"Se puede asumir con cierta seguridad que uno ha creado a Dios a su propia imagen cuando resulta que Dios odia a toda la misma gente que uno."

Anne Lamott

Contra los cristianos – Porfirio

Porfirio (233d.C. -305 d.C), nace en Tiro de Fenicia, crece en el seno de una familia noble. Su vida transcurre entre Atenas Roma y Sicilia. Én ésta última parece que compuso los comentarios de Aristóteles y redactó su tratado "Contra Christianos", obra que generaría, tras su muerte, la hostilidad de los emperadores cristianos.

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Porfirio (233d.C. -305 d.C), nace en Tiro de Fenicia, crece en el seno de una familia noble. Su vida transcurre entre Atenas Roma y Sicilia. Én ésta última parece que compuso los comentarios de Aristóteles y redactó su tratado «Contra Christianos», obra que generaría, tras su muerte, la hostilidad de los emperadores cristianos.

La crítica de la época

La obra de Porfirio puede servirnos para darnos una perspectiva más amplia de cómo era considerada la religión cristiana en los primeros siglos. Alguno se sorprenderá al saber que esta secta emergente era considerada por la gente de aquella época como un grupo de «ateos» simplemente porque estos no creían en las deidades politeístas en las que el resto de la población sí creía. Así mismo, podemos observar gracias a lo que ha sobrevivido de la obra de los críticos del cristianismo, que ya en aquella época se les criticaba a los cristianos por los mismos motivos que ahora: por su incoherencia y por buscar con el populismo adeptos entre la gente más inculta y analfabeta.

Lo que, por suerte para el cristianismo, englobaba a la mayor parte de la población hizo que esta secta aumentara de número progresivamente en poco tiempo. Esta realidad histórica, que hoy día es motivo de agravio para un cristiano (a nadie le gusta que le digan que pertenece a una secta que busca la gente más «simple»), se muestra perfectamente en la crítica que el cristianismo hizo desde sus inicios de todo aquello que oliera a pensamiento crítico (véanse, por ejemplo, las declaraciones de cristianos como Tertuliano – s. II d.e.c.) y en sus propias declaraciones en defensa de la crítica que se hacía de sus afirmaciones, pues según ellos mismos, los textos estaban dirigidos para este tipo de gente (en las palabras del propio Eusebio y de Macario Magno, s. IV d.e.c.). El peligro para los críticos de esta secta divida en comunidades dispares que no tardan en insultarse y agredirse incluso entre ellos (vénsae sus Adversus haereses), es que está repleta de charlatanes que no dudan de aprovecharse de este tipo de gente más simple.

Tal es el linaje de donde salieron los cristianos. La
rusticidad de los judíos ignorantes los dejó caer en los
sortilegios de Moisés. Y, en estos últimos tiempos, los
cristianos encontraron entre los judíos un nuevo Moisés
que los sedujo de una forma aún mayor. Él pasa entre
ellos por hijo de Dios y es el autor de su nueva doctrina.
Agrupó en torno suyo, sin selección, una multitud
heterogénea de gentes simples, groseras y perdidas por
sus costumbres, que constituyen la clientela habitual
de los charlatanes y de los impostores, de modo que la
gente que se entregó a esta doctrina nos permite ya
apreciar qué crédito conviene darle.

Fuente: El discurso verdadero, 6 – Celso

Coinciden, también, toda la crítica de autores como Porfirio, como por ejemplo Luciano o su amigo Celso, en que la mayor parte de ideas que usa el cristianismo este las ha robado del helenismo. Pues estos charlatanes, para ellos, no dudan de apropiarse de todo tipo de ideas ajenas que incorporan a sus creencias e ideas más particulares, como si estas fueran originales, cuando en realidad se pueden observar en todo tipo de religiones, como la griega, la egipcia, la fenicia, etc.).

Es preciso incluso que las creencias
profesadas se fundamenten también en la razón.
Los que creen sin examen todo lo que se les dice se parecen
a esos infelices, presas de los charlatanes, que corren
detrás de los metragirtos, los sacerdotes de Mitra,
o de los sabacios y los devotos de Hécate o de otras divinidades
semejantes, con las cabezas impregnadas de
sus extravagancias y fraudes. Lo mismo acontece con
los cristianos. Ninguno de ellos quiere ofrecer o escrutar
las razones de las creencias adoptadas. Dicen generalmente:
«No examinéis, creed solamente, vuestra fe
os salvará»; e incluso añaden: «La sabiduría de esta vida
es un mal, y la locura un bien».

Fuente: El discurso verdadero, 4 – Celso

Porfirio y «Contra los cristianos»

He aquí un resumen del artículo nº 34 publicado por la revista internacional de filosofía Daimon:

Alrededor del año 270, Porfirio escribió una obra titulada  Kathà Christianón (Contra los cristianos) dirigida contra la comunidad cristiana que crecía en territorio pagano y, en concreto, en Roma. Este escrito desgraciadamente se ha perdido, conservando únicamente una serie fragmentos que nos han llegado gracias a sus adversarios. Es pues, a partir de esos materiales que todavía es posible hacerse una idea sobre el contenido de la obra y de las tempranas objeciones que desde la filosofía pagana se hicieron al cristianismo. Ya en sus textos este afirmaba la imposibilidad de que el Antiguo testamento fuera escrito por Moisés. Así mismo, en él ya residían todas las críticas que más tarde la crítica textual haría sin saberlo. El tiempo y la evidencia, en ambos casos, acabaría dándole la razón en muchos aspectos de su crítica.

