La cara no tan oculta de la Iglesia: papas (1 Parte)

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Existen ya numerosos artículos con citas y actos de religiosos en épocas pasadas (yo mismo recojo algunos sobre papas y santos, o frases y citas en esta web). Pero como el ser humano es dado a olvidar el pasado, o al menos a restarle importancia, hoy voy a dedicarme a recopilar declaraciones contemporáneas de nuestra querida y jerárquica “santa y apostólica” iglesia. El motivo es mostrar que la imagen que realmente tiene la iglesia no es la que se presupone, la que percibo actualmente de la sociedad o aquella que a veces recogen los medios de comunicación, sino aquella que ella misma muestra en esas pequeñas idiosincrasias con las que de vez en cuando nos deleita y que, por separado, parecen una cosa aislada pero que recopiladas todas ellas ofrecen una nueva perspectiva totalmente distinta.

En esta ocasión, y debido a la extensión del artículo, lo dividiré en varias partes separando a la curia desde los más altos puestos a los más bajos en su jerarquía.

Francisco I

Francisco I

La nueva imagen de la Iglesia, el intento de esta por mejorarla más bien, aunque prudente y populista, no viene a ser nada más que un caramelo amargo con un bonito envoltorio. Son pequeñas idiosincrasias, como dije anteriormente, las que han acabado por delatarle.

El que durante la dictadura de Videla se viera envuelto posteriormente en denuncias por colaborar con esta (como así lo demuestran los documentos y la información recabada por Verbitski), no sólo es famoso por eso sino por sus posteriores declaraciones. Esas perlas que se les escapan de vez en cuando demostrando de qué pie cojea, como religioso cristiano que es.

Machismo

Seis años antes de ser elegido papa por la curia romana, en 2007, dijo que las mujeres son naturalmente ineptas para ejercer cargos políticos cuando Cristina Fernandez se presentó como candidata a la presidencia de Argentina. Según el bonachón Francisco I,hay que tener memoria; tuvimos una mujer como presidente de la Nación y todos sabemos qué pasó (en referencia a Estela María Martínez de Perón). Para Bergoglio: “El orden natural y los hechos nos enseñan que el hombre es el ser político por excelencia; las Escrituras nos demuestran que la mujer siempre es el apoyo del hombre pensador y hacedor, pero nada más que eso”. Postura que mantiene cuando dice que  “La puerta está cerrada”  para el sacerdocio femenino.

Homofobia

Aunque, siendo ahora papa, su postura sobre los homosexuales fuera la que todos los medios coreaban como alarde de modernismo cuando a este se le preguntó por ello dijo “Si una persona es gay, busca a dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?” y que “El catecismo de la Iglesia Católica lo explica muy bien. Dice que no deberían ser marginados por ello, sino que deberían ser integrados en la sociedad”, parece olvidarse u omitir al público lo descrito en el artículo 6 de dicho catecismo (ver enlace o descripción en el apartado dedicado a Benedicto VI). Como también habérsele olvidado lo que dijo cuando no era tan visible como ahora, que debe contrarrestar la imagen de su iglesia debida al anteriormente denostado Benedicto XVI. Bien que sostenía, entonces, sobre el matrimonio homosexual:

“no seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento), sino de una ‘movida’ del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”.

O aun más explícitamente cuando decía, siendo Cardenal:

“Aquí también está la envida del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la tierra”.

Como así lo recogen muy gratamente en InfoCatólica (ver enlace). Y es que la hemeroteca es muy mala cuando uno quiere aparentar lo que no es.

Intolerancia

Más toques de ese humanismo que intenta aparentar se ven enturbiados por otras perlas. Como cuando se le escapó su justificación, en cierta medida, del comportamiento de los terroristas que atentaron contra la revista satírica Charlie Hebdo causando una decena de muertos. Para Paquito, la libertad de expresión tiene un “limite” y  “No puedes provocar, no puedes insultar la fe de otros, no puedes bromear sobre la fe“. Dicho por un religioso, claro está, suena muy conveniente y obvia dicha opinión. Según él, “Es verdad que no se debe reaccionar violentamente, pero aunque seamos buenos amigos, si él insulta a mi madre, puede esperar un puñetazo“.

El jefe de la institución que más ha asesinado a lo largo de la historia  en nombre de su personaje ficticio favorito (vean tan ilustre lista) dijo a los medios que era una “aberración” matar en nombre de Dios al mismo tiempo que declaraba que todas las personas tienen la “obligación de decir lo que piensan” pero “sin ofender” o “convertir en un juguete las religiones de otros” en respuesta a estos sobre lo sucedido en París. Irónico ¿no? Pues para ellos, los religiosos, todo puede ser considerado como ofensivo. ¿No me creen? Pues léanse el artículo 2 del Catecismo de la Iglesia católica para saber qué es ofensivo según esta Iglesia, y luego el artículo 8 para saber qué es “pecado”, también según dicha iglesia. Tan sólo la mención a su personaje ficticio favorito puede ser considerada como ofensa. Pero es que la “sensibilidad” de un religioso por sus creencias y lo que para ellos puede o no ser ofensivo no es nada nuevo, como tampoco la doble moral que se gastan cuando son ellos quienes emiten juicios sobre otras ideologías. Como tampoco lo es, véase más abajo en este mismo artículo, que estos intenten imponerse como la ideología predominante para conseguir beneficios sin importar cómo.

Maltrato psicológico

Menos ofensivo, por lo visto, es que se maltrate psicológicamente a personas con rituales absurdos atemorizando a la gente con personajes ficticios, como ocurre con los exorcismos. Este declaró, en una misiva dirigida al Presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE), el Padre Francesco Bamonte, debido a una reunión en Roma a la que asistieron 300 exorcistas (el XII Convenio mundial, el 25 y el 26 de octubre del 2014) su “ánimo a manifestar en este especial ministerio” del exorcismo “ejercitado en comunión con los propios Obispos” para que se manifieste  “el amor y la acogida en la Iglesia de quienes sufren debido a la obra del maligno”. Y es porque para el papa el demonio es real. O al menos así lo declaró en una homilía en la Capilla de la Casa de Santa Marta (Radio Vaticana 30/10/2014):

“Sin embargo a esta generación y a muchas otras se les ha hecho creer que el diablo era un mito, una figura, una idea, la idea del mal ¡pero el diablo existe y nosotros debemos combatir contra él! ¡lo dice San Pablo, no lo digo yo! ¡Lo dice la Palabra de Dios! Aunque no estamos muy convencidos de ello”

Motivo por el cual, el 13 de abril del 2015, se creó un itinerario de formación en Roma denominado ‘Exorcismo y oración de liberación’ en el cual se instruía a 150 futuros exorcistas, entre los cuales se encontraban sacerdotes, laicos, médicos, psicólogos, enseñantes y operadores pastorales, sobre los instrumentos para realizar un exorcismo, además de “evitar los peligros del ocultismo y del satanismo entre los jóvenes”, según los propios organizadores.

piacenza3Para el cardenal Mauro Paciencia (discípulo del cardenal ultraconservador Giuseppe Siri y considerado próximo a Tarcisio Bertone), quien antes fuera (cuando Benedicto XVI le nombró en 2010) máximo responsable de la Congregación para el Clero hasta que Francisco I le destituyó en 2013 por Benamino Stella para nombrarlo Penitenciario Mayor, el mal se hace particularmente visible, y por tanto, identificable gracias al ministerio del sacerdote exorcista cuando, especialmente en el caso de la posesión el demonio presentándose, muestra la propia deliberada e implacable voluntad de asesinar y de poseer, de engañar, de usurpar, de humillar y de ofender”

Según Paciencia,  “los medios operados por el demonio para resistir a la omnipotencia de Nuestro Señor Jesucristo se revelan como los mismos medios que el ‘mundo’ usa desde hace dos mil años contra la Iglesia”. No podía faltar a arremeter contra la ciencia y los valores sociales actuales, críticos con e pensamiento mágico difundido por ellos, alegando que “el silencio ante las exigencias de la verdad, de la justicia y de la infinita misericordia de Dios, cuando estas no son relativizadas, negadas, ofendidas o distorsionadas, reivindicar de modo irresponsable derechos inexistentes ya sea respecto al orden de la naturaleza, ya sea respecto a la gracia”. Para Paciencia eso es “atacar, con la mentira, a los hijos de Dios y, en modo particular, a los pastores de la Iglesia en el intento vano de debilitar el anuncio luminoso de la verdad de la creación y de la salvación, defendiéndose detrás de un falso ‘respeto humano’, impugnado como escudo contra el poder purificador de la oración, la verdad de la Encarnación del Verbo y la exigencia de recapitular todas las cosas en Él”. ¿Y cómo se soluciona? Según Paciencia “la buena batalla de la fe, que ve en el ministerio del exorcismo un ámbito de particular intensidad, se realiza viviendo en austeridad y amor, teniendo lúcidamente presente que Satanás es el ‘enemigo del género humano’ para poder así servir a la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, con la gratitud y la certeza propias del pueblo de los redimidos”. Para Paciencia toda ciencia que conduzca al ateísmo es obra del diablo:

“la obra del diablo, es mortífera y degradante de la naturaleza humana. Es la división que separa al hombre de Dios. Es la división en la que el demonio ‘homicida desde el principio (…) mentiroso y padre de la mentira’ ha ingresado irremediablemente, idolatrándose a sí mismo y afirmándose desesperadamente contra el Absoluto Dios y su santísima voluntad”.

hace que “se sustraiga del poder unificador de la verdad, separándolo de la que es la verdad fundamental del ser: la relación con Dios creador y redentor. El hombre es hecho así esclavo de estas mismas pequeñas realidades que, en comunión con Dios, está llamado a gobernar y a orientar al servicio del Reino de Dios”.

Y eso se traduce, según él, en “términos de desorientación doctrinal y moral, comprometiendo el destino eterno de las personas”, lo cual “hace visible y por eso ‘identificable’ justamente en el ministerio del sacerdote exorcista cuando, especialmente en el caso de la posesión, el demonio muestra la propia deliberada e ‘intratable’ voluntad de matar o poseer, de engañar y usurpar, de humillar y ofender

Ante semejante problema psicológico del papa y sus allegados, lo más prudente sería enviarlos a un psiquiatra. Pero no a uno con sus mismos problemas (véase al portavoz oficial de la propia Asociación de Exorcistas, el psiquiatra Valter Cascioli, para quien la propia Asociación ha constatado un aumento preocupante de la actividad del demonio, llamada “extraordinaria” que se manifiesta en ‘ obsesiones, vejaciones y posesiones demoniacas”. Dediquémosle un punto a parte a tal individuo, pues lo merece)

El psiquiatra que necesita ayuda psiquiátrica: Walter Cascioli

walter_cascioli (1)No me dirán que no daña mentalmente la religión cuando tenemos un ejemplo como el de Cascioli, para quien los riesgos de la actividad del demonio, según él, aumentan debido al momento histórico en el que vivimos (la bajada anual de fieles a sus creencias arcaicas y a su secta, para que lo entiendan). Según Cascioli “El  individualismo, la superficialidad, la secularización, parecen dominar nuestra sociedad” y son síntomas de que “La lucha contra el maligno se está convirtiendo en una emergencia”. Para Cascioli la “fuerza del mal” ha aumentado debido a “la debilidad de la fe, a la falta de normas, a la falta de valores, y al relativismo cultural”. Según Cascioli “la cultura del mal se difunde a través de “libros, programas de televisión, películas que esconden mensajes ‘sensacionalistas’ pensados para llegar a las nuevas generaciones para llevarlos a lapractica del ocultismo, el satanismo, y muchas veces a practicarlo directamente. Un psiquiatra que declara que “el diablo – no sólo nos separa de Dios- sino que también  separa las personas, las familias; separa además de la realidad porque, lamentablemente, a veces existen situaciones de alienación mental, que siguen a las actividades secundarias del demonio”, no puede estar muy bien de la cabeza. Aunque en una parte tiene razón: pensar y creer que el diablo existe separa de la realidad y lentamente conduce a una alienación mental.

Tanto para Cascioli y su asociación de exorcistas (AIE) como para el paPaquito, el problema de las personas que, según ellos, están poseídas, y según la psiquiatría seria no, es debido al “satanismo” que ellos mismos demonizan. Y es normal que lo hagan pues estos movimientos, contrariamente a lo que ellos venden, salvando casos individuales y muy puntuales, carecen de creencias sobrenaturales (incluyendo a ese personaje inventado por el cristianismo) y su único propósito, según ellos mismos, es contrario a lo que predica la propia iglesia (véase en qué consiste su organización, en inglés, o su “Doctrina” ¡qué malvada la Iglesia de Satán, en comparación con la Católica ¿eh?). Para el resto de personas, las que nos basamos en el mundo real, el problema de los exorcismos son los propios exorcismos. Pues de personas asesinadas por ese personaje han muerto cero, pero personas a manos de exorcistas o en exorcismos ya han muerto unas cuantas: en 1995 ministros pentecostales golpearon a una mujer en San Francisco hasta matarla para sacarle esos supuestos demonios y en 1997 a a otra mujer en Glendale, California. Ese mismo año en el Bronx (Nueva York) a una niña de 5 años se le obligó a tragar amoniaco y vinagre hasta matarla y al año siguiente, 1998, a otra de 17 años en Sayville, cuando su madre quería sofocarla mediante una bolsa de plástico en la cabeza. En 2001 otra mujer, de 37 años, estrangulada por otro ministro en Nueva Zelanda. A los que se suma el de una mujer de Maryland que mató a sus dos hijos, de uno y dos años de edad, en 2014. La última y más reciente, 2015, en Washington Heights (Manhattan), ha sido la nieta del actor Morgan Freeman,  E’Dena Hine, a manos de su novio, quien gritaba “sacarle los demonios” mientras la apuñalaba durante un supuesto exorcismo.

