"El dios de la Biblia está a la altura de un tirano caprichoso. El dios de la Biblia castiga a los bebés por los pecados de sus padres (Éxodo 20:5, 34:7; Números 14:18; 2 Samuel 12:13-19); castiga a la gente haciendo que se vuelvan caníbales y se coman a sus propios hijos (2 Reyes 6:24-33, Lamentaciones 4:10-11); le da a la gente malas leyes, incluso requiriendo el sacrificio de sus propios primogénitos, para que puedan llenarse de horror y saber que Dios es su señor (Ezequiel 20:25-26); hace que la gente crea mentira para poder enviarlos al infierno (2 Tesalonicenses 2:11); y muchas otras atrocidades, demasiadas para dar una lista aquí. No sería difícil llegar a, y exceder, tal nivel de pureza moral. Los ateos lo sobrepasan todos los días."

Doug Krueger

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Lo ideal, cuando se quiere saber qué ha sucedido, es que se cuente con muchas pruebas, entre las cuales están los testimonios, el escenario, las evidencias halladas en el lugar,etc. Raro y motivo de sospecha sería que se valiera únicamente a lo afirmado por los propios testigos, pues se sabe muy bien que estos no son 100% fiables: mienten dependiendo de si tienen intereses, pierden recuerdos, no solo no recuerdan bien sino que además su memoria añade falsos recuerdos, su información cae en sesgos y prejuicios, etc.

Por eso es por lo que, cuando se investiga un caso, lo recomendable es 1º.- tener testimonios oculares, 2º.- poseer el mayor número de fuentes posibles para poder compararlas, 3º.- que esas fuentes no tengan intereses particulares (y así no mientan, ya sea de forma intencional o no) y 4º.- que no sean contradictorias. ¿Sucede eso con el cristianismo? ¿Se imaginan que la policía se valiera de las mismas “pruebas” que el religioso?

 

1º.- Testimonios oculares: cero

No existe ni una sola fuente contemporánea a los hechos narrados:

El primero, Saulo, ni presenció los hechos´ (Saulo vivía en Tarso, Turquía, y Jesús se le apareció en una visión), ni es contemporáneo (escribe entre 25 y 30 años después de la supuesta muerte). La única mención que hace de los hechos que suceden a dicho personaje es la supuesta crucifixión. El propio Saulo confiesa inconscientemente que no es un testimonio de fiar pues miente para hacer propaganda (Romanos 3:7) y que, en cualquier caso, jamás presenció uno solo de los hechos que cuenta: todo lo sabe porque se le apareció en sueños (Gálatas 1:11-12).

El segundo, los evangelios, ni uno solo (ya sea canónico o apócrifo) tiene como autor a un testigo presencial. La copia más antigua de un evangelio es del siglo II d.e.c pero es que, además, el análisis filológico los sitúa entre el año 70 y el 95 ¡Entre 40 y 60 años más tarde de la supuesta muere de Jesús! (entre 40 y 60, además, pues ni si quiera se puede establecer cuando nació pues los únicos dos evangelios que hablan de su nacimiento se contradicen y dicha fecha se calculó cinco siglos después).  Es más, ni uno solo de ellos menciona quién es él, ni quién o quienes son sus fuentes. ¿Fueron sus fuentes los evangelistas a quienes se les atribuye la autoría? ¿fueron otros testigos? ¿fueron personas que habían oído las historias?

¿Algún otro testimonio? Ni uno solo. De entre los cientos de poetas, escribas, historiadores, políticos, etc. que hubo en esa época y que vivieron durante los mismos años y mismas zonas por donde supuestamente vivió Jesús, ni uno solo menciona a Jesús. Decenas de ellos y ni uno sólo, de los que además vivieron en la Decápolis por esas épocas, dijo absolutamente nada. Para ellos, si existió este líder sectario que según los evangelios aclamaban multitudes e incluso fue sentenciado por el Sandrín y por el propio Poncio ante una multitud, su vida les pasó inadvertida: no mencionaron nada de él ni como anécdota. Raro ¿no? sobre todo teniendo en cuenta que todos los escritos pasaron por manos cristianas durante siglos.

(ver en este artículo la lista completa de fuentes del cristianismo – al final del mismo)

2º.- El mayor número de fuentes posible: cuatro

A pesar de que existieron durante esa época decenas de evangelios escritos por decenas de autores, el cristianismo sólo escogió cuatro como fuentes con credibilidad. El resto de fuentes fueron, dependiendo del religioso de turno, consideradas Escritura o Apócrifas (véase el catálogo de evangelios finalmente descartados – algunos incluso prohibidos, muchos destruidos y otros perdidos simplemente por dejar de copiarse). A esto se añade que todas las fuentes que mencionan los libros del canon como autoridad (Escritura) son del siglo II e.c. en adelante. Por lo visto, este canon se fue formando poco a poco hasta imponerse como el único a tener en cuenta sólo a partir del siglo IV y sólo desde finales de ese mismo siglo, no contando jamás con un consenso total*:

