Se pretende que desde el principio de los tiempos, previó cuanto iba a ocurrir en el mundo. De ser verdad, previó que Adán y Eva iban a comer la manzana; que su posteridad iba a ser intolerante y tenían que ser ahogados; que también la descendencia de Noé iba a ser intolerable y que pasando el tiempo, tendría que dejar su trono en el cielo y bajar a ser crucificado, para salvar una vez más a aquella pesada raza humana. ¿A toda ella? No, ¿A una parte? Si (...) Todos los demás condenados. Por millones. ¿Van a creer ustedes que previó todo esto? Mark Twain

Ejemplos de cómo han «apoyado» el pensamiento libre y crítico en el cristianismo: Ireneo de Lyon

Para no perder el hilo de mis últimos artículos, como el dedicado a Tertuliano, ahora os traigo a otro adalid de la coherencia: Ireneo de Lyon (c 130 – 202 e.c.). Este «Padre de la Iglesia» es uno de los muchos primeros cristianos que se dedicó a criticar a otros, ya fueran cristianos (de las decenas de denominaciones en las que estaba dividido el panorama religioso*), ya fueran judíos o fuera cualquier otro «pagano» que no se adscribiera a su visión religiosa. Ahora podrán ver un ejemplo de la calidad argumentativa de este «intelectual» y cuanto valora uno de los fundadores del cristianismo actual el conocimiento frente a la superstición.

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Piensa en ello…

Nunca le he imputado a la naturaleza un propósito o un objetivo, o cualquier cosa que pudiese ser entendida como antropomórfica. Lo que veo en la naturaleza es una magnífica estructura que nosotros podemos comprender sólo muy imperfectamente, y eso debe llenar a una persona pensante con sentimientos de humildad. Este es un genuino sentimiento religioso que no tiene nada que ver con el misticismo. Albert Einstein
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Para no perder el hilo de mis últimos artículos, como el dedicado a Tertuliano, ahora os traigo a otro adalid de la coherencia: Ireneo de Lyon (c 130 – 202 e.c.). Este «Padre de la Iglesia» es uno de los muchos primeros cristianos que se dedicó a criticar a otros, ya fueran cristianos (de las decenas de denominaciones en las que estaba dividido el panorama religioso*), ya fueran judíos o fuera cualquier otro «pagano» que no se adscribiera a su visión religiosa.

Ahora podrán ver un ejemplo de la calidad argumentativa de este «intelectual» y cuanto valora uno de los fundadores del cristianismo actual el conocimiento frente a la superstición. Para este «Santo» no vale ni un solo de ese conocimiento, sea cual sea, si este hace que la persona no les crea a él y a su secta. De hecho se dedica a menospreciar toda ciencia que cuestione sus doctrinas y alecciona a sus seguidores a negar todo aquello que sea crítico con su cristianismo (con su amigo imaginario) y a afirmar que sólo ellos tienen «la verdad» más absoluta. Todo un ejemplo de ética profesional:

«4.3. Más vale el amor del ignorante que el orgullo del sabio

[800] 26,1. Pues es mejor y más provechoso para uno ser ignorante o de poca ciencia, si se acerca a Dios por la caridad hacia su prójimo, que imaginarse saber mucho y ser perito en muchas cosas hasta blasfemar de Dios inventando a otro Dios y Padre. Por eso Pablo exclamó: «La ciencia infla, la caridad edifica» (1 Cor 8,1). No es que condenara el verdadero conocimiento de Dios, porque si así lo hiciera se condenaría a sí mismo; sino que, sabiendo que algunos, con ocasión de la ciencia, se enorgullecían hasta apartarse del amor de Dios, y sin embargo se tenían a sí mismos por perfectos, inventaban a un Demiurgo imperfecto como producto de su ciencia; por eso dijo: «La ciencia infla, la caridad edifica».

Pues no hay mayor soberbia que la de tenerse a sí mismo por mejor y más perfecto que aquel que lo ha plasmado (Sal 119[118],73; Job 10,8), le dio el aliento de vida (Gén 2,7) y le ha dado el ser mismo. Por eso, como arriba dije, es mejor que alguien carezca de ciencia de modo que no conozca ninguna de las causas de la creación, si cree en Dios y permanece en el amor (Jn 15,9-10); y no que por el orgullo de la ciencia se aparte del amor que da vida al ser humano. Mejor que buscar la ciencia es no conocer otra cosa sino a Jesucristo el Hijo de Dios crucificado por nosotros (1 Cor 2,2), en vez de investigar cuestiones sutiles hasta caer en la impiedad y en la vana palabrería.

