La religión es demencia colectiva. Mijaíl Alexándrovich Bakunin

Las falacias del «ajuste fino» y el «principio antrópico»

Este tipo de argumentos suele usarse tan a menudo que he visto necesario hacer este breve artículo para ahorrarme de una vez el tener que responder uno a uno cada comentario del religioso de turno explicando por qué son falaces. Y es que, por lo visto, se ve que es de lo primero, como mecanismo de defensa, que los religiosos les  enseñan a los creyentes para argumentar contra quienes discuten sus creencias. Empecemos pues...

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La libertad es la distancia entre la iglesia y el estado. John Boston
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Este tipo de argumentos suele usarse tan a menudo que he visto necesario hacer este breve artículo para ahorrarme de una vez el tener que responder uno a uno cada comentario del religioso de turno explicando por qué son falaces. Y es que, por lo visto, se ve que es de lo primero, como mecanismo de defensa, que los religiosos les  enseñan a los creyentes para argumentar contra quienes discuten sus creencias.

Empecemos pues…

¿Qué es el «principio antrópico»?

Se suele definir como principio antrópico a este enunciado:

«Si en el Universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia, dichas condiciones se verifican ya que nosotros existimos».

Stephen Hawking lo definió como:

Vemos el universo de la forma que es porque, si fuese diferente, no estaríamos aquí para observarlo.

Uno podría deducir que este principio, por su lógica, es innegable. El problema es la premisa sobre la cual se plantea tal razonamiento: el «por qué». «Por qué» no deja de ser una pregunta petitio principii: con ella se está infiriendo a priori, dejando implícita en ella, que existe un «motivo», un «propósito». Hawking zanjó el asunto diciendo que la pregunta carecía de sentido. Así mismo, dividió el argumento del principio antrópico en dos vertientes (fuerte y débil) y explicó la problemática en ellas refutándolas una por una:

Historia del tiempo - Stephen Hawking (pags. 114 - 119)

Si el universo fuese verdaderamente infinito espacialmente, o si hubiese infinitos universos, habría probablemente en alguna parte algunas grandes regiones que habrían comenzado de una manera suave y uniforme. Es algo parecido al bien conocido ejemplo de la horda de monos martilleando sobre máquinas de escribir; la mayor parte de lo que escriben será desperdicio, pero muy ocasionalmente, por puro azar, imprimirán uno de los sonetos de Shakespeare. De forma análoga, en el caso del universo, ¿podría ocurrir que nosotros estuviésemos viviendo en una región que simplemente, por casualidad, es suave y uniforme? A primera vista esto podría parecer muy improbable, porque tales regiones suaves serían superadas en gran número por las regiones caóticas e irregulares. Sin embargo, supongamos que sólo en las regiones lisas se hubiesen formado galaxias y estrellas, y hubiese las condiciones apropiadas para el desarrollo de complicados organismos autorreproductores, como nosotros mismos, que fuesen capaces de hacerse la pregunta: ¿por qué es el universo tan liso? Esto constituye un ejemplo de aplicación de lo que se conoce como el principio antrópico, que puede parafrasearse en la forma «vemos el universo en la forma que es porque nosotros existimos». Hay dos versiones del principio antrópico, la débil y la fuerte. El principio antrópico débil dice que en un universo que es grande o infinito en el espacio y/o en el tiempo,
las condiciones necesarias para el desarrollo de vida inteligente se darán solamente en ciertas regiones que están limitadas en el tiempo y en el espacio. Los seres inteligentes de estas regiones no deben, por lo tanto, sorprenderse si observan que su localización en el universo satisface las condiciones necesarias para su
existencia. Es algo parecido a una persona rica que vive en un entorno acaudalado sin ver ninguna pobreza.

Un ejemplo del uso del principio antrópico débil consiste en «explicar» por qué el big bang ocurrió hace unos diez mil millones de años: se necesita aproximadamente ese tiempo para que se desarrollen seres inteligentes. Como se explicó anteriormente, para llegar a donde estamos tuvo que formarse primero una
generación previa de estrellas. Estas estrellas convirtieron una parte del hidrógeno y del helio originales en elementos como carbono y oxígeno, a partir de los cuales estamos hechos nosotros. Las estrellas explotaron luego como supernovas, y sus despojos formaron otras estrellas y planetas, entre ellos los de nuestro sistema solar, que tiene alrededor de cinco mil millones de años. Los primeros mil o dos mil
millones de años de la existencia de la Tierra fueron demasiado calientes para el desarrollo de cualquier estructura complicada. Los aproximadamente tres mil millones de años restantes han estado dedicados al lento proceso de la evolución biológica, que ha conducido desde los organismos más simples hasta seres que son capaces de medir el tiempo transcurrido desde el big bang.

