"No sé si exista Dios, pero sería mejor para Su reputación que no."

Jules Renard

El silencio sobre Jesús

Cuando hablamos de la ausencia de evidencias en Historia en pocos casos se suele usar para justificar que un personaje mitológico existe la excusa argumental de "la ausencia de pruebas no es prueba de ausencia" excepto cuando hablamos de algo que tiene que ver con la religión. Lo que no tienen en cuenta, quienes usan tal argumento, es que una falacia ad ignorantiam también funciona en el sentido inverso (principio de suficiencia) ni tampoco excluye a quien afirma que algo existe de la carga probatoria. Y es que la única forma de confirmar algo es encontrando evidencia externa que la respalde, y más cuando hablamos en un sentido científico (que es como funciona la historiografía). Así que aunque me lo hayan leído siempre y me lo vayan a seguir leyendo, lo que haré ahora será exponer detalladamente aquello que digo: no hay fuentes que confirmen la existencia del Jesús mencionado por los autores evangelistas: unos autores anónimos que escriben en griego koine y que no tenían mucha idea ni de la cultura ni de la geografía de la decápolis en la que deciden situar a su mesías (Richard Packman listó unos 42 errores). Todo lo que hay es silencio.

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Cuando hablamos de la ausencia de evidencias en Historia en pocos casos se suele usar para justificar que un personaje mitológico existe la excusa argumental de «la ausencia de pruebas no es prueba de ausencia» excepto cuando hablamos de algo que tiene que ver con la religión. Lo que no tienen en cuenta, quienes usan tal argumento, es que una falacia ad ignorantiam también funciona en el sentido inverso (principio de suficiencia) ni tampoco excluye a quien afirma que algo existe de la carga probatoria. Y es que la única forma de confirmar algo es encontrando evidencia externa que lo respalde, y más cuando hablamos en un sentido científico (que es como funciona la historiografía).

Así que aunque me lo hayan leído siempre y me lo vayan a seguir leyendo, lo que haré ahora será exponer detalladamente aquello que digo: no hay fuentes que confirmen la existencia del Jesús mencionado por los autores evangelistas: unos autores anónimos que escriben en griego koine y que no tenían mucha idea ni de la cultura ni de la geografía de la decápolis en la que deciden situar a su mesías (Richard Packman listó unos 42 errores). Todo lo que hay es silencio.

El silencio de las fuentes cristianas

Ya expuse en un artículo las mentiras de los escribas cristianos, pero hagamos un repaso de las principales fuentes citadas por estos.

De Plinio, Tácito y Suetonio ya hablé más extensamente, pero puede resumirse en:

Plinio el Joven (61-115 e.c) habla de un «mesías» (cristo) como parte de la creencia de los cristianos. De su correspondencia con Trajano sabemos que él, pese a vivir en la segúnda mitad de siglo, no tenía ni idea hasta entonces de quienes eran los cristianos.

Cornelio Tácito (117 e.c) no habla de cristianos sino chrestianos. Resulta que se descubrió que su texto era una interpolación posterior. Pero hablamos de silencio ¿no? El hecho de que se introdujo la interpolación a posteriori se confirma cuando ni Tertuliano, ni Orígenes, ni Clemente de Alejandría lo mencionan para defenderse de las críticas. Es más: ni uno solo de los Padres del cristianismo lo menciona. Algo que veremos también más adelante con otro autor al que los amables cristianos le interpolaron un par de pasajes.

Gayo Suetonio Tranquilo ( 119 y 122 e.c) tampoco habla de Cristo sino de unas revueltas judías relacionadas con un tipo de nombre romano llamado Chrestus.

Un segundo bloque son Mara Bar Seraión y Flavio Josefo:

De Mara Bar Separion, del cual solo se sabe que fue un filósofo estoico sirio, solo tenemos una carta cuya datación más temprana suele situarse en el 73 e.c. aunque posiblemente fue escrita entre la segunda mitad del siglo II y el III e.c. de la cual solo queda una copia manuscrita siriaca del siglo VII bastante escueta y ambigua en la cual solo se habla de la muerte de un «rey sabio» de los judíos.

Y de Flavio Josefo (37 – c. 100 e.c.) ¿alguno no se ha enterado todavía que el texto de este judío convencido, ese nombrado como «testimonio flaviano», no es más que otra interpolación cristiana posterior? Tal vez muchos conozcan que de este «testimonio» hay dos partes y piensen que la parte dedicada a «Santiago» al menos sí sirve como aporte testimonial. Dense entonces un repaso a este artículo. Y es que cuando hablamos de silencio ¿por qué no hablamos del silencio de los autores cristianos que en su defensa al cristianismo no usaron este supuesto pasaje de Josefo como prueba? Ni  Justino Mártir, ni Teruliano, ni Clemente de Alejandría y ni Orígenes hacen mención alguna de él para defender a su cristo ante las críticas de autores como Porfirio y Celso, de los cuales, hablando de silencio, se deshicieron de sus obras (de las cuales solo sabemos por las citas que hicieron de ellos esos cristianos al contestarles).

De este último autor, nacido en Jerusalem, quitando las interpolaciones, lo que tenemos además es un texto bastante revelador: tanto en su primera obra (escrita entre el  75 y 79 e.c) como la segunda (escrita entre 93 y el 94), en las cuales hace un repaso a la historia del judaísmo desde el Génesis hasta la guerra judeo-romana, no hace mención alguna ya no solo de un Jesucristo alguno sino de cristiano alguno. Josefo decide contarnos en ambas qué sectas había:

  • En Guerra de los judíos (75 – 79 e.c.):

Había entre los judíos tres géneros de filosofía: el uno seguían los fariseos, el otro los saduceos, y el tercero, que todos piensan ser el más aprobado, era el de los esenios, judíos naturales, pero muy unidos con amor y amistad, y los que más de todos huían todo ocio y deleite torpe, y mostrando ser continentes y no sujetarse a la codicia, tenían esto por muy gran virtud.

Fuente: Guerra de los judíos, Libro 2, Cap VII. 1

  • En Antigüedades judías (93 – 94 e.c.) remarca varias veces cuantas sectas había en la época:

Por esta época existían tres sectas judías, que opinaban diversamente sobre problemas humanos: la de los fariseos, la de los saduceos y la de los esenios. Los fariseos decían que algunas cosas, no todas, se deben al destino; otras dependen de nuestra voluntad que se cumplan o no. Los esenios afirmaban que todo se debe al destino, y que los hombres nada pueden hacer que escape al destino. En cuanto a los saduceos suprimían el destino, diciendo que no es nada y que no interviene para nada en los asuntos humanos, sino que todo está sometido a nuestro arbitrio; de modo que somos autores tanto de los bienes como de los males que nos acontecen por imprudencia nuestra.

Fuente: Antigüedades II, Libro 13, Cap V, 9

Josefo incluso menciona a una secta más en tiempos del Censo de Quirino (6 e.c.):

Judas y Saduco, que introdujeron entre nosotros la cuarta secta filosófica y contaron con muchos seguidores, no solamente perturbaron al país con esta sedición, sino que pusieron las raíces de futuros males con un sistema filosófico antes desconocido. Quiero decir algo sobre el particular, tanto más cuanto que la adhesión de la juventud a esta secta causó la ruina del país.
2. Desde muy antiguo había entre los judíos tres sectas filosóficas nacionales: la de los esenios, la de los saduceos y la tercera que se denominaba de los fariseos.