Ante esto, algún cristiano argumentará que esos actos no fueron provocados por la Iglesia. Pero esto es falso. Desde luego no ha contribuido que el cristianismo inventara demonios como diagnóstico de posibles enfermedades mentales desde sus inicios, cuando no le servían para culpabilizar a sus enemigos, ni que la iglesia difundiera y siga difundiendo y patrocinando tal disparate alegando, como hemos visto, que existen personas poseídas por un personaje creado por ellos mismos que necesitan del “amor” de quienes practican tales rituales.

“(Los exorcistas) muestran el amor y dan la bienvenida a la iglesia a las personas poseídas por el mal”

papa Franciso I

Dicha creencia es originada y constantemente difundida por esta religión. Algo que obviamente es innegable.

Para saber más sobre Cascioli, lean este artículo. No tiene desperdicio. Como tampoco lo tiene ver al papa practicando un exorcismo a un enfermo cristiano predispuesto a ello. Negado por el representante oficial del Vaticano Federico Lombardi (véase más adelante por qué subrayo esta frase).

Desde luego, Francisco tiene mucho “amor a los poseídos”. La creencia en “el mal” y en un personaje “el maligno” les ha dado de comer a él y a su institución desde hace siglos. De hecho, creando tal personaje y generalizando sobre algo tan subjetivo como es “lo malo”, han conseguido englobar todo aquello que desquebraja su institución y con ello su poder. Por eso no es extraño que personas como Cascioli aleguen que lo que él denomina “relativismo cultural” y que la sociedad actual no siga los preceptos de su querida ICAR, sean los que originan ese “mal”:

“(El aumento de la fuerza del mal se debe), además de la acción directa del enemigo de Dios, al enfriamiento de la fe y la armonía, es decir la falta de valores (católicos) y el relativismo cultural que campea”.

¿Igualdad?

No esperen, quienes todavía crean que este papa es un renovador o que habrá “renovación” con respecto al celibato. Aunque este dijera que está presente en su agenda y que “No es un dogma de la Iglesia y se puede discutir porque es una tradición eclesiástica”, pues, como todo en el cristianismo, este es moldeable siempre y cuando no se haga de cara a la galería (como así sucede ya que es sabido el que sacerdotes mantengan en secreto relaciones con mujeres – llegando al punto de que estas le rogaran cambios para no tener que vivir en el secreto), se duda mucho de que este o ninguno pase del “La puerta está siempre abierta, pero no está en el orden del día actualmente“. Tal y como se sostiene en la Encíclica Sacerdotalis Caelibatus (Pablo VI, 1967), este es custodiado por la Iglesia Católica “desde hace siglos como perla preciosa”.

Conocimiento (Scientia)

Como tampoco esperen que este no intente imponer (e intercalar) a su dios de los huecos en la ciencia. Para Francisco I, el Universo, de ninguna forma es producto del caos sino de resultado de la fuerza creadora de Dios y sobre las especies Él creó a los seres y les dejó que se desarrollaran de acuerdo a las leyes internas que les dio a cada uno, para que evolucionaran, para que llegaran a su plenitud”. El nuevo papa se distancia del creacionismo pero no del uso del dios de los huecos que tantos beneficios les reporta a él y a su institución. Alguien debería actualizarles, pues la ortogénesis ya fue descartada hace más de medio siglo.

 

Benedicto XVI

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La anterior representación de la ICAR, desde hace años ya retirado tras su propia dimisión el 28 de febrero de 2013, ha sido el protagonista de numerosas declaraciones. Motivo, entre otros (como la aparición de numerosos casos de pederastia dentro de la iglesia), por el cual la imagen de la iglesia se deterioró durante su “legislatura”.

A pesar de que ambos eran “almas gemelas”, la imagen de Ratzinger (Benedicto XVI, cuando fue elegido por el 95 % de los cardenales que había designado su difunto colega y antecesor) contrastaba mediáticamente con la de Wojtiya (Juan Pablo II), más comedido en sus declaraciones públicas y mejor tratado por los medios.

Pedofilia

Según dijo el propio Ratzinger “Los hechos no me cogieron del todo por sorpresa. Como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe me había ocupado de los casos norteamericanos; había visto crecer también la situación en Irlanda. Pero las dimensiones fueron para mí un verdadero shock“. Y es verdad que no le pillaron por sorpresa, pues fue el quien los ocultó durante décadas, con el conocimiento y aprobación de Wojtyla, trasladando a los sacerdotes de una diócesis a otra para encubrirles. (véase  el apartado sobre ello en este mismo artículo en Juan Pablo II).

Por eso es más que destacable cuan profusos son a la hora de decir mentiras, como cuando, durante un debate con el matemático ateo Piergiorgio Odifreddi, en 2013, dijera como excusa ante la acusación del matemático italiano:

“solo puedo constatarlo con profunda consternación. Jamás he intentado ocultar estas cosas. Tampoco es para mí un consuelo saber que, según la investigación sociológica, el porcentaje de sacerdotes culpables de estos delitos no es mayor que el de otras categorías profesionales similares

Al leer tales afirmaciones, sabiendo os hechos, siempre me pregunto lo mismo: ¿no se supone que, según ellos mismos, mentir deliberadamente es pecado?

Homofobia

De este Lord Sith vaticano, siguiendo la misma línea de sus antecesores, tenemos como ejemplos su homofobia cuando dijo que el matrimonio homosexual era una grave amenaza para la humanidad:

“No se trata de una simple convención social, sino más bien de la célula fundamental de toda la sociedad. Consecuentemente, las políticas que suponen un ataque a la familia amenazan la dignidad humana y el porvenir mismo de la humanidad”

Por lo visto, según él, negando a la propia naturaleza (aunque no es extraño teniendo en cuenta que niegan la propia naturaleza humana alegando que “No es admisible, por ejemplo, una interpretación de tipo materialista, que excluya la causalidad divina.”), que dos personas del mismo sexo mantengan relaciones sentimentales de forma consentida atenta contra “el porvenir mismo de la humanidad”. Cómo si dicha orientación sexual fuera algo contagioso y que se practique implica que no se produzca una orientación sexual distinta, como la hetero. ¿? Jamás sabremos qué lógica siguen las personas que se preocupan tanto por el porvenir de la humanidad alegando  que el matrimonio y las relaciones sexuales heterosexuales son “sagradas” al mismo tiempo que prohíben casarse y mantener relaciones sexuales a sus miembros porque también es “sagrado” el celibato. Para Ratzinger la homosexualidad era un “problema” ya en 1986 cuando redactó bajo la aprobación de su amigo Wojtyla la Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales:

En la « Declaración sobre algunas cuestiones de ética sexual », del 29 de diciembre de 1975, la Congregación para la Doctrina de la Fe ya había tratado explícitamente este problema. En aquella Declaración se subrayaba el deber de tratar de comprender la condición homosexual y se observaba cómo la culpabilidad de los actos homosexuales debía ser juzgada con prudencia. Al mismo tiempo la Congregación tenía en cuenta la distinción comúnmente hecha entre condición o tendencia homosexual y actos homosexuales. Estos últimos venían descritos como actos que están privados de su finalidad esencial e indispensable, como « intrínsecamente desordenados » y que en ningún caso pueden recibir aprobación (cf. n. 8, par. 4).

Sin embargo, en la discusión que siguió a la publicación de la Declaración, se propusieron unas interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual misma, hasta el punto que alguno se atrevió incluso a definirla indiferente o, sin más, buena. Es necesario precisar, por el contrario, que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada.

Quienes se encuentran en esta condición deberían, por tanto, ser objeto de una particular solicitud pastoral, para que no lleguen a creer que la realización concreta de tal tendencia en las relaciones homosexuales es una opción moralmente aceptable.

¿Y en qué se basaba Ratzinger? Pues, como todo religioso ¡en el razonamiento circular de siempre!¡Lo dice la Biblia! y la falacia ad antiquitatem:

4. Una de las dimensiones esenciales de una auténtica atención pastoral es la identificación de las causas que han creado confusión en relación con la enseñanza de la Iglesia. Entre ellas se señala una nueva exégesis de la Sagrada Escritura, según la cual la Biblia o no tendría cosa alguna que decir sobre el problema de la homosexualidad, o incluso le daría en algún modo una tácita aprobación, o en fin ofrecería unas prescripciones morales tan condicionadas cultural e históricamente que ya no podrían ser aplicadas a la vida contemporánea. Tales opiniones, gravemente erróneas y desorientadoras, requieren por consiguiente una especial vigilancia.

5. Es cierto que la literatura bíblica debe a las varias épocas en las que fue escrita gran parte de sus modelos de pensamiento y de expresión (cf. Dei Verbum, n. 12). En verdad, la Iglesia de hoy proclama el Evangelio a un mundo que es muy diferente al antiguo. Por otra parte el mundo en el que fue escrito el Nuevo Testamento estaba ya notablemente cambiado, por ejemplo, respecto a la situación en la que se escribieron o se redactaron las Sagradas Escrituras del pueblo hebreo.

Sin embargo, se debe destacar que, aun en el contexto de esa notable diversidad, existe una evidente coherencia dentro de las Escrituras mismas sobre el comportamiento homosexual. Por consiguiente la doctrina de la Iglesia sobre este punto no se basa solamente en frases aisladas, de las que se puedan sacar discutibles argumentaciones teológicas, sino más bien en el sólido fundamento de un constante testimonio bíblico. La actual comunidad de fe, en ininterrumpida continuidad con las comunidades judías y cristianas dentro de las cuales fueron redactadas las antiguas Escrituras, continúa siendo alimentada por esas mismas Escrituras y por el Espíritu de verdad del cual ellas son Palabra. Asimismo es esencial reconocer que los textos sagrados no son comprendidos realmente cuando se interpretan en un modo que contradice la Tradición viva de la Iglesia. La interpretación de la Escritura, para ser correcta, debe estar en efectivo acuerdo con esta Tradición.

Sagrado, entre comillas, es todo para esta gente de cara a la galería. Estas declaraciones, bajo el pontificado de Juan Pablo II, y aprobadas por él, no tuvieron mucha repercusión en los medios, más preocupados por transmitir la visita de este a Colombia donde no hacía literalmente nada rezaba por las victimas de un Volcán, sus codeos con otras sectas durante sus visitas a sinagogas y mezquitas y llamando “hermanos mayores” a los judíos que siglos antes masacraron para pedir “por la paz” (inútilmente, a pesar de ser el representante de un ser omnipotente), su condescendencia con un indio crítico con la historia de la ICAR en América, etc.

No es de extrañar, pues, que con tal discernimiento basado en un razonamiento circular, este papa, Ratzinger, aprobara el texto escrito por el cardenal Grocholeeski y el arzobispo J. Michael Miller denominado como Sobre los criterios de discernimiento vocal en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes sagradas (Congregación para la Doctrina Católica) donde, muy hipócritamente se afirma que no debe ser discriminados (cosa que hace dicha institución presionando para que no se aprueben sus derechos) al mismos tiempo que lo hace prohibiendo su ordenación y definiéndolos como inmorales, contrarios a la ley natural, desordenados, que obstaculizan la correcta relación de hombres y mujeres o que acarrearán consecuencias negativas:

Desde el Concilio Vaticano II hasta hoy diversos documentos del Magisterio y especialmente el Catecismo de la Iglesia Católica han confirmado la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad. El Catecismo distingue entre los actos homosexuales y las tendencias homosexuales.

Respecto a los actos enseña que en la Sagrada Escritura éstos son presentados como pecados graves. La Tradición los ha considerado siempre intrínsecamente inmorales y contrarios a la ley natural. Por tanto, no pueden aprobarse en ningún caso.

Por lo que se refiere a las tendencias homosexuales profundamente arraigadas, que se encuentran en un cierto número de hombres y mujeres, son también éstas objetivamente desordenadas y con frecuencia constituyen, también para ellos, una prueba. Tales personas deben ser acogidas con respeto y delicadeza; respecto a ellas se evitará cualquier estigma que indique una injusta discriminación. Ellas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en sus vidas y a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que puedan encontrar.

A la luz de tales enseñanzas este Dicasterio, de acuerdo con la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cree necesario afirmar con claridad que la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay.

Dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con hombres y mujeres. De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas.

Si se tratase, en cambio, de tendencias homosexuales que fuesen sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada, ésas deberán ser claramente superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal.

Conocimiento (Scientia)

Teniendo en cuenta que el pensamiento crítico haya sido el mayor enemigo de las religiones, y de la suya concretamente aun más, no es de extrañar que Benedicto XVI pidiera, al menos por navidad, que se abandonara el orgullo intelectual para reconocer al niño Jesús en esas fechas y así llenar sus arcas con el cepillo de los fieles acudiendo a sus misas y comprando merchandising cristiano:

“si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios.”