La Didaché (la datación la sitúa entre el 90 y el 250 d.e.c ) Cita frecuentemente a Mt, y parece conocer a Lc, 1 Tes, 1 Pe, Jds, y quizá Jn y Act 15
Clemente de Roma  (entre el 96 y mediados del siglo II d.e.c) Mt, 1‑2 Tim, Tit, Hebr, y probablemente Lc, Act, 1 Cor, Rom, 1‑2 Pe, Sant.
Epístola de Bernabé (datada entre el 98 y el 130) 1 Mt, Rom, Col, 2 Tim, Tit, 1 Pe, y probablemente también conocía Jn
Ignacio de Antioquia (año 107) Mt, Lc, Jn, Act, 1 Tes, Gál, 1 Cor, Rom, Col, Ef, Hebr.
Policarpo de Esmirna ( año 108) Alude en su carta a Mt, Mc, Lc, Jn, Act, 2 Tes, Gál, 1‑2 Cor, Rom, Col, Ef, Fil, 1‑2 Tim, Hebr, Sant, 1 Pe, 1 Jn.
Papías (110 aprox.) Es el primero que da los nombres de los autores de Mt, Mc, Jn, y refiere algo acerca del origen de los evangelios. También conocía 1 Pe, 1 Jn, Apoc.
El Martyrium Polycarpi (150 aprox.) Hace uso de Mt, Jn, Act, Apoc y quizá Jds.
El Pastor de Hermas (años 140‑ 155) Hace uso de Mt, Mc, Lc, Jn, Act, 1 Tes, 2 Cor, Rom, Ef, Fil, Hebr, Sant, 1‑2 Pe, Apoc
Arístides Ateniense (140 aprox.) en su Apología c. 15, narra la Vida de Jesús. Afirma que la venida de Jesucristo puede ser conoci­da por los escritos evangélicos. Cita a Mt, Jn, Act, Rom, 1 Tim, Hebr, 1 Pe.
Justino 2 (años 150‑160) Las “memorias de los apóstoles” son los Evangelios, según los demás escritos de San Justino. Cita con frecuencia Mt y Jn. Habla también explícitamente del Apocalipsis, atribuyéndolo a Juan Apóstol. Conoce Hech y todas las epístolas de Pablo, Sant, 1‑2 Pe, 1 Jn.
Taciano Siro (172 aprox.) Usando los cuatro evangelios compuso una obra llamada Diatessaron. Las Iglesias de Siria lo usaron hasta el siglo V. Taciano conoce también Hech, 1 Cor, Rom, Hebr, Tit, Apoc.
Marción (años 140‑170) Primero en hacer distinciones entre el dios del Tanaj y el de los Evangelios (Antitheses). Admite Lucas, pero abreviado: re­chaza los dos primeros capítulos de Lc por tener cierto sabor hebraico. Reconoce como canónicas diez epístolas paulinas, excep­tuando las pastorales y Hebreos. Los demás libros del Nuevo Testamento no son considerados como canónicos.
Epístola de las iglesias Lugdunense y Vienense (177 aprox.) Demuestra que en la Galia eran conocidos Lc, Jn, Hech, Rom, Ef, Fil, 1 Tim, 1 Pe, 1 Jn, y muy probablemente Hebr, 2 Pe, 2 Jn. Es citado el Apoc como “Escritura”.
Teófilo Antioqueno (180 aprox.) Primero en considerar a los evan­gelistas como inspirados. Cita a Mt y Lc. También afirma que Juan, el “Pneumatóforo”, fue el autor del cuarto Evangelio. Se sirve de casi todas las epístolas de San Pablo, y en algunos lugares cita la epístola a los Rom y la 1 Tim con la fórmula: “la palabra divina” (gr. “ho theios logos”).
Ireneo de Lyon (años 175‑195) Uno de los primeros en difundir que los escritos del Nuevo Testamento son de origen apostólico 3 Cita o alude a todos los libros del Nuevo Testamento, a excepción de la epístola a Filemón, 2 Pe, 3 Jn y Jds.
Tertuliano (años 160‑240) Combate contra Marción, a quien considera un hereje cristiano 4 Afirma que hay cuatro evangelios, a los que llama “instrumento evangélico”, que Mat y Jn fueron escritos pos apóstoles, y que Marc y Luc fueron por hombres apostólicos. Cita directamente los Hech y trece epístolas paulinas. Atribuye la epístola a los Hebreos  a Bernabé. además de 1 Pe, 1 Jn, Jds y el Apoc. Es dudoso si alude a la epístola de Santiago. No alude a 2 Pe ni a 2 y 3 Jn.
Fragmento de Muratori (de finales del siglo II d.e.c). Está mutilado 5, por lo cual se ha perdido la referencia que hacía de los evangelios de Mt y Mc. En la forma actual habla de Lc, Jn, Hech, 1‑2 Cor, Gál, Rom, Ef, Fil, Col, 1‑2 Tes, Flm, Tit, 1‑2 Tim, Jds, 1‑2 Jn, Apoc, 1 Pe. No son nombradas las epístolas a los Hebr, Sant y la 2 Pe.
Clemente Alejandrino 6 (años 180‑202) Se duda si conocía las epístolas 2‑3 Jn y la 2 Pe. Además de citar los libros canónicos, cita otros que no lo son. De lo que se deduce que no sabía distinguir entre libros canónicos y apó­crifos.
Orígenes 7 (+254) Admite todos los 27 libros del Nuevo Testamento, consi­derándolos como canónicos. Aunque conoce las dudas de algunos escritores de aquella época acerca de la canonicidad de 2 Pe, de 2‑3 Jn y de Jds, sin embargo, no hace caso de ellas y admite en su canon todas las epístolas. No admite en el canon de los Libros Sagrados los apócrifos.
Hipólito Romano (+ 258‑260) Cita todos los libros del Nuevo Testamento, exceptuando las epístolas de Flm, 2 y 3 Jn. El Fragmento de Muratori, que diversos autores atribuyen le atribuyen su autoría, contiene todos los libros canónicos del Nuevo Testamento, menos la epístola a los Hebr, Sant y 2 Pe.
Novaciano 8 (250 aprox.) Usa todos los libros del Nuevo Testamento exceptuando la epístola a los Hebreos.
Cipriano (+258) Cita diez epístolas pauli­nas, la 1 Pe, la 1 Jn y el Apocalipsis. No menciona la epístola de Flm y duda del origen de la epístola a los Hebr.
Canon Mommseniano (259 aprox.) Menciona veinticuatro libros del Nuevo Testamento. Omite las epístolas a los Hebr, la de Sant y la Jds.
Dionisio de Alejandría (+264) Admite todos los libros del Nuevo Testamento, aunque no cita la 2 Pe y la de Jds. Con el fin de oponerse al milenarismo, basado en Apoc 20, negó que el autor del Apoc fuera el apóstol Juan. Ergo negaba la autenticidad, aunque no la canonicidad del Apocalipsis.

Nota (*): En Occidente se duda de la canonicidad de las epístolas de Santiago, 2 Pedro y Hebreos, y por eso a veces son omitidas. En Oriente todavía hay bastantes escritores que dudan de las cinco epístolas católicas menores: Santiago, 2 Pedro, 2‑3 Juán y Judas.

Nota 1: Según autores como Harnak, la epístola hace alusiones a la construcción del templo de Júpiter (117-131) y según autores como Funk esta hace alusiones proféticas al emperador Nerva (96-98 d.e.c.). Lo cierto es que esta hace mención a la destrucción del templo, lo que la sitúa siempre posterior al año 70 e.c.

Nota 2: es el primer escritor antiguo que habla del uso litúrgico del Nuevo Testamento en las reuniones cristianas:

Y en el día llamado domingo, todos los que viven en las ciudades o en el campo se reúnen en un lugar, y ante ellos se leen las memorias de los apóstoles o las escrituras de los profe­tas mientras el tiempo lo permite”.

Nota 3: los evangelios, según Ireneo, fueron escritos por Mateo en hebreo, por Marcos, el intérprete de Pedro; por Lucas, el compañero de Viajes de Pablo, y por Juan, el discípulo amado del Señor.

Nota 4: alega que no tenía derecho alguno a hacer uso de las escrituras cristianas.

Nota 5: Hallado en la Biblio­teca Ambrosiana de Milán por L. A. Muratori (+1750) y editado por él mismo en el año 1740, contiene el catálogo más antiguo conocido de los libros del Nuevo Testamento. Realiza una la lectura privada del Pastor. Hermas, el autor del Pastor, es denominado como hermano del obispo de Roma Pío (años 140‑155). También afirma que el Pastor de Hermas fue escrito “nuperrime temporibus nostris” (“en nuestros días”, “hace muy poco”), por lo que se deduce que la composición del fragmento de Muratori hay que situarla hacia mediados del siglo II d.e.c., en Roma o en las cercanías de la Urbe. Aunque es de autoria anónima lo más probable es que este fuera Hipólito Romano.

Nota 6: Eusebio afirma que “en los libros de las Hypotyposes teje una compendiosa narración de todas las Escrituras de ambos Testamen­tos”. De donde se deduce que conocía todos los libros del Nue­vo Testamento, incluso el Apocalipsis.

Nota 7: erudito bíblico considerado como autoridad y unos de los “Padres de la Iglesia” debido a que recorrió todas las Iglesias principales de su época: Roma, Alejandría, Antioquia, Cesarea, Asia Menor, Atenas y  Arabia.

Nota 8:  presbítero de la Iglesia de Roma que posteriormente fue considerado como hereje.

 3º.- ¿No tenían intereses de las fuentes (los autores evangélicos y “apóstoles”)?