Fuente: Antiguedades judías III, Libro 18, Cap I,  1.

Que cuando, de joven, buscó activamente las sectas que había no encontró más que las tres mencionadas:

Mi padre, pues, Matatías, fue hombre tenido en mucho, no sólo por su nobleza, pero mucho más por su virtud, por cuya causa fue conocido en toda Jerusalén cuan grande es. Yo, desde mi niñez, con un hermano mío de padre y madre, llamado Matatías, anduve al estudio, y aproveché notablemente, y di muestra de aventajarme tanto en entendimiento y memoria, que cuando había catorce años, ya tenía fama de letrado, y tomaban consejo conmigo los pontífices y principales del pueblo sobre el sentido más entrañable de la ley. Después, ya que entré en los dieciséis años de mi edad, determiné ver a qué sabían las sectas que había entre nosotros, que, como hemos dicho, eran tres: de fariseos, de saduceos y de esoniosporque pensaba elegiría después con mayor facilidad alguna de ellas, si todas las supiese. Así que caminé por todas tres con mal comer, peor vestir y con grande trabajo, y no contento aún con esta experiencia, como oí decir de un hombre llamado Bano, que vivía en el desierto, vistiéndose del aparejo que hallaba en los árboles y sustentándose de cosas que de suyo produce la tierra, y bañándose, por conservar la castidad, muy a menudo de noche y de día en agua fría, comencé a imitar la forma de vivir de éste, y gasté tres años en su compañía, y después de haber alcanzado lo que deseaba, volvime a la ciudad. Ya tenía diecinueve años cuando comencé a vivir en la ciudad, y apliquéme a guardar los estatutos de los fariseos, que son los que más de cerca se llegan a la secta de los estoicos entre los griegos.

Fuente: Vida de Josefo , 2 (autobiografía escrita en el año 96 e.c.).

y luego una cuarta secta, después, en los tiempos del procurador romano de Judea, Gesio Floro (64 y 66 e.c.):

6. Además de estas tres sectas, el galileo Judas introdujo una cuarta. Sus seguidores imitan a los fariseos, pero aman de tal manera la libertad que la defienden violentamente, considerando que sólo Dios es su gobernante y señor. No les importa que se produzcan muchas muertes o suplicios de parientes y amigos, con tal de no admitir a ningún hombre como amo. Puesto que se trata de hechos que muchos han comprobado, he considerado conveniente no agregar nada más sobre su inquebrantable firmeza frente a la adversidad; no temo que mis explicaciones sean puestas en duda, sino que al contrario temo que mis expresiones den una idea demasiado débil de su gran resistencia y su menosprecio del dolor. Esta locura empezó a manifestarse en nuestro pueblo bajo el gobierno de Gesio Floro, durante el cual, por los excesos de sus violencias, determinaron rebelarse contra los romanos. Estas son las sectas filosóficas existentes entre los judíos.

Fuente: Antigüedades judías III, Libro 18, Cap I, 6

Josefo nace en Jerusalem en el año 37 y desde entonces hasta que escribe Guerra en el 75 no se encuentra con secta cristiana alguna. De hecho, sabemos que describe de una en particular, de la que en el siglo XX encontramos textos en Qumran, que a más de uno podría sonarle familiar algunas de sus doctrinas:

Guerra de los judíos II, Libro 2. Cap VII

…los esenios, judíos naturales, pero muy unidos con amor y amistad, y los que más de todos huían todo ocio y deleite torpe, y mostrando ser continentes y no sujetarse a la codicia, tenían esto por muy gran. virtud. Estos aborrecen los casamientos, y tienen por parientes propios los hijos extraños que les son dados para doctrinarlos; muéstranles e instrúyenlos con sus costumbres, no porque sean ellos de parecer deberse quitar o acabar la sucesión y generación humana, pero porque piensan deberse todos guardar de la intemperancia y lujuria, creyendo que no hay mujer que guarde la fe con su marido castamente, según debe. Suelen también menospreciar las riquezas, y tienen por muy loada la comunicación de los bienes, uno con otro; no se halla que uno sea más rico que otro; tienen por ley que quien quisiere seguir la disciplina de esta secta, ha de poner todos sus bienes en común para servicio de todos; porque de esta manera ni la pobreza se mostrase, ni la riqueza ensoberbeciese; pero mezclado todo junto, corno hacienda de hermanos, fuese todo un común patrimonio. Tienen por cosa de afrenta el aceite, y si alguno fuere untado con él contra su voluntad, luego con otras cosas hace limpiar su cuerpo, porque tienen lo feo por hermoso, salvo que sus vestidos estén siempre muy limpios; tienen procuradores ciertos para todas sus cosas en común y juntos. No tienen una ciudad cierta adonde se recojan; pero en cada una viven muchos, y viniendo algunos de los maestros de la secta, ofrécenle todo cuanto tienen, como si le fuese cosa propia; vénse con ellos, aunque nunca los hayan visto, como muy amigos y muy acostumbrados; por esto, en sus peregrinaciones no se arman sino por causa de los ladrones, y no llévan consigo cosa alguna; en cada ciudad tienen cierto procurador del mismo colegio, el cual está encargado de recibir todos los huéspedes que vienen, y éste tiene cuidado de guardar los vestidos y proveer lo de más necesario a su uso. Los muchachos que están aún debajo de sus maestros, no tienen todos más de una manera de vestir, y el calzar es a todos semejante; no mudan jamás vestido ni zapatos, hasta que los primeros sean o rotos o consumidos con el uso del traer y servicio; no compran entre ellos algo ni lo venden, dando cada uno lo que tiene al que está necesitado; comunícanse cuanto tienen de tal manera, que cada uno toma lo que le falta, aunque sin dar uno por otro y sin este trueque, tienen todos libertad de tomar de cada uno que les pareciese aquello que les es necesario.

Tienen mucha religión y reverencia, a Dios principalmente; no hablan antes que el sol salga algo que sea profano; antes le suelen celebrar ciertos sacrificios y oraciones, como rogándole que salga; después los procuradores dejan ir a cada uno a entender en sus cosas, y después que ha entendido cada uno en su arte como debe, júntanse todos, y cubiertos con unas toallas blancas de lino, lávanse con agua fría sus cuerpos; hecho esto, recógense todos en ciertos lugares adonde no puede entrar hombre de otra secta. Limpiados, pues, y purificados de esta manera, entran en su cenáculo, no de otra manera que si entrasen en un santo templo, y asentados con orden y con silencio, póneles a cada uno el pan delante, y el cocinero una escudilla con su taje, y luego el sacerdote bendice la comida, porque no feos es lícito comer bocado sin hacer primero oración a Dios; después de haber comido hacen sus gracias, porque en el principio y en el fin de la comida dan gracias y alabanzas a Dios, como que de El todo procede, y es el que les da mantenimiento; después dejando aquellas vestiduras casi como sagradas, vuelven a sus ejercicios hasta la noche, recogiéndose entonces en sus casas, cenan, y junto con ellos los huéspedes también, si algunos hallaren.