(homilía, “Misa del Gallo” Dic 2011)

Misma actitud que la mostrada por anteriores papas anti “modernistas” a quienes los más arcaicos tradicionalistas (siguiendo el espíritu de Pio X con su Encíclica Pascendi, 1907), como Marcel Lafevre, excomulgado por Ratzinger por oponerse a el por entonces papa, Juan Pablo II, y a su segundo Concilio Vaticano habrían tildado de bienencaminados.

Anticonceptivos: más de lo mismo

Al igual que a sus antecesores, muy preocupados por su interpretación de lo que dictaron unos sacerdotes del siglo VI a.e.c., tampoco parece preocuparle el SIDA o la superpoblación. O al menos eso se reflejó tanto en los textos de su amigo Wojtyla como en sus declaraciones en un avión cuando aterrizó en Yaunde (Camerún) cuando dijo que el sida “no se puede resolver con eslóganes publicitarios ni con la distribución de preservativos y que estos “al contrario, sólo aumentan los problemas“. “La única vía eficaz para luchar contra la epidemia es una renovación espiritual y humana de la sexualidad” según él esta es “una renovación espiritual” destinada “a sufrir con los sufrientes“. O sea, no practicar sexo y rezar.

Algunos católicos intentan no relacionar a su querida iglesia con el problema del SIDA en África usando datos estadísticos sesgados donde, según ellos, no existe correlación, como si ese fuera el único factor a tener en cuenta o como si las declaraciones de sus papas, cardenales, obispos y sacerdotes no tuvieran peso social a la hora de tomar decisiones. Human Rights Watch debe ser, supongo, una organización malvada y atea según ellos, pues a este respecto no les deja muy bien parados:

Las restricciones innecesarias sobre los condones y la información relativa al VIH/SIDA están minando la lucha global contra la epidemia. Los condones siguen siendo el dispositivo más eficaz contra la transmisión sexual de VIH y, sin embargo, se enfrentan a numerosas restricciones oficiales en numerosos países de todo el mundo.

En el documento informativo de 30 páginas se documenta la censura de la información sobre condones en los programas financiados por gobiernos, los mitos sobre los condones que divulgan los líderes religiosos y las restricciones sobre los condones en numerosos países. En algunos lugares, la policía confisca condones a los promotores de la prevención del SIDA y los usan como prueba de los delitos de prostitución o sodomía.

Pero los programas patrocinados por gobiernos de muchos países-entre ellos India, Nigeria, Perú y Estados Unidos – restringen el acceso a estas herramientas contra el VIH. En 2003, menos de la mitad de las personas de todo el mundo con riesgo de contagio sexual del VIH tenían acceso a condones. Incluso, menos tenían acceso a la educación básica sobre el VIH/SIDA. Cuando existen programas escolares sobre el VIH/SIDA, éstos suelen ocultar información sobre condones por miedo a promover la promiscuidad o los contraceptivos.

Estados Unidos, el primer donante del mundo a programas de VIH/SIDA, continúa incrementando su respaldo a los programas de prevención del VIH mediante la “abstinencia hasta el matrimonio”, que hacen hincapié en la baja tasa de defectos de los condones, en lugar de en su eficacia para prevenir el contagio del VIH. Cuando se usan correctamente y consistentemente, los condones suponen una protección casi del 100 por cien contra el VIH.

“En Estados Unidos, el gobierno de Bush está gastando millones de dólares en programas que promueven sólo la abstinencia desinformando a las personas con riesgo de contagio del VIH/SIDA sobre la eficacia de los condones”, señaló Rebecca Schleifer, investigadora del Programa de VIH/SIDA de Human Rights Watch. “La exportación de estos programas a países que se enfrentan a epidemias aún más graves de VIH/SIDA sólo contribuirá al empeoramiento de la situación en todo el mundo”, agregó.

En muchos países, los líderes políticos y religiosos realizan declaraciones públicas asociando a los condones con el pecado y la promiscuidad sexual, u ofreciendo información engañosa sobre la efectividad de los condones. El Vaticano objeta expresamente al uso de condones y ha tergiversado públicamente la información científicas sobre los preservativos. Altos funcionarios del Vaticano han acusado a los condones del contagio del VIH/SIDA. Han realizado afirmaciones científicas falsas sugiriendo que el VIH puede filtrarse a través de los poros microscópicos de los condones – una afirmación que hace caso omiso de la ciencia.

Día Mundial contra el SIDA: Restricciones sobre condones cuestan vidas, Human Rights Watch (2004)

¡El no uso del condón y la abstinencia! ¡Justo lo que proclamaba el papa como solución! Pero no, no guardan relación ¿eh? No fue tampoco así para el diario médico The Lancet, quien señaló a la declaración que hizo Ratzinger como aquello que denomina THW como el problema fundamental de la propagación del VIH, las declaraciones científicas falsas:

“Cuando una persona influyente, ya sea un religioso o un político, hace una declaración científica falsa que podría ser devastadora para la salud de millones de personas, debería retractarse”

Debido a las críticas este tuvo que concretar en 2010 su postura y dijo, en una entrevista publicada en L’Osservatore Romano con motivo de la venta del libro Luz del mundo donde el periodista Peter Seewald le entrevista, que “Puede haber casos justificados singulares, por ejemplo, cuando una prostituta utiliza un preservativo, y éste puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia sobre el hecho de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere. Sin embargo, este no es el verdadero modo para vencer la infección del VIH. Es verdaderamente necesaria una humanización de la sexualidad”.

Postura que, a pesar de seguir siendo retrógrada, contó con la crítica de numerosas webs católicas donde ¡aun veían demasiado permisiva la actitud de su papa! Que por otro lado, no acuñó como así lo hicieron contra los anticonceptivos en encíclicas.

Su enemigo, el ateísmo

Porque, no se engañen, el gran enemigo de quienes intentan imponer sus posturas siempre ha sido quienes las cuestionan. Así, en una Audiencia General, del 12 de noviembre del 2012, este remarcaba cuan añoraba tiempos antiguos, donde muy a su gusto se requería el onus probandi (la carga de la prueba) a quienes negaban una afirmación positiva, lamentándose que la situación se hubiera invertido desde la malvada Ilustración:

En el pasado, en Occidente, en una sociedad considerada cristiana, la fe era el ambiente en el que se movía; la referencia y la adhesión a Dios eran, para la mayoría de la gente, parte de la vida cotidiana. Más bien era quien no creía quien tenía que justificar la propia incredulidad. En nuestro mundo la situación ha cambiado, y cada vez más el creyente debe ser capaz de dar razón de su fe. El beato Juan Pablo II, en la encíclica Fides et ratio, subrayaba cómo la fe se pone a prueba incluso en la época contemporánea, permeada por formas sutiles y capciosas de ateísmo teórico y práctico (cf. nn. 46-47). Desde la Ilustración en adelante, la crítica a la religión se ha intensificado; la historia ha estado marcada también por la presencia de sistemas ateos en los que Dios era considerado una mera proyección del ánimo humano, un espejismo y el producto de una sociedad ya adulterada por tantas alienaciones. El siglo pasado además ha conocido un fuerte proceso de secularismo, caracterizado por la autonomía absoluta del hombre, tenido como medida y artífice de la realidad, pero empobrecido por ser criatura «a imagen y semejanza de Dios». En nuestro tiempo se ha verificado un fenómeno particularmente peligroso para la fe: existe una forma de ateísmo que definimos, precisamente, «práctico», en el cual no se niegan las verdades de la fe o los ritos religiosos, sino que simplemente se consideran irrelevantes para la existencia cotidiana, desgajados de la vida, inútiles. Con frecuencia, entonces, se cree en Dios de un modo superficial, y se vive «como si Dios no existiera» (etsi Deus non daretur). Al final, sin embargo, este modo de vivir resulta aún más destructivo, porque lleva a la indiferencia hacia la fe y hacia la cuestión de Dios.

En realidad, el hombre separado de Dios se reduce a una sola dimensión, la dimensión horizontal, y precisamente este reduccionismo es una de las causas fundamentales de los totalitarismos que en el siglo pasado han tenido consecuencias trágicas, así como de la crisis de valores que vemos en la realidad actual. Ofuscando la referencia a Dios, se ha oscurecido también el horizonte ético, para dejar espacio al relativismo y a una concepción ambigua de la libertad que en lugar de ser liberadora acaba vinculando al hombre a ídolos.

¡El papa preocupado por la adoración de ídolos! ¡Qué arrogante el hombre por pretender no ser sumiso al siempre desaparecido Dios que muy convenientemente es representado por boca de religiosos. Eso sí. Sólo los autorizados por ellos mismos. O sea, ellos mismos.

Las tentaciones que Jesús afrontó en el desierto antes de su misión pública representan bien a esos «ídolos» que seducen al hombre cuando no va más allá de sí mismo. Si Dios pierde la centralidad, el hombre pierde su sitio justo, ya no encuentra su ubicación en la creación, en las relaciones con los demás. No ha conocido ocaso lo que la sabiduría antigua evoca con el mito de Prometeo: el hombre piensa que puede llegar a ser él mismo «dios», dueño de la vida y de la muerte.

Frente a este contexto, la Iglesia, fiel al mandato de Cristo, no cesa nunca de afirmar la verdad sobre el hombre y su destino. El concilio Vaticano II afirma sintéticamente: «La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador» (const. Gaudium et spes, 19).

¿Qué respuestas está llamada entonces a dar la fe, con «delicadeza y respeto», al ateísmo, al escepticismo, a la indiferencia hacia la dimensión vertical, a fin de que el hombre de nuestro tiempo pueda seguir interrogándose sobre la existencia de Dios y recorriendo los caminos que conducen a Él? Quisiera aludir a algunos caminos que se derivan tanto de la reflexión natural como de la fuerza misma de la fe. Los resumiría muy sintéticamente en tres palabras: el mundo, el hombre, la fe.

Tal es su obstinación con el ateísmo que durante una misa en Glasgow en septiembre del 2010,  para promocionar su lucha contra el laicismo, dedicó todas sus palabras a la importancia del proselitismo de su ideología:

“La evangelización de la cultura es aún más importante ahora cuando una dictadura del relativismo amenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre y su destino”

Dedicaos sólo a Dios y seréis ejemplo luminoso de santidad, de vida sencilla y alegre para los jóvenes: ellos, por su parte, desearán seguramente unirse a vosotros en vuestro solícito servicio al pueblo de Dios”

Y como no podía faltar a mostrar su odio hacia los ateos,  llegó a comparar al ateísmo incluso con el nazismo:

“Al reflexionar sobre las lecciones del extremismo ateo del siglo XX, no olvidemos que la exclusión de Dios, la religión y la virtud en la vida pública llevan al final a una visión truncada del hombre y de la sociedad

Ese del que él y su querida institución sí fueron partícipes. En su caso, hasta que finalizó la guerra en 1945.

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Vean a Benedicto VI de joven, muy preocupado por los totalitarismos del siglo XX

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Y vean también cuan de ateo era Hitler y el régimen nazi y la oposición de la iglesia hizo a dicho régimen de comienzos de siglo con una población, seguramente, mayoritariamente ateísta ¡por supuesto!

Para ver cómo de preocupados han estado ellos sobre los “totalitarismos” del siglo XX continúen leyendo la sección de antecedentes.

Juan Pablo II

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Mucho ha tardado la Iglesia en reconocer el problema de la pederastia en la Iglesia, cuando Francisco I dijo en 2014: “Muchos colaboradores que luchan conmigo me tranquilizan con datos de que la incidencia de la pedofilia en la Iglesia alcanza el nivel del 2%. Lo considero gravísimo. El 2% de los pedófilos son sacerdotes e incluso obispos y cardenales” Y que los medios denominaron como “polémicas declaraciones” cuando lo polémico habría sido que no lo reconociera y lo ocultara, como así hizo nuestro siguiente ejemplo de moral: el beatificado Juan Pablo II.

Porque aunque este difunto papa, de aspecto entrañable, apareciera en todos los medios como un Santa Claus entrañable y bonachón, lo que se oculta tras este aspecto no es otra cosa que más de lo mismo, tal y como ya lo denunció el investigador David Yallop en su libro.

La reforma que iniciara el papa, muerto por extrañas circunstancias (a los 33 días de ser elegido, el 28 de septiembre de 1978), Juan Pablo I, quien, según algunos católicos, fue un hereje, sobre el Concilio Vaticano II (11 de octubre de 1962 al 8 de diciembre de 1965) y muchas de las reformas del propio concilio, se vieron interrumpidas muy oportunamente por su sucesor, Wojtyla.

Comunismo = ciencia = ateísmo = perdida de poder = no money

No es extraño que Wojtyla se dedicara a combatir el comunismo, como cuando el 22 de octubre de 1978 en la plaza de San Pedro este dijera “No tengáis miedo de dar la bienvenida a Cristo y aceptar su poder. A su poder salvador abrid las fronteras de los Estados, los sistemas económicos y políticos” y un año después denunciara ante la ONU que en los países soviéticos los religiosos fueran tratados como ciudadanos de segunda categoría, teniendo en cuenta la ideología que este y su querida ICAR procesaban cuando esta había dado su apoyo a dictadores fascistas como Hitler y Mussolini y que, bajo el pontificado de quien elevara la categoría de sacerdote a obispo a Wojtyla, el papa Pio XII, había celebrado el XXXV Congreso Eucarístico Internacional (Barcelona, 1952) en el cual se invitaba a otro dictador fascista, Franco, para que diera paso al Concordato con el Vaticano un año más tarde, por el cual este les otorgaba poder y preferencia absoluta.

