumentos del artículo y sus contraargumentos, basados en evidencia académica y análisis críticos.

1. Similitudes ideológicas y anticapitalistas: ¿Realmente son «gemelos»?

Kaiser argumenta que tanto nazis como comunistas rechazan el capitalismo liberal, promueven el colectivismo y usan la violencia estatal para imponer igualdad o control. Cita a Hayek observando en 1933 que un profesor nazi llegaba a conclusiones similares a las de los comunistas en cuanto a la planificación económica.

Para empezar, la comparación parte de una premisa falaz: en la URSS no hubo jamás u régimen comunista. Lo que hubo fue una democracia socialista por la que pasaron distintos presidentes a lo largo de su historia.

Después, aunque en ambos regímenes (entendiéndose en esto los de Hitler y Stalin) fueron totalitarios y usaron represión masiva (por ejemplo, campos de concentración nazis y gulags soviéticos), sus fundamentos ideológicos son opuestos:

El nazismo es particularista y racista, centrado en la superioridad aria, el nacionalismo extremo y jerarquías biológicas, justificando desigualdades como «naturales» (influido por sociedades esotéricas como Thule).

El comunismo es universalista y materialista, enfocado en la lucha de clases, el internacionalismo y la abolición de jerarquías para una sociedad sin clases.

Los nazis, para rematar, veían el comunismo como una «conspiración judeo-bolchevique» antitética a su énfasis en raza sobre clase, lo que los llevó a perseguir y ejecutar comunistas desde el inicio (por ejemplo, en la Noche de los Cuchillos Largos de 1934, donde eliminaron elementos «izquierdistas» dentro del propio partido nazi).

Esta equiparación es un «hombre de paja» (straw man), ya que Kaiser reduce el marxismo a un bloque monolítico estalinista, ignorando tradiciones plurales como el marxismo humanista (Sartre), libertario o autonomista, que critican el estalinismo como una forma de capitalismo de Estado. Historiadores como Hannah Arendt y Carl Friedrich reconocen similitudes en el totalitarismo moderno, pero enfatizan que el nazismo es nacionalista e imperialista, mientras que el estalinismo/comunismo busca una revolución proletaria global, no racial.

Los nazis, como ya expliqué en Twitter/X, eran tan de «izquierdas», que lo primero que hizo fue aliarse con los partidos conservadores (de derechas) y los empresarios, quienes mostraron todo su apoyo. Durante la República de Weimar (antes de 1933), los nazis no gobernaron solos hasta enero de 1933. Sus alianzas fueron pragmáticas y de derecha conservadora/nacionalista:

Harzburg Front (1931): Alianza electoral y política clave con el Partido Nacional del Pueblo Alemán (DNVP), conservador-monárquico y nacionalista. Liderado por Alfred Hugenberg (DNVP) y Adolf Hitler (NSDAP). Incluía también a Stahlhelm (organización paramilitar conservadora). El objetivo, de hecho, era unir la derecha contra la izquierda y el gobierno centrista de Brüning. Fue una coalición anti-republicana y anticomunista.

Gobierno de coalición de Hitler (enero 1933 – julio 1933): Hitler fue nombrado canciller por el presidente Paul von Hindenburg en una coalición con el DNVP (nacionalistas conservadores). El gabinete inicial tenía solo 3 ministros nazis (Hitler, Göring y Frick), pero la mayoría eran conservadores del DNVP y tecnócratas. Esto dio legitimidad al ascenso nazi. El DNVP obtuvo el 8% en las elecciones de marzo 1933, pero pronto fue absorbido o disuelto.

Apoyo de élites conservadoras y grandes industriales: No hubo alianzas formales de partido, pero sí apoyo financiero y político de industriales (Krupp, Thyssen, IG Farben), Junkers (terratenientes prusianos) y militares (Reichswehr). Veían a los nazis como una barrera contra el comunismo y los sindicatos.