No suele haber aquí entre ellos ni clamor, ni gritos, ni ruido alguno; porque aun en el hablar guardan orden grande, dando los unos lugar a los otros, y el silencio que guardan parece a los que están fuera de allí, una cosa muy secreta y muy venerable; la causa de esto es la gran templanza que guardan en el comer y beber, porque ninguno llega a más de aquello que sabe serle necesario; pero aunque no hacen algo, en todo cuanto hacen, sin consentimiento El procurador o maestro de todos, todavía son libres en dos cosas, y son éstas: ayudar al que tiene de ellos necesidad, y tener compasión de los afligidos porque permitido es a cada uno socorrer a los que fueren de ello dignos, según su voluntad, y dar a los pobres mantenimiento.

Solamente les está prohibido dar algo a sus parientes y deudos, sin pedir licencia a sus curadores; saben moderar muy bien y templar su ira, desechar toda indignación, guardar su fe, obedecer a la paz, guardar y cumplir cuanto dicen, como si con juramento estuviesen obligados; son muy recatados en el jurar, porque piensan que es cosa de perjuros, porque tienen por mentiroso aquel a quien no se puede dar crédito sin que llame a Dios por testigo. Hacen gran estudio de las escrituras de los antiguos, sacando de ellas principalmente aquello que conviene para sus almas y cuerpos, y por tanto, suelen alcanzar la virtud de muchas hierbas, plantas, raíces y piedras, saben la fuerza y poder de todas, y esto escudriñan con gran diligencia.

A los que desean entrar en esta secta no los reciben luego en sus ayuntamientos, pero danles de fuera un año entero de comer y beber, con el mismo orden que si con ellos estuviesen juntamente, dándoles también una túnica, una vestidura blanca y una azadilla; después que con el tiempo han dado señal de su virtud y continencia, recíbenlos con ellos y participan de sus aguas y lavatonios, por causa de recibir con ellos la castidad que deben guardar, pero no los juntan a comer con ellos; porque después que han mostrado su continencia, experimentan sus costumbres por espacio de dos años más, y pareciendo digno, es recibido entonces en la compañía. Antes que comiencen a comer de las mismas comidas de ellos, hacen grandes juramentos y votos de honrar a Dios, y después, que con los hombres guardarán toda justicia y no dañarán de voluntad ni de su grado a alguno, ni aunque se lo manden; y que han de aborrecer a todos los malos y que trabajarán con los que siguen la justicia de guardar verdad con todos y principalmente con los príncipes; porque sin voluntad de Dios, ninguno puede llegar a ser rey ni príncipe. Y si aconteciere que él venga a ser presidente de todos, jura y promete que no se ensoberbecerá, ni usará mal de su poder para hacer afrenta a los suyos; pero que ni se vestirá de otra diferente manera que van todos, no más rico ni más pomposo, y que siempre amará la verdad con propósito-e intención de convencer a los mentirosos; también promete guardar sus manos limpias de todo hurto, y su ánima pura y limpia de provechos injustos; y que no encubrirá a los que tiene por compañeros, que le siguen, algún misterio; y que no publicará algo de los a la gente profana, aunque alguno le quiera forzar amenazándole con la muerte. Añaden también que no ordenarán reglas nuevas, ni cosa alguna más de aquellas que ellos han recibido. Huirán todo latrocinio y hurto; conservarán los libros de sus leyes y honrarán los nombres de los ángeles.

Con estos juramentos prueban y experimentan a los que reciben en sus compañías, y fortalécenlos con ellos; a los que hallan en pecados échanlos de la compañía, y el que es condenado muchas veces, lo hacen morir de muerte miserable; los que están obligados a estos juramentos y ordenanzas no pueden recibir de algún otro comer ni beber, y cuando son echados, comen como bestias las hierbas crudas de tal manera, que s les adelgazan tanto sus miembros con e1 hambre, que vienen finalmente a morir; por lo cual, teniendo muchas veces compasión de muchos, los recibieron ya estando en lo último de si vida, creyendo y juzgando que bastaba la pena recibida por la delitos y pecados cometidos, pues los habían llevado a la muerte.

Son muy diligentes en el juzgar, y muy justos; entienden en los juicios que hacen no menos de cien hombres juntos, y lo que determinan se guarda y observa muy firmemente; después de Dios, tienen en gran honra a Moisés, fundador de sus leyes, de tal manera, que si alguno habla mal contra él, es condenado a la muerte.

Obedecer a los viejos y a los demás que algo ordenan o mandan, tiénenlo por cosa muy aprobada; si diez están juntos no hay alguno que hable a pesar de los otros; guárdanse dé escupir en medio o a la parte diestra, y honran la fiesta del sábado más particularmente y con más diligencia que todos los otros judíos; pues no sólo aparejan un día antes por no encender fuego el día de fiesta, ni aun osan mudar un vaso de una parte en otro, ni purgan sus vientres, aunque tengan necesidad de hacerlo.

Los otros días cavan en tierra un pie de hondo con aquella azadilla que dijimos arriba que se da a los novicios, y por no hacer injuria al resplandor divino, hacen sus secretos allí cubiertos, y después vuelven a ponerle encima la tierra que sacaron antes, y aun esto lo suelen hacer en lugares muy secretos; y siendo esta purgación natural, todavía tienen por cosa muy solemne limpiarse de esta manera; distínguense unos de otros, según el tiempo de la abstinencia que han tenido y guardado, en cuatro órdenes, y los más nuevos son tenidos en menos que los que les preceden, tanto, que si tocan alguno de ellos, se lavan y limpian, no menos que si hubiesen tocado algún extranjero; viven mucho tiempo, de tal manera, que hay muchos que llegan hasta cien años, por comer siempre ordenados comer es y muy sencillos, y según pienso, por la gran templanza que guardan. Menosprecian también las adversidades, y vencen los tormentos con la constancia, paciencia y consejo; y morir con honra júzganlo por mejor que vivir.

La guerra que tuvieron éstos con los romanos, mostró el gran ánimo que en todas las cosas tenían, porque aunque sus miembros eran despedazados por el fuego y diversos tormentos, no pudieron hacer que hablasen algo contra el error de la ley, ni que comiesen alguna cosa vedada, y aun no rogaron a los que los atormentaban, ni lloraron siendo atormentados; antes riendo en sus pasiones y penas grandes, y burlándose de los que se lo mandaban dar, perdían la vida con alegría grande muy constante y firmemente, teniendo por cierto que no la perdían, pues la hablan de cobrar otra vez.