Al carismático y mediático papa, por más que se le olvide a la población, se le conocerá por usar lo que antes se conoció como Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición (renombrada por Pio X en 1908 como Sagrada Congregación del Santo Oficio y posteriormente como Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe por Pablo VI en 1965) bajo la cual presidía su amigo Ratzinger (a quien él mismo nombró en 1981), para prohibir, perseguir y condenar a los teólogos “progresistas” de la “Teología de la Liberación”. ¿Por? Una lectura de la Libertatis nuntius. Instrucción sobre algunos aspectos de la “teología de la liberación” del 6 de agosto de 1984 aportará luz sobre los motivos:

1. La impaciencia y una voluntad de eficacia han conducido a ciertos cristianos, desconfiando de todo otro método, a refugiarse en lo que ellos llaman « el análisis marxista ».

2. Su razonamiento es el siguiente: una situación intolerable y explosiva exige una acción eficaz que no puede esperar más. Una acción eficaz supone un análisis científico de las causas estructurales de la miseria. Ahora bien, el marxismo ha puesto a punto los instrumentos de tal análisis. Basta pues aplicarlos a la situación del Tercer Mundo, y en especial a la de América Latina.

3. Es evidente que el conocimiento científico de la situación y de los posibles caminos de transformación social es el presupuesto para una acción capaz de conseguir los fines que se han fijado. En ello hay una señal de la seriedad del compromiso.

4. Pero el término « científico » ejerce una fascinación casi mítica, y todo lo que lleva la etiqueta de científico no es de por sí realmente científico. Por esto precisamente la utilización de un método de aproximación a la realidad debe estar precedido de un examen crítico de naturaleza epistemológica. Este previo examen crítico le falta a más de una « teología de la liberación ».

5. En las ciencias humanas y sociales, conviene ante todo estar atento a la pluralidad de los métodos y de los puntos de vista, de los que cada uno no pone en evidencia más que un aspecto de una realidad que, en virtud de su complejidad, escapa a la explicación unitaria y unívoca.

9. Recordemos que el ateísmo y la negación de la persona humana, de su libertad y de sus derechos, están en el centro de la concepción marxista. Esta contiene pues errores que amenazan directamente las verdades de la fe sobre el destino eterno de las personas. Aún más, querer integrar en la teología un « análisis » cuyos criterios de interpretación dependen de esta concepción atea, es encerrarse en ruinosas contradicciones. El desconocimiento de la naturaleza espiritual de la persona conduce a subordinarla totalmente a la colectividad y, por tanto, a negar los principios de una vida social y política conforme con la dignidad humana.

10. El examen crítico de los métodos de análisis tomados de otras disciplinas se impone de modo especial al teólogo. La luz de la fe es la que provee a la teología sus principios. Por esto la utilización por la teología de aportes filosóficos o de las ciencias humanas tiene un valor « instrumental » y debe ser objeto de un discernimiento crítico de naturaleza teológica. Con otras palabras, el criterio último y decisivo de verdad no puede ser otro, en última instancia, que un criterio teológico. La validez o grado de validez de todo lo que las otras disciplinas proponen, a menudo por otra parte de modo conjetural, como verdades sobre el hombre, su historia y su destino, hay que juzgarla a la luz de la fe y de lo que ésta nos enseña acerca de la verdad del hombre y del sentido último de su destino.

Traducido: no puede existir teología que se adapte a criterios en los cuales se descarte la fe que la misma ecclesia propone. Y es que, por una parte, esta Iglesia tiene razón en preocuparse por ideologías para las cuales no sea necesario su consentimiento y aprobación (recuerden los Concordatos pactados con dictaduras fascistas) que hagan a un estado independiente de sus “santos” designios (como lo hacen los de los malvados marxistas). Algo que Wojtyla, al igual que antecesores como Pio X sabía era peligroso para su institución. “Modernistas” y “progresistas” ¡menuda lacara! ¿eh?

Con respecto a esa “lacra”, en 1979, redacta la Carta Encíclica Redemptor Hominis donde deja claro que son preferibles otros “gérmenes”, con los cuales comparte cosas en común, que el ateísmo, a quien culpa de todos los males de los que, irónicamente, la religión ha sido la única responsable:

El Concilio Vaticano II ha llevado a cabo un trabajo inmenso para formar la conciencia plena y universal de la Iglesia, a la que se refería el Papa Pablo VI en su primera Encíclica. Tal conciencia —o más bien, autoconciencia de la Iglesia— se forma «en el diálogo», el cual, antes de hacerse coloquio, debe dirigir la propia atención al «otro», es decir, a aquél con el cual queremos hablar. El Concilio ecuménico ha dado un impulso fundamental para formar la autoconciencia de la Iglesia, dándonos, de manera tan adecuada y competente, la visión del orbe terrestre como de un «mapa» de varias religiones. Además, ha demostrado cómo a este mapa de las religiones del mundo se sobrepone en estratos —antes nunca conocidos y característicos de nuestro tiempo— el fenómeno del ateísmo en sus diversas formas, comenzando por el ateísmo programado, organizado y estructurado en un sistema político.

Por lo que se refiere a la religión, se trata ante todo de la religión como fenómeno universal, unido a la historia del hombre desde el principio; seguidamente de las diversas religiones no cristianas y finalmente del mismo cristianismo. El documento conciliar dedicado a las religiones no cristianas está particularmente lleno de profunda estima por los grandes valores espirituales, es más, por la primacía de lo que es espiritual y que en la vida de la humanidad encuentra su expresión en la religión y después en la moralidad que refleja en toda la cultura. Justamente los Padres de la Iglesia veían en las distintas religiones como otros tantos reflejos de una única verdad «como gérmenes del Verbo», los cuales testimonian que, aunque por diversos caminos, está dirigida sin embargo en una única dirección la más profunda aspiración del espíritu humano, tal como se expresa en la búsqueda de Dios y al mismo tiempo en la búsqueda, mediante la tensión hacia Dios, de la plena dimensión de la humanidad, es decir, del pleno sentido de la vida humana. El Concilio ha dedicado una atención especial a la religión judía, recordando el gran patrimonio espiritual y común a los cristianos y a los judíos, y ha expresado su estima hacia los creyentes del Islam, cuya fe se refiere también a Abrahán. Es sabido por otra parte que la religión de Israel tiene un pasado en común con la historia del cristianismo: el pasado relativo a la Antigua Alianza.

En 1991 Wojtyla continua remarcando su postura antisocialista y por qué la mantiene en la Carta Encíclica Centesimus Annus, en la cual se conmemora el centenario de la Encíclica Rerum novarum, donde deja bien claro cual es, según él, el peligro surgido debido a la industrialización: la aparición de clases y los conflictos que provoca que unos pocos se beneficien del resto a quienes tienen subyugados. Estos últimos deben ser sofocados por el Estado con pequeños placebos para así mantener las cosas como están: con una iglesia rica dando esos placebos emocionales a los pobres proletarios, no sea que dichos “nuevos” movimientos sociales den paso al ateísmo:

4. A finales del siglo pasado la Iglesia se encontró ante un proceso histórico, presente ya desde hacía tiempo, pero que alcanzaba entonces su punto álgido. Factor determinante de tal proceso lo constituyó un conjunto de cambios radicales ocurridos en el campo político, económico y social, e incluso en el ámbito científico y técnico, aparte el múltiple influjo de las ideologías dominantes. Resultado de todos estos cambios había sido, en el campo político, una nueva concepción de la sociedad, del Estado y, como consecuencia, de la autoridad. Una sociedad tradicional se iba extinguiendo, mientras comenzaba a formarse otra cargada con la esperanza de nuevas libertades, pero al mismo tiempo con los peligros de nuevas formas de injusticia y de esclavitud.

En el campo económico, donde confluían los descubrimientos científicos y sus aplicaciones, se había llegado progresivamente a nuevas estructuras en la producción de bienes de consumo. Había aparecido una nueva forma de propiedad, el capital, y una nueva forma de trabajo, el trabajo asalariado, caracterizado por gravosos ritmos de producción, sin la debida consideración para con el sexo, la edad o la situación familiar, y determinado únicamente por la eficiencia con vistas al incremento de los beneficios.

El trabajo se convertía de este modo en mercancía, que podía comprarse y venderse libremente en el mercado y cuyo precio era regulado por la ley de la oferta y la demanda, sin tener en cuenta el mínimo vital necesario para el sustento de la persona y de su familia. Además, el trabajador ni siquiera tenía la seguridad de llegar a vender la «propia mercancía», al estar continuamente amenazado por el desempleo, el cual, a falta de previsión social, significaba el espectro de la muerte por hambre.

Consecuencia de esta transformación era «la división de la sociedad en dos clases separadas por un abismo profundo». Tal situación se entrelazaba con el acentuado cambio político. Y así, la teoría política entonces dominante trataba de promover la total libertad económica con leyes adecuadas o, al contrario, con una deliberada ausencia de cualquier clase de intervención. Al mismo tiempo comenzaba a surgir de forma organizada, no pocas veces violenta, otra concepción de la propiedad y de la vida económica que implicaba una nueva organización política y social.

En el momento culminante de esta contraposición, cuando ya se veía claramente la gravísima injusticia de la realidad social, que se daba en muchas partes, y el peligro de una revolución favorecida por las concepciones llamadas entonces «socialistas», León XIII intervino con un documento que afrontaba de manera orgánica la «cuestión obrera». A esta encíclica habían precedido otras dedicadas preferentemente a enseñanzas de carácter político; más adelante irían apareciendo otras. En este contexto hay que recordar en particular la encíclica Libertas praestantissimum, en la que se ponía de relieve la relación intrínseca de la libertad humana con la verdad, de manera que una libertad que rechazara vincularse con la verdad caería en el arbitrio y acabaría por someterse a las pasiones más viles y destruirse a sí misma. En efecto, ¿de dónde derivan todos los males frente a los cuales quiere reaccionar la Rerum novarum, sino de una libertad que, en la esfera de la actividad económica y social, se separa de la verdad del hombre?

Esto mismo queda confirmado, en particular, por los acontecimientos de los últimos meses del año 1989 y primeros del 1990. Tales acontecimientos y las posteriores transformaciones radicales no se explican si no es a la luz de las situaciones anteriores, que en cierta medida habían cristalizado o institucionalizado las previsiones de León XIII y las señales, cada vez más inquietantes, vislumbradas por sus sucesores. En efecto, el Papa previó las consecuencias negativas —bajo todos los aspectos, político, social, y económico— de un ordenamiento de la sociedad tal como lo proponía el «socialismo», que entonces se hallaba todavía en el estadio de filosofía social y de movimiento más o menos estructurado. Algunos se podrían sorprender de que el Papa criticara las soluciones que se daban a la «cuestión obrera» comenzando por el socialismo, cuando éste aún no se presentaba —como sucedió más tarde— bajo la forma de un Estado fuerte y poderoso, con todos los recursos a su disposición. Sin embargo, él supo valorar justamente el peligro que representaba para las masas ofrecerles el atractivo de una solución tan simple como radical de la cuestión obrera de entonces. Esto resulta más verdadero aún, si lo comparamos con la terrible condición de injusticia en que versaban las masas proletarias de las naciones recién industrializadas.

Es necesario subrayar aquí dos cosas: por una parte, la gran lucidez en percibir, en toda su crudeza, la verdadera condición de los proletarios, hombres, mujeres y niños; por otra, la no menor claridad en intuir los males de una solución que, bajo la apariencia de una inversión de posiciones entre pobres y ricos, en realidad perjudicaba a quienes se proponía ayudar. De este modo el remedio venía a ser peor que el mal. Al poner de manifiesto que la naturaleza del socialismo de su tiempo estaba en la supresión de la propiedad privada, León XIII llegaba de veras al núcleo de la cuestión.

Merecen ser leídas con atención sus palabras: «Para solucionar este mal (la injusta distribución de las riquezas junto con la miseria de los proletarios) los socialistas instigan a los pobres al odio contra los ricos y tratan de acabar con la propiedad privada estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes…; pero esta teoría es tan inadecuada para resolver la cuestión, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es además sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión del Estado y perturba fundamentalmente todo el orden social». No se podían indicar mejor los males acarreados por la instauración de este tipo de socialismo como sistema de Estado, que sería llamado más adelante «socialismo real».

Wojtyla continua definiendo, según su propia concepción “desinteresada”, qué es el socialismo bajo argumentos de hombre de paja en contraposición a su queridísimo cristianismo para acabar alegando que la culpa de esa visión del individuo socialista la tiene su gran enemigo, el ateísmo. Verdadera razón por la cual él y su iglesia no pueden estar a favor jamás de dicho movimiento político:

Si luego nos preguntamos dónde nace esa errónea concepción de la naturaleza de la persona y de la «subjetividad» de la sociedad, hay que responder que su causa principal es el ateísmo. Precisamente en la respuesta a la llamada de Dios, implícita en el ser de las cosas, es donde el hombre se hace consciente de su trascendente dignidad. Todo hombre ha de dar esta respuesta, en la que consiste el culmen de su humanidad y que ningún mecanismo social o sujeto colectivo puede sustituir. La negación de Dios priva de su fundamento a la persona y, consiguientemente, la induce a organizar el orden social prescindiendo de la dignidad y responsabilidad de la persona.