Poca gente protestaría de la validez o utilidad del principio antrópico débil. Algunos, sin embargo, van mucho más allá y proponen una versión fuerte del principio. De acuerdo con esta nueva teoría, o hay muchos universos diferentes, o muchas regiones diferentes de un único universo, cada uno/a con su propia configuración inicial y, tal vez, con su propio conjunto de leyes de la ciencia. En la mayoría de estos universos, las condiciones no serían apropiadas para el desarrollo de organismos complicados; solamente en los pocos universos que son como el nuestro se desarrollarían seres inteligentes que se harían la siguiente pregunta: ¿por qué es el universo como lo vemos? La respuesta, entonces, es simple: si hubiese sido diferente, ¡nosotros no estaríamos aquí!

Las leyes de la ciencia, tal como las conocemos actualmente, contienen muchas cantidades fundamentales, como la magnitud de la carga eléctrica del electrón y la relación entre las masas del protón y del electrón. Nosotros no podemos, al menos por el momento, predecir los valores de esas cantidades a partir de la teoría; tenemos que hallarlos mediante la observación. Puede ser que un día descubramos una teoría unificada completa que prediga todas esas cantidades, pero también es posible que algunas, o todas ellas, varíen de un universo a otro, o dentro de uno único. El hecho notable es que los valores de esas cantidades parecen haber sido ajustados sutilmente para hacer posible el desarrollo de la vida. Por ejemplo, si la carga eléctrica del electrón hubiese sido sólo ligeramente diferente, las estrellas, o habrían sido incapaces de quemar hidrógeno y helio, o, por el contrario, no habrían explotado. Por supuesto, podría haber otras formas de vida inteligente, no imaginadas ni siquiera por los escritores de ciencia ficción, que no necesitasen la luz de una estrella como el Sol o los elementos químicos más pesados que son fabricados en las estrellas y devueltos al espacio cuando éstas explotan. No obstante, parece evidente que hay relativamente pocas gamas de valores para las cantidades citadas, que permitirían el desarrollo de cualquier forma de vida inteligente. La mayor parte de los conjuntos de valores darían lugar a universos que, aunque podrían ser muy hermosos, no podrían contener a nadie capaz de maravillarse de esa belleza. Esto puede tomarse o bien como prueba de un propósito divino en la Creación y en la elección de las leyes de la ciencia, o bien como sostén del principio antrópico fuerte.

Pueden ponerse varias objeciones a este principio como explicación del estado observado del universo. En primer lugar, ¿en qué sentido puede decirse qué existen todos esos universos diferentes? Si están realmente separados unos de otros, lo que ocurra en otro universo no puede tener ninguna consecuencia observable en el nuestro. Debemos, por lo tanto, utilizar el principio de economía y eliminarlos de la teoría. Si, por otro lado, hay diferentes regiones de un único universo, las leyes de la ciencia tendrían que ser las mis.-nas en cada región, porque de otro modo uno no podría moverse con continuidad de una región a otra. En este caso las únicas diferencias entre las regiones estarían en sus configuraciones iniciales, y, por lo tanto, el principio antrópico fuerte se reduciría al débil.

Una segunda objeción al principio antrópico fuerte es que va contra la corriente de toda la historia de la ciencia. Hemos evolucionado desde las cosmologías geocéntricas de Ptolomeo y sus antecesores, a través de la cosmología heliocéntrica de Copérnico y Galileo, hasta la visión moderna, en la que la Tierra es un planeta de tamaño medio que gira alrededor de una estrella corriente en los suburbios exteriores de una galaxia espiral ordinaria, la cual, a su vez, es solamente una entre el billón de galaxias del universo observable. A pesar de ello, el principio antrópico fuerte pretendería que toda esa vasta construcción existe simplemente para nosotros. Eso es muy difícil de creer. Nuestro sistema solar es ciertamente un requisito previo para nuestra existencia, y esto se podría extender al conjunto de nuestra galaxia, para tener en cuenta la necesidad de una generación temprana de estrellas que creasen los elementos más pesados. Pero no parece haber ninguna necesidad ni de todas las otras galaxias ni de que el universo sea tan uniforme y similar, a gran escala, en todas las direcciones.