Tienen una opinión por muy verdadera, que los cuerpos son corruptibles y la materia de ellos no se perpetúa; pero las quedan siempre inmortales, y siendo de un aire muy sutil, son puestas dentro de los cuerpos corno en cárceles, retenidas con halagos naturales; pero cuando son libradas de estos nudos y cárceles, libradas como de servidumbre muy grande y muy larga, luego reciben alegría y se levantan a lo alto; y que las buenas, conformándose en esto con la sentencia de los griegos, viven a la otra parte del mar Océano, adonde tienen su gozo y su descanso, porque aquella región no está fatigada con calores, ni con aguas, ni con fríos, ni con nieves, pero muy fresca con el viento occidental que sale del océano, y ventando muy suavemente está muy deleitable. Las malas ánimas tienen otro lugar lejos de allí, muy tempestuoso y muy frío, Heno de gemidos y dolores, adonde son atormentadas con pena sin fin.
Paréceme a mi que con el mismo sentido los griegos han apartado a todos aquellos que llaman héroes y semidioses en unas islas de bienaventurados, y a los malos les han dado un lugar allí en el centro de la tierra, llamado infierno, adonde fuesen los impíos atormentados; aquí fingieron algunos que son atormentados los sísifos, los tántalos, los ixiones y los tirios, teniendo, por cierto al principio que las almas son inmortales, y de aquí el cuidado que tienen de seguir la virtud y menospreciar los vicios; porque los buenos, conservando esta vida, sehacen mejores, por la esperanza que tienen de los bienes eterno después de esta vida, y los malos son detenidos, porque aunque estando en la vida han estado como escondidos, serán después de la muerte atormentados eternamente. Esta, pues, es la filosofía de los esenios, la cual, cierto, tiene un halago, si una vez se comienza a gustar, muy inevitable. Hay entre ellos algunos que dicen saber las cosas por venir, por sus libros sagrados y por muchas santificaciones Y muy conformes con los dichos de los profetas desde su primer tiempo; y muy pocas veces acontece que lo que ellos predicen de lo que ha de suceder, no sea así como ellos señalan.

Hay también otro colegio de esenios, los cuales tienen el comer, costumbres y leyes semejantes a las dichas, pero difiere en la opinión del matrimonio; y dicen que la mayor parte de la vida del hombre es por la sucesión, y que los que aquello dicen la cortan, porque si todos fuesen de este parecer, luego el género humano faltaría; pero todavía tienen ellos sus ajustamientos tan moderados, que gastan tres años en experimentar a sus mujeres, y si en sus purgaciones les parecen idóneas y aptas para parir, tómanlas entonces y cásanse con ellas.
Ninguno de ellos se llega a su mujer si está preñada, para demostrar que las bodas y ajuntamientos de marido y mujer no son por deleite, sino por el acrecentamiento y multiplicación de los hombres; las mujeres, cuando se lavan, tienen sus túnicas o camisas de la manera de los hombres y éstas son las costumbres de este ayuntamiento.

¿Van deduciendo ya en quienes se inspiraron los turcos y sirios que escribieron el «Nuevo testamento»?

El silencio gregorromano

Pero este artículo va del silencio. Además del silencio de los anteriores autores (pese a que los usaron los cristianos para justitificar a su mesiás) ¿Saben quienes más no dijeron absolutamente nada? A unos 38 autores de la época  y conocedores de la región (42 si tenemos en cuenta a Flavio, Tácito y Suetonio), recopilados por John Eleazer Remsburg, por lo visto no les pareció relevante hacer menció alguna ni de Cristo alguno ni de los cristianos. En su capítulo 2 de su libro El Cristo, titulado como El silencio de los escritores contemporáneos, este hace un listado de esos autores. Este es el listado, que se conoce como la «lista  Remsberg«:

Josefo
Filo-Judeo
Séneca
Plinio el Viejo
Suetonio
Juvenal
Marcial
Persio
Plutarco
Justo de Tiberio
Apolonio
Plinio el Joven
Tácito
Quintiliano
Lucano
Epicteto
Silio Itálico
Estacio
Ptolomeo
Hermogones
Valerio Máximo
Arriano
Petronius
Dion Pruseo
Paterculus
Appianus
Teón de Esmirna
Flegón
Pomponio Mela
Quintius Curtius
Luciano
Pausanias
Valerius Flaccus
Florus Lucius
Favorinus
Phaedrus
Damis
Aulus Gellius
Columella
Dion Crisóstomo
Lisias
Apiano de Alejandría

Remsburg se centró en personas de la época en la que supuestamente vivió Jesús y sus apóstoles, pero a este le faltaron unas cuantas más: los judíos del siglo I y II. Y es que, pese a lo que cree la mayoría, no hubo cristianos de la decápolis, hebreos, hasta bien entrado el siglo III e.c. Así que a la lista anterior además podemos añadirles a toda una serie de personas que deberían haber vivido todos los acontecimientos desde el supuesto nacimiento de Jesús hasta el apostolado de sus seguidores pero que, sin embargo, ni se dieron cuenta de nada de ello: los Tanaim. 

El silencio judío

A pesar de la cantidad de sabios que hubo en el siglo primero (podemos contabilizar a más de 80) y de que según los autores de los evangelios sitúan a su Jesús predicando y teniendo contacto directo con autoridades romanas y judías, no hay ni un solo rastro o comentario de sabio rabínico alguno del siglo I (taná) que hablara ni de Jesús ni de sus discípulos ni de anécdota alguna relacionada con ellos.

Hilel el Anciano (h. 110 a.e.c..-10 e.c.):  ¿Les suena la frase «No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti; todo lo demás es comentario»? Pues la dijo Hilel (Shabat 31a), aunque la «regla de oro» ya fue pronunciada por Confucio siglos antes. Es una de las razones por las que el filólogo Ernest Renan, ajeno a suponer si quiera que de lo que estaba hablando no era de Jesús sino de los autores que escribieron sobre él, aseguraba en Vida de Jesús que Jesús debió haber sido en cierto sentido alumno de Hilel:

Por fortuna para El, tampoco estudió la extravagante escolastica que se ensenaba en Jerusalen y que muy pronto debía constituir el Talmud. Aunque algunos fariseos la habían introducido ya en Galilea, Él no los frecuentó, y cuando mas tarde conoció aquella necia casuística, no le inspiró sino repugnancia. Puede suponerse, sin embargo, que los principios de Hillel no le fueron desconocidos. Hillel, cin-cuenta anos antes que El, había escrito aforismos que tienen muchas analogías con los suyos. Por su pobreza humildemente soportada, por la dulzura de su carácter, por su oposición a los hipócritas y a los sacerdotes, Hillel fue el maestro de Jesús, si puede hablarse de maestro cuando se trata de tan alta originalidad.

Fuente: Vida de Jesús, pags. 90 y 91

Pero no: no lo fue ni en sentido literal ni figurado. Los que sí lo fueron y vivieron en los supuestos tiempos de Jesús fueron los alumnos (tanaim) de Hilel el sabio: Jonathan ben Uzziel y Yohanan ben Zakai (30 a.e.c. – 90 e.c.), que por lo visto también desconocían de existencia alguna del Jesús neotestamentario.

En esa época la cosa estaba dividida entre la Escuela de Hilel (Beit Hillel) y la Escuela de Shamai (50 a.e.c. – 30 e.c.). Autor, sabio y jurista que vivió justo durante los años en los que supuestamente vivió y estuvo activo el «mesías» del cristianismo, y que sin embargo tampoco hizo mención alguna de él. Ni él ni tampoco los alumnos de su escuela (Beit Shamai), algunos de ellos en común con Hilel.