El ateísmo del que aquí se habla tiene estrecha relación con el racionalismo iluminista, que concibe la realidad humana y social del hombre de manera mecanicista. Se niega de este modo la intuición última acerca de la verdadera grandeza del hombre, su trascendencia respecto al mundo material, la contradicción que él siente en su corazón entre el deseo de una plenitud de bien y la propia incapacidad para conseguirlo y, sobre todo, la necesidad de salvación que de ahí se deriva.

14. De la misma raíz atea brota también la elección de los medios de acción propia del socialismo, condenado en la Rerum novarum. Se trata de la lucha de clases.

La lucha de clases en sentido marxista y el militarismo tienen, pues, las mismas raíces: el ateísmo y el desprecio de la persona humana, que hacen prevalecer el principio de la fuerza sobre el de la razón y del derecho.

….

Si mirando al pasado tenemos motivos para dar gracias a Dios porque la gran encíclica no ha quedado sin resonancia en los corazones y ha servido de impulso a una operante generosidad, sin embargo hay que reconocer que el anuncio profético que lleva consigo no fue acogido plenamente por los hombres de aquel tiempo, lo cual precisamente ha dado lugar a no pocas y graves desgracias.

17. Leyendo la encíclica en relación con todo el rico magisterio leoniano, se nota que, en el fondo, está señalando las consecuencias de un error de mayor alcance en el campo económico-social. Es el error que, como ya se ha dicho, consiste en una concepción de la libertad humana que la aparta de la obediencia de la verdad y, por tanto, también del deber de respetar los derechos de los demás hombres. El contenido de la libertad se transforma entonces en amor propio, con desprecio de Dios y del prójimo; amor que conduce al afianzamiento ilimitado del propio interés y que no se deja limitar por ninguna obligación de justicia.

Según palabras de su amigo, el arzobispo Mons. Wesoly, el primer mensaje del papa sobre el comunismo fue “‘no tengan miedo’. Porque el sistema militar trabajaba con el miedo, la gente tenía miedo a decir algo, e ir a la cárcel o ser perseguidos y asesinados. El Papa conocía bien esto”. Mucho le preocupaba la falta de libertad en Polonia durante el comunismo pero poco le preocupó esta cuando se invadió a manos de con quienes habían firmado concordatos para, precisamente, limitar dicha libertad religiosa (excepto la suya).

Pacelli firma el Concordatod con la Alemania nazi, 1933

Vean a Pio XII, muy preocupado por la libertad religiosa, ideológica, de expresión, etc. firmando el Concordato Imperial con la Alemania nazi en 1933 ¡ops!

Un poco de historia contemporánea para poner en antecedentes: la lucha contra el “paganismo” y el ateísmo

pioxiLa única preocupación de Wojtyla, al igual que sucedió con quien lo ascendiera a obispo, Pio XII, y el anterior a este, Pio XI, no tendió a otra cosa sino a que se tomara únicamente preferencia por su institución/religión. En el caso de Wojtyla se mostró en el Libertas nuntius (ver arriba) y en el caso de Pio XI se mostró en su Encíclica Mit Brenender Sorge, en 1937, enojado con la mezcla de simbología pagana en el nazismo y el uso que Hitler, católico, hacía de Dios en sus discursos:

9. Y ante todo, venerables hermanos, cuidad que la fe en Dios, primer e insustituible fundamento de toda religión, permanezca pura e íntegra en las regiones alemanas. No puede tenerse por creyente en Dios el que emplea el nombre de Dios retóricamente, sino sólo el que une a esta venerada palabra una verdadera y digna noción de Dios.

10. Quien, con una confusión panteísta, identifica a Dios con el universo, materializando a Dios en el mundo o deificando al mundo en Dios, no pertenece a los verdaderos creyentes.

11. Ni tampoco lo es quien, siguiendo una pretendida concepción precristiana del antiguo germanismo, pone en lugar del Dios personal el hado sombrío e impersonal, negando la sabiduría divina y su providencia, la cual se extiende poderosa del uno al otro extremo (Sab 8,1) y lo dirige a buen fin. Ese hombre no puede pretender que sea contado entre los verdaderos creyentes.

12. Si la raza o el pueblo, si el Estado o una forma determinada del mismo, si los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana tienen en el orden natural un puesto esencial y digno de respeto, con todo, quien los arranca de esta escala de valores terrenales elevándolos a suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y, divinizándolos con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios, está lejos de la verdadera fe y de una concepción de la vida conforme a esta.

13. Vigilad, venerables hermanos, con cuidado contra el abuso creciente, que se manifiesta en palabras y por escrito, de emplear el nombre tres veces santo de Dios como una etiqueta vacía de sentido para un producto más o menos arbitrario de una especulación o aspiración humana; y procurad que tal aberración halle entre vuestros fieles la vigilante repulsa que merece. Nuestro Dios es el Dios personal, trascendente, omnipotente, infinitamente perfecto, único en la trinidad de las personas y trino en la unidad de la esencia divina, creador del universo, señor, rey y último fin de la historia del mundo, el cual no admite, ni puede admitir, otras divinidades junto a sí.

Poco, como ya dije, le preocupó a la Iglesia que la Alemania fascista, que le dió privilegios, invadiera Polonia un par de años después de esta Encíclica, como tampoco le preocupó nada más que mantener sus privilegios en Italia cuando el 29 de junio de 1931 publicó la Carta Encíclica Non abbiamo bisogno acusando al régimen de Mussolini por la disolución de Azione Cattolica (una asociación creada por Pio XI para la recristianización de las costumbres y de la vida pública, instaurar el reino de Cristo en la sociedad y combatir la influencia del laicismo) de paganismo:

1. NO TENEMOS NECESIDAD de anunciaros, venerables hermanos, de los acontecimientos que en estos últimos tiempos se han desarrollado en esta ciudad de Roma, Nuestra Sede Episcopal, y en toda Italia, es decir, precisamente en Nuestra circunscripción primacial; acontecimientos que han tenido tan larga y profunda repercusión en el mundo entero y más particularmente en todas y en cada una de las diócesis de Italia y del mundo católico. Se resumen en estas breves y tristes palabras: Se ha intentado herir de muerte todo lo que era y lo que será siempre lo más querido por Nuestro corazón de Padre y Pastor de almas… y Nos podemos y debemos incluso añadir: «y aún me ofende el modo»

Ya muchas veces, venerables hermanos, de la manera más explícita y asumiendo toda la responsabilidad de lo que decíamos, Nos hemos explicado la campaña de falsas e injustas acusaciones que precedió a la disolución de las Asociaciones de Juventudes y Asociaciones universitarias dependientes de la Acción Católica y hemos protestado contra ellas. Disolución ejecutada por vías de hecho y por procedimientos que daban la impresión de que se perseguía una vasta y peligrosa asociación criminal. Y sin embargo, se trataba de jóvenes y de niños que son ciertamente los mejores entre los buenos y a los cuales tenemos la satisfacción y el orgullo de poder una vez más dar este testimonio.

6. Pero por una dolorosa compensación, ¡cuántas brutalidades y violencias, que llegaron hasta los golpes y a la sangre, cuántas irreverencias de prensa, de palabras y de hechos contra las cosas y contra las personas, incluso la Nuestra, han precedido, acompañado y seguido la ejecución de la inopinada medida de policía! Y ésta con frecuencia se ha extendido, por ignorancia o por un celo maligno, a ciertas asociaciones e instituciones que ni siquiera estaban comprendidas en las órdenes superiores, como los oratorios de los niños y las piadosas congregaciones de Hijas de María.

Todo este lamentable conjunto de irreverencias y de violencias se verificaron con una tal intervención de miembros e insignias de partido, con tal unanimidad de un cabo a otro de Italia, y con tal condescendencia de las autoridades y de las fuerzas de seguridad pública, que era ya preciso pensar necesariamente en disposiciones venidas de arriba. Fácilmente admitimos, como era fácil de prever, que estas disposiciones podían y hasta debían ser necesariamente exageradas. Hemos debido recordar estas cosas antipáticas y penosas, porque se ha intentado hacer creer al público y al mundo que la deplorable disolución de las Asociaciones, que Nos son tan queridas, se ha efectuado sin incidentes y casi como una cosa normal.

7. Pero en realidad se ha intentado faltar en mayor escala a la verdad y a la justicia. Si no todas las invenciones y todas las mentiras y las verdaderas calumnias esparcidas por la prensa hostil de partido, la única libre y acostumbrada, por decirlo así, a hablarlo todo y atreverse a todo, han sido acogidas en un mensaje, no oficial sin duda alguna (por prudente calificación), la mayor parte han sido realmente entregadas al público en los más poderosos medios de difusión que conoce la hora presente. La historia de los documentos redactados, no para servir a la verdad y a la justicia, sino para ofenderlas, es bien larga y triste, y Nos debemos decir con la más profunda amargura, que en los muchos años de Nuestra actividad de bibliotecario rara vez hemos encontrado en Nuestro camino un documento tan tendencioso y tan contrario a la verdad y a la justicia con relación a la Santa Sede, a la Acción Católica y más particularmente a las Asociaciones católicas tan duramente castigadas.

En consideración a este doble derecho de las almas, decíamos recientemente que Nos consideramos felices y orgullosos de combatir el buen combate por la libertad de las conciencias, no (como tal vez por inadvertencia nos han hecho decir algunos) por la libertad de conciencia, frase equívoca y frecuentemente utilizada para significar la absoluta independencia de la conciencia, cosa absurda en un alma creada y redimida por Dios.

Se trata, por otra parte, del derecho no menos inviolable que tiene la Iglesia de cumplir el divino mandato de su Divino fundador, de llevar a las almas, a todas las almas, todos los tesoros de verdad y de bien, doctrinales y prácticos, que Él había traído al mundo. «Id y enseñad a todas las naciones, enseñándoles a guardar todo lo que os he confiado». Ahora bien; el Divino Maestro Creador y Redentor de las almas ha mostrado por Sí mismo, por su ejemplo y por sus palabras, qué lugar debía ocupar la infancia y la juventud en este mandato absoluto y universal: «Dejad a los niños que vengan a mí, y guardaos muy bien de impedírselo… Estos niños que (como por divino instinto) creen en Mí, a los cuales está reservado el reino de los Cielos; cuyos ángeles de la Guarda, sus defensores, ven constantemente el rostro del Padre celestial; ¡ay de aquel hombre que escandalice a uno de estos pequeñuelos!». Henos aquí en presencia de un conjunto de auténticas afirmaciones y de hechos no menos auténticos, que ponen fuera de duda el propósito ya ejecutado en gran parte, de monopolizar enteramente la juventud desde la primera infancia hasta la edad viril para la plena y exclusiva ventaja de un partido, de un régimen, sobre la base de una ideología que explícitamente se resuelve en una verdadera estatolatría pagana, en abierta contradicción, tanto con los derechos naturales de la familia, como con los derechos sobrenaturales de la Iglesia. Proponerse y promover semejante monopolio; perseguir como se ha venido haciendo, con esta intención, de manera más o menos disimulada, a la Acción Católica; deshacer con este fin, como se ha hecho recientemente, las Asociaciones de Juventud, equivale al pie de la letra a impedir que la juventud vaya hacia Jesucristo, puesto que es impedirle que vaya a la Iglesia, y allí donde está la Iglesia está Cristo. Y se ha llegado al extremo de arrancar violentamente esta juventud del seno de la una y del Otro.

25.  Es, por consiguiente, una pretensión injustificable e incompatible con el nombre y la profesión de católico el pretender que los simples fieles vengan a enseñar a la Iglesia y a su Jefe lo que basta y debe bastar para la educación y la formación cristiana de las almas, y para salvar, para hacer fructificar en la sociedad, principalmente en la juventud, los principios de la fe y su plena eficacia en la vida.

A la injustificable pretensión acompaña una revelación clarísima de absoluta incompetencia y de ignorancia completa en las materias que tratamos. Los últimos acontecimientos deben abrir los ojos a todo el mundo. Efectivamente, han mostrado hasta la evidencia cuánto se ha perdido en pocos años y cuánto se ha destruido en punto a verdadera religiosidad y educación cristiana y cívica. Sabéis por experiencia, venerables hermanos, obispos de Italia, cuán grave y funesto error es el de creer y hacer que la labor desarrollada por la Iglesia en la Acción Católica ha sido reemplazada hasta resultar superflua por la instrucción religiosa en las escuelas y por la presencia de capellanes en las asociaciones de juventud del partido y del régimen. Tanto la una como la otra son ciertamente necesarias: sin ellas, la escuela y las asociaciones en cuestión llegarían inevitablemente y bien pronto, por fatal necesidad lógica y psicológica, a ser instituciones puramente paganas.

El mismo régimen fascista que unos años antes, el 11 de febrero de 1929, les reconociera como estado en los Pactos de Letrán y que en 1939, en la radio, se congratulara con la victoria de Franco alegando que España “una vez más había dado a los profetas del ateísmo materialista una noble prueba de su indestructible fe católica“.

Esta Iglesia de los Píos, que se vende actualmente como promotora de la cultura y la educación, con Pio XII siguió redactando un Índice de Libros Prohibidos hasta 1966 (vean el Índice de 1948) y aclamando por una “libertad religiosa” sólo cuando eso le afectaba única y exclusivamente a ella y a sus competencias. De ahí que para ellos su principal enemigo fueran las ideologías que hacían peligrar su estatus predominante.