2. Economía: ¿Ambos anticapitalistas en la práctica?

El artículo afirma que los nazis implementaron un socialismo práctico con control estatal, similar al comunismo, citando la hostilidad hacia el libre mercado y la intervención en la economía (por ejemplo, el programa del Partido Nazi de 1920).

Esto es una distorsión histórica. El nazismo mantuvo una economía mixta con propiedad privada, pero subordinada al Estado solo si los dueños eran «arios» y alineados políticamente.

Aliados con grandes industriales (como Krupp, IG Farben y Deutsche Bank), los nazis privatizaron industrias estatales en los años 30 para financiar la guerra, destruyeron sindicatos independientes y usaron mano de obra esclava para beneficiar a corporaciones (ver «Nazi Billionaires» de David de Jong). En contraste, el comunismo soviético nacionalizó la propiedad privada por completo, eliminando el capitalismo para una economía planificada colectivista.

Lista de privatizaciones clave

1934-1935

  • Commerz-Bank (banco comercial): El Estado vendió parte significativa de sus acciones (adquiridas en la crisis bancaria de 1931).
  • Deutsche Bank y Dresdner Bank (bancos principales): Reducción de la participación estatal mediante ventas de acciones al sector privado.
  • Vereinigte Stahlwerke (acero): Venta parcial de participaciones estatales en este gran consorcio siderúrgico.

 

1935

  • Banco de Prusia (Preußische Staatsbank): Privatización parcial o venta de activos.
  • Varias empresas de servicios públicos y utilities locales/estatales: Transferencia de propiedad a manos privadas (especialmente en sectores como electricidad y gas en algunos Länder).
  • Compañías de navegación y transporte marítimo (algunas líneas estatales): Ventas selectivas.

 

1936

  • Deutsche Reichsbahn (ferrocarriles): Aunque el sistema ferroviario siguió bajo fuerte control estatal, se privatizaron o vendieron algunas subsidiarias y activos menores (no la red principal).
  • Empresas de construcción y materiales (varias estatales menores): Transferencias al sector privado para financiar gasto público.

 

1937

  • Consolidación de ventas en bancos y siderurgia: Últimas operaciones significativas documentadas, como ventas adicionales en Commerz-Bank y otras instituciones financieras.
  • Varias empresas municipales y regionales (agua, electricidad, tranvías en ciudades): Privatizadas para generar ingresos fiscales.

 

Después de 1937, las privatizaciones disminuyeron drásticamente, pero porque el régimen nazi priorizó el control estatal total solo para la economía de guerra (dirigismo, planificación centralizada y «Gleichschaltung» económica). A partir de 1939-1940, el Estado nazi solo expropió o «arianizó» (confiscó) miles de empresas pero judías y, en territorios ocupados, nacionalizó o controló industrias enteras (por ejemplo, en Polonia y Francia), todo enfocado a solucionar su suministro de armamento.

Hitler odiaba el marxismo por su materialismo y énfasis en la igualdad, viendo a los judíos como encarnación tanto del capitalismo rapaz como del comunismo revolucionario. Kaiser omite que el nazismo no era anticapitalista en esencia, sino parasitario del capitalismo para sus fines raciales, mientras que el comunismo buscaba su abolición total. Hayek mismo, en «Camino de servidumbre», distingue el «socialismo» nazi como nacionalismo colectivista prusiano, no derivado del marxismo, y reconoce sus alianzas con capitalistas.

3. Admiraciones mutuas y liderazgo: ¿Hitler y Stalin como «genios» similares?

Kaiser destaca citas como Hitler llamando a Stalin un «genio» al que hay que respetar incondicionalmente, y similitudes en purgas y control totalitario.

Pero estas admiraciones eran tácticas y superficiales, no ideológicas. Hitler invadió la URSS en 1941 (Operación Barbarroja) para destruir el «bolchevismo judío», matando millones de soviéticos en una guerra de aniquilación racial (Generalplan Ost). Stalin, por su parte, vio al nazismo como enemigo fascista, aliándose con los Aliados para derrotarlo.