Desde Pablo a los autores evangélicos, pasando después por todos los autores mencionados, el propósito era obviamente claro: hacer apología de su religión. El resto de fuentes que hacen mención alguna, las consideradas seculares, son todas posteriores. Ni uno solo fue testigo ocular de los hechos, ni tan si quiera conocedor personal de los supuestos testimonios directos. La más temprana, la del judío Flavio, es una pequeña mención escrita en el año 93 d.e.c. que ha sido reconocida como una interpolaciónPlinio y Tácito, posteriores a Josefo, no hacen mención a Jesús sino a los cristianos ya que estos dicen ser seguidores del Christó. ¿Quieren un problema añadido? Christó es el nombre que se empleaba para definir al supuesto “ungido” que vendría a liberar al pueblo judío. En aquella época hubo varias personas que se declararon el Christó (la versión griega de Mesiah) liberador.

¿Donde están entonces las fuentes o testimonios no interesados, independientes o seculares de aquella época? Algunos cristianos aluden a que no lo citaron porque era un enemigo. ¿En serio? Incluso los emperadores de la época, incluido César, eran mencionados por sus enemigos de forma bastante crítica. Con el cristianismo, sin embargo, lo único que tenemos son los poco fiables “testimonios” de los apologistas (lo que en su día el cristianismo consideró como “apóstoles” – toda persona que propagara las doctrinas de la secta).

4º.- ¿Los testimonios no se contradicen?

Al menos eso, como poco, y viendo que ninguno es testigo presencial de los hechos que describe, sería lo ideal. Pero ni aun en eso el cristianismo puede presumir. A menudo este recurre a una lectura vertical de los cuatro canónicos, que luego mezcla en su cabeza para dar coherencia. El problema de esto es que la mente funciona de forma sesgada: omite u olvida datos que son contradictorios (disonancias cognitivas). La única forma de comprobar si estos no son contradictorios es realizar un análisis detallado de lectura horizontal: comparar lo que afirman los cuatro testimonios:

¿El linaje de Jesús se remonta a través de? del hijo de David, Salomón . Mt.1:6 del hijo de David, Nathan Luc.3:31
¿Cuando fue el anuncio del nacimiento especial? antes de la concepción. Luc.1:26-31 después de la concepción. Mt.1:18-21
¿A quien se anunció el ángel? a José. Mt.1:20 a María. Luc.1:28
¿Cuantas generaciones hubo desde David a Jesús? 28 generaciones desde David a Jesús. Mt.1:17 43 generaciones desde David a Jesús. Luc.3:23-31
¿Quien fue el padre de José? Jacob. Mt.1:16 Elí. Luc.3: 23
¿Como se llamaría el niño? Emmanuel. Mt.1:23 Jesús. Mt.1:25
¿Cuando nace el finalmente denominado Jesús? en días del rey Herodes (el Grande). Mt. 2:1 después de promulgarse el censo de Cireno. Luc. 2:1-7
¿Huyeron o no huyeron los padres? huyen a Egipto mientras Herodes mata a todos los varones menores de 2 años de edad. Mt.2:13-16 no huyeron a Egipto, sino que permanecieron durante los rituales del templo. ¡No se menciona la masacre de los bebés! Luc.2:21-39
¿Cuando fue tentado Jesús? durante los 40 días en el desierto. Marc.1:13 después de los 40 días en el desierto. Mt.4:2-3
¿Y cómo sucedió? primero llevó a Jesús al pináculo, luego a la cima de la montaña. Mt.4:5-8 primero llevó a Jesús a la cima de la montaña, y luego al pináculo. Lc.4:5-9
¿Conocía Juán a Jesús? sabía de Jesús antes de bautizarlo. Mt.3:11-13; Jn.1:28-29 no sabía nada de Jesús. Mt.11:1-3
¿Cuando comienza a predicar Jesús? después de la detención de Juan. Marc.1:13-14 antes del arresto de Juan. Jn.3:22-24
¿Donde fue Jesús después del bautismo? Jesús pasó 40 días en el desierto. Mt.4:1-2; Marc.1:12-13 Tres días después fue a la boda de Caná. Jn.2:1
¿Qué recorrido hizo Jesús? a) fue a Betfagé y al monte de los Olivos, luego a la izquierda para Betania.Mt.21:1,17

b) a Betfagé y a Betania, junto al monte de los Olivos. Marc.11:1; Lc.19:29

a Betania y a Jerusalén. Jn.12:1,12
¿Qué pasó en Capernaum? Jesús y sus discípulos enseñaron en Capernaum. Marc.1:20-21 Sólo Jesús enseñó en Capernaum. Luc.4:30-31
¿A quien escogió primero? a) Pedro fue escogido, con Andrés, junto al Mar de Galilea. Mt.4:18-20; Marc.1:16-18

b) Pedro fue escogido, con Jacobo y Juan, junto al lago de Genesaret. Luc.5:2-11

Jesús escogió a Andrés y luego se unió Pedro. Jn.1:35-42
¿Cuando curó Jesús a la suegra de Simón-Pedro? después de que él limpiara al leproso. Mt.8:1-15 antes de que él limpiara al leproso. Marc.1:30-42; Lc.4:38-5:13
¿Y cuando fue llamado como discípulo Simón-Pedro? Después de sanar a su suegra.Luc.4:38,39; 5:10 Antes de sanar a su suegra. Mt.4:18-19; 8:14-15; Marc.1:16-17,30-31
¿Estaban ahí Santiago y Juan? Si. Marc.1:29-31 No. Luc.4:38-39; 5:10-11
¿Cuando fue sanado el siervo del centurión? durante la purificación del leproso y la curación de la suegra de Pedro. Mt.8:2-15 después de la purificación del leproso y la curación de la suegra de Pedro. Luc.4: 38-39; 5:12-13; 7:1-10
¿Donde fue Jesús después de alimentar a la multitud? subió a Genesaret. Marc.6:53 fue a Cafarnaúm. Jn.6:14-17

¿Quieren más? Tengan una lista completa con todas las contradicciones de dichos testimonios. En dicha lista ya no sólo figuran contradicciones con los supuestos hechos que van desde su nacimiento hasta su muerte, sino con la propia doctrina y creencias del cristianismo.

Los extras

Los originales no existen. Los textos eran escritos en papiro y este, con el tiempo, se iba degradando hasta (en su mayoría) perderse por completo. Por eso todo dependía del trabajo del amanuense o copista. Así que ¿Cómo podemos comprobar que las copias que tenemos son fidedignas, que fueron las palabras que escribió el autor «original» de los evangelios? No se puede.

Copias originales: cero

Las copias más antiguas del Nuevo testamento, los papiros, son todos posteriores al siglo II e.c. Del más antiguo de ellos P52 (ver imagen) es un papiro datado entre el 125 y el 160 e.c., el atribuido a Juan, del cual sólo quedan unos pequeños fragmentos.