En ese mismo año, 1948, una vez acabada la II Guerra Mundial, Pio XII declaró que cualquier italiano católico que apoyara a los candidatos comunistas en las elecciones parlamentarias de ese año sería excomulgado e instó a Azione Cattolica para que apoyara a Democracia Cristiana, un partido que daría paso a los Partidos Populares en Italia, de los cuales es reflejo el Partído Popular en España, favorable al más rancio ultracatolicismo y a la conservación de este en el poder y que cuenta con miembros del Opus Dei entre sus filas.

En ese mismo año seguía estando vigente la pena de muerte en el Vaticano (que no fue derogada hasta 1969 por Pablo VI, quien por otro lado en nada se opuso a las condenas a muerte en España dictadas por Franco) y al año siguiente, en 1949, autorizó a la renombrada Inquisición excomulgar a cualquier católico que apoyara al Partido Comunista. ¡viva la democracia!

Francis SpellmanMientras que por un lado ofrecía su apoyo a Hitler, por otro establecía relaciones con sus por entonces enemigos, los Estados Unidos nombrando como cardenal a su amigo Francis J. Spellman, arzobispo de Nueva York y Vicario Apostólico militar de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Un obsesionado anticomunista que declaraba que “un verdadero americano no puede ser un comunista ni un condonador del comunismo” o que “La primera lealtad de todos los estadounidenses es vigilante para eliminar y contrarrestar el comunismo y convertir a los comunistas estadounidenses al americanismo.” y que en 1949, cuando los sepultureros de Calvary Cemetery, un cementerio católico en Queens, se declararon en huelga por un aumento de sueldo, este los llamó comunistas, etiquetado su acción como un ataque inmoral contra los muertos inocentes al mismo tiempo que reclutó a los seminaristas como rompehuelgas para que cavaran ellos mismos las tumbas y establecer así con ellos un ejemplo vigoroso en esa digna actividad.

Spellman también apoyó la caza de brujas contra los comunistas orquestada por el senador republicano Joseph McCarthy y contribuyó a la desestabilización política y económica de los países latinoamericanos en pro de las políticas liberales que él mismo y su amigo Pacelli realizaron en Italia.

Opositor también del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y partidario de la Guerra de Vietnam, declaraba que la financiación de escuelas públicas era “una cruzada cobarde de prejuicio religioso contra los niños católicos al mismo tiempo que criticaba que no se financiaran las parroquiales, criticando de “anticatolicismo” incluso a personas como Eleanor Roosevelt quien, según declaró el ex gobernador de Nueva York, Herbert H. Lehman, no sabía “de un solo acto o palabra [de Eleanor Rooslvelt] que hiciera en el más mínimo grado indicar sesgo o prejuicio contra cualquier religión o cualquier raza . Toda su vida se ha dedicado a una lucha constante por la tolerancia y la fraternidad de los hombres como hijos de un solo Dios“. Y es que, a poco que a estos les tocan sus privilegios o su predominancia, hasta el más beato es acusado de “paganismo” o “anticatolicismo”.

Spellman-Franco

Vean al cardenal Spellman, con el dictador Franco, muy preocupado por la libertad religiosa en España.

Además de los Condortados con Alemania, Italia y España, en 1954, Pio XII firma el Concordato con la Repúbica Dominicana con otro “demócrata”, el dictador Rafael Trujillo, a quien el propio papa le entregaría la Gran Cruz de la Orden Piana por firmar dicho concordato en el que a la Iglesia se le otorgarían privilegios. Pero es que no es extraño que esta conceda títulos a dictadores y antes a monarcas absolutistas. El único mérito que se les requiere a quienes ostentan el poder es que estos lo compartan con ellos. De ahí que años antes, en agosto de 1931, el Arzobispo de Santo Domingo Monseñor Adolfo Nouel le otorgara la Orden Hierosolimitana del Santo Sepulcro. ¿Motivo? este les había concedido subsidios para ganarse sus favores divinos.

Trujillobendecido

Vean a Rafael Trujillo siendo benditamente correspondido por la Iglesia a la que favoreció

En África, además, vería este papa la necesidad de evangelizar para recabar más fieles a su causa: seguir manteniendo el poder. Que peligraba (y peligra) allá donde el pueblo es libre y posee el conocimiento que le hace a uno no dependiente de ellos y sus estafas. Así lo refleja, y bien claro, en la Encíclica Fidei Donum, donde puede notarse además la tremenda hipocresía y desfachatez de esta cuando exhorta a sus religiosos la necesidad de evangelizar ante peligros tales como que dichos territorios se vuelvan independientes de sus colonos (Europa) y se eduquen científicamente, no sin antes alegar algo con lo que la historia discrepa: su contribución al bienestar africano (para ver cual ha sido dicha contribución hacer clic en el enlace), más allá de su único propósito:

4. Os son conocidas las condiciones generales dentro de las que se desarrolla en África la labor de la Iglesia; son, en verdad, difíciles. La mayor parte de esos territorios está pasando por una fase de evolución social, económica y política, que está saturada de consecuencias para su porvenir; mas obligado es reconocer que las numerosas incidencias de la vida internacional sobre las situaciones locales no siempre permiten, incluso a los hombres más prudentes, graduar las etapas que serían necesarias para el verdadero bien de aquellos pueblos. La Iglesia, que en el curso de los siglos ha visto nacer y engrandecerse a tantas naciones, no puede dejar de prestar hoy una atención especial a la entrada, por parte de los nuevos pueblos, en las responsabilidades de la libertad política. Ya en muchas ocasiones Nos hemos invitado a las naciones interesadas a que procedan en este camino con espíritu de paz y de comprensión recíproca. «Que una libertad política justa y progresiva no sea negada a estos pueblos (que a ella aspiran), y que no se ponga obstáculo a ella», decíamos a los unos; y aconsejábamos a los otros «reconocer a Europa el mérito de su progreso: sin su influencia, extendida a todos los terrenos, podrían ser arrastrados por un ciego nacionalismo hacia el caos y la esclavitud». Al renovar ahora esa doble exhortación, formulamos votos para que se continúe en África una obra de colaboración constructiva, libre de prejuicios y susceptibilidades recíprocas, preservada de las seducciones y estrecheces del falso nacionalismo, y capaz de extender a esas poblaciones, ricas en recursos y en su porvenir, los verdaderos valores de la civilización cristiana, que tan buenos frutos han dado ya en otros continentes.

Peligros internos y externos

5. Sabemos, por desgracia, que el materialismo ateo ha difundido en varias regiones de África su virus de división, atizando las pasiones, enfrentando a pueblos y razas unos contra otros, aprovechando auténticas dificultades para seducir los espíritus con fáciles espejismos o para sembrar la rebelión en los corazones. En nuestra solicitud por un auténtico progreso humano y cristiano de las poblaciones africanas, queremos renovar aquí, con respecto a ellas, las graves y solemnes advertencias que en varias ocasiones hemos dirigido a propósito de este punto a los católicos de todo el mundo; felicitamos a sus pastores por haber denunciado firmemente ya, en más de una circunstancia, a sus fieles el peligro a que les exponen los falsos pastores.

Pero mientras los enemigos del nombre de Dios llevan a cabo en ese continente sus esfuerzos insidiosos o violentos, hay que denunciar otros graves obstáculos que se oponen en ciertas regiones a los progresos de la evangelización. Bien conocéis de modo particular la fácil atracción que ejerce sobre gran número de espíritus una concepción religiosa de la vida, que, aun empeñada en profesar el culto de Dio s, arrastra, sin embargo, a sus secuaces por un camino que no es el de Jesucristo, único Salvador de todos los pueblos. Nuestro corazón de Padre está abierto a todos los hombres de buena voluntad; pero, Vicario de Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida, Nos no podemos considerar semejante estado de cosas sin un vivo dolor. Varias, por otro lado, son las causas de ello: a menudo se trata de causas históricas recientes, y no siempre le ha sido ajena la actitud de naciones que, sin embargo, se glorían de su pasado cristiano. Hay, pues, en todo cuanto al porvenir católico de África se refiere, un motivo de serias preocupaciones. ¿Comprenderán específicamente los hijos de la Iglesia la obligación de ayudar más eficazmente y a tiempo a los misioneros del Evangelio para que lleven la nueva de a verdad salvadora a los casi ochenta y cinco millones de africanos de raza negra apegados aún a las creencias paganas?

Llamada especial

6. Este orden de consideraciones resulta aún más grave —en general— por el rápido precipitarse de los acontecimientos. Los obispos y los elementos selectos entre los católicos de África tienen plena conciencia de ello. En un momento en que se buscan nuevas estructuras, en tanto que algunos pueblos corren el riesgo de entregarse a las más falaces seducciones de una civilización técnica, la Iglesia tiene el deber de ofrecerles, en la medida más grande posible, las sustanciales riquezas de su doctrina y de su vida, mantenedoras de un orden social cristiano. Cualquier retraso entrañaría peligrosas consecuencias. Los africanos, que en pocos decenios están recorriendo las etapas de una evolución que el Occidente ha realizado a lo largo de varios siglos, se sienten más fácilmente arrastrados y seducidos por la enseñanza científica y técnica que se les da, así como por las influencias materialistas a que se ven sometidos. Por este motivo pueden producirse, en unos lugares u otros, situaciones difícilmente reparables, que lleven consigo el dañar necesariamente la penetración del catolicismo en las almas y en las sociedades. Es preciso, ya desde ahora, dar a los pastores de almas las posibilidades de acción proporcionadas a la importancia y a las crecientes exigencias de la actual coyuntura.

Pio XII, 21 de abril de 1957

Y así lo hicieron desde entonces. Intentando mantener a África en un retraso educacional científico que le hiciera no depender de creencias para las cuales, la Iglesia, era la única proveedora, según ellos, oficial de dichas supersticiones y de una moral de la que ellos son sus mayores defensores. Como la aplicada, hablando de África, a dicho continente desde que esta prohibiera el uso de métodos anticonceptivos cuando Pablo VI redactó y publicó su Encíclica Humanae Vitae condenado como “pecado mortal” el uso de ellos el 25 de julio de 1968. Encíclica que contó con la aportación inspiratoria del que sería futuro papa, el entonces obispo Wojtyla, quien había escrito ya en 1960 cuales eran sus posturas en su libro, Amor y responsabilidad, que más tarde se verían reflejadas en su “Teología del Cuerpo”:

El acto conyugal «significa» no sólo el amor, sino también la fecundidad potencial, y por esto no puede ser privado de su pleno y adecuado significado mediante intervenciones artificiales. En el acto conyugal no es lícito separar artificialmente el significado unitivo del significado procreador, porque uno y otro pertenecen a la verdad íntima del acto conyugal: uno se realiza justamente con el otro y, en cierto sentido, el uno a través de otro. Así enseña la Encíclica (cf. Humanæ vitæ, 12). Por lo tanto en este caso el acto conyugal, privado de su verdad interior, al ser privado artificialmente de su capacidad procreadora, deja también de ser acto de amor.

Catequesis del 22 de agosto de 1984

Dejad que los niños nazcan y se acerquen a ellos

Ni el problema de la superpoblación ni el del SIDA son tan graves, según la mentalidad católica, como el problema de lo que ellos consideran “pecado”. Pecado, para ellos, es usar métodos anticonceptivos aunque esto signifique prevenir enfermedades, pero no la pederastia y la violación de niños. Al menos no hasta ahora, una década después de que salieran a la luz los casos que durante más de 40 años ellos intentaron ocultar exhortando a los obispos a que, ante el conocimiento de un caso, no se lo revelaran a las autoridades policiales sino a la propia Iglesia (véase el Crímen Solicitationis escrito por el cardenal Alfredo Ottaviani, Secretario de la Congregación, el posterior Delictis Gravioribus, escrito por Ratzinger o la carta en la que Luciano Storero, representante del papa Juan Pablo II, pidió a los dirigentes eclesiásticos abstenerse de cooperar con la policía para que esta procediera legalmente contra los purpurados pederastas)

Y es que tienen mucho que ocultar. Aunque, para su desgracia, no pueden y su ilustre pasado (y no tan pasado) siempre sale a flote.

Si ya os he mostrado sus relaciones con la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini, la España de Franco, la República Dominicana de Trujillo, aun nos quedan la Argentina de Videla o el Chile de Pinochet.

¿Conciliado con la ciencia?