Las purgas nazis (como la de 1934) eran contra rivales internos y «izquierdistas»; las estalinistas (Gran Purga de 1936-1938) eran pragmáticas para consolidar poder burocrático.

El liderazgo nazi era carismático e inestable (dependiente de Hitler como «encarnación» de la ideología), mientras que el estalinista era burocrático y perdurable (sobrevivió a Stalin).

Ambas causaron millones de muertes (nazis: 11-12 millones de civiles, incluyendo el Holocausto; el estalinismo: 2-6 millones, más negligentes y puntuales que racialmente intencionales).

Los nazis exaltaban la violencia como principio racial, mientras que los soviéticos no la priorizaban y para ellos solo servía como medio para la modernización.

Críticos como Andrés Kogan Valderrama llaman esto «fatal ignorancia», ya que Kaiser inventa un nazismo «izquierdista» para atacar intervenciones estatales modernas, ignorando su raíz contrarrevolucionaria y racista.

4. Contexto histórico y político: ¿Por qué esta tesis es revisionista?

El artículo presenta el nazismo como una variante del comunismo para demonizar cualquier colectivismo, alineándose con visiones libertarias. Esta visión es propaganda revisionista, común en círculos de derecha extrema (como en EE.UU. con autores como Mark Levin), que falsifica la historia para equiparar enemigos ideológicos.

En Chile, ignora el antiliberalismo histórico de la derecha (por ejemplo, Jaime Guzmán oponiéndose al sufragio universal para evitar «totalitarismo marxista-leninista», o influencias falangistas en el gremialismo).

El nazismo surgió de la inestabilidad democrática alemana post-1918, heredando burocracia pero fallando en estabilizarse; el estalinismo de un contexto agrario autoritario ruso y anti Antiguo Régimen (anti Estamentos Privilegiados, representados por el zarismo, la aristocracia y el clero), construyendo un nuevo aparato estatal.

Equipararlos minimiza la singularidad del Holocausto y promueve teorías como el «doble genocidio», criticadas por historiadores como Timothy Snyder por reducir la responsabilidad nazi.

Kaiser ha sido acusado de simplismo, idolatría al mercado y lenguaje deshumanizante (llamando «parásitos mentales» a progresistas, evocando así justamente a la retórica nazi).

En resumen, aunque nazismo y el estalinismo (no el comunismo) pudieran compartir rasgos totalitarios como represión y propaganda, sus diferencias ideológicas, económicas y objetivos (raza vs. clase, nacionalismo vs. internacionalismo) los hacen antagónicos, no equivalentes. La tesis de Kaiser es una distorsión ideológica que no resiste el escrutinio histórico, sirviendo más como herramienta política contra la izquierda más que como un análisis riguroso.

Además de su revisionismo, a Kaiser se le olvida en su cherry-picking mencionar los vínculos de seguidores de su Escuela Austriaca con el fascismo. Como Ludwig von Mises, que fue asesor económico de Engelbert Dollfuss, el canciller austriaco que entre 1932 y 1934 estableció un régimen autoritario conocido como austrofascismo (o «Frente Patriótico«). Von Mises trabajó como asesor en la Cámara de Comercio de Viena (donde era economista jefe) y colaboró directamente con el gobierno de Dollfuss en temas económicos, defendiendo políticas anticomunistas y antiintervencionistas en un contexto de crisis. Dollfuss participó en comisiones económicas con Mises y aplicó sus ideas directamente, mostrando admiración por su enfoque anticomunista y antiintervencionista. Mises, a su vez, vio el fascismo como un «mal menor» temporal contra el bolchevismo.

Además de Dollfuss, otros dictadores fascistas también tuvieron predilección directa por las políticas económicas de la Escuela Austríaca: el sucesor de Dollfuss, Kurt Schuschnigg (Austria, 1934-1938) siguió las políticas económicas de Dollfuss, basadas en las recomendaciones de Mises, como recortes en welfare, equilibrio presupuestario (déficit reducido a 0.5% del PIB en 1936) y altas tasas de interés. En 1938, ofreció a Mises el cargo de Jefe del Departamento de Asuntos Monetarios y Financieros, mostrando admiración por su expertise.