Uno podría sentirse más satisfecho con el principio antrópico, al menos en su versión débil, si se pudiese probar que un buen número de diferentes configuraciones iniciales del universo habrían evolucionado hasta producir un universo como el que observarnos. Si este fuese el caso, un universo que se desarrollase a partir de algún tipo de condiciones iniciales aleatorias debería contener varias regiones que fuesen suaves y uniformes y que fuesen adecuadas para la evolución de vida inteligente.

Por el contrario, si el estado inicial del universo tuvo que ser elegido con extremo cuidado para conducir a una situación como la que vemos a nuestro alrededor, sena improbable que el universo contuviese alguna región en la que apareciese la vida.

En el modelo del big bang caliente descrito anteriormente, no hubo tiempo suficiente para que el calor fluyese de una región a otra en el universo primitivo. Esto significa que en el estado inicial del universo tendría que haber habido exactamente la misma temperatura en todas partes, para explicar el hecho de que la radiación de fondo de microondas tenga la misma temperatura en todas las direcciones en que miremos.
La velocidad de expansión inicial también tendría que haber sido elegida con mucha precisión, para que la velocidad de expansión fuese todavía tan próxima a la velocidad crítica necesaria para evitar colapsar de nuevo. Esto quiere decir que, si el modelo del big bang caliente fuese correcto desde el principio del tiempo, el estado inicial del universo tendría que haber sido elegido verdaderamente con mucho cuidado. Sería muy difícil explicar por qué el universo debería haber comenzado justamente de esa manera, excepto si lo consideramos como el acto de un Dios que pretendiese crear seres como nosotros.

En un intento de encontrar un modelo del universo en el cual muchas configuraciones iniciales diferentes pudiesen haber evolucionado hacia algo parecido al universo actual, un científico del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Alan Guth, sugirió que el universo primitivo podría haber pasado por un período de expansión muy rápida. Esta expansión se llamaría «inflacionaria», dando a entender que hubo un momento en que el universo se expandió a un ritmo creciente, en vez de al ritmo decreciente al que lo hace hoy día. De acuerdo con Guth, el radio del universo aumentó un millón de billones de billones (un 1 con treinta ceros detrás) de veces en sólo una pequeñísima fracción de segundo.

Guth sugirió que el universo comenzó a partir del big bang en un estado muy caliente, pero más bien caótico. Estas altas temperaturas habrían hecho que las partículas del universo estuviesen moviéndose muy rápidamente y tuviesen energías altas.

Como discutimos anteriormente, sería de esperar que a temperaturas tan altas las fuerzas nucleares fuertes y débiles y la fuerza electromagnética estuviesen unificadas en una única fuerza. A medida que el universo se expandía, se enfriaba, y las energías de las partículas bajaban. Finalmente se produciría lo que se llama una transición de fase, y la simetría entre las fuerzas se rompería: la interacción fuerte se volvería diferente de las fuerzas débil y electromagnética. Un ejemplo corriente de transición de fase es la congelación del agua cuando se la enfría. El agua líquida es simétrica, la misma en cada punto y en cada dirección. Sin embargo, cuando se forman cristales de hielo, éstos tendrán posiciones definidas y estarán alineados en alguna dirección, lo cual romperá la simetría del agua.

En el caso del agua, si se es cuidadoso, uno puede «sobreenfriarla», esto es, se puede reducir la temperatura por debajo del punto de congelación (O «C) sin que se forme hielo. Guth sugirió que el universo podría comportarse de una forma análoga: la temperatura podría estar por debajo del valor crítico sin que la simetría entre las fuerzas se rompiese. Si esto sucediese, el universo estaría en un estado inestable, con más energía que si la simetría hubiese sido rota. Puede demostrarse que esa energía extra especial tendría un efecto antigravitatorio: habría actuado exactamente como la constante cosmológica que Einstein introdujo en la relatividad general, cuando estaba tratando de construir un modelo estático del universo. Puesto que el universo estaría ya expandiéndose exactamente de la misma forma que en el modelo del big bang caliente, el efecto repulsivo de esa constante cosmológica habría hecho que el universo se expandiese a una velocidad siempre creciente.