Hilel tuvo un hijo, Simeon ben Hillel, que tampoco conoció a Jesús alguno pese a tener contacto con el Sanedrín, pudiendo haber llegado al cargo incluso de Nasi (נָשִׂיא‎ nāśīʾ) en él a partir del 9 e.c. Este tuvo de hijo a Gamaliel I. Gamaliel es mencionado por el autor neotestamentario de Hechos (que escribe a partir del 70 e.c. y está aceptado que probablemente fue escrito en los 80). Y aquí viene lo bueno: a pesar de que los cristianos datan Hechos en los años 60 y la paleografía en los 80,  Josefo, cuando habla sobre Gamaliel, no menciona nada de lo dicho por el autor de Hechos. Ni que fue maestro de Pablo de Tarso, ni que este interviniera para salvar a apóstol alguno de la muerte. Ni en los relatos de Josefo ni en los de conocido alguno de Gamaliel, incluyendo a su hijo Simeon ben Gamaliel (10 a.e.c. – 69 e.c.). Esto, de todas formas, no impidió a los cristianos realizar su «santa costumbre» de atribuirse para su fe, como seguidores, a gente que jamás fue cristiana. Así, por ejemplo, en tradiciones cristianas posteriores se empezó a afirmar que un ferviente judío, como Gamaliel I, se pasó a ese cristianismo (del que no sabía nada no solo él sino todo su entorno y su familia) en sus últimos años de vida. Así, por ejemplo, Focio (c. 820 – 6 de febrero de 893), también conocido como San Focio o Focio el Grande, relata que Luciano tuvo una «revelación» donde Gamaliel se le aparecía y le contaba sobre su bautismo:

He descubierto, en cambio, que en este libro se convirtió y bautizó el maestro que enseñó la ley a Pablo, Gamaliel. Y que Nicodemo, el amigo que vino de noche, se hizo también amigo del gran día y murió mártir; era primo de Gamaliel, según el libro. Ambos fueron bautizados por Juan y Pedro y el hijo de Gamaliel, llamado también Abib. En cuanto al bienaventurado Nicodemo, cuando los judíos supieron que había sido bautizado, fue golpeado, lo cual soportó valientemente, pero murió poco después.

Esta es la historia en el libro. El autor lo dedicó a Crisipo. Crisipo era un sacerdote de Jerusalén que, mientras escribía un elogio del mártir Teodoro, mencionó en una digresión a cierto Luciano que también era sacerdote de la misma iglesia en Jerusalén en la época en que Juan era Sumo Sacerdote allí.

Este Luciano en el transcurso de una noche, alrededor de la hora tercera, despertó y recibió la revelación de lo que relata. Gameliel se le apareció y le reveló lo siguiente: que era Gamaliel, cuando había sido bautizado y por quien, que Abibos era su hijo y que fueron enterrados en un solo ataúd, y que Esteban, el primer mártir, fue enterrado en la tumba justo hacia el este; a sus pies, en otro ataúd, estaba Nicodemo; relató sus sufrimientos y por qué y de quién fueron soportados. El siguiente ataúd fue el de él y su hijo. Después de estas revelaciones, Gamaliel le pidió a Luciano que no descuidara sus restos y que no los dejara destruidos por el sol y la lluvia. Un terremoto sucedió al mismo tiempo que la visión y ocurrieron muchas curaciones; sobre todo, fue la tumba del primer mártir la que hizo esto abundantemente.

Fuente: Códice 171. Eustracio de Constantinopla: Sobre el estado de las almas después de la muerte. Focio

Y es que cuando no tienes evidencias ¿qué hay mejor que conseguirlas mediante sueños? Pero, lejos de las fantasías cristianas, ni Gamaliel I fue cristiano ni tampoco su hijo Simeon. Pero sigamos con el silencio de estos y sus contemporáneos con respecto a los cristianos y su supuesto líder. De los 80 tanaim del abuelo de Simeon destacaron los ya mencionados Jonathan ben Uzziel y Yohanan ben Zakai. Silencio absoluto de esos 80 y silencio de los 23 a los 71 ancianos que llegaron a formar parte del Sanhedrim pese a que este es mencionado por los autores neotestamentarios como parte implicada contra Jesús. Los eruditos rabínicos, como Shamai o Hilel, legislaban sobre cuestiones que acaecían a asuntos judíos. En ni una sola de sus obras, como la Mishná, que escribió Shamai y que se recopiló en el siglo II e.c. aparece cuestión alguna relacionada con cristianos. Incluso para referirse a tanaím como Elisha ben Abuyah se refieren a él para esquivarlo como «el otro», pero del Yeshua neotestamentario ni eso.

Ananus ben Ananus (I a.e.c. – 68 e.c.), judío saduceo, Sumo Sacerdote en la época herodiana y uno de los líderes de la Primera Guerra judeo-romana en el 66 e.c.  junto con Joseph ben Gurion, mencionado por Josefo e introducido en el párrafo de Santiago, tampoco dejó escrito alguno.

Otro de los tanaim y alumno de Yohanan ben Zakai fue Hanina ben Dosa. Un taumaturgo que junto con Honi «el circulero», además de dejar escritos talmúdicos se dedicaron a hacer milagros mesiánicos. Ambos vivieron en la Galilea del siglo I, teniendo contacto tanto entre ellos como con el resto de rabinos y eruditos. ¿Saben ya qué personaje no figura entre sus actividades? ¿A quién ni un solo escrito que los menciona sitúa entre sus contactos?

Otro tanaim fue Akiva ben Iosef (c. 50 – 135 e.c.), nacido en Lod (Israel),  aproximadamente en el año 80 e.c., cuando tenía 40 años, se dedicó a estudiar la Torah en la academia de su pueblo y 15 años después viajó a Roma para negociar sin éxito a favor de los judíos con el entonces emperador Tito Flavio Domiciano. Se podría decir que se movió por los territorios por donde se debería haber encontrado con cristianos. Después de todo, la ciudad donde vivía (nombrada por los autores neotestamentarios como Lida), fue el lugar donde supuestamente Pedro sanó a Eneas: un tipo que según cuenta el autor de Hechos llevaba 8 años paralítico (Hechos 9:32-33). ¿Cómo es posible que la única constancia de tal milagro realizado por un judío sea un texto escrito en el año 85 e.c. y ni Akiva ni ni uno solo de los conocidos, como los rabbí Gamaliel, Elazar ben Azaria y Joshua ben Hanania (Jesús ben Ananías), supieran de esto? De Hanina ben Dosa y de Honi se cuenta en escritos judíos, como el Talmud, que realizaron milagros como hacer llover ¿y sin embargo no hay ni una mención a la curación ¡de un paralítico!? ¿Uno que debería haber sido conocido por Akiva por ser un vecino de su pueblo? Algún cristiano podría alegar que tal vez no se conocían por ser una población grande, mirando la cantidad de habitantes que tiene ahora (unos 20.000), pero esa cifra se corresponde al crecimiento demográfico experimentado durante el siglo XX e.c. Antes de eso la cosa pintaba distinta:  William M. Thomson visitó Lod a mediados del siglo XIX y la describió como «un pueblo floreciente de unos 2.000 habitantes» ( The Land and the Book, T Nelson and Sons, 1861, pág. 525.). ¡Apenas 2000 habitantes en el siglo XIX! Posiblemente antes 20 siglos atrás la aldea no superara ni los 100 habitantes. Estamos hablando de que en toda Israel, en el siglo I, había aproximadamente unos 80.000 habitantes. Pero ni uno solo de ellos tuvo contacto ni con Jesús ni con sus discípulos.