Ni si quiera en sus declaraciones más trascendentes y conciliadoras con la ciencia este pudo reprimir ese ego que a todo clérigo acompaña. Así, por ejemplo, aunque intentó reconciliarse con la biología diciendo que la teoría de la evolución y la fe no son incompatibles, este apelo al dios de los huecos afirmando que “Si el cuerpo humano tiene su origen en la vida material que preexiste, el alma espiritual es creada inmediatamente por Dios”. En el mensaje a los miembros de la Academia Pontificia de Ciencias dijo que, a diferencia de lo expuesto por Pio XII, “nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis.” Esto fue recogido por todos los medios como algo innovador sin percatarse del resto de declaraciones como que esta “toma ciertas nociones de la filosofía de la naturaleza”, que “más que de la teoría de la evolución, conviene hablar de las teorías de la evolución” o que “Existen también lecturas materialistas y reduccionistas, al igual que lecturas espiritualistas. Aquí el juicio compete propiamente a la filosofía y, luego, a la teología.”:

El Magisterio de la Iglesia está interesado directamente en la cuestión de la evolución, porque influye en la concepción del hombre, acerca del cual la Revelación nos enseña que fue creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 28-29). La constitución conciliar Gaudium et spes ha expuesto magníficamente esta doctrina, que es uno de los ejes del pensamiento cristiano. Ha recordado que el hombre es «la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma» (n. 24). En otras palabras, el hombre no debería subordinarse, como simple medio o mero instrumento, ni a la especie ni a la sociedad; tiene valor por sí mismo. Es una persona. Por su inteligencia y su voluntad, es capaz de entrar en relación de comunión, de solidaridad y de entrega de sí con sus semejantes. Santo Tomás observa que la semejanza del hombre con Dios reside especialmente en su inteligencia especulativa, porque su relación con el objeto de su conocimiento se asemeja a la relación que Dios tiene con su obra (cf. Summa Theol., I-II, q. 3, a. 5, ad 1). Pero, más aún, el hombre está llamado a entrar en una relación de conocimiento y de amor con Dios mismo, relación que encontrará su plena realización más allá del tiempo, en la eternidad. En el misterio de Cristo resucitado se nos ha revelado toda la profundidad y toda la grandeza de esta vocación (cf. Gaudium et spes, 22). En virtud de su alma espiritual, toda la persona, incluyendo su cuerpo, posee esa dignidad. Pío XII había destacado este punto esencial: el cuerpo humano tiene su origen en la materia viva que existe antes que él, pero el alma espiritual es creada inmediatamente por Dios («animas enim a Deo immediate creari catholica fides nos retinere iubet»: encíclica Humani generis: AAS 42 [1950], p. 575).

En consecuencia, las teorías de la evolución que, en función de las filosofías en las que se inspiran, consideran que el espíritu surge de las fuerzas de la materia viva o que se trata de un simple epifenómeno de esta materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre. Por otra parte, esas teorías son incapaces de fundar la dignidad de la persona.

Vaticano, 22 de octubre de 1996

No es de extrañar pues, que esta iglesia también se opusiera a la investigación con células madre haciendo lobby contra esta considerándola, junto con el uso de los métodos anticonceptivos, la eutanasia y el aborto, e incluso a la homosexualidad, como una “Cultura de la muerte”, como así lo reflejó en su Encíclica Evangeliun vitae:

Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y –podría decirse– aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias

¿Cómo se ha podido llegar a una situación semejante? Se deben tomar en consideración múltiples factores. En el fondo hay una profunda crisis de la cultura, que engendra escepticismo en los fundamentos mismos del saber y de la ética, haciendo cada vez más difícil ver con claridad el sentido del hombre, de sus derechos y deberes.

estamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera « cultura de muerte ». Esta estructura está activamente promovida por fuertes corrientes culturales, económicas y políticas, portadoras de una concepción de la sociedad basada en la eficiencia.

….

Para facilitar la difusión del aborto, se han invertido y se siguen invirtiendo ingentes sumas destinadas a la obtención de productos farmacéuticos, que hacen posible la muerte del feto en el seno materno, sin necesidad de recurrir a la ayuda del médico. La misma investigación científica sobre este punto parece preocupada casi exclusivamente por obtener productos cada vez más simples y eficaces contra la vida y, al mismo tiempo, capaces de sustraer el aborto a toda forma de control y responsabilidad social.

Se afirma con frecuencia que la anticoncepción, segura y asequible a todos, es el remedio más eficaz contra el aborto. Se acusa además a la Iglesia católica de favorecer de hecho el aborto al continuar obstinadamente enseñando la ilicitud moral de la anticoncepción.

Lamentablemente la estrecha conexión que, como mentalidad, existe entre la práctica de la anticoncepción y la del aborto se manifiesta cada vez más y lo demuestra de modo alarmante también la preparación de productos químicos, dispositivos intrauterinos y « vacunas » que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano.

14. También las distintas técnicas de reproducción artificial, que parecerían puestas al servicio de la vida y que son practicadas no pocas veces con esta intención, en realidad dan pie a nuevos atentados contra la vida. Más allá del hecho de que son moralmente inaceptables desde el momento en que separan la procreación del contexto integralmente humano del acto conyugal, estas técnicas registran altos porcentajes de fracaso. Este afecta no tanto a la fecundación como al desarrollo posterior del embrión, expuesto al riesgo de muerte por lo general en brevísimo tiempo. Además, se producen con frecuencia embriones en número superior al necesario para su implantación en el seno de la mujer, y estos así llamados « embriones supernumerarios » son posteriormente suprimidos o utilizados para investigaciones que, bajo el pretexto del progreso científico o médico, reducen en realidad la vida humana a simple « material biológico » del que se puede disponer libremente.

Los diagnósticos prenatales, que no presentan dificultades morales si se realizan para determinar eventuales cuidados necesarios para el niño aún no nacido, con mucha frecuencia son ocasión para proponer o practicar el aborto. Es el aborto eugenésico, cuya legitimación en la opinión pública procede de una mentalidad —equivocadamente considerada acorde con las exigencias de la « terapéutica »— que acoge la vida sólo en determinadas condiciones, rechazando la limitación, la minusvalidez, la enfermedad.

Casi como si fuera más necesario para la ciencia y/o para el difunto Galileo de lo que es para la imagen de la propia Iglesia, esta egocéntrica institución decidió absolverlo de los supuestos delitos de los que ella misma le acusó: a saber, contribuir con el conocimiento. Lo que para esta institución siempre ha sido un delito. Recordemos que este lleva al ateísmo, dicho incluso por ellos mismos. Tuvo pues que crear una “comisión” para deliverar sobre ello cómo si hiciera falta para la sociedad que esta lo hiciera.

“Pretendo que teólogos, científicos e historiadores, animados de un espíritu de sincera colaboración, profundicen el examen del caso de Galileo y remuevan las desconfianzas que aquél proyecta todavía, en la mente de muchos, a la fructuosa concordia entre ciencia y fe, entre la Iglesia y el mundo”

En 1632 Galileo refutó en su Diálogo sobre los dos Máximos Sistemas, tolomeico y coperniquiano el sistema geocentrista que imperaba entonces y por el cual la Inquisición lo condenó. Más de cien años hasta que en 1757 fue retirada la prohibición eclesiástica de publicar libros en los que se sostuviera que la Tierra se mueve. Casi otros cien años más hasta que en 1823, el papa Pío VII autorizó la publicación de Lecciones de astronomía de Giuseppe Settele donde sostenía que la Tierra giraba alrededor del sol. Y otros más de 100 años hasta que Wojtyla creara una comisión  coordinada por el cardenal Poupard, formada por cuatro grupos de trabajo que presentó sus conclusiones tras 11 años de trabajo en una nueva reunión plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias con motivo del 350 aniversario de la muerte de Galileo, el 31 de octubre de 1992. ¡y todo para dirimir si se le perdonaba o no! y claro está, para vender un libro, Copérnico, Galileo y la Iglesia: fin de la controversia (1820), y relajar su postura anticientífica ante la sociedad dejando reflejado que, en parte, en el contexto de la época, incluso tenían razón al condenarlo. ACI Prensa, además, explicando el caso dejando remarcado que no fue condenado a muerte, llega incluso de pormenorizar el hecho que realmente importa: que fuese condenado.

En definitiva, Galileo no fue condenado a muerte, sino a una prisión que no se llegó a ejecutar porque fue conmutada: primero, por una estancia de varios días en Villa Medici, en Roma; después, por una estancia de varios meses en el palacio de su amigo el arzobispo de Siena; y a continuación (finales de 1633), se le permitió residir, en una especie de arresto domiciliario, en su propia casa, la Villa del Gioiello, en Arcetri, en las afueras de Florencia, donde vivió y trabajó hasta su muerte.

Galileo tampoco fue nunca sometido a tortura o a malos tratos físicos. Sin duda, hacerle ir a Roma desde Florencia para ser juzgado, teniendo 69 años, supone mal trato, y lo mismo puede decirse de la tensión psicológica que tuvo que soportar durante el proceso y en la condena final, seguida de una abjuración forzada. Es cierto. Desde el punto de vista psicológico, con la repercusión que esto puede tener en la salud, Galileo tuvo que sufrir por esos motivos y, de hecho, cuando llegó a Siena después del proceso, se encontraba en malas condiciones. Pero es igualmente cierto que no fue objeto de ninguno de los malos tratos físicos típicos de la época.

Misma postura a la que se adjuntó el ya difunto Mariano Artigas, sacerdote, filósofo, físico y teólogo en un artículo en el que analizaba la actuación de la comisión creada por Wojtyla, a lo que además añade como culpable de la condena al propio Galileo:

los actores del caso Galileo tienen derecho al beneficio de la buena fe, si no hay pruebas en contrario: y, de hecho, hay pocos indicios que permitan sospechar la existencia de intenciones menos torcidas. Seguramente el modo de ser de los dos Papas que intervinieron, así como la envidia de algunos expertos que pudieron aconsejar en 1632, pudieron desempeñar un papel en el caso; pero no parece aceptable atribuirles un papel decisivo. También el carácter de Galileo, de Riccardi, de Ciampoli, desempeñaron un papel en el caso. Aun a riesgo de repetir la idea, me parece importante subrayar una vez más que el caso Galileo es enormemente largo y complejo. Intentar reducirlo a algún factor concreto en exclusiva, u otorgar demasiada importancia al autoritarismo, a los personajes o a cualquier otra circunstancia, probablemente llevaría a simplificaciones poco acordes con la realidad histórica.

Algo semejante puede decirse cuando se presenta el caso como el choque entre la estructura autoritaria de la Iglesia y la libertad de investigación, o la libertad en general. La existencia de autoridad en la Iglesia es algo que acompaña a su naturaleza, y el choque con Galileo se pudo haber evitado: no fue algo que sucediera necesariamente, sino que está lleno, por el contrario, de factores contingentes. Tampoco es cierto que, debido a que no se reconocen las causas del error, sigamos expuestos a otros errores semejantes; parece bastante claro, por ejemplo, que la experiencia del caso Galileo ha sido uno de los factores que ha contribuido a evitar la condena del evolucionismo (que sería el caso más semejante al de Galileo, por tratarse de una teoría de la ciencia natural). Nunca ha existido una condena oficial del evolucionismo por parte de las autoridades romanas, a pesar de que las circunstancias a veces presionaran en esa dirección, y de que existieran inicios de actuaciones en esa línea; y no parece arriesgado aventurar que la experiencia del caso Galileo ha ayudado a evitarla.

Traducido: el caso, según ellos, tiene tantos factores, que es imposible resolver si los culpables de la condena a Galileo son quienes le culparon. ¿?

El diablo existe literalmente

Pero ¿qué se puede esperar de alguien que cree en personajes ficticios como Dios o el diablo? Gabriele Amorth, sacerdote y exorcista, comentó de Wojtyla:

“Un día le dije a Juan Pablo II que veía a  demasiados obispos que no creían en la existencia del diablo y él me contestó: el que no cree en el diablo, no cree en el evangelio”

Y es que es imposible no vincular a Juan Pablo con los exorcistas cuando fue precisamente durante su pontificado, en 1994, cuando se fundó la Asociación Internacional de los Exorcistas. El propio Amorth confesó que había presenciado incluso tres exorcismos realizados por el propio Wojtyla:

“Conozco con certeza por lo menos tres exorcismos, dos fueron especiales, un exorcismo lo hizo en su capilla en el Vaticano”

Vean cómo lo relata el propio Amorth en una entrevista publicada por Religión en Libertad.

Fuentes:

Con afán de que cristianos, fans del catolicismo, no me acusen de usar fuentes inapropiadas, todas las fuentes, que se encuentran en el propio artículo a través de menciones y enlaces a las mismas, son la mayoría documentos del propio Vaticano: como encíclicas, exhortaciones, catecismos, etc. Otros son declaraciones recogidas en los medios (la mayor parte en webs católicas), libros (también católicos), etc.

Si los defensores de la fe, paradójica e irónicamente, no desean emplearla o no la tienen conmigo, sepan pues que todas las fuentes son públicas y pueden, si lo desean y la “gracia de Dios” les acompaña, ser consultadas para verificar lo que aquí se expone. Amén de que hayan conseguido comprender y digerir todo lo que aquí se ha expuesto sin atragantarse. Pues este artículo, a diferencia de sus hostias, no se transmuta literalmente en el cuerpo de su querido JesúCristo, ni ha sido inspirado por alquilen virgen e inmaculado que aspire a la asunción. Por eso, guárdense de decirme que, por recopilar algo que es de dominio público, estoy cohartando su libertad. Mis artículos, a diferencia de lo que afirma su querida iglesia, no son dogmas de fe.


Comentarios

La cara no tan oculta de la Iglesia: papas (1 Parte) — 10 comentarios

  1. Hola disculpe los insultos que le dije anterirmente,en el articulo ´´sin alma y sin espiritu.´´,como idiota y estupido.

    Reconozco que no estuve bien en llamarlo asi.No estaba en mi mejor momento.

    Usted sabra disculpar,pero ese articulo sobre todo me cayo un poco mal y pense que me habia censurado.