La obra de Porfirio, al igual que ya sucedería con Celso, fue tres veces condenada y llevada a la hoguera: la primera condena vino por parte de Constantino, quien, antes del concilio de Nicea y mediante un edicto (ca. 320) que no se conserva, la envió a las llamas.  A él le siguieron, el 16 de febrero de 448, el edicto de Valentiniano III (emperador de Occidente) y Teodosio II (emperador de Oriente), que ordenaron la destrucción de todo aquello que Porfirio había escrito contra el culto santo de los cristianos. Estas medidas fueron tan efectivas que, según el teólogo luterano Adolf von Harnack, «la malvada obra ya no se podía encontrar en ningún sitio a mediados del siglo V».

Los fragmentos que poseemos de esta obra ascienden a unos 110 en total. El editor crítico
de los primeros 97 fragmentos, el profesor Adolf von Harnack, los dividió en cinco apartados: I)
Crítica de los Evangelistas y Apóstoles como fundamento de la crítica al Cristianismo; II) Crítica
al Antiguo Testamento; III) Crítica de los hechos y dichos de Jesús; IV) Dogmática y V) Para el
presente eclesiástico.

Según von Harnack, que sigue las indicaciones de Jerónimo, tenemos:

  • Methodius de Olimpus, quien compuso, seguramente en vida de Porfirio, un breve escrito en el que criticaba la hipótesis porfiriana sobre el libro de Daniel.
  • A él le siguió, después del edicto de Constantino, una gran obra en 25 libros de Eusebio de Cesarea,
  • Más tarde, la refutación de Apolinarius de Laodicea en 30 libros.
  • La cuarta réplica cobra carácter de extraordinaria al ser la fuente de la mayoría de los fragmentos
    porfirianos: Μάγνητος Ἀποκριτικὸς ἢ Μονογενής πρὸς Ἓλληνας
     de Makarius Magnes, escrita alrededor del año 400. En esta obra, Makarius Magnes combatía y refutaba, sin saberlo, la obra de Porfirio, al tener un resumen de ella que, anónimamente, se hizo a principios del siglo III.

 

Así pues, de los 97 fragmentos reunidos por von Harnack en 1916, «52 de los transmitidos por
Makarius Magnes se pueden reconocer
esencialmente como porfirianos». El resto de los fragmentos, 45, provienen, principalmente, de San Jerónimo y de Eusebio de Cesarea.

Según señalaba ya Porfirio en su día:

«Los evangelistas son los inventores, no los historiadores de los hechos acaecidos a Jesús».

Y añade todavía en tono peyorativo y acusativo:

«esos astutos y hábiles sofistas hipotetizan, ya que se inventaron lo que nunca tuvo lugar y adscribieron a su maestro lo que no le había sucedido a él mismo».

La razón por la cual mentirían y engañarían a las personas, asegura Porfirio, sería para ganarse
una «audientium simplicitate et impiritia» (Frag. 5). Y es que, como ya denunció en su momento
Celso (véase más arriba), el cristianismo huye de allí donde está la sabiduría, es decir, donde está la comunidad de sabios, y se dirige principalmente al vulgo rústico e ignorante para ganarse su confianza y, aprovechándose de esta «simplicitate et impiritia», realizar curaciones y conjuros mágicos, como el más vulgar mago ambulante, haciéndose ricos a su costa. Así lo expresa Porfirio según Jerónimo:

«[Los evangelistas] son hombres rústicos y pobres, que no saben nada; sólo hacen señales gracias a la magia. Pero no es gran cosa hacer señales, puesto que ya lo hicieron tanto los magos de Egipto contra Moisés como Apolineo, Apuleyo e infinitos otros».

Fuente: Contra Christianos: la crítica filológica de Porfirio al cristianismo – Revista Daimon

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Far Voyager
Far Voyager
6 años atrás

Los que hemos visto cómo»funcionan» los evangélicos (la iglesia católica no lo necesita, al menos en el primer mundo) vemos todo eso muy familiar.

Mientras tanto, sigue sin aparecer una «Biblia 2.0» actualizada que refleje todo lo que hemos averiguado en estos 2000 años y no sólo en temas científicos. Me parece que podemos esperar sentados a que dejen de usar textos de entre la edad de Bronce y la época del Imperio romano.

Alexis Canseco
Alexis Canseco
4 años atrás

Lo irónico de todas estas obras es que solo quedan fragmentos y algunas escasas copias, pero de los filósofos cristianos, Orígenes, Ignacio de Antioquia, agustín de hipona policarpo de esmirna, etc. sobreviven muchos escritos y cientos de copias, incluso el NT tiene mas de 5000 copias, mas que los escrito de platón o aristóteles que les sobreviven menos de 50 copias y la mayoría con un lapso de 500 a 1400 años (lo cual las hacen muy dudosas) y del nuevo testamento son 50 años.
otra cosa interesantes es que muchos padres apologistas refutaron varios escritos de las filosofias giregas.

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