"La religión es el reconocimiento del hombre mediante un rodeo, a través de un mediador."

Karl Marx

Entrevista a Isaac Asimov en “El mundo de las ideas”

En 1984, la Asociación Humanitaria de los Estados Unidos lo honró con el título de "El Hombre del Año" por su constante lucha a favor de la dignidad del hombre y de la mujer, una trayectoria que muchos de sus seguidores ignoran. Otro dato que el público desconoce es que, a pesar de ser uno de los iconos del racionalismo a ultranza, Asimov jamás se sube a un avión. El reportaje que sigue inicia una serie de encuentros con los pensadores más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. El propósito de esta serie, que hemos denominado, precisamente, "El Mundo de las Ideas" (World of Ideas), es acercar al lector a gente que con su talento, ingenio, originalidad y dedicación transforma el mundo y la sociedad en la que vivimos.

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Moyers - Asimov

Difícilmente el lector ignore quién es Isaac Asimov. Sin embargo, un hombre que lleva escritos 450 libros tiene siempre algo más para decir. Por esto y porque su obra es una valiosa contribución a la cultura de nuestros días está considerado aún entre sus colegas como «el gran divulgador de nuestra época». Los honores que ha recibido en vida son tan dispares como la temática de esa obra que ejecuta a ritmo asombroso.

Sus libros han sido traducidos a sesenta idiomas. Uno de ellos, Fundación, vale la pena recordarlo, está agotando la edición número cuarenta y dos en lengua inglesa. La revista Time le dedicó recientemente uno de los ensayos más elogiosos que haya publicado jamás sobre un hombre de ciencia.

En 1984, la Asociación Humanitaria de los Estados Unidos lo honró con el título de «El Hombre del Año» por su constante lucha a favor de la dignidad del hombre y de la mujer, una trayectoria que muchos de sus seguidores ignoran. Otro dato que el público desconoce es que, a pesar de ser uno de los iconos del racionalismo a ultranza, Asimov jamás se sube a un avión.

El reportaje que sigue inicia una serie de encuentros con los pensadores más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. El propósito de esta serie, que hemos denominado, precisamente, «El Mundo de las Ideas» (World of Ideas), es acercar al lector a gente que con su talento, ingenio, originalidad y dedicación transforma el mundo y la sociedad en la que vivimos.

 

La entrevista con Asimov fue realizada por Bill Moyers, el periodista que mejor conoce y que más tiempo ha pasado junto al autor de Yo, Robot.

BILL MOYERS: ¿Es usted enemigo de la religión?

ISAAC ASIMOV: No, no lo soy. Pero estoy en contra de adosarle el sistema de creencias de una persona a toda una nación o a todo el mundo en general. Lo que objeto de los fundamentalistas no es que sean fundamentalistas, sino que en esencia pretendan que yo también lo sea. Ahora bien, ellos podrían aducir que yo creo en que la Teoría de la Evolución es cierta y que quiero que todo el mundo también lo crea así. Pero yo no quiero que todo el mundo crea en la Teoría de la Evolución; simplemente aspiro a que estudien lo que decimos acerca de la Teoría de la Evolución y luego decidan por sí mismos. Los fundamentalistas aseguran que quieren tratar el tema de la Creación del Mundo en pie de igualdad, pero no pueden. No se trata de una ciencia. Se pueden impartir enseñanzas sobre la creación del mundo en las iglesias y en los cursos de religión. Pero ellos se sentirían horrorizados si yo fuese a sugerir que en las iglesias se enseñase humanismo secular como una forma alternativa de ver el Universo o la Evolución como una forma alternativa de considerar de qué manera puede haberse originado la vida en el planeta Tierra. En la iglesia sólo enseñan aquello en lo que creen, y supongo que está bien que sea así. Pero, por otra parte, en los cursos de ciencia nuestro deber es enseñar cómo creen los científicos que funciona el Universo.

Los creyentes ven en la ciencia algo lleno de incertidumbre, siempre tentativo, sujeto a revisionismo. Creen que la ciencia presenta un Universo enorme, complejo y escalofriante, regido por la causalidad y por leyes impersonales. Ven a la ciencia como algo peligroso.