     

  2. Le erraste mal, lo de Verbitski fue cuando apenas fue elegido papa salieron notas escritas por este mercenario por orden del gobierno ordenándole que lo "pegue" a la dictadura. Tan burdos son que hasta pusieron una foto de un supuesto Bergoglio canoso cuando en esa época no debería tener mas de 35 años (y no era canoso). Cuando el gobierno K vio que Bergoglio cosechaba las simpatías de la gente rápidamente se dieron vuelta, se volvieron más papistas que el papa y todos al vaticano a sacarse la fotito. Por cierto, el propio Verbitski borró todas esas notas para que "no se las plagiaran"

    • ¿Seguro que lo erré?

      “La decisión del diario Página/12 de retirar las notas escritas por su columnista estrella, Horacio Verbitsky, en contra del Papa Francisco, multiplicó las preguntas sobre el contenido de ese material y las razones que podrían haber motivado la medida.

      Cuando en las redes sociales ya había estallado la polémica y los medios la reproducían en sus portales, Verbitsky publicó un breve descargo atribuyéndose la autoría de la decisión. Con el título “Fui yo”, el periodista explicó: “Varios medios impresos y digitales descubrieron ayer que algunas de mis notas sobre Jorge Mario Bergoglio no estaban disponibles en la edición digital de Página/12 y lo atribuyeron a censura editorial dado el giro del gobierno de CFK hacia el Papa Francisco. La verdad es mucho más aburrida, como suele ocurrir. Yo pedí al diario que bloqueara los accesos porque no quería darle la información premasticada a la nube de periodistas europeos que cayeron sobre Buenos Aires para preparar instant books sobre el personaje, ya que sigo investigando el tema y no me gusta regalar mi trabajo. Fue una táctica exitosa, ya que la información contenida en esas notas casi no fue replicada por terceros. El resto sigue en el mismo lugar que siempre. Desde 1999, cuando empecé a publicar sobre su conducta durante la dictadura militar, no debí rectificar ningún dato, que de eso se trata este oficio. Las opiniones, en cambio, son cuestión de cada uno, y las mías no han variado.” La argumentación deja en claro que el Gobierno cambió de opinión respecto al Papa al que ahora celebra.

      Algunas de las notas en las que Verbitsky acusaba a Bergoglio de haber entregado a dos sacerdotes jesuitas a los represores de la dictadura, aún pueden encontrarse en los siguientes links de Internet…”

      Publicado desde El clarín ( http://www.clarin.com/politica/Horacio_Verbitsky-Pagina-12-Papa-Francisco-Bergoglio-archivo-borraron_0_1251475097.html ). Donde se puede leer bien clarito qué sucedió con dichas notas. También en La nación ( http://www.lanacion.com.ar/1745008-pagina12-borro-notas-criticas-al-papa-de-horacio-verbitsky-y-el-periodista-dice-que-fue-para-que-no-le-roben-informacion )

      Lo suyo, más bien es su propia interpretación de lo sucedido con las notas y Verbitski.

  3. Doy gracias a dios ( si como no ) de que personas como tu o como ustedes, dediquen tiempo a mostrar a estas "sabandijas religiosas" que gracias a estas estupideces ( y las que faltan ) las personas con un poco de seso se den cuenta de que no es mas que otra mega franquicia, que embauca a ilusos y desesperados, le doy gracias a dios, (ja,ja,ja) de a verme dado la capacidad de cuestionarme desde temprana edad a estos "intachables personajes"

  4. Vine al mundo en 1937, plena guerra civil de España, desde niño me inquieto saber que paso y porque esa guerra . Absorbi todo lo que pude mientras crecia y obtenia alguna informacion. Ir sabiendo que La Iglesia Catolica , fusilo a gente inocente solo por haber estado en el bando republicano, bendiciendo las armas que mataron personas en esa condicion . Nada puede hacerme creer que su Dios estaba ausente de esos actos, y todo me hizo comprender la ausencia de ese Dios producto de nuestra imaginacion ante la gran ignorancia que nos domina. Vuestro comentario presente, me confirma mi condicion de Ateo. 

    Francisco Rus 

  5. Eres bastante intolerante…. pareciera que algo te hicieron en alguna religión, bueno basicamente en las cristianas. En fin, se nota que algún problema has tenido. No te voy a decir que si Dios existe o no… eso yo no lo juzgo no lo critico… veo que para eso estas tu y todos aquellos que te han escrito. Caí en esta pagina por casualidad y veo que tu, y mucha gente se desgarra por algo que no creo que vale la pena.

    No se si vas a contestar o publicar este mensaje, la verdad no creo que interese, solo se que si necesitas ayuda… y lo demuestras muy amplio, contestas con mucha intolerancia, con mucha amargura y poco optimismo. Entiendo que el ateismo fuerte que es el que tu profesas, que tambien es un tipo de religión (según el DRAE es 4.- Obligación de conciencia, cumplimiento de un deber.) y lo demuestras explicando que de manera racional y cientifica no hay explicación para la creencia de Dios y por consiguiente para las mentiras que hacen creer todas las religiones, en ningúna apartado he podido encontrar que es lo que se ofrece alterno a esto, y no me refiero a todas las explicaciones que das, sino que es lo que se debe de hacer a lo que la gente siente de manera espiritual.

    La espiritualidad es algo ineherente al ser humano, es decir es algo que los humanos como seres racionales que son, tienen esa parte, sentir que hay algo mas allá que es inexplicable y que de alguna manera tiene que ser solventada, en este caso con la creencia de Dios. Pero tu no ofreces eso, hasta ahora he leido un buen rato, pero no encuentro eso, en tu escritura no hay nada que pueda conmover a tu publico, algo que les de confort, solo hablas de mentiras, de gente que es tonta por ser espiritual y expresarlo en la creencia de una religión o de algún Dios. Y precisamente es donde veo que necesitas ayuda, o quizas no, pero necesitas expresar algo mas que solo lo negativo. Que ventajas tiene ser ateo, a aparte de ser un libre pensador. El 87% de la gente de este planeta necesita de la espiritualidad para sobrevivir (historicamente hablando todas las sociedades antiguas o modernas creen en esa espiritualidad) aunque sea un libre pensador. Yo no se que de todo esto sea cierto, por que ni la ciencia atea, ni la religion tiene el 100% de la razón, por que la mayor parte de las cosas no se han podido explicar. De ahí que ya seas ateo o no, tienes que tener fe, ¿en que? pues en lo que tu quieras que sea. ¡Pero sí!, tus textos tienen ese poco o mucho odio hacia algo que casi todo el mundo cree. Y de ahí yo veo que necesitas un poco de ayuda y canalizar esa energia en algo mas productivo, como hacer empezar una especie de evangelización en pro del ateísmo (disculpa el horror semantico, pero no encontré otra palabra que describa mejor la propuesta), solo que debes de ser un poco más tolerante y menos agresivo, por que es, creo yo según lo que he leido, lo que tu criticas, que Dios (si es que existe) es malo, pero tus textos de alguna manera reflejan ese odio hacia la religión.

    En fin. Ojalá tu cometido se cumpla pronto y encuentras lo que buscas.

    Saludos

    • Y yo entiendo que, cómo no puede usted refutar absolutamente nada de lo que he expuesto en este artículo, necesite usted recurrir a un ad hominem absurdo hacia mi persona: puesto que ni sabe quien soy, ni me conoce.

      Por cierto. En este artículo no se analiza la existencia o no de ese personaje. Para eso ya tengo otros publicados.

      Un tipo que cree que la mitología grecohebrea psicoanalizando a un desconocido tan sólo porque no comparte dicha creencia y expone las miserias de su religión… De chiste.

      • Hola, hermano ser humano, me parece excelente todo lo que escribes e investigas, quería preguntarte si por lo menos crees en algunas filosofías parecidas a las de Jesús, el amor, el respeto, el no juzgar, no matar, no al adulterio, que pasa cuando te mueres, ¿el alma existe?etc. ¿Hay algo malo en estas creencias?

        • Con respecto a la moral, en lo que me baso más bien en la empatía que siento. Un rasgo común en muchas especies. Que básicamente conduce a lo que se conoce como la “regla de oro”: no hagas a los demás lo que no quieres que estos te hagan a ti.

          No sigo ninguna filosofía concreta pues, para mi, el hacerlo conlleva al sectarismo. Muchas personas parecen aferrarse a todo un pack de sistema de creencias porque algo de lo que hay en ellas lo consideran bueno. Mi consejo es coger eso bueno y descartar el resto.

          Lo que describe cono “filosofía de Jesús” es en realidad un populismo demagogo empleado por las iglesias. Primero porque, de haber existido, lo que tenemos de él son más bien traducciones de copias, de copias, de testimonios indirectos de testigos no presenciales. Si existió no puede saberse qué dijo realmente y no todo lo que, según los textos, supuestamente dijo es lo que usted denomina como “su filosofía” (léase, como ejemplo Mateo 10 o las epístolas). Y segundo porque esas iglesias, con su “interpretación”, escogen según qué textos de un conjunto de libros contradictorios y ambiguos para según qué propósitos.

          Como nota: El relato del juicio a la adultera donde Jesús muestra cierta empatía y dice el famoso “quien esté libre de pecado, tire la primera piedra” no se encuentra en las copias más antiguas.

          Con respecto a sus preguntas sobre el “alma”, ya hablé sobre ello (vea este enlace). Puede tambien ver todos los post aquí o los estudios sobre este tema.

          Con respecto a su última pregunta, pues depende. ¿Con “estas creencias” a cuales se refiere? La religión no se basa en el razonamiento sino en la imposición. Lo malo de esta es que ordena “no matar”, por ejemplo, pero no enseña por qué. No explica por qué no debe hacerse. A lo que además se suma el hecho de que promulga dicho precepto (en Éxodo 20) junto con otras 6121 leyes entre las cuales, en no pocas, se ordena justamente matar. ¿Con cual nos quedamos?

          La excusa del cristianismo es que estas se han abolido en el Nuevo testamento, pero eso es falso (vea Mateo 5), por no decir falaz: de haber sido así la historia del cristianismo no sería la que es. ¿Ha servido pues dicha “filosofía” promulgada por la religión para hacer una sociedad mejor? Lo que ha hecho una sociedad mejor no ha sido la religión sino la educación laica. Un repaso a la historia del hombre es suficiente para ver cómo ha ido cambiando la sociedad, justo después de la ilustración, hasta nuestros días y un repaso a las noticias de hoy día para ver a qué conllevan las creencias religiosas. Esas que promueven el martirio, que antaño fue defendido y practicado por el cristianismo, y que hoy día emplea el islam cuando le dice a niños que si matan a los “infieles” haciéndose estallar irán a un paraíso al morir.

          Una creencia no es mala per se: usted puede creer que va a llover o que va a suceder algo. El problema está en si su creencia es lo suficientemente fuerte para usted como para que usted actúe conforme a ella. ¿Creer que va a llover, por ejemplo, va a hacer que usted fuerce a alguien a no salir de casa porque usted cree, que allí estará más seguro? ¿Hace esto que usted considere todas las variantes como que la casa se hunda por las lluvias? Creer, por ejemplo, que el mundo se va a acabar es muy recurrente para una parte de la ciudadanía de cada época que cree vivirá ese “fin de los días”. Muchos ante esto optan por donar todos sus bienes y, cuando pasa el día, estos acaban en la pobreza e incluso suicidándose.

          Para mi el problema es la creencia como doctrina. Como cuando unos padres matan a su hijo por no llevarle al médico porque creen que su fe, como les afirmaron ciertos individuos, puede curar; o como cuando alguien no se vacuna o no vacuna a su hijo porque creen a estafadores que les afirman que estas son dañinas y el niño muere de difteria… Cuando las creencias se convierten en credo se vuelven peligrosas.

          Las creencias no se sustentan en nada más que la confianza que la persona tenga en ellas. Sólo se basan en razonamientos falaces y en la ignorancia. Por eso es por lo que las considero, más que dañinas inútiles.

    • !Vaya! Lo que hay que leer en pleno siglo XXI, por lo visto no sabes ni tienes una mínima idea de lo que es un concepto o definición, definir al ateísmo como una religión es una de las falacias más comunes de los teístas, tal es tu estupidez que al confundir esto infieres que hay que predicarlo para propagarlo, dejame decirte que el ateísmo no lo necesita, las personas llegan a ser ateas por el uso de la  razón, por investigación sería y por pensar por si mismos, es una forma de vida que brinda libertad, felicidad y respeto a los valores éticos "per se" no por amenazas de castigo o premio por parte de una deidad caprichosa y dictatorial.

      Lo que es un hecho del 87% que mencionas de la población mundial más el otro 13% restante lo que necesitan para sobrevivir es comida, agua y dormir bien, lo demás son especulaciones sin sustento; para gran parte de personas y niños sobretodo que son la mayor masa de pobres en el mundo lo que más les interesa para sobrevivir es poder llevar un pan a la boca; los líderes religiosos se aprovechan de ello para presentar como necesario su placebo espiritual para paliar la realidad y al mismo tiempo someter a estos mismos para beneficio de una cúpula monopólica del poder y del dinero; para ello se valen de atacar al conocimiento con deshonestidad intelectual promoviendo la ignorancia y la superstición creando problemas donde no los hay como por ejemplo utilizando un concepto burdo que han nombrado "pecado".

      En fin, el ateo no puede odiar lo que no existe o de lo que no tiene pruebas de su existencia, tal y como tu no podrías odiar a Zeus, Shiva o Ra o a sus seguidores por las mismas razones…

       

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