Durante la etapa primitiva de la evolución espiritual del género humano, la fantasía de los hombres creó dioses a su propia imagen. Albert Einstein

Volando voy, volando vengo: Elías y el carro volador con caballos de fuego

En la Biblia hay tal cantidad de historias donde a sus personajes les suceden todo tipo de cosas antinaturales y tan incoherentes como los actos que realizan, que hacer un Top de cuales son las más absurdas es casi imposible. No hay ni un solo relato en ella en el que sus autores no se inventen algo fantástico con lo que adornarlo. Aun así, aquí tienen otra de esas joyas del género fantástico dentro de la literatura mitológica con el que pasar el rato. Se trata del relato de Elías: un tipo con no muchas luces (lo normal en prácticamente todos los personajes que figuran en la Biblia) que, junto con el calvo de Eliseo, protagonizan uno de esos relatos repletos de incoherencias mágicas.

Índice de contenido

Piensa en ello…

El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto. Jorge Luis Borges
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on email
Email

En la Biblia hay tal cantidad de historias donde a sus personajes les suceden todo tipo de cosas antinaturales y tan incoherentes como los actos que realizan, que hacer un Top de cuales son las más absurdas es casi imposible. No hay ni un solo relato en ella en el que sus autores no se inventen algo fantástico con lo que adornarlo.

Aun así, aquí tienen otra de esas joyas del género fantástico dentro de la literatura mitológica con el que pasar el rato. Se trata del relato de Elías: un tipo con no muchas luces (lo normal en prácticamente todos los personajes que figuran en la Biblia) que, junto con el calvo de Eliseo, protagonizan uno de esos relatos repletos de incoherencias mágicas.

[toc]

¡Callad!, que tengo que ir de un lado a otro sin ningún sentido

Después de las andanzas de Eliseo haciendo mágia a lo Gandalf (2 Reyes 1:12) huyendo, el capítulo ya empieza con Yahvé queriendo hacer levitar a Elías. ¿Pero qué sucede? Por lo visto no puede porque este venía con Eliseo, quien se empeña en no dejarle sólo pese a que este le insiste constantemente que tiene que irse así, pues Yahvé se lo está ordenando. Al parecer, el no hacer caso de las órdenes divinas es una constante en todos los relatos (muy conveniente para luego soltar la moraleja típica al lector o espectador del «obedece a Dios» que en su defecto siempre es «obedéceme a mi, su representante»).

2 Reyes 2

Y ACONTECIO que, cuando quiso Jehová alzar á Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.

Y dijo Elías á Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado á Beth-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron pues á Beth-el.

Y saliendo á Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Beth-el, dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy á tu señor de tu cabeza? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.

Y Elías le volvió á decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado á Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron pues á Jericó.

Y llegáronse á Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy á tu señor de tu cabeza? Y él respondió: Sí, yo lo sé; callad.

Y Elías le dijo: Ruégote que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron pues ambos á dos.

De un lado a otro, y tiro porque me toca, Elías y Eliseo se van cruzando con personas que les preguntan y este lo único que hace es decirles que se callen. Pero la cosa se pone mejor pues a partir de la llegada de más grupos, Elías se convierte en un «miniMoisés» ¡separando las aguas! (pero de un río)

Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y paráronse enfrente á lo lejos: y ellos dos se pararon junto al Jordán.

Tomando entonces Elías su manto, doblólo, é hirió las aguas, las cuales se apartaron á uno y á otro lado, y pasaron ambos en seco.

El manto debía tener superpoderes o el cauda de «las aguas» de ese «rio» no era gran cosa. Después de eso, en una conversación absurda del estilo del resto de las bíblicas  Elías le dice a Eliseo que pida lo que quiera y a este lumbreras no se le ocurre otra cosa que pedirle que separe su «alma» en dos sobre él. A lo que Elías le responde que si este ve cómo se separa de él su petición se cumplirá y si no, no.

Y como hubieron pasado, Elías dijo á Eliseo: Pide lo que quieres que haga por ti, antes que sea quitado de contigo. Y dijo Eliseo: Ruégote que las dos partes de tu espíritu sean sobre mí.