26,2. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si alguien -entusiasmado por sus esfuerzos, al escuchar del Señor: «Aun los cabellos de vuestra cabeza están contados» (Mt 10,30), dejándose llevar por la curiosidad quisiera investigar cuántos cabellos tiene cada hombre [801] y el motivo por el cual uno tiene tantos y otro tantos, ya que no todos tienen el mismo número- hallara que unos tienen miles de cabellos más que otros porque unos tienen cabeza grande y otros chica, unos tienen pelo espeso, otros ralo, y otros más casi no tienen? ¿Y si en seguida, soñando en haber logrado descubrir el número, de ese hecho quisiera sacar una prueba del sistema que ha fraguado? O si alguien -oyendo del Señor: «¿Acaso no se venden dos pájaros por un as? Y sin embargo ninguno de ellos cae por tierra sin que vuestro Padre lo quiera» (Mt 10,29)- pretendiera contar cuántos pájaros se cazan en cada región, y la causa por la cual ayer fueron tantos, anteayer tantos y hoy tantos más; si luego esgrimiera ese número como argumento, ¿ese individuo no se estaría trastornando él mismo y volviendo locos a los que le hacen caso? ¡Son tantas las personas que están siempre dispuestas a creerles, cuando imaginan haber encontrado un maestro que sabe más que los otros!

26,3. Y si alguien nos preguntase si Dios conoce todas las cosas que ha hecho en el pasado y las que continúa creando, y si por su providencia cada uno de los seres ha recibido lo que le es propio, responderíamos que sí: nada de lo que ha sido o es hecho escapa a la ciencia de Dios; sino que cada uno de esos seres, por su providencia, recibe su naturaleza, organización, cantidad y medida, así como los caracteres que lo distinguen. En efecto, nada de lo que ha sido hecho en el pasado o es hecho ahora ha existido al acaso o por azar, sino con gran orden y armonía: porque existe un Verbo admirable y divino que puede discernir todas estas cosas y determinar sus causas. Pero supongamos que alguien, al escuchar nuestro testimonio sobre esta doctrina común, trata de contar las arenas del mar, las piedras de la tierra, las estrellas del cielo, y pretende precisar las causas del número que sueña haber descubierto: [802] ¿no lo juzgaría un loco y un irracional que en vano ha trabajado, cualquier persona que tenga un poco de sentido común? Pues mientras más se ocupe de investigar en estos asuntos tan singulares, si se imagina que ha superado a los demás en sus descubrimientos, juzga a los otros unos ignorantes e idiotas y los llama psíquicos porque no aceptan los resultados de su inútil búsqueda, más se tornará él un insensato y estúpido, como quedan aquellos a quienes fulmina un rayo. Porque en lugar de someterse a Dios, por la ciencia que sueña haber adquirido cambia al mismo Dios y lanza su doctrina por encima de la grandeza del Creador.«

Fuente: Adversus Ahereses (Contra las herejías, Ireneo de Lyon).

Nota: no son pocas las veces en las que Ireneo insulta a sus oponentes y críticos en esta obra (recomiendo su lectura para hacerse una idea de cómo era un cristiano de la época). El fuego, según él, espera a todo hereje y blasfemo. Opinión que compartían otros cristianos de doctrinas críticas con la de Ireneo. Por lo visto, siguiendo esa lógica, todos los cristianos han acabado allí.

* Sí. Las comunidades mesiánicas (cristianas, latinización del griego χριστιανός, christianós) no pertenecían a un único credo sino a que cada una contaba con su propia visión mesiánica neotestamentaria. Aunque muchos cristianos parecen desconocer, la historia del cristianismo nunca fue uniforme ni desde sus inicios: todas las comunidades se oponían unas a otras (tosas se llamaban herejías entre si) y esto fue así hasta que, después de enfrentamientos durante siglos, una de ellas predominó sobre el resto.

  • Gnosticismo – siglos II al IV: dependencia del conocimiento revelado de un Dios desconocido, una divinidad distinta del Demiurgo que creó y supervisa el mundo material.
  • Marcionismo – siglo II: el Dios de Jesús era un Dios diferente del Dios del Antiguo Testamento .
  • Montanismo – siglo II: se basó en revelaciones proféticas del Espíritu Santo .
  • Adopcionismo – siglo II: Jesús no nació como el Hijo de Dios , sino que fue adoptado en su bautismo , resurrección o ascensión.
  • Elkesiaismo – siglo II al III: cristianos que rechazaban las afirmaciones de Pablo y decían que negar a Cristo es un asunto indiferente.
  • Adamianismo – siglo II al IV: cristianos que practicaban el nudismo para imitar «la pureza de Adan».
  • Docetismo – Siglo II al III: Jesús era espíritu puro y su forma física era una ilusión.
  • Sabellianismo – siglo III: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres modos del único Dios y no las tres personas separadas de la Trinidad .
  • Arianismo – Siglo III al IV: Jesús, como el Hijo, estaba subordinado a Dios el Padre.

 

Y como estas muchísimas más. Todas con el mismo menosprecio por el conocimiento verificable, sobre todo si este cuestiona a su dios o se posiciona por encima de su doctrina.

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Una respuesta

  1. Es difícil superar en repugnancia al calvinismo y a que «porque yo lo valgo» voy a salvarme mientras que todos los demás están condenados al Infierno solamente por existir.

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