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El enemigo bíblico: ¿cómo se entiende el término Satán en el Antiguo Testamento? – Antonio Piñero

Siguiendo el hilo anterior de Antonio Piñero sobre los antecedentes del “diablo” en el judaísmo, ahora tomamos otro post del mismo autor sobre los verdaderos orígenes de ese personaje y como era considerado hasta que el judeocristianismo (y su literatura neotestamentaria) le otorgaran de personalidad propia.

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Todo dictador es un místico, y todos los místicos son dictadores potenciales. Ayn Rand
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Siguiendo el hilo anterior de Antonio Piñero sobre los antecedentes del “diablo” en el judaísmo, ahora tomamos otro post del mismo autor sobre los verdaderos orígenes de ese personaje y como era considerado hasta que el judeocristianismo (y su literatura neotestamentaria) le otorgaran de personalidad propia.

Como podemos deducir de la breve panorámica que hemos esbozado en los “posts” anteriores, los judíos estaban rodeados por religiones que creían en demonios o seres maléficos, aunque aún no habían desarrollado -salvo quizás el caso de Ahrimán en el mundo iranio- la concepción del Diablo tal como la entendemos hoy. Los israelitas participaban también de esas creencias que podemos considerar más o menos comunes, pero a ellos corresponde el honor de haber dado forma a lo largo de los siglos a la figura del Diablo, común hoy en el mundo de influencia cristiana.

Por esta razón, tras haber considerado estos antecedentes y trasfondo, debemos ahora concentrar ahora nuestra atención en las nociones más específicas que la literatura judía anterior al cristianismo -la Biblia y los escritos apócrifos o falsos del Antiguo Testamento- albergaba sobre el Espíritu Maligno y los demonios. Estas nociones serán el antecedente inmediato de las ideas cristianas. El Antiguo Testamento distingue nítidamente entre un presunto Espíritu Malo, llamado Satán, y los demonios propiamente tales, por lo que nos es necesario tratarlos de modo separado.

En primer lugar, en todo el Antiguo Testamento apenas si aparece Satán, o Satanás, y la figura de un espíritu maligno, encarnación del mal, está muy desdibujada. Apenas si llegan a una docena los textos en los que encontramos la palabra «satán».

Este vocablo en la Biblia hebrea no es, normalmente, un nombre propio, la denominación de algún espíritu particular, sino un nombre común, que significa el «adversario», o el «enemigo», ya sea en el sentido más trivial del término o con un significado jurídico (quizás se halle en este ámbito el origen del vocablo), o político militar. Como tal nombre común, la designación de «satán» puede aplicarse tanto a los hombres como a los espíritus.

Así ocurre, por ejemplo, en la conocida historia del profeta mago Balaán, contratado por el rey de Moab, Balaq, para maldecir a Israel. Pero, cuando Balaán iba de camino para cumplir este cometido «se encendió la ira de Yahvé y su ángel se interpuso en el camino para estorbarle» (literalmente, haciendo de «satán»): Números 22,22. Igualmente, David llama «satán» a uno de sus acompañantes, Abisay, quien indicaba al rey que debía liquidar a Semeí, por haberle maldecido. Pero David le replicó: «¿Qué tengo yo contigo… que te conviertes hoy en adversario (‘satán’) mío?«: 2 Samuel 19, 22 23.

El oponente en el campo de batalla es también un «satán». Así, en 1 Samuel 29,4, los jefes de los filisteos que van a la guerra contra Israel despiden previamente a David (mercenario suyo hasta el momento) con el siguiente argumento: «Que regrese ese hombre y se vuelva al lugar señalado, que no baje con nosotros a la batalla, no sea que se vuelva nuestro adversario (‘satán’) durante la pelea».