Juan (P52)

P52_recto_thumb2

Juan 18, 31-33

ΟΙ ΙΟΥΔΑΙΟΙ ΗΜΙΝ ΟΥΚ ΕΞΕΣΤΙΝ ΑΠΟΚΤΕΙΝΑΙ
OYΔΕΝΑ ΙΝΑ Ο ΛΟΓΟΣ ΤΟΥ ΙΗΣΟΥ ΠΛΗΡΩΘΗ ΟΝ ΕΙ-
ΠΕΝ ΣΕΜΑΙΝΩΝ ΠΟΙΩ ΘΑΝΑΤΩ ΗΜΕΛΛΕΝ ΑΠΟ-
ΘΝΕΣΚΕΙΝ ΕΙΣΗΛΘΕΝ ΟΥΝ ΠΑΛΙΝ ΕΙΣ ΤΟ ΠΡΑΙΤΩ-
ΡΙΟΝ Ο ΠΙΛΑΤΟΣ ΚΑΙ ΕΦΩΝΗΣΕΝ ΤΟΝ ΙΗΣΟΥΝ
ΚΑΙ ΕΙΠΕΝ ΑΥΤΩ ΣΥ ΕΙ ΒΑΣΙΛΕΥΣ ΤΩΝ ΙΟΥ-
ΔΑΙΩN

 

 

P52_verso_thumb3

Juan 18, 37-38

ΒΑΣΙΛΕΥΣ ΕΙΜΙ ΕΓΩ ΕΙΣ ΤΟΥΤΟ ΓΕΓΕΝΝΗΜΑΙ
ΚΑΙ ΕΙΣ ΤΟΥΤΟ ΕΛΗΛΥΘΑ ΕΙΣ ΤΟΝ ΚΟΣΜΟΝ ΙΝΑ ΜΑΡΤΥ-
ΡΗΣΩ ΤΗ ΑΛΗΘΕΙΑ ΠΑΣ Ο ΩΝ ΕΚ ΤΗΣ ΑΛΗΘΕΙ
ΑΣ ΑΚΟΥΕΙ ΜΟΥ ΤΗΣ ΦΩΝΗΣ ΛΕΓΕΙ ΑΥΤΩ
Ο ΠΙΛΑΤΟΣ ΤΙ ΕΣΤΙΝ ΑΛΗΘΕΙΑ ΚΑΙ ΤΟΥΤΟ
ΕΙΠΩΝ ΠΑΛΙΝ ΕΞΗΛΘΕΝ ΠΡΟΣ ΤΟΥΣ ΙΟΥ-
ΔΑΙΟΥΣ ΚΑΙ ΛΕΓΕΙ ΑΥΤΟΙΣ ΕΓΩ ΟΥΔΕΜΙΑΝ
ΕΥΡΙΣΚΩ ΕΝ ΑΥΤΩ ΑΙΤΙΑΝ

¿Quieren ver qué del texto se encuentra realmente en él?

En [rojo] todo el texto que falta en el papiro.

Los números son adiciones para que se aprecie mejor a qué versículo pertenece.

31 – οι ιουδαι[ο]ι̣ ημε̣[ιν] [ουκ] [εξεστιν] [αποκτειναι] ουδενα 32 ινα ο λο̣[γος] [του] [ιησου] [πληρωθη] [ον] [ει]πεν σημαινω̣[ν] [ποιω] [θανατω] [ημελλεν] [απο]θνησκειν 33 ισ[ηλθεν] [ουν] [παλιν] [εις] [το] [πραιτω]ριον ο π[ιλατος] [και] [εφωνησεν] [τον] [ιησουν] και ειπ[εν] [αυτω] [συ] [ει] [ο] [βασιλευς] [των] [ιουδ]α̣ιω[ν] 34 [απεκριθη] [ιησους] [απο] [σεαυτου] [συ] – 37 – [βα]

f. 1v
[σιλευς] [ειμι] [εγω] [εις] [το]υ̣το γ[ε]γ̣ε̣νν̣η̣μαι̣ [και] [εληλυθα] [εις] [τον] [κο]σμον ινα μαρτυ[ρησω] [τη] [αληθεια] [πας] [ο] [ων] ε̣κ̣ της αληθε[ιας] [ακουει] [μου] [της] [φωνης] 38 λεγει αυτω [ο] [πιλατος] [τι] [εστιν] [αληθεια] [κ]α̣ι τουτο̣ [ειπων] [παλιν] [εξηλθεν] [προς] τ̣ους ιο̣[υδαιους] [και] [λεγει] [αυτοις] [εγω] [ουδ]εμι[αν]

Fragmentos que se completarían con los que contiene el P52, son los que contiene el P66, datado entre ese 125 y el 200 e.c.

524px-Papyrus_66_GA_thumb

  • Juan 1:1-6:11
  • Juan 6:35b-14:26
  • Juan 14:29-30
  • Juan 15:2-26
  • Juan 16:2-4.6-7
  • Juan 16:10-20:20
  • Juan 20:22-23
  • Juan 20:25-21:9
  • Juan 21:12.17

 

 

Marcos (P88)

Del atribuido a Marcos, el más antiguo, el P88, es del siglo IV e.c.

p88_thumb2

El papiro (ver su estado en la imagen) contiene los versículos Marco 2:1-26. Esto es lo que hay en él:

1 – ε̣ν ο̣ι̣[κω] [εστιν] 2 [και] [συνηχθησαν] [πολ]λ̣ο̣ι̣ ωσ̣[τε] [μηκετι] [χωρειν] [μηδε] [τα] προς την θ̣[υραν] [και] [ελαλε]ι̣ α̣υ̣τ̣[οις] τον λογον̣ 3 [και] [ερχ]ο̣ν̣ται φε̣ρ̣[ον]τες προς αυτ̣ο̣[ν] [παρα]λ̣υτι̣κον αιρομενο̣ν υ̣π̣ο̣ τ̣[εσσαρων] 4 κ̣α̣ι̣ μ̣[η] [δυνα]μενοι προ̣[σενεγκ]αι αυτω̣ δια̣ τον ο̣χλον̣ απεσ[τεγασαν] την στεγ[ην] ο̣που η̣ν̣ κ̣α̣[ι] [εξορ]υ̣ξ̣α̣ν̣τ̣ες χα̣[αλω]σ̣ι̣ν̣ τ̣[ο]ν̣ [κραβακτον] [οπ]ο̣υ̣ ο̣ π̣α̣ρ̣αλυ[τι]κ̣ο̣ς̣ κατεκ̣ειτο 5 κ̣[α]ι̣ ιδων ο̣ [ις̅] την πιστ̣ιν α̣υτω̣ν λ̣ε̣γει τω π̣α̣ρ̣α̣λ̣υτικ̣ω τεκ̣νον αφ̣ε̣ωνται σ̣ο̣υ̣ α̣ι̣ αμαρτιαι 6 η̣σαν̣ δε̣ [τι]ν̣ες των̣ γ̣ρ̣α̣μ̣ματε̣ων εκει καθημ̣ε̣νο̣ι κ[αι] δ̣ι̣α̣λο[γ]ι̣ζομενοι ε̣ν̣ [τ]α̣ις καρδια̣ι̣ς̣ αυτων 7 τι ο̣υ̣τος ουτω̣ς̣ [λα]λει βλασφη̣μ̣ει̣ τις δυναται αφι̣ε̣[ναι] [α]μαρ[τι]α̣ς̣ ε̣ι̣ μ̣η̣ ε̣ις ο θς̅ 8 κ̣α̣ι̣ [ευ]θ̣υς̣ ε̣π̣ι̣γ̣νου̣ς̣ ο ις̅ τω πν̅ι αυτω ο̣[τι] ο̣υτως̣ [διαλο]γιζονται εν εα̣υ̣τοις̣ λ̣ε̣[γει] [αυτοις] οτι ταυτα διαλογ̣ι̣ζ̣ε̣σ̣[θε] [εν] [ταις]

f. 1v
κ̣[αρδι]α̣[ις] [υμων] 9 τ̣[ι] [εστιν] [ευκοπωτερον] [ειπει]ν̣ τ̣ω̣ π̣α̣ρ̣[α]λ̣υτι̣[κω] [αφιεντ]α̣ι̣ σ̣ου αι αμα̣ρ̣τ̣[ιαι] η ειπειν̣ [εγειρε] κ̣α̣ι̣ α̣ρον τ̣ο̣ν̣ κ̣ρ̣αβακτον σ̣[ου] [και] υ̣παγε̣ 10 ι̣[να] [δε] ειδητε ο̣τ̣[ι] [εξου]σ̣ι̣α̣ν̣ ε̣[χ]ε̣ ο υιος του αν̅ου ε[πι] [της] γ̣η̣ς̣ αφιενε αμ̣[α]ρ̣τια̣ς λεγε[ι] [τω] [παρ]αλυτικω̣

Lucas (P75)

p75-3_thumb2

La copia más antigua del texto atribuido a Lucas es de finales del siglo II (175-225  e.c.)