Incluso en regiones en donde hubiese más partículas de materia que la media, la atracción gravitatoria de la materia habría sido superada por la repulsión debida a la constante cosmológica efectiva. Así, esas regiones se expandarían también de una forma inflacionario acelerada. Conforme se expandasen y las partículas de materia se separasen más, nos encontraríamos con un universo en expansión que contendría muy pocas partículas y que estaría todavía en el estado sobreenfriado. Cualquier irregularidad en el universo habría sido sencillamente alisada por la expansión, del mismo modo que los pliegues de un globo son alisados cuando se hincha. De este modo, el estado actual suave y uniforme del universo podría haberse desarrollado a partir de muchos estados iniciales no uniformes diferentes.

En un universo tal, en el que la expansión fuese acelerada por una constante cosmológica en vez de frenada por la atracción gravitatoria de la materia, habría habido tiempo suficiente para que la luz viajase de una región a otra en el universo primitivo. Esto podría proporcionar una solución al problema planteado antes, de por qué diferentes regiones del universo primitivo tendrían las mismas propiedades.
Además, la velocidad de expansión del universo se aproximaría automáticamente mucho a la velocidad crítica determinada por la densidad de energía del universo. Lo que explicaría por qué la velocidad de expansión es todavía tan próxima a la velocidad crítica, sin tener que suponer que la velocidad de expansión inicial del universo fuera escogida muy cuidadosamente.

La idea de la inflación podría explicar también por qué hay tanta materia en el universo. Hay algo así como diez billones de billones de billones de billones de billones de billones de billones (un 1 con ochenta y cinco ceros detrás) de partículas en la región del universo que nosotros podemos observar. ¿De dónde salieron todas ellas? La respuesta es que, en la teoría cuántica, las partículas pueden ser creadas a partir de la energía en la forma de pares partícula/antipartícula. Pero esto simplemente plantea la cuestión de dónde salió la energía. La respuesta es que la energía total del universo es exactamente cero. La materia del universo está hecha de energía positiva. Sin embargo, toda la materia está atrayéndose a sí misma mediante la gravedad. Dos pedazos de materia que estén próximos el uno al otro tienen menos energía que los dos mismos trozos muy separados, porque se ha de gastar energía para separarlos en contra de la fuerza gravitatoria que los está uniendo. Así, en cierto sentido, el campo gravitatorio tiene energía negativa. En el caso de un universo que es aproximadamente uniforme en el espacio, puede demostrarse que esta energía gravitatoria negativa cancela exactamente a la energía positiva correspondiente a la materia. De este modo, la energía total del universo es cero.

Ahora bien, dos por cero también es cero. Por consiguiente, el universo puede duplicar la cantidad de energía positiva de materia y también duplicar la energía gravitatoria negativa, sin violar la conservación de la energía. Esto no ocurre en la expansión normal del universo en la que la densidad de energía de la materia disminuye a medida que el universo se hace más grande. Sí ocurre, sin embargo, en la expansión inflacionario, porque la densidad de energía del estado sobreenfriado permanece constante mientras el universo se expande: cuando el universo duplica su tamaño, la energía positiva de materia y la energía gravitatoria negativa se duplican ambas, de modo que la energía total sigue siendo cero. Durante la fase inflacionario, el universo aumenta muchísimo su tamaño. De este modo, la cantidad total de energía disponible para fabricar partículas se hace muy grande. Como Guth ha señalado, «se dice que no hay ni una comida gratis. Pero el universo es la comida gratis por excelencia».

El universo no se está expandiendo de una forma inflacionaria actualmente. Así, debería haber algún mecanismo que eliminase a la gran constante cosmológica efectiva y que, por lo tanto, modificase la velocidad de expansión, de acelerada a frenada por la gravedad, como la que tenemos hoy en día. En la expansión inflacionario uno podría esperar que finalmente se rompiera la simetría entre las fuerzas, del mismo modo que el agua sobreenfriada al final se congela. La energía extra del estado sin ruptura de simetría sería liberada entonces, y calentaría al universo de nuevo hasta una temperatura justo por debajo de la temperatura crítica en la que hay simetría entre las fuerzas. El universo continuaría entonces
expandiéndose y se enfriaría exactamente como en el modelo del big bang caliente, pero ahora habría una explicación de por qué el universo se está expandiendo justo a la velocidad crítica y por qué diferentes regiones tienen la misma temperatura.