Esa es, en verdad, la gloria de la ciencia: que sea algo tentativo, lleno de incertidumbre, sujeto a cambio. Lo realmente lamentable es lo opuesto, tener una serie fija de creencias consideradas absolutas, que ha sido así desde el inicio y que no puede cambiar, y donde sencillamente no se presta atención a ninguna prueba evidente. Cuando los árabes tomaron Alejandría y le preguntaron al califa Omar qué hacer con la biblioteca, Omar respondió: «Si los libros coinciden con el Corán, no son necesarios y pueden quemarlos. Si no coinciden con el Corán, son peligrosos y pueden quemarlos». Todavía hoy existen pensadores al estilo de este Omar, pensadores que creen que todo conocimiento debe ajustarse al de un libro: la Biblia, y se niegan a permitir que se conciba el menor error en él. A mi modo de ver, esta actitud es mucho más peligrosa que un sistema de creencias y conocimientos tentativo y sujeto a cambio [1]

¿Cree que hay algún espacio para reconciliar la visión religiosa del Universo como teatro de Dios y la visión del Universo sostenida por los científicos?

La habría si la gente fuese razonable. Hay muchos científicos que son honestamente religiosos. Millikan [2] era un hombre genuinamente religioso. Morley, el del experimento de MichersonMorley [3] , era genuinamente religioso. Simplemente, no mezclan su religión con la ciencia. Dicho de otra forma: si en el campo de la ciencia ocurre algo que no pueden explicar, estos hombres no se limitan a soslayarlo diciendo «Bueno, así lo quiso Dios» o «Acaba de producirse un milagro». No. Ellos saben que la ciencia es estrictamente una elaboración de la mente humana de acuerdo con las leyes de la Naturaleza, y que la religión está afuera y puede abrazar a la ciencia. Usted bien sabe que si de pronto surgieran pruebas verificables y evidentes de que Dios existe, los científicos no tendrían más opción que aceptar el hecho. Por su parte, los fundamentalistas ni siquiera admiten la posibilidad de que haya pruebas de que la Evolución es cierta. Negarán toda prueba que usted les presente, si esa prueba entra en conflicto con el Universo Divino tal como ellos lo entienden. Así que la posibilidad de arribar a un acuerdo sólo se da en una de las partes y, por lo tanto, dudo que jamás se llegue a un entendimiento.

Lo que le aterra a los fundamentalistas es algo que Dostoievskyy dijo una vez: «Si Dios está muerto, todo está permitido» [4] .

Esa frase supone que los seres humanos son incapaces de sentir lo que está bien y lo que está mal. ¿La única razón por la que alguien es virtuoso es que la virtud es un boleto de ida al Cielo? ¿La única razón por la que alguien no mata a golpes a sus hijos es porque no quiere ir al Infierno? Es un insulto a la especie humana el dar a entender que solamente un sistema de recompensas y castigos haga que la gente se mantenga decente. ¿No habrá que pensar más bien en que el ser humano desea ser una persona decente porque así se siente mejor? Yo no creo que vaya a ir al Cielo o al Infierno. Creo que cuando me muera no habrá más nada. Eso es lo que creo firmemente. Lo cual no quiere decir que sienta el impulso de salir a robar, cometer asaltos, violaciones y demás. Yo tengo una conciencia, y ella no depende de la religión. Y creo que así les ocurre a muchas personas.

Usted ha escrito centenares de libros, ha leído sobre prácticamente todo lo que existe, desde las supernovas hasta la invención del heno, pero no tiene un equipo de investigadores ni empleados que lo asistan, lleva sus propios archivos y hace sus propias llamadas telefónicas. Cuando lo llamé para solicitarle esta entrevista, usted mismo atendió el teléfono. ¿Cómo se organiza con tantas cosas? ¿Cómo se mantiene al día con todo?

Ocurre que cuando me inicié, en la década del cincuenta, pensé que con suerte vendería unas pocas decenas de historias en toda mi vida, así que no iba a necesitar secretaria ni un sistema de archivo muy complejo. Simplemente, me las arreglaba con fichas comunes y mi memoria. Las cosas se pusieron cada vez más complicadas, pero nunca con tanta rapidez como para sentirme obligado a cambiar de método. Es como la antigua historia de Milón de Crotona, de quien se decía que había levantado en alto un ternero cada día, hasta que finalmente levantó un toro bien crecido. Y aquí estoy yo ahora, con un toro adulto a cuestas.