Otro dictador fascista admirador de la Escuela Austriaca fue Antonio de Oliveira Salazar (Portugal, 1932-1968), Dictador del Estado Novo, un sistema autoritario corporativista con influencias clericales y fascistas (inspirado en Mussolini, pero con énfasis católico) y que, al igual que los fascistas en España, reprimió a la oposición, creó un partido único y mantuvo neutralidad en la WWII. Mises se reunió con él en 1940 durante su exilio, dio un seminario en el ministerio de finanzas y publicó ensayos críticos al intervencionismo en portugués. Salazar practicó lo que predicaba académicamente, mostrando afinidad con el conservadurismo económico de la Escuela. Esto es lo que dice el propio Mises de sus pensamiento durante y después la dictadura de Salazar, a quien admira profundamente:

para ayudarnos a comprender, nos contó que en Portugal gobernaba un profesor llamado Salazar, quien era «mejor y no tan malo» como el general Franco, quien había ganado la guerra y gobernaba España. Y aunque, en aquel momento, no pude comprender del todo lo que mi padre quería transmitirnos, para mis hermanos y para mí, como niños ingenuos que éramos, fue casi inevitable asociar las ideas de Salazar, la prosperidad y Portugal. La fascinación que sentíamos por el país se comprende aún mejor a la luz de dos consideraciones: primero, la explicación de mi padre de que, durante la guerra civil, mi familia había podido sobrevivir en Francia gracias a la lealtad que la sucursal portuguesa de nuestra empresa había mostrado hacia su fundador, mi abuelo, Jesús Huerta Peña; y segundo, el hecho de que Don Juan de Borbón vivía exiliado en Estoril, y mi padre, que lo apoyaba, había sido, desde su juventud, un gran liberal monárquico (y, con tan solo dieciocho años, había sido encarcelado durante varios días y multado por Franco por esa misma razón). La fascinación que compartíamos mis hermanos y yo se unía a la alegría con la que recibimos, como regalo de nuestro padre y abuelo, una pequeña moneda de oro.

Pasaron los años y, más tarde, ya de joven, pude seguir de cerca la evolución de nuestro país vecino, sobre todo a partir de la década de 1970, con la «Revolución de los Claveles» del 25 de abril de 1974, que instauró la democracia en Portugal y provocó el colapso definitivo de cuatro décadas de salazarismo. Con los años, e incluso décadas, que siguieron a la revolución —años frenéticos de inestabilidad económica y social en los que Portugal coqueteó con el socialismo/comunismo, acosó a su clase empresarial y consumió el capital acumulado durante la etapa anterior—, la situación se revirtió radicalmente, y Portugal se convirtió en un país más sombrío y empobrecido, que contrastaba cada vez más con su vecina España, cada vez más fuerte y próspera. Durante esos años, en mi mente libertaria se fue formando una imagen borrosa y ambivalente sobre el dictador portugués Salazar: por un lado, rechazaba el «Estado Novo» corporativo y paternalista que había creado; pero por otra parte, nunca olvidé las palabras que mi padre, un verdadero amante de la libertad, había dicho del dictador Salazar.

Otros dictadores autoritarios como Augusto Pinochet (Chile) o Francisco Franco (España) recibieron elogios de Hayek (quien justificaba «dictaduras liberales» transicionales), pero sus reformas económicas fueron más influenciadas por la Escuela de Chicago (neoliberalismo monetarista) que por la Austriaca. Hayek visitó Chile y elogió su «milagro económico», pero de esto no dice nada Kaiser en su artículo.

Fuentes: 

A lo largo de este artículo se citan y enlazan las fuentes de referencia. Pero además pueden verse otras:
como

Trabajo de Germà Bel (2006), Economy of Nazi Germany (Wikipedia con referencias), y análisis de historiadores como Christoph Buchheim y Jonas Scherner.

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