10 Y él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será así hecho; mas si no, no.

«Donde estará mi carro» y «el espíritu partío»

Finalmente, Elías consigue quitarse de encima al calvo. ¿Cómo? Pues ¡magia! aparece de la nada, de repente, un carro de fuego con caballos ardiendo y Elías, que se sube en él, se va volando al cielo ¿a donde concretamente? ¡pues al cielo! No preguntéis más: para la gente que escribió estos relatos no existía ni la atmosfera, ni mucho menos el espacio exterior. La gente se iba volando al cielo y punto.

11 Y aconteció que, yendo ellos hablando, he aquí, un carro de fuego con caballos de fuego apartó á los dos: y Elías subió al cielo en un torbellino.

12 Y viéndolo Eliseo, clamaba: ­Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de á caballo! Y nunca más le vió, y trabando de sus vestidos, rompiólos en dos partes.

Elías, según el autor del relato se marcha volando en «un carro de fuego con caballos de fuego». Lo normal. ¿Quien no ha visto un carruaje en llamas tirado por caballos también en llamas que vuela?

Eliseo entonces ve el manto que había dejado Elías y lo coge. ¿Y qué sucede? Pues que Eliseo se convierte, al igual que Elías antes, en un miniMoisés que «hiere las aguas» y las aparta a ambos lados deteniendo la corriente y «secando» ese rio para poder pasar.

13 Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y paróse á la orilla del Jordán.

14 Y tomando el manto de Elías que se le había caído, hirió las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo del mismo modo herido las aguas, apartáronse á uno y á otro lado, y pasó Eliseo.

Los «hijos de los profetas», entonces, le ven hacer lo mismo que había hecho Elías y en un alarde de inteligencia y deducción concluyen que Eliseo tiene ahora parte del «espíritu» de Elías sobre él. Por lo visto, los «espíritus» son como las pizzas: pueden dividirse en porciones.

15 Y viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó de la otra parte, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y viniéronle á recibir, é inclináronse á él hasta la tierra.

A continuación el autor, en este relato, describe a estos «hijos de los profetas» como la cosa más tonta que alguien se podía encontrar por aquellos lares. Tanto, que hasta Eliseo (que tampoco podía presumir de tener muchas luces) se avergüenza de ellos.

16 Y dijéronle: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones fuertes: vayan ahora y busquen á tu señor; quizá lo ha levantado el espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte ó en algún valle. Y él les dijo: No enviéis.

17 Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose, dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron.

18 Y cuando volvieron á él, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis?

«Sanando» el agua y «las tierras» con sal

Ya vimos hace tiempo que para esta gente hasta las paredes de las casas podían enfermar de lepra, entre otras perlas de sabiduría (como lo es la «purificación» de la menstruación a través de rituales matando animales) ¿Por qué debería entonces sorprenderse uno en este relato cuando a continuación se describe lo siguiente?

19 Y los hombres de la ciudad dijeron á Eliseo: He aquí el asiento de esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra enferma.

20 Entonces él dijo: Traedme una botija nueva, y poned en ella sal. Y trajéronsela.

21 Y saliendo él á los manaderos de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.

22 Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme á la palabra que habló Eliseo.

El capítulo de estos dos personajes (Elías y Eliseo) acaba, tal y como lo describí en este artículo: con Eliseo matando a «niños»  (o «jóvenes», tal y como lo justifican los religiosos que vinieron a esta web – se ve que matar a adolescentes está mejor) mediante una maldición mágica en la que aparecen osos para atacar a quienes este «maldice».

Conclusión

Hemos tratado esta historia con el humor que se merece tal despropósito de sucesos porque hoy día hay gente, mucha gente, que cree que esto sucedió literalmente. Lo cierto, siendo algo más serios y analizando este relato, es que Elías (Ἠλίας, en la imagen de la derecha) parece ser una versión del Helios (Ἥλιος  , en la imagen de la izquierda) de la mitología griega que los autores, que ya mantenían contacto con Egipto (y su versión egipcia) y con los Pueblos del Mar desde hacía siglos, dejaron plasmada en sus propios mitos.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram
Share on email
Email
Archivos

Artículos relacionados

También pueden interesarle

3 respuestas

  1. Tengo la impresión de que todo esto es creación de un mal viaje/fiebre desmesurada/delirio mental cómo Pablo de Tarso, porque si no no se entiende.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Accede con tu cuenta