En el prólogo del libro de Job la figura de Satán nada tiene que ver con un ser demoníaco y esencialmente perverso, sino que aparece como el fiscal del tribunal celeste. Es, por tanto, un agente divino, encargado de tareas encomendadas por Dios. Su misión es acusar a los hombres ante el trono celestial cuando hacen alguna cosa mala. Este Satán, fiscal o acusador, también puede tener como tarea al servicio de Dios probar a los hombres mediante el dolor o la desgracia, es decir tantear hasta qué grado llega su virtud o su fidelidad a la divinidad. Más que “tentador” en esta función habría que designarlo como “tanteador”. El texto dice así:

“Un día cuando los Hijos de Dios (los ángeles) venían a presentarse ante Yahvé, compareció también entre ellos Satán. Y Yahvé dijo a Satán: ‘¿De dónde vienes?’ Satán respondió a Yahvé: ‘De recorrer la tierra y pasearme por ella’. Y Yahvé dijo a Satán: ‘¿No te has fijado en mi siervo Job’ ¡No hay nadie como él en la tierra! Es un hombre recto y cabal, que teme a Dios y se aparta del mal’. Respondió Satán a Yahvé: ‘¿Es que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas las posesiones’… Pero extiende tu mano y toca sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!’ Respondió Yahvé a Satán: ‘Ahí quedan todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano sobre él’. Y Satán salió de la presencia de Yahvé» (Job 1,6 12).

Inmediatamente Satán se encarga de que Job vaya perdiendo una a una todas sus posesiones. Pero el desdichado se mantiene fiel a Yahvé: no peca, ni profiere ninguna insensatez contra la divinidad. Pasado un cierto tiempo, en un momento en el que, igualmente, los Hijos de Dios venían a rendir cuentas ante Yahvé, aparece entre ellos Satán. Entonces Dios habló así, dirigiéndose al ángel:

«‘¿De dónde vienes?’ Satán respondió a Yahvé: ‘De recorrer la tierra y pasearme por ella’. Y Yahvé dijo a Satán: ‘¿Te has fijado en mi siervo
Job?… Aún perservera en su entereza, y sin razón me has incitado
contra él para perderle’. Respondió Satán a Yahvé: ‘¡Piel por piel! ¿Todo
lo que el hombre posee lo da por su vida! Extiende tu mano y toca sus
huesos y su carne, ¡verás si no te maldice a la cara!’ Y Yahvé dijo a
Satán: ‘Ahí lo tienes en tus manos; pero respeta su vida’» (2,1 6).

La lectura de este texto capital nos indica que en el momento de su composición (probablemente en el s. V a. C., desde luego después de la vuelta del destierro en Babilonia) Satán no es el Príncipe del Mal, ni tampoco el origen de éste que se atribuye a Dios , sino un servidor más de la corte celestial. Ciertamente muestra un poco de mala idea, y se encarga de convencer a Dios para que dañe a Job. Yahvé accede un tanto a regañadientes y luego reprocha a Satán el haberle incitado a hacer daño. En este texto, pues, Satán es en todo caso el aspecto relativamente dañino de una divinidad ambivalente, el lado sombrío de ésta, el poder destructivo de Yahvé, que delega en su ángel.

Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero

*. La imagen de portada es un mosaico de los siglos V y VI que representa la parábola del Reino de Dios y el Juicio Final. Se cree que el ángel azul de la derecha es la representación más antigua conocida de Satanás. El mosaico se puede encontrar en la Basílica de Sant’Apollinare Nuovo en Ravena, Italia. (Crédito de la imagen: DeAgostini/Getty Images)

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7 comentarios

  1. Saludos Ateo y Agnóstico.Yo era un cristiano que dejé de creer en Dios.Yo tenía una página cristiana con cierta reputación en la Web y la eliminé meses atrás.Estoy pensando reabrirla para publicar un artículo en donde expreso el por qué deje de creer.

    El caso es que perderé la amistad de las pocas personas que me estiman como amigo aun sabiendo que hace tiempo que deje de predicar e ir a la iglesia.También esto les traerá sufrimiento a mi familia.

