Durante la etapa primitiva de la evolución espiritual del género humano, la fantasía de los hombres creó dioses a su propia imagen. Albert Einstein

Jesús no dijo eso – Bart D. Ehrman

Aun en nuestros días, tras la lectura de un pasaje de la Biblia se suele decir “palabra de Dios”, como si lo que está escrito en el Nuevo Testamento fueran las palabras exactas que pronunció Jesucristo o los textos originales de Pablo de Tarso. En realidad esa “palabra de Dios” es, tal y como expresa el autor a lo largo de la introducción de su libro, solamente palabras de los hombres. No solo ya porque, tal y como describe el autor, lo que poseemos son solo copias, de copias de copias, sino porque además, a lo largo de mil quinientos años, los diferentes traductores y copistas de la Biblia introdujeron un sinfín de errores accidentales y cambios malintencionados que pasaron a las ediciones impresas. Ahora, por primera vez, el eminente especialista del Nuevo Testamento Bart D. Ehrman (autor de Los cristianismos perdidos) reconstruye los textos originales, nos revela cómo, dónde y por qué fueron manipulados y nos demuestra que muchas de nuestras creencias más profundas sobre la divinidad de Jesús, la Trinidad o los orígenes divinos de la Biblia misma carecen de fundamento documental. Quien lea Jesús no dijo eso nunca volverá a leer, del mismo modo, los evangelios o las epístolas de San Pablo.

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Piensa en ello…

He comenzado a adorar el sol por algunas razones. Primero que nada, a diferencia de algunos otros dioses que podría mencionar, puedo ver el sol. Está allí para mí cada día. Y las cosas que me provee son bastante aparentes todo el tiempo: calor, luz, comida, un día hermoso. No hay misterio, nadie pide dinero, no tengo que vestirme bien, y no hay un despliegue de ostentación aburrido. Y además es interesante lo que he encontrado, que las plegarias que le ofrezco al sol y las que antes ofrecía a ‘Dios’ son todas respondidas en la misma proporción aproximada del 50 por ciento. George Carlin
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jesc3bas-no-dijo-esoAun en nuestros días, tras la lectura de un pasaje de la Biblia se suele decir “palabra de Dios”, como si lo que está escrito en el Nuevo Testamento fueran las palabras exactas que pronunció Jesucristo o los textos originales de Pablo de Tarso. En realidad esa “palabra de Dios” es, tal y como expresa el autor a lo largo de la introducción de su libro, solamente palabras de los hombres. No solo ya porque, tal y como describe el autor, lo que poseemos son solo copias, de copias de copias, sino porque además, a lo largo de mil quinientos años, los diferentes traductores y copistas de la Biblia introdujeron un sinfín de errores accidentales y cambios malintencionados que pasaron a las ediciones impresas.

Ahora, por primera vez, el eminente especialista del Nuevo Testamento Bart D. Ehrman (autor de Los cristianismos perdidos) reconstruye los textos originales, nos revela cómo, dónde y por qué fueron manipulados y nos demuestra que muchas de nuestras creencias más profundas sobre la divinidad de Jesús, la Trinidad o los orígenes divinos de la Biblia misma carecen de fundamento documental. Quien lea Jesús no dijo eso nunca volverá a leer, del mismo modo, los evangelios o las epístolas de San Pablo.

 

Ehrman se convirtió de adolescente al cristianismo evangélico. En sus libros narra su entusiasmo juvenil de cristiano fundamentalista renacido, seguro de que Dios había inspirado la redacción de la Biblia y había protegido los textos de ésta de todo error. Su deseo por entender las palabras originales de la Biblia lo llevó a estudiar lenguas antiguas y crítica textual. Sus estudios teológicos de posgrado, sin embargo, finalmente lo convencieron de que era forzoso reconocer las contradicciones de los manuscritos bíblicos en vez de procurar la armonización o reconciliación de discrepancias. Permaneció cristiano liberal durante quince años, pero más tarde se volvió agnóstico y crítico del cristianismo.

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2 comentarios

  1. No sé si ponerme contento o triste, saber que Cristo no dijo lo que dicen que dijo. Porque yo estaba convencido que la única profecía bíblica que tuvo cumplimiento literal es la que registra Mateo 10:34. Y ahora resulta que tal vez no dijo semejante barbaridad.

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