El papiro, que se encuentra entre los textos del códice conocido como P. Bodmer XIV, XV (P75) . El papiro en cuestión contiene los versículos atribuidos a Lucas 3:18-4:2+; 4:34-5:10; 5:37-18:18+; 22:4-24:53, y a Juan 1-15

Desde 2007 estos papiros, comprados por Frank Hanna III, se encuentran ahora en la biblioteca del Vaticano.

¿Qué es lo que puede verse en él?

18 [μεν] [ουν] [και] [ετερα] [παρακαλω]ν [ευηγγελι]ζ̣ε̣[το] τ̣ον λαον· 19 [ο] [δε] [η]ρω[δης] [ο] [τ]ε̣τ̣ρ̣α̣ρχης ελεγχ̣ομ̣[ε]ν̣[ος] υπ [αυτ]ο̣υ̣ π̣ερι ηρωδιαδος̣ της γυναι[κο]ς̣ του αδελφου αυτου· και περι παντων ων εποιησεν πονηρων ο ηρωδης 20 προσεθ̣ηκεν και τουτο επι πασιν· κατεκλεισεν [τ]ον ιω̣ανην εν φυλακη· 21 εγεν̣[ε]τ̣[ο] [δε] [ε]ν̣ [τω] β̣απτισθηναι απαν[τα] [τ]ο̣ν̣ λ̣α̣ον̣ [κ]αι ιυ̅ βαπτισ̣θε̣ντος [κ]α̣ι̣ π̣ροσ̣ευ[χομ]ε̣νου. ανεωχθηνα̣ι τον̣ ουρα[νο]ν̣ 22 και καταβηνα[ι] [το] πν̅α τ̣ο αγι̣[ον] [σωματ]ι̣κ̣ω̣ [ειδει] [ως] [πε]ρ̣ι̣σ̣[τεραν]

f. 7v
33[του] [αρνι] [του] [εσρωμ] [του] [φαρες] του ιουδα̣ 34 [του] [ιακωβ] [του] [ισαακ] [του] [α]βρ̣α̣[αμ] τ̣ου θαρ[α] του ν̣α̣χ̣ω̣[ρ] 35 [του] [σερουχ] τ̣ου̣ [ραγα]υ̣ το̣υ φ̣αλε̣[κ] του [εβερ] [τ]ο̣υ [σαλα] 36 [του] [α]ρ̣φα[ξ]αδ̣· τ[ου] σ̣[ημ] [του] [νωε] [του] λ̣αμεχ 37 τ̣ου μ̣α̣[θουσαλα] [του] [ενωχ] τ̣ου ιαρε̣τ̣ του μ̣[αλελεηλ] [του] [καιν]αμ̣

Mateo (P64, P67 y P77)

P064-Mat-26.7-8-26.10-26.14-15-II_thP077-Mat-23_30-34-POxy4405-II-III_th

El primer, el papiro Magdaliense son unos tres fragmentos de Mateo 3, 5 y 26 (P64, P67 y P4), cuya datación final los sitúa a finales del siglo II e.c. y el segundo (P77), que contiene los textos griegos de Mateo 23, cuya datación los sitúa ya en el siglo III e.c. Cuando digo, además, Mateo 3, 5 y 26 no me refiero a los capítulos enteros: P64, por ejemplo, sólo contiene 3:9,15; 5:20-22,25-28; 26:7-8,10,14-15,22-23,31-33. ¿Quieren ver, además, qué contiene?

De Mateo 3:8-15

8[μετανοιας]· 9 και μ̣[η] [δοξητε] [λεγ]ε̣ιν εν [εαυτοις] [πρ̅α] εχομ[εν] [τον] [αβρααμ] [λε]γω γα[ρ] [υμιν] [οτι] [δυνα]τ[αι] [ο] [θς̅] [εκ] [των]

f. 1v
14[ερχη] [προς] [με]· 15 αποκ̣[ριθεις] [δε] [ο] [ις̅] [ειπε]ν προ̣[ς] [αυτον] [αφες] [α]ρτι ου̣[τως] [γαρ] [πρεπ]ον εσ[τιν] [ημιν] [πληρωσαι] π̣α̣[σαν] [δικαιοσυνην]

f. 2r

Nada.

De Mateo 5:20-28

20 [εαν] [μη] [π]ε̣ρισ̣[σευση] [υμω]ν̣ η̣ δικα[ιοσυνη] [π]λ̣ε̣ιον των̣ [γραμμα]τ̣εων και φα̣[ρισαιων] ο̣υ μη εισ̣ελθ̣[ητ]ε̣ εις̣ την βασ̣ι̣[λ]ε̣ι̣[αν] [τ]ω̣ν ουρα̣νω̣ν· 21 ηκο̣[υσ]α̣τε ο[τι] [ερ]ρ̣ε̣θ̣η̣ τ̣ο̣ις αρ̣χαιοις [ου] φ̣ονευσεις ος δ αν [φον]ευση ε̣νοχος εσται̣ [τη] [κρισ]ε̣ι· 22 εγω δε λε[γω] [υμι]ν οτι πας ο ορ[γιζο]μ̣ενος τω αδε̣λ̣[φω] [αυ]τ̣ο̣υ̣ ε̣ν̣ο̣χ̣ο̣[ς] [εσται]

f. 2v
25 [παραδ]ω̣ ο αντ̣[ι]δ[ικος] [τω] [κρι]τ̣η και ο κρ̣[ιτης] [τω] [υπ]η̣ρετη και ει̣[ς] [φυλακην] βληθηση 26 αμη̣[ν] λε[γω] [σ]ο̣ι ου μη εξελθης [εκ]ε̣ι̣θ̣ε̣ν εως αν̣ απο̣[δω]ς τον εσχατο̣ν̣ κοδραντην· 27 ηκ̣[ου]σατε οτι ερρεθη ο̣υ̣ [μοι]χευσεις· 28 ε̣[γ]ω̣ δ̣ε̣ [λεγω] υμιν ο̣τι πα̣[ς] [ο] [βλεπων] γυ̣ναικα προς [το] [επιθυ]μ̣η̣σαι ηδη ε[μοιχευσεν] α̣[υτην] [εν] [τη] [καρδια]

Y de Mateo 26:7-33

7[της] [κεφαλης] αυτου ανακει[μενου] 8 [ι]δ̣οντες δε οι [μαθηται] η̣γανακτη[σαν]10[κοπους] [παρ]εχετε [τη] [γ]υ̣ναικι εργον γα[ρ]14 [τοτ]ε̣ πορε̣[υθεις] [εις] [των] [ι]β̣̅ λεγομ[ενος] [ιουδας] [ι]σκαριω[της] [προς] [του]ς̣ αρχιερ[εις] 15 [ειπεν] [τι] [θε]λ̣ετε̣ μο̣[ι] [δουναι] [καγω]

f. 3v
22 [λεγειν] [αυ]τ̣ω· μ̣[ητι] [εγω] [ειμι] κ̣ε̣̅· 23 ο̣ δ̣ε̣ [αποκριθεις] ε̣ιπεν ο ε̣[μβαψας] [με]τ̣ ε̣μ̣ου [την] [χειρα] [εν] [τω] τ̣ρ̣υ̣[βλιω] [ουτος] 31 [τοτε] [λεγει] αυτοις ο ις̣̅ [π]α̣ν̣[τες] [υμεις] σκανδαλισθη[σεσθε] εν εμοι εν̣ τ̣[η] [νυκτι] ταυτη γ̣ε̣γ̣[ραπται]32 – π̣ρ̣ο̣α̣ξ̣[ω] [υμας] [εις] [την] γ̣αλειλαιαν 33 α̣[ποκρι]θεις δε ο̣ πετρος̣ ε̣[ιπεν]

¿Por qué tantas traducciones, versiones y revisiones?