En la idea original de Guth se suponía que la transición de fase ocurría de forma repentina, de una manera similar a como aparecen los cristales de hielo en el agua muy fría. La idea suponía que se habrían formado «burbujas» de la nueva fase de simetría rota en la fase antigua, igual que burbujas de vapor rodeadas de agua hirviendo. Se pensaba que las burbujas se expandieron y se juntaron unas con otras hasta que todo el universo estuvo en la nueva fase. El problema era, como yo y otras personas señalamos, que el universo estaba expandiéndose tan rápidamente que, incluso si las burbujas crecían a la velocidad de la luz, se estarían separando unas de otras, y por tanto no podrían unirse. El universo se habría quedado en un estado altamente no uniforme, con algunas regiones que habrían conservado aún la simetría entre las diferentes fuerzas. Este modelo del universo no correspondería a lo que observamos.

¿Qué es el «ajuste fino»?

Como ya habrán observado, en la respuesta que dió Hawking, si se menciona al principio antrópico es porque en este está implicitas varias premisas que él ya se encargó de refutar: como la del «ajuste fino»:

El hecho notable es que los valores de esas cantidades parecen haber sido ajustados sutilmente para hacer posible el desarrollo de la vida.

Por supuesto, yo no voy a hacer de nuevo lo que ya hizo Hawking (y que pueden ver en el extracto de su libro que he copiado en este mismo artículo), explicando el error desde la evidencia física. Un error que vio Hawking y que también vio Victor J. Stenger. Este último publicó una app web que, de forma práctica y como ya expliqué hace años en un artículo (ver enlace*), demuestra que las estrellas de larga vida, las que probablemente se requieren para la evolución de la vida, no dependen en absoluto de un «ajuste fino» de las constantes de la naturaleza sino que se producen con una amplia gama de parámetros. La app también muestra que la gran coincidencia de número propuesta primero por Weyl no es infrecuente.

*En el artículo, por supuesto, pueden ver también más referencias del por qué es falaz el «ajuste fino» y unos cuantos ejemplos de académicos que lo refutaron en su día (desde entonces han habido por supuesto más).

La app, que Stenger denominó «The Monkey God» (como referencia irónica al argumento creacionista del mono tecleando a la que Hawking se refirió en su libro – véase, de nuevo, en el extracto anterior) se publicó en una página de la Universidad de Colorado que por desgracia ya no existe. Pero no se desanimen: puede aun verse y sigue operativa desde Wayback Machine.

Para los más perezosos o no acostumbrados a indagar, aquí tienen la máquina:

Por supuesto, a alguno esto le sabría a poco o vendría con el argumento de que las ecuaciones empleadas por Stenger son las que él se ha sacado de las narices, al tuntún y mostrando la desconfianza para esto que no mostró en su día con la religión, por si quiere verlas y por si no se metieron en el enlace a mi artículo, MonkeyGod.pdf»>Stenger publicó un PDF donde se muestran.

Además de esto Stenger escribió un libro entero dedicado a la refutación del argumento creacionista del «ajuste fino»:

Las falacias del «ajuste fino»

Desde la web con mas refutaciones al creacionismo, Talk Origins, también se dedicó un artículo para exponer los fallos del argumento del «ajuste fino«. Uno de ellos, de hecho, es el que en mi opinión destroza por completo ese argumento. Aunque en ella no se explica, desconozco por qué, el hecho de que el «ajuste fino» no deja de ser una falacia relacionada con aquello que expone TalkOrigins (TOr). Una que además apela a muchas otras que iré exponiendo a continuación:

La afirmación asume que la vida en su forma actual es un hecho; no se aplica a la vida, sino a la vida tal como la conocemos. El mismo resultado se obtiene si la vida se ajusta al cosmos.

De hecho, muchos ejemplos de ajuste fino son evidencia de que la vida está ajustada al cosmos, no al revés. Esto es exactamente lo que propone la evolución.