¿Usted cree que podemos autoeducarnos, que cualquiera de nosotros puede instruirse a sí mismo sobre un tema que le interese, que atraiga su imaginación?

Las palabras clave son «que atraiga su imaginación». Ocurre que hay cosas que no atraen mi imaginación. Y dudo que pueda obligarme a mí mismo a aprenderlas. Por el contrario, cuando un tema me interesa terriblemente, me resulta fácil de aprender. Lo acometo con alegría y felicidad. He escrito más libros sobre Astronomía que sobre cualquier otra ciencia. Pero nunca he seguido ningún curso de Astronomía: soy completamente autodidacta en la materia. Por otra parte, he escrito relativamente pocos libros de Química, a pesar de que tengo un título de doctor en Bioquímica. Conozco demasiado de ese tema como para que me resulte interesante.

Lo que en realidad le fascina, entonces, es aprender, ¿no?

Creo que es fascinante este proceso de ampliar el propio panorama, saber que hay una pequeña faceta extra del Universo en la que pensar, que se puede comprender. Creo yo que al llegar la hora de morir habría cierto placer en pensar que uno empleó bien su vida, que aprendió todo lo que pudo, que recogió todo lo que pudo del Universo y lo disfrutó. Sólo existe este Universo y esta vida para tratar de entender lo que nos rodea. Y aunque resulte inconcebible que alguien aprenda más que una pequeña fracción de todo este Universo, al menos hasta allí podemos llegar. Qué tragedia sería pasar la vida sin aprender nada o casi nada.

¿Qué lleva a un hombre a saber tanto como para escribir cuatrocientos cincuenta libros?

Supongo que puro hedonismo. Yo lo disfruto mucho. ¿Qué llevaba a Bing Crosby o a Bob Hope a jugar tanto al golf? Pues, el hecho de que disfrutaban con ello. Y lo mismo me ocurre a mí.

¿Es posible que esa pasión por el aprendizaje se contagie a la gente común? ¿Podremos tener una revolución en el campo del aprendizaje?

Sí, creo que no sólo podemos sino que debemos tenerla. A medida que las computadoras absorban cada vez más ese trabajo que en verdad los seres humanos no deberían hacer porque no les exige usar el cerebro, resulta embotante y aburre a muerte, a los seres humanos no les quedará otra cosa que hacer, como no sea emprender esfuerzos de tipo más creativo. La única forma en que podemos entregarnos a esos esfuerzos más creativos es con mentes que apunten a ellos de entrada. Usted no puede tener a un ser humano haciendo un trabajo que le exige poco mentalmente durante décadas y luego decirle: «Bueno, ya no queda más trabajo en esto, así que vaya a hacer algo más creativo». Le habría anulado toda su creatividad durante esas décadas de trabajo embotante. Pero si de entrada se educa a los niños de modo que aprecien su propia creatividad, la situación sería otra en la adultez. Lo que la gente llama hoy aprendizaje es algo forzado. Todos están obligados a aprender lo mismo el mismo día y a la misma velocidad en clase. Pero cada uno de nosotros es diferente de los otros. Para algunos, la clase es demasiado rápida. Para otros, demasiado lenta. O va en la dirección incorrecta. Ahora bien, déle a cada uno la oportunidad de seguir sus propias inclinaciones desde el comienzo, de descubrir lo que le interesa buscándolo desde su propia casa, en su propio tiempo y a su propia velocidad, y así todo el mundo disfrutará del aprendizaje.

Me pregunto si nuestra sociedad, que ni siquiera puede darle educación pública a todos los chicos, podrá alguna vez equiparse de manera que todo el mundo tenga buenas computadoras para aprender.

Quizá no de entrada. Eso es como preguntarse: «¿Es posible brindarle agua potable a toda la Nación?» En muchos países es imposible conseguir agua potable, salvo en circunstancias muy insólitas. Es una de las razones por las que la gente bebía cerveza y vino: si usted no tomaba alcohol, moría de cólera. Sin embargo, hay países donde existe provisión de agua potable para prácticamente todo el mundo. De modo que no esperemos que todos tengan una computadora perfecta de entrada. Se trata de una aspiración, y con el tiempo habrá cada vez más gente que la tenga.

¿Qué le molesta tanto del misticismo, Dr. Asimov?