¿Hacemos un ejercicio de credulidad? Se lo explicaré de una forma simple para que pueda usted entenderlo fácilmente: al ejercicio de credulidad hacia el narrador (usted debe creer a dicho narrador y que lo que dice es cierto) usted le debe añadir, además, una serie de capas de credulidad adicionales:

1º.- Debe confiar en que el narrador narra lo sucedido correctamente

Haga un par de ejercicios conmigo:

Su memoria:

1º.- Imagine una historia o en algún suceso lo más reciente posible y anote cada detalle en una hoja, haga fotos de algo que ha visto o grabe un video de algún suceso concreto.

2º.- Pasada una semana anote lo que recuerda y compárelo con lo que anotó, fotografió o grabó.

¿Alguna adición nueva?

El mensaje:

1º.- Escriba una historia (real o ficticia) y guárdesela para luego comprobar, al final de la prueba, cómo ha ido todo.

2º.- Ahora cuente, tal cual, esa historia a alguien, amigo o desconocido y dígale que se la cuente a otra persona y que esa persona, a su vez, trasmita durante una semana la misma historia a otra. Así sucesivamente hasta 20 personas.

3º.- Pídale a la última persona a la cual le contaron la historia, que le narre dicha historia, y ahora compárela con lo que usted escribió.

¿Alguna adición nueva?

Pues ahora multiplique los años y el número de gente implicada a un mínimo de 4 décadas (de transmisión oral) y varias generaciones (de distintos lugares), en ambos ejercicios, y obtendrá una idea aproximada de qué son los Evangelios. Y todo esto (en el caso de los evangelios), por supuesto, asumiendo de antemano además la honestidad de tal testimonio: que este, como se puede comprobar, no tenía una agenda particular.

Las excusas y justificaciones que han ofrecido las iglesias a lo largo de los siglos ante este teléfono roto han sido de lo más variopintas. También la estrategia que este tipo de personas emplearon para colarnos dichas historias.

En un intento de buscar una coherencia a los textos se ha sugerido como hipótesis que Mateo y Lucas provienen de una fuente desconocida y de la cual no hay más evidencia que las similitudes entre ambos evangelios, la Fuente Q (Quelle). Otros alegan que, además de en dicha fuente, los autores de Mateo y Lucas, se basaron también en Marcos, el evangelio más antiguo (datado paleográficamente en el año 70 e.c. aprox). El problema de esto es que, a parte de carecer de dicha fuente, lo único que resuelve esto es si los evangelios sinópticos se basaron en una fuente de carácter oral o escrita. O sea, o un testimonio no presencial que habría oído las historias y las habría narrado tal cual, u otra copia escrita más realizada por otro autor no presencial.

Teniendo en cuenta las similitudes de estas copias sinópticas con los evangelios, con los evangelios esenios de Qumran  (255 a.e.c. al 66 e.c.) y los conservados por estos esenios, los gnósticos de Nag Hammadi (s. III al IV), lo más probable, a mi juicio, es que dicha fuente Q fuera un texto esenio (o por lo menos perteneciente a un autor que derivó de dicha secta) perdido muy convenientemente (o como poco muy oportunamente) entre los siglos II al III e.c. época en la que el cristianismo se dedicó prácticamente a combatir toda visión no acorde con cada una de sus denominaciones de su cristianismo (canónica) a fin de obtener poder al mismo tiempo que se labraba una imagen propia caracterizada por el victimismo y la heroicidad. El cristianismo, pese a la creencia, nunca fue un movimiento uniforme: prácticamente cada comunidad (o movimiento) consideraba herética al resto de comunidades.

2º.- Debe confiar en el copista 

Intenten leer esto, separando con su imaginación cada frase:

Ejemplo
delageneracióndejesucristohijodedavidhijodeabrahamabrahamengendróáosaacéosaacengendróájacobjacobengendróájudasyásushermanosyjudasengendródethamarápharesyázaraypharesengendróáesromyesromengendróáaramaramengendróáaminadabyaminadabengendróánaassónnaassón engendróásalmónsalmónengendróderachâbáboozboozengendróderutháobedobedengendróájesséjesséengendróalreydavidyelreydavidengendróásalomóndelaquefuémujerdeuríassalomónengendróároboamroboamengendróáabíayabíaengendróáasaasaengendróájosaphatyjosaphatengendróájoramjoramengendróáozíasozíasengendróáJoatamyjoatamengendróáachâzachâzengendróáezechîasezechîasengendróámanasésmanasésengendróáamónamónengendróájosíasjosíasengendróájechôníasyásushermanosenlatransmigracióndebabiloniadespuésdelatransmigracióndebabiloniajechôníasengendróásalathielysalathielengendróázorobabelzorobabelengendróáabiudyabiudengendróáeliachîmyeliachîmengendróáazor:azorengendróásadocysadocengendróáachîmachîmengendróáeliudeliudengendróáeleazaryeleazarengendróámathánnathánengendróájacobjacobengendróáJosémaridodemaríadelacualnaciójesúselcualesllamadoelchristodemaneraquetodaslasgeneracionesdesdeabrahamhastadavidsoncatorcegeneracionesydesdedavidhasta latransmigracióndebabiloniacatorcegeneracionesydesdelatransmigracióndebabiloniahastacristocatorcegeneracionesyelnacimientodejesusfuéasíquesiendomaríasumadredesposadaconjoséantesquesejuntasensehallóhaberconcebidodelespíritusantoJosésumaridocomoerajustoynoquisieseinfamarlaquisodejarlasecretamenteypensandoélenestoheaquíelángeldelseñorleapareceensueñosdiciendojoséhijodedavidnotemasderecibirámaríatumujerporqueloqueenellaesengendradodelespíritusantoesypariráunhijoylamarássunombrejesusporqueélsalvaráásupueblodesuspecadostodoestoacontecióparaquesecumplieseloquefuédichoporelseñorporelprofetaquedijoheaquílavirgenconcebiráypariráunhijoyllamarássunombreemmanuelquedeclaradoesconnosotrosdiosydespertandojosédelsueñohizocomoelángeldelseñorlehabíamandadoyrecibióásumujerynolaconocióhastaqueparióásuhijoprimogénitoyllamósunombrejesus

Ahora imagine que todo el texto está en mayúsculas y, para finalizar, que no está en su idioma, el castellano, sino que el texto está en griego koiné. A esto es a lo que se enfrenta todo traductor de los textos griegos más antiguos en Scriptio continua.