Pues como bien concluyen en ese primer punto desde TOr, lo que vemos ahora (cómo son las formas de vida) no son más que el resultado de cómo la vida misma (que no es más que física y química) se ha ido adaptando a la física y química del medio con el que ha interactuando. Lo que proponen los creacionistas, los defensores del «ajuste fino» y del «principio antrópico» está al mismo nivel que sostener que el plátano se ha creado tal cual para que pueda agarrarse con la mano.* Básicamente lo que están haciendo es apelar a una falacia cum hoc ergo propter hoc de «causalidad inversa»:

Cuando se infiere una relación causal entre dos eventos correlacionados, y resulta que el efecto fue tomado por la causa, y la causa por el efecto. Es decir, dados dos eventos A y B que se presentan siempre juntos, si se infiere que A es causa de B, cuando en realidad B es causa de A, se comete una falacia de dirección incorrecta o de causalidad inversa.

Lo que hace el creacionista con el «ajuste fino» es básicamente obviar que primero se formó el Sistema Solar, con el se formó nuestro planeta y en él se formó la vida. Todo, mediante procesos fisico-químicos que dieron como resultado no solo a nuestra especie (homo-sapiens) sino a otros homínidos y además a los millones de especies más que han habitado y/o siguen habitando.

Decir que el universo se ha «ajustado» para que haya vida, para que exista el ser humano, es básicamente invertir la causalidad e ignorar el resto de resultados, orgánicos y también inorgánicos. Básicamente, ignorar el orden cronológico de los eventos e ignorar cómo funciona la física, la química, la geología y la biología.

Además de pecar en eso, en ser una falacia de causalidad inversa, el «ajuste fino» contiene y se basa en otras cuantas más, que podemos encadenar, por orden:

  • Se fundamenta en una falacia ad hoc:  explica un hecho después de haber sucedido:

Esquema lógico de esta falacia:

  1. Estamos interesados en demostrar A y ofrecemos B como evidencia
  2. La afirmación «A porque B» es el razonamiento tomado.

El problema es que si queremos demostrar la verdad de B, entonces «A porque B» no es un razonamiento, sino una explicación.

Ejemplo:

1.- Para demostrar que todo ha sido «creado por Dios» ofrecemos un «Dios creador» como evidencia.

  • Se fundamenta en una petitio principii:  la proposición por ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas:
  1. p implica q
  2. Suponga p
  3. Por lo tanto, q

Ejemplo:

  1. Dios puede crear.
  2. Todo lo que existe ha sido creado.
  3. Por lo tanto, Dios existe.

 

  • Se fundamenta en una falacia circular: prueba, a través de la conclusión y de tomar una de las proposiciones a la inversa en cuanto a la predicación, la restante proposición que se tomó en el otro razonamiento:

Para demostrar que a es cierto:

1.- a → a
O también:

Conclusión:

1.- a → b
2.- b → a

Ejemplo:

1º.- Dios (el personaje de estos relatos) crea.

2º.- La evidencia de Dios es X relato donde crea.

Básicamente, lo que hace la religión es afirmar que existe un dios creador (con la capacidad de crear), que toma como premisa y que expone en una serie de textos, y luego toma como evidencia su propia afirmación.

Los religiosos que escribieron la Biblia idearon a un personaje con una serie de características, como la capacidad de crear todo desde la nada,  lo afirmaron en una serie de textos y oralmente, usando como referencia dichos textos y escribiendo nuevos con más afirmaciones sobre ese personaje, y luego pretenden tomar dichos textos como «evidencia» para sus afirmaciones. Entre dichas afirmaciones, que el todo (el universo) en el que viven ha sido creado y «ajustado» para que tenga lugar la vida. La consecuencia, el resultado de una serie de condiciones físicas y químicas, tomada como propósito y destino… porque así ellos lo afirmaron.

 

Notas:

*Esto tiene gracia y lo he usado como ironía, pues eso mismo fue lo que propuso «banana-man» (Ray Confort) en un vídeo, hasta que le explicaron que el plátano, tal y como lo conocemos, es producto precisamente de la evolución dirigida (de la selección artificial y la hibridación a manos del ser humano) y no resultado de la «naturaleza» (en la que ellos colocan a su personaje mitológico favorito).

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