El silencio del Talmud

Los defensores cristianos ante este apabullante silencio se refugian en argumentos como que los judíos «no escribieron» sobre él o sobre sus seguidores por odio», pero ese es un argumento falaz: judíos despotricando sobre judíos tenemos desde antes incluso del primer siglo. Incluso despotricando sobre líderes mesiánicos de dicho siglo o predicadores de poca monta. Pese a que según Josefo habría entre 6.000 fariseos, 4.000 esenios y aproximadamente 20.000 sacerdotes en total en ese primer siglo, la mayoría de ellos letrados, se tienen que esperar hasta la literatura talmúdica, entre el año 250 y el 700 e.c., para encontrar una sola referencia rabínica a Jesús, y que además es tan dudosa que todavía se discute si es una referencia o no al Jesús neotestamentario (véase este artículo). Una que desde luego no le deja en buen lugar. Lo cual responde también a esa falacia: ¿cuando no tenían poder no dejan testimonio, mención ni crítica alguna sobre el Jesús cristiano pero sí que se atreven en el siglo III e.c.? No, señores. No lo hacen porque, al igual que le pasa a Plinio, a Porfirio o a Celso, hasta el siglo II apenas había nada del cristianismo. No se conocía. Ni una sola mención durante el siglo I. De hecho las primeras menciones en el Talmud surgen a partir del siglo III e.c. y como dije no pintaba muy bien.

La primera vez en la que los cristianos, para atacar a los judíos, en su clásico antisemitismo, mencionan que el Talmud critica a su Jesucristo lo hacen en el año 1236, cuando un clerigo francés, Nicholas Donin, presenta 35 cargos formales contra el Talmud ante el Papa Gregorio IX. ¿La respuesta ante tal acusación, en la que coincidieron todos los eruditos citados? Que en el Talmud no se habla del Yeshua del cristianismo sino de un discípulo de Joshua ben Perachiah. El único judío que discrepa es Yehuda Halevi (c.1075-1141). Que dice que sí, que el citado en el Talmud es Jesús, pero que las fechas cristianas están mal y que este vivió 13 años antes. Más tarde, en Talmud posteriores, se habla del Jesús cristiano pero no como tal sino como Ben Stada (Talmud Shabat 104b, Sanhedrín 67a), un Yeshu (Talmud Sanhedrín 107b, 47a Sotá) y un Yeshu Ben Pandira (Tosefta Julím 2:23), pero ni uno de ellos parece ser tampoco el líder cristiano. De este último, Yeshu ben Pandira, se habla más porque coindice con un texto de Celso:

Volvamos, sin embargo, a las palabras puestas en la boca del judío, donde se describe que «la madre de Jesús» fue «expulsada por el carpintero que estaba comprometido con ella, ya que había sido condenada por adulterio y tenía un niño de cierto soldado llamado Pantera.

Fuente: Contra Celso, Orígenes

Y porque en 1859 se descubrieron en Alemania una lápida romana de un legionario romano que vivió entre el 22 a.e.c. y el 40 e.c. en la que casualmente aparecía el nombre de Tiberius Iulius Abdes Pantera:

Tiberio Julio Abdes Panterade Sidón, de 62 años sirvió 40 años, soldado dela primera cohorte de arqueros yace aquí

Fuente: CIL XIII 7514. Bingerbruck, Alemania

*Crítica que luego se retomaría durante la Edad Media en el Sefer Toledot Yeshu.

Yeshu era un nombre común. Se conocen a almenos 20 personas de la época con ese nombre, varios de ellos mencionados por Flavio Joseo que vivieron en la época del neotestamentario. Pero ni uno solo coincide con el cristiano. Autores como John P. Meier lo excusan en que era «Un judío marginal» (título además de su libro):

Nuestra forma del nombre de Jesús se deriva del hebreo Yeshú, la forma abreviada de la anterior y «más correcta» Yeshúa, que se encuentra en los libros tardíos de la Biblia hebrea’. Pero Yeshúa es, a su vez, una forma abreviada del nombre del gran héroe bíblico ]osué, hijo de Nun, en hebreo Yehoshúa’, el sucesor de Moisés que condujo al pueblo de Israel a la tierra prometida. «Josué» era la forma corriente del nombre usada antes del exilio en Babilonia. Sin embargo, entre los judíos de los tiempos posteriores al exilio babilónico, «Jesús» (Yeshúa y después el más corto Yeshú) se convirtieron en la forma corriente del nombre, aunque «Josué» no desapareció por completo. «Jesús» continuó siendo una forma popular del nombre entre los judíos hasta comienzos del siglo II d. c., cuando acaso la veneración de Jesucristo por parte de los cristianos impulsó a los judíos a dejar de utilizar Yeshúa y Yeshú como nombre personal. En su lugar pusieron un resucitado «Josué» como forma común del nombre, que es la que llevaron buen número de rabinos destacados. De este modo, «Jesús» se convirtió en un nombre raro entre los judíos después del siglo II .

Cuesta a los cristianos hoy apreciar que Jesús de Nazaret no destacó en la mente de sus contemporáneos por el simple hecho de llamarse «Jesús». Por reverencia, los cristianos en general (salvo los de tradición española y latinoamericana) no ponen el nombre de Jesús a hijos, ya causa de ello les suena extraño y sagrado. Éste no era el caso en el siglo l. Tan corriente era entonces el nombre de Jesús que había que añadir alguna expresión descriptiva como «de Nazaret» o «el Cristo (Mesías)» para distinguirlo de los muchos otros que llevaban ese nombre. Josefo menciona en sus escritos unos veinte hombres llamados Josué o Jesús (el griego usa la misma forma, Ἰησοῦς, para «Josué» y para «Jesús»), de los que no menos de diez pertenecen a la época de Jesús de Nazaret. Entre los Josués de que habla Josefo se encuentra no sólo el sucesor de Moisés, sino también un sumo sacerdote posterior al exilio y Josué (Jesús) ben Ananías, un campesino que, habiendo profetizado contra el templo, fue entregado por los sacerdotes de Jerusalén al procurador, quien lo azotó antes de ponerlo en libertad (G.]. 6.5.3 §300-3). Ni el nombre ni la suerte sufrida por el Nazareno fueron tan excepcionales.