El origen de la estructura actual

No fue hasta el siglo VII e.c. que los escribas irlandeses empezaron a “airear los textos” creando así el espaciamiento que hoy día conocemos y que, en épocas anteriores, se hacía únicamente con puntos (vean un ejemplo del mismo texto).

Harley1775John1_14

Londres, British Library MS Harley 1775 (Harley Evangelios), fol. 373v . Juan 1:14 per cola et commata

CuthbertJohn1_14

Londres, British Library MS 89000 adicional (St Cuthbert Evangelio), fol. 1v . Juan 1:14 con la palabra separada usando la separación canónica

Pero para que esto sucediera, antes de ello, lo que se hizo fue la separación de ideas en párrafos y la única forma que tenían de separar palabras era mediante el literae notabiliores: lo que en las anteriores imágenes se puede apreciar como “letra destacada”. Era usted, como lector (y si era usted de los pocos privilegiados en saber leer o por lo menos «saber escribir» en esa época – más del 90% de la población era analfabeta), quien tenía la responsabilidad de añadir separaciones cuando leía el texto, según lo entendiera usted mismo. ¿Entiende ahora por qué tantas discrepancias interpretando los textos durante la fundación de las diversas sectas cristianas? Para que se hagan otra idea, en el siglo XVII un teólogo cristiano llamado John Mill, pretendiendo hacer un Nuevo Testamento lo más fiel posible recopilando todos los manuscritos griegos más antiguos disponibles (unos 100 en griego), acabó llevándose una sorpresa cuando descubrió más de 30.000 variantes en ellos. El trabajo de Mill, titulado Novum testamentum græcum, cum lectionibus variantibus MSS. ejemplarium, versionum, editionum SS. patrum et scriptorum ecclesiasticorum, et in easdem nolis (Oxford, fol. 1707) lo pueden ver en este enlace. Desde entonces la cifra de variantes y discrepancias encontradas se fue elevando: la última la dió el crítico textual Eldon Jay Epp en 2014 situándo el número en aproximadamente 750.000 variantes. Pueden ver su estudio Why Does New Testament Textual Criticism Matter? Refined Definitions and Fresh Directions, publicado en The Expository Times, en este enlace.

Nota: pueden ver un resumen de la historia y una recopilación de ellas en este artículo de la Wikipedia.

No es hasta el siglo IV que cristianos como Jerónimo y Agustín, para defensa de su interpretación (a la cual denominan como correcta) se inventaran la diagramación-puntuación (per comma et commata) que cayó en desuso por otras alternativas hasta desaparecer finalmente en el siglo IX.

En el siglo V, san Jerónimo desarrolló para su traducción de la Biblia un sistema llamado per cola et commata, en el que cada unidad de sentido se marcaba con una letra que sobresalía del margen, como si se iniciara un nuevo párrafo.

La palabra no se tuvo como concepto hasta el siglo V e.c. y fue en ese siglo cuando Donatus reutiliza un sistema de tres puntos a distintas alturas que sólo era usado por el lector (distinctio, distinguir).:

El punto en posición baja (subdistinctio) se usa para separar una comma o frase de sentido incompleto. El punto a media altura (media distinctio) para separar un colon, o frase de sentido completo, pero de idea incompleta. Finalmente, el punto en posición alta (distinctio), separa un periodo, es decir, una idea completa.

y que luego, con el declive del uso del latín y gracias a la derivación de este en el imperio romano, se extiende para así poder entender los textos hasta llegar a ser de uso común.

El problema era que el punctus se usaba indiscriminadamente tanto para usarlo como separación entre una frase y otra como para separar espacios dentro de ella.

Ya entrados en el siglo VII e.c, y con la incorporación de espacios y signos de puntuación por parte de los copistas irlandeses. Entre el siglo anterior y este se introduce además el uso de minúsculas (minúscula merovingia).

Hasta el siglo VIII todo se escribía en mayúsculas. No se sabe con exactitud cómo sucedió pero se cuenta que un clérigo y académico (el clero estaba dentro de los Estamentos Privilegiados con derecho a a la alfabetización) llamado Alcuin de York, que además era un célebre maestro, inventó este tipo de escritura (la minúscula carolingia) para enseñar a Carlomagno a diferenciar entre el comienzo de una frase y otra dejando sólo la primera letra en mayúscula. Así, este emperador ordenaría en el 780 a la Escuela Palatina que se implementara este tipo de escritura.

Todo ello resultó en una mezcla de los sistemas Donatus – Isidoro de Sevilla. De Irlanda se extendió este sistema a Inglaterra, y de ahí al resto del continente.

La separación por capítulos: la Biblia no empezó a dividirse en capítulos hasta el siglo XIII, cuando la realizó por vez primera el el arzobispo de Canterbury y profesor de la Sorbona, Stephen Langton (1150 – 1258), apareciendo la primera Biblia separada por capítulos en 1231. Introdujo los capítulos (Biblia Parisina) y estos no empezaron dividirse en versos hasta el renacimiento (Psalterium quintuplex de Lefevre D´Etaples, 1509).

Hasta el siglo XV, con la invención de la imprenta en 1450 por parte de Johannes Gutenberg, todos los libros se copiaban a mano.

La numeración de los versículos aparece por vez primera en el siglo XVI, cuando el filólogo y hebraista italiano Sanctes Pagnino (1470 – 1536) la introduce en 1528 en su traducción al latín de la Biblia que titula como Veteris et Novi Testamenti nova translatio.

Es entonces, después de esto, en el siglo XVI, cuando un impresor (tipógrafo real) y humanista francés llamado Robert Estienne (1503 – 1559) decide separar los versículos por párrafos espaciados (tal y como aparecen hoy en las Biblias). La primera Biblia con dicha separación fue la Biblia de Ginebra, publicada en Suiza (durante su exilio: fue perseguido por cristianos católicos) en 1560 y a título póstumo: lo primero que hizo Estienne fue publicar en francés el Nuevo testamento en 1551 con la numeración de Pagnino y luego, en 1553, toda la Biblia con los versículos separados.

Y es en 1566 cuando Aldo Manuzio el Joven por fin define el punto en un manual para tipógrados titulado como Interpungendi ratiopublicado en 1591.

3º.- Debe confiar ahora en el copista del copista

Imagine ahora una frase realizada en escritura continua, como por ejemplo “pedropideapollo” y dígame ¿qué cree que quiere decir el autor (en este caso yo)?

Pedro pide a Pollo

Pedro pide apollo

¿Está pidiendo Pedro algo a una persona llamada Pollo o está Pedro pidiendo simplemente  ayuda?

El calambur es uno de los posibles efectos que puede suceder, provocando errores en la interpretación de los textos. Pero imagine ahora la cantidad de anagramas que se pueden producir sólo agrupando una letra donde usted cree que iría la misma, súmele a esto las palabras que cambian de significado si se les junta o separa una letra (como por ejemplo “a fín” o “afín”), súmele la cantidad de palabras polisémicas, etc, etc, etc. Y todo esto, repito, en griego y sin saber usted leer (que es la situación en la cual se encontraban la mayoría de copistas).

A todo lo anterior, por si no era suficiente, se le suman una serie de factores:

En el mundo antiguo el analfabetismo campaba a sus anchas, incluso entre quienes copiaban textos. A menudo estos copistas introducían faltas y otras, incluso errores que el siguiente copista, también analfabeto, introduciría de nuevo (con suerte de no añadir más).

¿Cual era el mínimo para que no te consideran un analfabeto? En algunos casos simplemente con saber firmar.