Del misticismo me molesta lo mismo que me molesta de los hombres: no está bien venderle mercancía ficticia a la gente y recibir dinero a cambio. Y eso es precisamente lo que los místicos están haciendo. Le venden a la gente conocimientos ficticios y reciben dinero a cambio. Me imagino que una persona que realmente cree en la Astrología tendrá una cierta sensación de seguridad al saber que determinado día le conviene quedarse en casa o emprender un negocio o lo que fuera. Pero en ese caso ocurre lo mismo que con un tipo que tiene acciones falsas de la Bolsa; las mira y se siente rico. Pero sus acciones siguen siendo falsas, a pesar de esta sensación de riqueza, lo mismo que el conocimiento adquirido por la persona que «compra» misticismo [5] .

Pero, ¿cuál es el conocimiento real?

No podemos estar del todo seguros. La ciencia no se encarga de suministrar la Verdad Absoluta. La ciencia es un mecanismo, una manera de tratar de perfeccionar nuestro conocimiento de la Naturaleza. Este mecanismo se basa en la verificación experimental. Eso es lo que le atrae a la gente de ciencia, que hay una forma de establecer que lo que saben acerca del Universo es cierto, o al menos tan cierto como es posible hoy en día.

Si la verdad lo entusiasma tanto, ¿cuál es el valor de la ciencia ficción, por la cual usted es tan reconocido?

Bien, mejor consideremos la ficción como un todo, cualquier tipo de ficción. En la literatura seria, la ficción donde el escritor siente que está logrando algo, además de meramente entretener a los lectores, el escritor refleja a la especie humana como un espejo, haciendo que entendamos mejor a la gente porque hemos leído tal novela o cuento, y tal vez posibilitando que usted se entienda mejor a sí mismo. Esto es algo importante. Ahora bien, la ciencia ficción emplea un método diferente. Crea una sociedad artificial, que de hecho no existe, que podría existir en el futuro o no. Y entonces retrata los hechos contra el trasfondo de esa sociedad en la esperanza de que usted pueda verse a sí mismo en relación con la sociedad actual. Yo no pretendo realmente lograrlo. Me parece que para hacerlo con propiedad se requiere un gran hombre, un tipo a la altura de… bueno, por lo menos a la mitad de la altura de Shakespeare, y a eso yo no llego. Pero lo intento y ¿quién sabe? Tal vez de tanto en tanto logro algo de esto. Es por eso que escribo ciencia ficción: porque es una manera de escribir ficción en un estilo que me permite señalar cosas que de otro modo no podría.

Alguien dijo alguna vez que una gran ventaja de la ciencia ficción está en que puede introducir al lector a cambios que bien pueden ser inevitables, pero que en la actualidad no pueden concebirse.

Yo mismo lo he dicho en diferentes momentos. El hecho es que la sociedad está siempre cambiando, pero el ritmo del cambio se ha acelerado a través de la historia. Además, el cambio es acumulativo: los cambios que usted introduce hoy facilitan la introducción de cambios futuros. Antes de la Revolución Industrial la gente no tenía conciencia del cambio o del futuro. Presuponían que el futuro sería exactamente como siempre había sido, sólo que con diferentes personas. Como dice el Eclesiastés: «No hay nada nuevo bajo el sol». Sólo con el advenimiento de la Revolución Industrial el ritmo del cambio se tornó lo suficientemente rápido para resultar visible en el curso de la existencia de un hombre. La gente repentinamente tomó conciencia de que no sólo estaban cambiando las cosas, sino de que seguirían cambiando tras su muerte. Allí cobró forma la ciencia ficción, por contraposición con la fantasía y con los libros de aventuras; la gente sabía que iba a morir antes de poder ver los cambios que se darían en el siglo siguiente, y entonces les pareció interesante y divertido imaginar cómo iban a ser esos cambios.

Usted dijo alguna vez que el precio de la supervivencia es la igualdad entre el hombre y la mujer, ¿por qué?

Porque si a las mujeres se les permite ingresar a todas las esferas de la condición humana, o sea al mundo de los negocios, la religión, las ciencias, el gobierno, etc., en pie de igualdad con el hombre, estarán tan ocupadas que no sentirán la necesidad de tener muchos hijos. Mientras haya mujeres viviendo de tal modo que no puedan sentir ninguna autoestima, salvo como madres, seguirán teniendo muchos hijos, que es la única manera que conocen de demostrar que valen algo. En general, si usted observa el mundo, cuanto más bajo es el status de las mujeres, mayor es el índice de natalidad. Si se pudiera elevar drásticamente el status de las mujeres, estoy seguro de que el índice de natalidad caería en igual medida, por elección de las mujeres mismas.