    Un tiempo atrás yo publiqué unos artículos donde decía que el diezmo era un engaño y muchos me criticaron lo cual era esperado, pero mi familia también lo hizo en especial mi madre, lo cual me dolió mucho.

    Yo quiero dejarles saber a todos por qué deje de creer.Creo que la humanidad debe darse cuenta de que todo es un engaño.

    1. Sabes Luis, uno no conoce la biblia, por eso dice que escudriñemos la escritura porque ahi esta la vida eterna. Tu problema es que no has escudriñado como se debe, por ejemplo, el diezmo, te invito a que busques por internet un estudio llamado «una vida llena de bendiciones» de Robert Morris, para que te des cuentas porque lo del diezmo y comprenderas que una es que nosotros le demos a Dios, es que nosotros le devolvamos lo que es de Dios.
      tienes que verlo para que tengas un panorama mas grande con respecto al tema.

      saludos

      1. Hola Wilfredo.

        Quería que nos respondieras de forma clara un par de cuestiones con respecto al diezmo que tan obligado por lo visto te parece:

        ¿Para que se supone que necesita esa deidad un material (dinero: metal y papel) que el mismo puede fabricar?
        Y la segunda es (aunque con cuestiones subyacentes): Cuando dices «dárselo a dios» ¿A que te refieres? Es que crees que ese personaje literario tiene una sucursal o una nomina a su cuenta? ¿O es que crees que la iglesia donde seguramente lo depositas se lo envía directamente vía transacción?

        Me he leído el libro, ademas de escuchar las entrevistas de Morris (un apellido que sin traducir, en español tiene su ironía) y todavía no he visto que responda al porque el diezmo (costumbre judía veterotestamentaria- de dar la décima parte al clero o sacerdocio, en defecto de ese dios) pueda ser excusado o necesario.

        Por cierto… el comentario de Angel Luis tenia sentido con respecto al artículo:¿ Podrías decirnos que tiene que ver el diezmo en este asunto?

        Saludos.

    2. Dejaste de creer por que nunca fuiste nacido de nuevo realmente…. suerte en tu jornada lejos de la verdad. Despues nos platicas como te fue…..

  2. AMIGO WILFREDO…..YO ESCUDRIÑE LA BIBLIA TENGO ESTUDIOS EN TEOLOGIA Y HERMENEUTICA.PODRIA DARLE MUCHAS JUSTIFICACIONES CONCRETAS QUE ESTAN EN LA BIBLIA QUE USTEDDEBE LEER TODOS LOS DIAS SUPONGO.PERO LE HARE SOLO UNA PREGUNTA.ESTAMOS BAJO LA LEY? O BAJO LA GRACIA? DE SER LO ULTIMO AQUI DICHO PRQUE SE APLICA LA LEY DEL DIESMO,QUE EN EL MUNDO ANTIGUO,Y BAJO LA LEY MOSAICA ERA PARA LOS JUDIOS,Y NO ERA UNO ERAN 7 DIESMOS.Y NO CONSISTIAN EN DINERO,MAS BIEN EN COSECHAS ,ANIMALES,Y OFRENDAS.Y ESO QUE EN GENESIS YA SE MENCIONABA EL USO DEL DINERO.UD DIRA PERO COMO ABRAHAM LE DIO LOS DIESMOS DE TODO A MELQUISEDEC,PERO UD NOTE ALGO,LE DIO LOS BOTINES DE UNA GUERRA,NO EL DIESMO DE SU SALARIO,NO DICE QUE SIGUIO ASIENDOLO ,SOLO EN ESA ESPORADICA OPORTUNIDAD.

  3. La palabra en cuestión es «diezmo» no es diesmo, es con z no con s.
    La otra es «haciéndolo» no es asiendolo, es con h y con c.

    Y me parece excelente que lean los artículos teológicos del Dr. Piñero.

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