En la ciencia suele suceder que los científicos dicen: '¿Sabes qué? Ése es un buen argumento; mi posición está equivocada', y luego realmente cambian de idea y nunca se les vuelve a escuchar hablando de su antigua postura. Realmente lo hacen. No sucede con tanta frecuencia como debería, porque los científicos son humanos y el cambio a veces es doloroso. Pero sucede todos los días. No puedo recordar cuándo fue la última vez que algo parecido sucedió en política o religión. Carl Sagan

La formación del cristianismo como fenómeno ideológico – Gonzalo Puente Ojea

En este libro el autor se propone fundamentar la necesidad de proceder a una lectura ideológica de los fenómenos históricos, como momento indispensable para la captación del significado y el sentido de las formas intelectuales e institucionales de las diversas formaciones sociales. Analiza, para ello, la temática de las ideologías en el pensamiento marxista, perfilando su concepto y aislándolo de sus usos anfibológicos, a la vez que esquematiza la estructura general de las formaciones ideológicas. Con estas premisas metodológicas, aborda el análisis del fenómeno cristiano como proceso ideológico, desde sus raíces originales en el judaísmo tardío hasta la primera fase de su despliegue medieval. El mayor interés de este análisis radica en su notable capacidad para mostrar de modo global y detalladamente la curva ideológica que describió el cristianismo en el curso de su proceso histórico constitutivo.

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Todo dictador es un místico, y todos los místicos son dictadores potenciales. Ayn Rand
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En este libro el autor se propone fundamentar la necesidad de proceder a una lectura ideológica de los fenómenos históricos, como momento indispensable para la captación del significado y el sentido de las formas intelectuales e institucionales de las diversas formaciones sociales. Analiza, para ello, la temática de las ideologías en el pensamiento marxista, perfilando su concepto y aislándolo de sus usos anfibológicos, a la vez que esquematiza la estructura general de las formaciones ideológicas. Con estas premisas metodológicas, aborda el análisis del fenómeno cristiano como proceso ideológico, desde sus raíces originales en el judaísmo tardío hasta la primera fase de su despliegue medieval. El mayor interés de este análisis radica en su notable capacidad para mostrar de modo global y detalladamente la curva ideológica que describió el cristianismo en el curso de su proceso histórico constitutivo.

 

9788432301254Puente Ojea recoge los estudios racionalistas más clásicos sobre Jesús y la formación del cristianismo (Bauer, Engels, Fromm, Robertson, Schweiter, Bultmann, Kautsky, Carmichael, Grant) y sintetiza sus conclusiones:

1. El cristianismo original era un movimiento mesiánico, es decir, político-religioso judío, que buscaba la liberación de Israel del poder romano mediante la llegada de un enviado de Dios (Mesías) anunciado por las profecías del Antiguo Testamento y que instauraría el reino de Dios en la Tierra. Es, por tanto, un método de movilización de las masas acorde con el momento histórico.

2. Pablo, que nunca vio a Jesús y que cimentaba su autoridad en el hecho de recibir la inspiración directa del Jesús resucitado, despojó a la doctrina mesiánica de su terrenalidad empleando elementos de la tradición helenística y la gnosis. Según su doctrina, que floreció en algunas comunidades judías de fuera de Israel, la salvación y el reino anunciados eran espirituales y no sólo para el pueblo judío, sino universales. Esto constituía una salida espiritual muy apropiada a las necesidades de las masas de explotados de la época.

3. Tras la guerra judía (66-70), que concluye con el aplastamiento por los romanos del movimiento militar mesiánico y la destrucción del templo de Jerusalén, el ideal del Mesías queda desprestigiado. Marcos, el primer evangelista, escribe en Roma (basándose, al parecer, en un escrito anterior) una historia sobre Jesús como Mesías espiritual que trata de conciliar las doctrinas paulina y judaica-cristiana y, aun sin pintar totalmente un Cristo pacífico y apolítico ni negar las anécdotas de su vida más conocidas por tradición oral, purgar su historia de los rasgos más evidentes de militancia nacionalista revolucionaria, camuflar la responsabilidad de los romanos en su crucifixión y hacer recaer en los errores y la falta de fe de los judíos la catástrofe que acababan de vivir. Los autores de Lucas y Mateo, desde otras comunidades exteriores, elaboran sus evangelios siguiendo la misma línea.

4. A finales del siglo I Juan elabora el cuarto evangelio, instaurando definitivamente un Cristo pacífico y un Reino de Dios espiritual, aunque otros textos (Apocalipsis y Epístolas de Santiago) siguen manteniendo una versión judaico-mesiánica del Salvador. Según un tal J. Morris, que cita Puente Ojea:

«si el Apocalipsis y su tradición no hubieran seguido manteniéndose en favor de aquellos revolucionarios, el cristianismo podría haberse reducido a ser una filosofía de la clase ociosa, un inofensivo neoestoicismo».

5. Durante todo el siglo II, la visión paulina-juanista se consolida como iglesia organizada en lucha contra los herejes, fundamentalmente gnósticos (que exageraban la visión paulina-juanista dando aún una mayor espiritualidad). El cristianismo finalmente cuaja con una gran serie de elementos contradictorios, procedentes de sus diversas fuentes, pero nunca se despoja del hado apocalíptico de la segunda venida del Señor y el Juicio Final, tan atractivo para las masas.

6. Los llamados padres de la Iglesia (Clemente, Ireneo, Orígenes, Agustín) se esfuerzan, hasta el siglo IV, en expandir la idea de la aceptación del orden vigente entre los cristianos (al César lo ha establecido Dios, dicen), hasta que finalmente el cristianismo como ideología de la resignación y el conformismo social -pero siempre con sus atractivas promesas de justicia e igualdad espiritual para todos- se convierte en la religión oficial del Estado romano. En este proceso, se seleccionan, expurgan y manipulan los textos que pasan a constituir el Nuevo Testamento. Actualmente, los manuscritos más antiguos que se conservan son del siglo IV, por lo que hay que partir de la crítica literaria y de su estudio lingüístico e histórico para aproximarnos al contenido original.

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