Pero usted también ha declarado que es imposible elevar en la actualidad el status de la mayoría de la población.

Esa es una de las razones por las que soy pesimista en cuanto a la cuestión de la explosión demográfica.

Si la población sigue creciendo al ritmo actual, ¿qué ocurre con la idea de la dignidad de la especie humana?

La dignidad va a desaparecer totalmente en un mundo superpoblado. Me gustaría aplicar lo que llamo mi metáfora del cuarto de baño. Si dos personas viven en un departamento y hay dos baños, entonces ambos tienen plena libertad de ir al baño. En tales condiciones, todo el mundo cree en la Libertad del Baño y ese derecho figura en la Constitución. Pero si usted tiene veinte personas en un departamento y los mismos dos baños de antes, no importa la medida en que cada persona crea en la Libertad del Baño, de todas formas esa libertad no existirá en absoluto. Al arrojar más gente al mundo, en síntesis, el valor de cada vida humana no sólo declina, sino que termina por desaparecer. No importa que alguien muera. Cuanta más gente hay, menos importa el individuo. Insisto en que no debemos seguir educando a las mujeres para que se conviertan en máquinas de producir bebés.

¿Es posible que usted adolezca de excesiva confianza en el racionalismo?

Bueno, eso no lo puedo responder con facilidad. Pero no se me ocurre otra cosa en qué confiar, aparte la racionalidad. Si uno no puede guiarse por la razón, ¿por qué puede guiarse entonces? Una respuesta es la fe. Pero, ¿fe en qué? Advierto que no hay un acuerdo general en el mundo respecto de este punto. Estos temas de la fe no pueden ser compulsivos. Yo tengo mi fe y usted tiene su propia fe. Y no hay forma de traducir mi fe a usted, o viceversa. Al menos, en lo que se refiere a la razón, hay un sistema de transferencia, un sistema de argumentación racional que sigue las leyes de la lógica, leyes sobre las que mucha gente se ha puesto de acuerdo hace siglos. De modo que en la razón hay lo que podríamos llamar argumentos de fuerza. Si yo encuentro cierto tipo de pruebas, aun aquellas personas que inicialmente no coincidían conmigo se verían compelidas a hacerlo por la fuerza misma de dichas pruebas. Ahora, si usted tiene una revelación, ¿cómo transferirla a los demás? ¿A través de qué sistema?

En suma, usted cifra en la mente su esperanza para el futuro.

Sí, espero con ansias el momento en que todo el mundo se vuelva racional, y si no todo el mundo, al menos suficientes individuos como para marcar una diferencia.

Su libro número 391 se titula «Hasta donde el ojo alcanza» [6] . ¿Cuán lejos podemos ver?

Depende de lo que estemos buscando. Si estamos mirando la historia humana, no podremos ver muy lejos porque la historia humana es algo bastante caótico. Los cambios minúsculos producen a veces enormes resultados, imprevisibles en su dirección. Pero si estamos mirando algo esencialmente simple, como estrellas o galaxias, entonces es posible mirar muy lejos en el futuro. Tal vez nos equivoquemos, pero es posible pronosticar algo que va a ocurrir dentro de miles de años. Eso es lo que hago en el libro y por eso le puse como título un verso de aquel poema de Tennyson que dice: «Pues me sumergí en el futuro / tan lejos como podría ver el ojo humano, / y tuve una visión del mundo / y de lo maravilloso que sería» [7] .

¿Ve usted maravillas, ahí afuera?

Veo el cuadro de un Universo que se torna infinito. Puede expandirse más y más hasta que haya suficientes intersticios para permitir el comienzo de otro Universo, y más allá los remanentes de otro más, aun más difuso, y así sucesivamente hasta el infinito. Si el Universo no se expande infinitamente, si queda atascado y desaparece en un futuro lejano, podrá haber entonces un vacío ilimitado a partir del cual surjan constantemente nuevos universos como burbujas en el agua hirviente; algunos grandes, otros pequeños, cada cual con su propio sistema de reglas y de leyes. En el caso particular de la especie humana, ocurre que vivimos en un Universo que brinda las condiciones adecuadas para la vida.