A lo que además se sumaba que cada amanuense, quien además era creyente (añádale un sesgo), si sabía escribir más allá de la copia y no estaba de acuerdo con lo que afirmaba el texto, suprimía o interpolaba partes al mismo. De ahí que encontremos textos que no figuran en versiones anteriores, encontremos modificaciones, palabras y/o frases omitidas.

¿Sabe, además, qué es una armonización? Cuando un escriba o copista tenía a mano varias versiones con discrepancias este, en su versión, eliminaba de un plumazo tales discrepancias:

«Esta tendencia de los escribas a «armonizar» los pasajes de los evangelios es ubicua. Dondequiera que distintos evangelios cuentan la misma historia, es probable que un escriba u otro hubiera intentado hacer que los relatos estuvieran en perfecta armonía, eliminando las diferencias a golpe de pluma.»

Fuente: Jesús no dijo eso – Bart. D Ehrman

A lo anterior se añade algo que resulta cuanto menos gracioso: es sabido y asumido que los evangelistas (los autores reales, fueran quienes fueran) y los copistas de estos añadieron algunas paráfrasis. Muchas de esas notas, siglos más tarde, el cristianismo las tomó como palabras originales de los apóstoles e incluso el propio Jesús. Un ejemplo de ello son las advertencias repletas de maldiciones que los copistas, acostumbrados y conscientes de que el siguiente copista podría modificar el texto, añadían a los evangelios:

¿Cómo podía un autor garantizar que su texto no iba a sufrir modificaciones una vez entrara en circulación? La respuesta es simple: no había modo de hacerlo. Ello explica por qué en ciertas ocasiones los autores formulaban maldiciones contra cualquier copista que alterara sus textos sin su permiso. Podemos encontrar una imprecación de este tipo en uno de los libros que finalmente entraron a formar parte del Nuevo Testamento, el libro del Apocalipsis, cuyo autor, casi al final del texto, profiere esta terrible advertencia:

Yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: «Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobe él las plagas que se describen en este libro. Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la Ciudad Santa, que se describen en este libro» (Apocalipsis 22:18-19).

Aunque con frecuencia se interpreta como una fórmula destinada a que el lector acepte o crea todo cuanto se dice antes en el texto, este pasaje es en realidad una amenaza típica contra los copistas del libro, escrita con el fin de impedir que añadan u omitan cualquiera de sus palabras. Es posible hallar imprecaciones similares dispersas por toda clase de escritos cristianos de este período.»

Fuente: Jesús no dijo eso – Bart D. Ehrman

 

4º.- Debe confiar ahora en el traductor del copista, del copista, del copista….

Y ahora deberá confiar en que el traductor, quien valiéndose de ningún original y sí alguna de las muchas copias, de copias, etc. erradas que había circulando por ahí, ha usado por arte de magia (ya que no puede saberse qué decían los originales) una que contuviera el menor número de errores, modificaciones, etc. con respecto a la original ya inexistente.

Confiar en que el traductor ha interpretado los textos en su contexto original, tal y como los planteó su autor ogiginal: alguien del que ya no queda nada ¿Cómo saber esto si lo que traduce son copias de copias, etc?

Confiar en la intencionalidad y objetividad del traductor, quien habitualmente pertenece a una iglesia concreta, a la hora de traducir e interpretar las fuentes que haya usado.

¿Ejemplos?

El primero y más grave, del cual nació precisamente el cristianismo, es el que sucedió con la traducción griega del hebreo realizada en la Septuaginta (LXX), escrita entre el III y el I a.e.c. El alfabeto hebreo «original» era un idioma semítico sin vocales. ¿Se imagina la cantidad de errores que cometieron los traductores griegos al intentar interpretar de dicho idioma, con textos corridos, al suyo? Tales diferencias quedaron en evidencia con los trabajos comparativos entre el textos judío y el griego ya desde la época de Orígenes. Uno de los más conocidos es la Hexapla. Por lo visto, la LXX parte de una traducción pésima de un texto judío no localizado pero a su vez distinto del que parte el masorético y el latino en la Vulgata. De ahí que se encuentren miles de variantes, a las que luego se deben sumar las encontradas entre los textos griegos que mencioné.

Pero tomemos las copias más antiguas de la Biblia, el Codex Vaticanus y el Sinaiticus (siglo IV e.c.):

–  Podemos observar el Codex Vaticanus o Codice Vaticano B. Sabemos de él que entre el siglo VIII y el X sufrió modificaciones realizadas por los copistas. Observando, por ejemplo, los papiros más antiguos, como el P75 mostrado más arriba, se obtiene una coincidencia del 92% en Juan y 94% en Lucas.

Codex vaticano

– Podemos observar en el Codex Sinaiticus o Sinaítico. Sabemos, gracias a que en 1938 se realizó un Estudio Paleográfico del Códice Sinaítico, una copia de la Septuaginta (LXX) y del NT, se descubrió que entre los siglos VI y VIII este había sido alterado con hasta 14800 alteraciones: omitía 4000 palabras a la vez que añadía unas 1000; Cambiaba de lugar y alteraba otras 3000 y contenía 1500 lecturas que no aparecen en ningún otro manuscrito (Tischendorf)

codexlge

 

Conclusión

Resumiendo todo lo mostrado, es normal que el religioso, a la hora de difundir sus creencias, se vea en la necesidad de reforzar constantemente en su comunidad la confianza ciega en sus afirmaciones y en su Biblia. El creyente religioso debe confiar, por orden (y sin contar con que el creyente no haya leído la biblia, como sucede con la mayoría de ellos, y simplemente se base en la confianza que tiene en quien le predica):

1º.- Que los «textos sagrados» que lee son una revisión y traducción correcta no intencionada,

2º.- producto de una copia no intencionada y con errores, de una copia no intencionada y con errores, de una copia no intencionada y con errores,

3º.- y así hasta llegar, pasando por un centenar de copias no sesgadas, a una copia que se remonta, no hasta el original, sino hasta otra copia de autoría anónima,

4º.- que además difiere con otra copia anónima,

5º.- ambas escritas en griego y en una zona que no es la que se describe en la narración (de ahí que contengan errores geográficos)

6º.- y todas escritas, según los análisis paleográficos, de entre 30 y 60 años pasados los hechos, que describen (de ahí que además contengan anacronismos)

7º.- basados en el testimonio anecdótico,

8º.- de unos tipos con una serie de creencias sacadas de su época,

9º.- inspiradas en la confianza ciega hacia unas personas que les predicaban,

10º.- basándose a su vez en el punto 1º de unos «textos sagrados» anteriores.

 

Se necesita de un ejercicio de credulidad y confianza ciega bastante inmenso que, cuando por fin lo conoce dicho religioso, hace que se encuentre entre la tesitura de seguir excusándolo o asumir que le han estafado.

Algunos, con tal de no abandonar sus posturas, se ven abocados a autoengañarse argumentando, como defensa, que quienes no creemos lo mismo que ellos necesitamos la misma o igual “fe” que ellos. Postura absurda que, como han podido ver, pierde fuelle fácilmente una vez sabes qué tiene como evidencia dicha religión.

 

Fuentes, referencias y bibliografía:

Listado de papiros del Nuevo testamento.

Papiros del Nuevo testamento

Jesús no dijo eso: Los errores y falsificaciones de la Biblia – Bart D. Ehrman

Lo orígenes de la escritura – Wayne M. Senner

Espacio entre palabras – Paul Saenger.

Historia de la puntuación – Beltrán Mena.

Se han añadido además enlaces y referencias al propio artículo.

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