El problema con la justificación de Meier es que el poner apelativos como «de Nazaret» o «el Cristo» tampoco habría sido identificativo en la época. Al problema del término «Nazaret» viene también el del término «Cristo». Cristo es una latinización del griego  Χριστός (Christós) que simplemente significa «mesías» (מָשִׁיחַ, Māšîaḥ). Antes y durante el siglo I mesías (cristos) con el nombre Yeshu o Yeshua habrí habido varios. De los desconocidos no podemos hablar (es una especulación) pero sí de algunos documentados. El más similar, como ya expuse en otro artículo, fue un Yeshu, hijo de un campesino, que predicaba, que crea un altercado en el templo y que es azotado, solo que este Jesús mesiánico no es hijo de un José sino de un Ananías y el procurador no es Pilatos sino Albino, sucesor de Festo (La guerra de los judíos”, Libro VI, 300-309). Desde el autor de Marcos hasta el de Juan se nos presenta además a un Jesús contradictorio: son fuentes que se copian y en algunos casos, como pasa entre Lucas y Mateo, incluso se contraponen; que no coinciden en su testimonio y que cometen errores geográficos, históricos, culturales, etc. Lo cual nos puede arrojar la pregunta ¿el Jesús neotestamentario se creó de retazos de otros personajes?

El silencio de Saulo

Un pueblo de judíos helenizados de la diáspora pertenecientes a las tribus del norte de Israel que se refugió en Asiria, donde aparece el arameo neotestamentario (siriaco), podrían a ustedes sonarles: los samaritanos. Y es en estos, en sus descendientes, en quienes debiéramos fijarnos cuando hablamos de los autores cuyo conocimiento bíblico se basaba en la LXX y cuyo conocimiento cultural y geográfico se basaba en información de oídas. Es en Hechos 22:3, de nuevo, donde su autor sostiene que Saulo de Tarso (Asia Menor: la actual Turquía) dijo que era discípulo de Gamaliel:

«Yo soy judío. Nací en Tarso de Cilicia, pero me crié aquí en Jerusalén y estudié bajo la dirección de Gamaliel, muy de acuerdo con la ley de nuestros antepasados»

Podemos ver, con toda la información anterior, que en ni una sola fuente judía se menciona que entre los contactos de Gamaliel I estuviera un turco llamado Saulo. Ni entre él ni entre sus allegados. Y es curiosa además otra cosa: que en vez de acudir al autor de Hechos cuando se habla de Saulo (Pablo, para los amigos hispanohablantes) este texto escrito a finales de siglo, para hablar de los viajes de ese Pablo, parezca haber tenido como fuente a Josefo.

Poco después se disolvió el matrimonio de Drusila y Aziz por el siguiente motivo. Siendo Félix procurador de Judea, al ver a Drusila, que sobresalía en hermosura entre las demás mujeres, se inflamó de deseo por ella. Le envió un judío chipriota, de nombre Simón, que pretendía ser mago, para persuadirla que dejara a su marido y se casara con él, prometiéndole hacerla feliz si accedía a este deseo. Ella, no obrando bien, y con miras a escapar a la envidia de su hermana Berenice, pues la fastidiaba frecuentemente a causa de su hermosura, se dejó persuadir en contra de las leyes patrias, para casarse con Félix.

Fuente: Antiguedades judías, Libro 20, Cap 7, 2

 

Y ellos, enviados así por el Espíritu Santo, descendieron á Seleucia: y de allí navegaron á Cipro (Chipre).

Y llegados á Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los Judíos: y tenían también á Juan en el ministerio.

Y habiendo atravesado toda la isla hasta Papho, hallaron un hombre mago, falso profeta, Judío, llamado Bar jesús;

El cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando á Bernabé y á Saulo, deseaba oír la palabra de Dios.

Mas les resistía Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul.

Fuente: Hechos 13:4-8

 

Pero hablemos del autor epistolar y su silencio. El autor de las 7 epístolas auténticas (sí, también hay falsas entre las 13 cartas disponibles – mentir es una tradición cristiana desde sus inicios) y autoconfesado mentiroso, mantiene un total y absoluto silencio con respecto a la vida de su mesías (Cristo). Uno podría pensar que el autor más cercano a la supuesta época en la que vivió el Jesús descrito en los evangelios tendría algo más que contar sobre ese personaje, pero no. Algunos cristianos han intentado, sin mucho éxito, exponer referencias en las epístolas para establecer una correlación entre el Jesús de dicha correspondencia paulina y el Jesús neotestamentario. Así, por ejemplo, James D. G. Dunn en Jesus Rememberd. Christianity in the Making, vol. 1 (2003), recopilaba en la página 182 lo que según su interpretación eran versos en Pablo haciendo referencia a los evangelios:

  • Rom. 1.16 – Marcos 8.38/Luke 9.26
  • Rom. 2.1/14.10 – Lucas 6.37/Matt. 7.1-2
  • Rom. 8.15-17/ – Gal. 4.4-6 Abba
  • Rom. 12.14 a Lucas 6.27-28/Mateo. 5.44
  • Rom. 12.17/1 Tesa. 5.15 – Mateo 5.39/Lucas 6.29
  • Rom. 12.18 – Marcos 9.50
  • Rom. 13.7 – Marcos 12.17 pars.
  • Rom. 13.9 – Marcos 12.31 pars.
  • Rom. 14.13 – Marcos 9.42 pars.
  • Rom. 14.14 – Marcos 7.15
  • Rom. 14.17 – «Reino de Dios»
  • 1 Cor. 2.7 – Mateo 13.35
  • 1 Cor. 13.2 – Mateo 17.20
  • 1 Tes. 5.2, 4 – Mateo 24.43/Lucas 12.39
  • 1 Tes. 5.13 – Marcos 9.50

Lo que no cuenta Dunn es que las epístolas se escribieron antes del año 60 y los evangelios a partir del año 75 en adelante. Dunn, por si todavía no se entiende, está estableciendo una correlación inversa: no tiene en cuenta la posibilidad de que fueran los autores neotestamentarios quienes introdujeran ciertas referencias paulinas, y no al revés. Pero es que aunque fuera al revés, que no lo es, si nos atenemos a dichas referencias lo único que podemos sacar en claro es que las similitudes son muy pobres, generales y subjetivas como para establecer que Pablo conociera lo que «dijo Jesus» según los evangelios. También podemos observar, si leemos las referencias, que estas poco o nada tienen que ver con lo que es la biografía de Jesús. No dicen absolutamente nada sobre ella. Y en mayor parte tiene sentido que Saulo de Tarso no supiera nada de la vida de Jesús: según él mismo este jamás llegó a conocerlo:

2 Corintios 12:2

«Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años -si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre -en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar».

Todo lo que sabía de ese personaje lo sabía por delirios. Así al menos es como lo describe él ahí y como luego lo confirma a finales de siglo el autor de Hechos 9:3-6:

«Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.»

Algo que el propio Saulo confirma en Gálatas 1:11-12:

«Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio que ha sido anunciado por mí, no es según hombre; Pues ni yo lo recibí, ni lo aprendí de hombre, sino por revelación de Jesucristo.»