Aquí llegamos, indefectiblemente, al Principio Antrópico. Y esto porque sólo podemos existir en un Universo que resulte adecuado para que haya vida. Algunos argumentan que en el Universo todo depende de la observación humana. Hay gente que dice: «Supongamos que no hubiera seres humanos, sino solamente ranas. ¿Alcanzaría con la observación de las ranas para la existencia de este Universo? Es el juego de los escolásticos modernos. En lugar de determinar cuántos ángeles pueden bailar en la punta de un alfiler, tratamos de explicar las rarezas cuánticas. Es muy divertido, pero, a la larga, nos deja mareados.
Dr. Asimov, usted ha vivido durante buena parte de este siglo. ¿Alguna vez ha sido testigo de que los seres humanos pensaran desde la perspectiva que usted les propone ahora?

Tal vez no sea importante que todo ser humano piense así, de esta forma, racionalmente. ¿Pero qué pasaría si los dirigentes y los formadores de opinión pensaran así? La gente común podría seguirlos, seguir ese ejemplo. Ayudaría mucho que ya no estuviesen esos dirigentes que proclaman el odio y el recelo hacia los extranjeros, si ya no estuviesen esos que gritan que aquellos que no poseen exactamente el mismo aspecto que nosotros tienen algo de imperfecto. Realmente, casi no es necesario que hagamos el bien. Lo que hace falta es que dejemos de hacer el mal, ¡caramba!

Por Bill Moyers
Public Affairs Television Inc.

Notas:

1 La Biblioteca de Alejandría fue incendiada en realidad tres veces. Primero por los soldados victoriosos de Julio Cesar, poco antes del supuesto nacimiento de Cristo. Luego ardió de nuevo en 390 y fueron estos restos ya decadentes lo que destruyó el califa Omar en 641.
2 Robert Andrews Millikan fue un físico norteamericano que estudió los rayos cósmicos y la carga del electrón. Nació en 1868 y murió en 1953. Fue Premio Nóbel en 1923.
3 El experimento de MichelsonMorley (1887) intentaba demostrar la existencia del éter como única explicación posible para la transmisión universal de ondas electromagnéticas. El experimento, lejos de fracasar, fue todo un éxito y demostró que el éter no existía en absoluto. Michelson calculó además, y entre muchas otras cosas, la relación entre la masa y la carga del electrón. Fue Premio Nobel en 1901.
4 Feodor Mijailovich Dostoievsky nació en Moscú en 1821. Escribió novelas inmortales de gran intensidad y de gran comprensión de la criatura humana: Crimen y Castigo, Los hermanos Karamazov, Apuntes del Subsuelo, Los demonios. Murió en 1881 en San Petesburgo.
5 En la revista que Asimov edita, la Isaac Asimov’s Science Ficcion Magazine los rayos y centellas dirigidos al misticismo son bastante frecuentes. En el número correspondiente a la Navidad pasada, por ejemplo, un colaborador llamado Joe Haldeman publica un poema que remata con la siguiente y perturbadora estrofa:
«Tengo un hobby. Colecciono predicciones de astrólogos del 28 de Junio de 1914. Si tan sólo uno hubiera dicho: Hoy comienza un siglo de guerras. Dios nos ayude. Amén, entonces yo creería. Pero no hasta entonces».
El 28 de Junio de 1914 el archiduque Francisco Fernando de Austria fue asesinado en Sarajevo en un atentado. Y comenzó la Primera Guerra Mundial.
6 Título original: Far as human eyes could see
7 El poema se llama «Locksley Hall».

 

Fuente:

http://usuarios.multimania.es/isaacasimov/asimovmoyers.htm

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Matías
Matías
10 años atrás

Excelente Blog; excelente entrevista. Voy a poner esta página entre mis favoritas para seguirme deleitando.-

Muchas gracias.-

Oscar Moreno Ortega
Oscar Moreno Ortega
6 años atrás

Supongo, o mejor, sospecho, porque no puedo demostrarlo, que el ateísmo es tan antíguo como el hombre. El problema para su difusión ha sido que el pensamiento mágico siempre ha estado en el poder, y se ha difundido muy fácilmente por el estado de ignorancia de la mayoría de la población. Bien por este tipo de blogs que contribuyen a la difusión del escepticismo.

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