Deconstruyendo a Darwin – Javier Sampedro

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Hace exactamente 172 años, Charles Darwin tuvo la mejor idea de la historia: la evolución por selección natural, una explicación de la presencia del hombre en el universo que fulminaba la necesidad de los dioses, diseñadores y espectros, y entregaba a la humanidad las riendas de su propio destino. Sin embargo, la idea de Darwin es imperfecta: un magnífico intento inicial de atacar el problema de los orígenes, pero formulado antes de que se descubrieran las más elementales leyes de la genética, de la estructura celular, de la biología molecular y de prácticamente cualquier rama actual de las ciencias de la vida. Que así es que se ha hecho patente a lo largo del último siglo y medio, uno de los períodos más vertiginosos y reveladores de la historia del conocimiento biológico, y mucho más aún durante las dos últimas décadas, en las que la genética ha puesto patas arriba las más arraigadas preconcepciones sobre la evolución y sus fuerzas.

De todas estas cosas, y de muchas otras más (como los orígenes de la primera célula moderna, de los animales, de la conciencia y del lenguaje), habla este espléndido libro, del que uno de los protagonistas de esa revolución genética, Ginés Morata, escribe en el prólogo: «Con un estilo directo y simple —la sencillez del experto—Javier Sampedro ha elaborado una síntesis de todas las teorías clásicas de la evolución y sus mecanismos a la luz de los nuevos conocimientos proporcionados por la biología en las últimas dos décadas.»

 

PRÓLOGO

A principio de año recibí una llamada de Peter Lawrence desde Cambridge:  —Oye, ¿sabes algo de Javier Sampedro? Tengo que hablar con él y no lo encuentro, ni contesta a mis llamadas.

No me preocupé mucho, conociendo los hábitos moderadamente bohemios de Javier, pero llamé a la redacción de El País y recibí una respuesta evasiva y algo misteriosa:

—Javier no está y no vendrá por la redacción en algún tiempo.

Esto me intrigó. ¿Dónde estaba Javier? ¿Se había adherido a alguna secta religiosa de su invención? ¿O estaba de gira con un cuarteto de jazz? Finalmente di con él y con la respuesta a su desaparición: «Bueno, estoy escribiendo un libro», me confesó con el leve tartamudeo de aquellos cuya mente va siempre por delante de las palabras. El libro en cuestión es precisamente el que el lector tiene en sus manos, para el que Javier acaba de pedirme que le escriba el prólogo. Vaya por delante que éste es el primer —y seguramente el último— prólogo de mi vida.

Pero déjenme presentarles al autor. Javier Sampedro es un personaje único en muchos aspectos. Lector incansable e indiscriminado, artista muy dotado (uno de sus cuadros honra mi despacho; otro el salón de casa), inquieto por naturaleza (algo mitigado últimamente por influencia femenina), yo le conocí hace mas de veinte años, cuando era el alumno más brillante de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Obtuvo su doctorado, y posteriormente —me gusta pensar que en parte gracias a mi intervención— se marchó al mítico Laboratorio de Biología Molecular del Medical Research Council en Cambridge, Reino Unido. Ese es el sitio donde nació la biología molecular, y el lugar de trabajo de los fabulosos personajes que dieron a esa disciplina sustancia y estilo: Brenner, Crick, Perutz, Kendrew, Sanger, Klug, Bretcher, Lawrence,… La capacidad de asimilación de Javier es notable, y su exposición a semejante ambiente marcó su percepción de los problemas biológicos. Esta percepción impregna el andamiaje intelectual de esta obra.

Este libro no trata de los recientes y extraordinarios progresos de la biología y su impacto en la sociedad, ni de cómo van a ayudar a combatir el cáncer, el envejecimiento o la enfermedad de Alzheimer. Javier pudo haber escrito sobre estos asuntos con gran autoridad —basta leer sus crónicas del El País para comprobarlo—, pero el asunto central aquí es la evolución, posiblemente el tema biológico mas manido y sobre el que existe una bibliografía más apabullante: deben haberse editado decenas de miles de estudios sobre la materia. Además, aunque no existe consenso total sobre los mecanismos, sí que lo hay sobre el hecho incuestionable de la evolución: todos los organismos del planeta tenemos un origen común. ¿Por qué una persona inteligente como Javier habría de perder el tiempo en escribir otro libro sobre la evolución? What a mad pursuit, que diría Crick.

La respuesta es que aún hay cosas nuevas e importantes que decir, y que nadie las ha dicho hasta ahora. Con un estilo directo y simple —la sencillez del experto—, Javier ha elaborado una síntesis de todas la teorías clásicas de la evolución y sus mecanismos a la luz de los nuevos conocimientos proporcionados por la biología en las últimas dos décadas. Aquí se funden el darwinismo estricto y el neodarwinismo, la explosión del Cámbrico con los genes Hox, las migraciones de los primeros seres humanos modernos con los últimos datos de secuencias de ADN, la genética de poblaciones con la biología molecular, la biología del desarrollo con la paleontología, la antropología con el genoma humano. En conjunto, el libro proporciona una visión lúcida y sintética sobre el hecho evolutivo, su origen, sus mecanismos y sus implicaciones. Todos los personajes relevantes están ahí, sus ideas y sus hallazgos expuestos y valorados, todo ello engarzado con el estilo inimitable de Javier.

En el panorama periodístico español es difícil imaginar alguien mas preparado para explicar los hechos antiguos y recientes de la biología que Javier Sampedro. El fue un científico brillante (seguramente es el único periodista del mundo que ha publicado un artículo en Nature), y conoce perfectamente el lenguaje y las reglas de los científicos. Su decisión de dejar la ciencia en el momento de mayor prestigio profesional nos llenó de estupor a muchos de sus colegas —una de esas manifestaciones inescrutables de su inquietud intelectual—, pero a cambio surgió el que, en mi opinión, es el mejor periodista científico de España. Una anécdota: yo estaba con Ed Lewis en un mitin en Suiza cuando se le anunció la concesión del Premio Nobel de Medicina y Fisiología en el año 1995. Como la amistad obliga, persuadí a Ed para que le concediera una entrevista telefónica a Javier, que ya entonces trabajaba para El País. La entrevista se celebró, y más tarde me encontré con Ed, que todavía asombrado me dijo:

—¿Quién es ese periodista español que me ha entrevistado? Nunca en mi vida he conocido a uno que supiera tanto de estos temas. ¡Hasta me preguntó por el efecto de transición!

No hace falta que les explique aquí qué es el efecto de transvección. Bastará que les diga que es para nota: uno de los más oscuros y difíciles temas de la genética de los Hox, los genes descubiertos por el propio Lewis.

La biología ha experimentado tres grandes revoluciones, cada una de las cuales ha constituido un paso importante hacia una concepción unitaria del hecho biológico. La primera fue la revolución darwiniana, que puso de manifiesto el origen único, universal, de todas las especies del planeta, incluido el ser humano. La segunda fue el descubrimiento de la universalidad de la información genética, el ADN, el vehículo del cambio evolutivo. La tercera, muy reciente, ha sido la demostración de la universalidad del diseño genético de los animales. Esta concepción unitaria es la que subyace en este libro, que además no está dirigido únicamente a los interesados en los fenómenos biológicos. La influencia y el impacto, presente y futuro, de los nuevos conocimientos y tecnologías biológicas es de tal magnitud que va a marcar pronto el propio desarrollo de la sociedad humana. La cultura del siglo xxi va a ser una cultura científico-técnica, y hechos como los expuestos en este libro han deformar parte del bagaje cultural de toda persona curiosa e informada.

Ginés Morata

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