Dunn nos daba una serie de supuestas referencias al Nuevo testamento en las epistolas paulinas, las que él pudo encontrar, que solo llegan a 15 y en tan solo tres de las 7 cartas auténticas (si no contamos las falsas). Repito: solo 15 referencias en 3 de todas las epístolas. ¿Saben cuantas referencias hay en las epístolas paulinas al Tanaj (Antiguo testamento)? Entre 80 y 100 referencias directas. Aquí tienen unas cuantas:

  • Romanos 1:17 – «Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: ‘Mas el justo por la fe vivirá'» – referencia a Habacuc 2:4.
  • Romanos 3:10-18 – Pablo cita varios salmos en esta sección para demostrar la depravación del ser humano.
  • Romanos 9:15 – «Pues a Moisés dice: ‘Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca'» – Éxodo 33:19.
  • Romanos 11:8 – «Como está escrito: ‘Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy'» – Deuteronomio 29:4 e Isaías 29:10.
  • Romanos 15:9-12 – Pablo cita varios salmos en esta sección para mostrar la inclusión de los gentiles en el plan de salvación de Dios.
  • 1 Corintios 10:1-11 – Pablo utiliza el ejemplo del pueblo de Israel en el desierto, tal como se describe en el libro de Éxodo, para advertir a los corintios sobre los peligros de la idolatría y la desobediencia.
  • 2 Corintios 6:16 – «¿Qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: ‘Habitaré y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo'» – Levítico 26:12 y Ezequiel 37:27.
  • Gálatas 3:10 – «Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: ‘Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas'» – Deuteronomio 27:26.
  • Efesios 4:8 – «Por lo cual dice: ‘Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres'». – proviene de Salmo 68:18.
  • Efesios 5:14 – «Por lo cual dice: ‘Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo'». – Isaías 60:1.
  • Filipenses 2:10-11 – «Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» – proviene de Isaías 45:23.
  • Colosenses 1:15-20 – Pablo presenta a Jesús como el primogénito de toda la creación y continúa citando pasajes que aluden a la sabiduría de Proverbios 8:22-31.
  • 1 Tesalonicenses 4:17 – «Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» – basada en Isaías 26:19 y Daniel 7:13.
  • 2 Tesalonicenses 2:3-4 – «Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios». Esta alusión se refiere a Daniel 11:36 y Daniel 9:27.
  • 1 Timoteo 5:18 – «Pues la Escritura dice: ‘No pondrás bozal al buey que trilla’, y: ‘Digno es el obrero de su salario'». Estas citas provienen de Deuteronomio 25:4
  • 2 Timoteo 2:19 – «Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo». Esta referencia combina pasajes de Números 16:5 y Joel 2:32.
  • Tito 1:12 – «Uno de ellos, su propio profeta, dijo: ‘Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos'». Pablo cita a Epiménides, un poeta cretense del siglo VI a.C., en esta referencia.
  • Filemón 1:9 – «Por amor, más bien, te ruego, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo». Esta alusión a sí mismo como prisionero de Jesucristo puede ser comparada con pasajes como Efesios 3:1 y Filipenses 1:7, donde se refiere a sí mismo de manera similar.
  • Hebreos 1:5 – «Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: ‘Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy’, y otra vez: ‘Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo’?»- basadas en Salmos 2:7 y 2 Samuel 7:14.
  • Hebreos 2:6-8 – «Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ‘¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que lo visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; todas las cosas sujetaste bajo sus pies'». – provienen de Salmos 8:4-6.
  • Santiago 2:23 – «Y se cumplió la Escritura que dice: ‘Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia’, y fue llamado amigo de Dios». – basada en Génesis 15:6 y 2 Crónicas 20:7.

 

Estas son solo 21 de las más de 80 que hay en sus cartas. Además de estas referencias al Tanaj, Saulo no escatima en referenciarse a sí mismo y a sus cartas. De las 37 veces que hace uso de la palabra «apóstol», más de la mitad son en referencia a él mismo. A lo cual uno debería preguntarse ¿Cómo es posible que no hable de la vida de Jesús y este tenga más referencias al Tanaj que las que tiene a Jesús (y si las tiene son vagas y pueden explicarse por correlación inversa)? De nuevo, más silencio. De hecho, tan descarado y obvio es este silencio que la mayoría de apologistas cristianos se dedican a a dar excusas al porqué de este silencio por parte de Pablo.

Algo en lo que apenas nadie cae, cuando se habla de Pablo «el perseguidor de cristianos», es que este nació entre el año 5 y el 10 ec. ¡Solo se sacaban entre 5 y 10 años de diferencia! Cuando Jesús predicaba Saulo ya sabía escribir y tenía contacto supuestamente con Gamaliel. Pero ni Gamaliel, como ya vimos, hizo cuenta de Jesús ni Pablo ya a su mayoría de edad, e incluso con más de los 20 años, tenía conocimiento alguno de las prédicas cristianas, ni de los alborotos que supuestamente estaba realizando en el Templo contra Fariseos y Saduceos. Tan graves según los evangelios, recordemos, que tuvieron que intervenir supuestamente las autoridades romanas. A los 20 años, según Hechos, este fariseo receloso de la tradición judaica, se encontraba persiguiendo a cristianos; el libro de Hechos de los Apóstoles relata que Saulo participó activamente en la persecución de los seguidores de Jesús; en el capítulo 8, se menciona su papel en el arresto y ejecución de Esteban, el primer mártir cristiano; además, en el capítulo 9, se describe su viaje a Damasco con la intención de perseguir y arrestar a los discípulos de Jesús que vivían allí. Y sin embargo, este no tiene nada que decir hasta llegados los 45 años (entre 45 y 50 años de edad), cuando escribe su primera carta (Romanos). De nuevo: silencio absoluto.

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Apologista
Apologista
8 meses atrás

Es impresionante que a pleno 2023 aún hay personas ignorantes que niegan la existencia historica de Jesús ‍♂️.
En fin sigue con tus pajas mentales y tu necedad, porque más que ignorancia en ti hay estupidez.
Saludos.

Far Voyager
Far Voyager
5 meses atrás
Respuesta a  Apologista

Es impresionante que en pleno 2023 aún haya personas ignorantes que -deduzco, ya que lo que quieren es un Jesús cómo el de los evangelios con todo lo sobrenatural en vez de un predicador apocalíptico más- no se preguntan porqué nadie recogió que la oscuridad cubrió todo, el Sol se apagó, o los muertos revivieron cuando Jesús murió en la cruz.

La estupidez, la necedad, y las pajas mentales me parece que están en otro.

Far Voyager
Far Voyager
5 meses atrás
Respuesta a  Apologista

Corrijo, nadie lo describe fuera de los evangelios.

Curioso
Curioso
7 meses atrás

Muy buen artículo.
Pero una pregunta admin: ¿Qué opina de la teoría de que fueron Lactancio y Eusebio de Cesarea los autores del Nuevo Testamento para crear una nueva religión en el imperio romano de Constantino, y que estos además falsificaron muchos de los textos que los cristianos consideran como referencias a Jesús en los historiadores antiguos?

Zimpy
Zimpy
7 meses atrás

Me interesa este tema del «mito de jesús» y se que recomiendas varios libros al respecto,pero,¿Cuál es el mejor libro para empezar está teoría de que Jesús nunca existió?

Roman
Roman
5 meses atrás

Pues ni tácito ni Flavio dudan de la existencia de esta persona, sería muy inverosímil que los judíos se inventaran un mesías tan malo para la visión judía común.

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