La idea de Dios implica la abdicación de la razón humana y de la justicia humana; es la negación mas decisiva de la libertad humana y lleva necesariamente a la esclavitud de los hombres, tanto en la teoría como en la práctica. Mijaíl Bakunin

La manipulación del lenguaje

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Piensa en ello…

Un dogma es la mano de los muertos en la garganta de los vivos. Lemuel K. Washburn
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Lo único que tiene el religioso, la religión, es el lenguaje: carece de evidencias empíricas para demostrar todas y cada una de las afirmaciones antinaturales que este realiza. De hecho, su base principal es lo que está escrito en un libro al que este concede el estatus de «sagrado» e incuestionable. Hasta tal punto es que estos dependen única y exclusivamente del lenguaje que todos sus argumentos se pueden resumir en un «lo dice X». Debido a esto, el lenguaje, la religión se ha visto en la necesidad de explotarlo hasta el límite e incluso, en la mayoría de ocasiones, rebasarlo.

Esto lo he visto y lo sigo viendo en religiosos cuando estos, por ejemplo, para sostener sus creencias retuercen las palabras en un intento de darle la vuelta a sus significados para así poder criticarlos y cuestionarlos.

De uso común son sus argumentos para criticar a la ciencia (básicamente porque esta, con sus descubrimientos, ha ido refutando todas sus aseveraciones): como cuando, por ejemplo, critican a la evolución pensando que esta sostiene cosas que no figuran en ella o como cuando, por otra parte, recurren al «es sólo una teoría» ya que, en su ignorancia, piensan que el concepto «teoría» en ciencias tiene el mismo significado y connotación que en ámbitos populares y puramente coloquiales. Así como cuando creen que «ley» tiene un rango superior al de «teoría» en el ámbito científico o como cuando piensan que un «hecho» en ciencias está por encima de la explicación evidenciada de ese hecho. La última moda, basada en esta tendencia de retorcer el significado de las palabras para criticar a tu oponente ideológico ha sido el renegar del término «religión» para aplicárselo a quienes, precisamente, no siguen ninguna. Como cuando, pretendiendo jugar con la baza falaz de la equidistancia, afirman que «en la ciencia también se cree», como si fuera lo mismo confiar (y no ciegamente) en su metodología y en los resultados palpables obtenidos con esta, sometidos a constante revisión, con su conjunto de creencias inverosímiles basadas en tipos que, como veremos más abajo, solo tienen como argumento el haber «padecido» una «revelación» especial que les da un conocimiento. ¿El conocimiento científico al mismo nivel que el «conocimiento» religioso? Pero ¿para qué voy a detenerme en esos ejemplos tan comunes? En este artículo voy a explicar la manipulación que estos hacen del lenguaje con algo más fundamental en sus creencias: su dios.

Las palabras que usamos tienen un significado. De común acuerdo, de un acuerdo social, es como hemos establecido dichos significados y los hemos regulado para que así, cuando usamos un lenguaje o un término, este signifique algo concreto y no cualquier cosa que al interlocutor se le pase por la cabeza, por mucho que así lo crea este. Así, por ejemplo, en el momento en que usamos «casa» estamos hablando o bien de un Edificio para habitar o de un Edificio de una o pocas plantas destinado a vivienda unifamiliar,  en oposición a piso o de cualquiera de los significados que recoge, en este caso el DRAE o una enciclopedia. Si queremos incluso concretar aún más y saber qué es una casa a lo que recurrimos es a la materia especializada en ello: como lo es la Arquitectura. Lo hacemos, además, basándonos en un contexto pues las palabras, en su contexto, pueden significar la definición 1ª de dicho diccionario o la 6ª: en este caso, una Descendencia o linaje que tiene un mismo apellido y viene del mismo origen.

Nos comunicamos además entre personas, obviamente. Por lo que dichas normas tienen un sentido pues facilitan la comunicación y el entendimiento. Bien podría suceder, y sucede, que algunas palabras en un idioma significaran otra cosa distinta en otro idioma: como «tape» que en español (castellano) es una forma verbal (un sustantivo masculino en singular) de tapar y en inglés significa «cinta». Pero aquí no estamos hablando de este tipo de significados sino de los que se producen cuando uno habla el mismo idioma. Y es que, cuando uno habla dicho idioma no debe prostituir el significado de las palabras para que estas se acomoden a su criterio individual: para que, en pocas palabras, no le sirvan únicamente para sostener su propia ideología y creencias. Esto es algo que sucede con la religión y con los ejemplos que voy a exponer aquí. Pues ni si quiera hace falta apelar a más argumentos que el propio lenguaje para desechar la superstición madre de todas las que han originado muchas mitologías: la creencia en la existencia de un dios.

Según los creyentes religiosos:

1.- Su Dios es un «ser»

Sin embargo, no hay ni una sola evidencia de su existencia. A menudo, el razonamiento empleado para justificar esto es el circular:

A existe y crea B.
¿Cómo  sabes que existe A?
Porque existe B.

¿Les suena de algo este tipo de argumentación?

En otras ocasiones, el religioso ni si quiera se arriesga o cae en ambigüedades y/o usa el término «ente» para referirse a ese personaje que cree existe. Pero ¿qué significa «ente»? Según el DRAE  esto es Lo que es, existe o puede existir.  ¿Puede acogerse el creyente a dicho término? Según los siguientes puntos, no.

2º.- Su Dios está «vivo». O al menos, según sus descripción, lo está

Describen a dicho personaje como algo o «alguien» dotado de vida; algo «vivo». Al menos así se refieren cuando hablan de «él». Para desgracia de tal uso, para que algo se considere «vivo» debe cumplir una serie de requisitos: nacer, crecer, metabolizar, responder a estímulos externos, reproducirse y morir. Si no respetáramos tales principios, cualquier cosa podría considerarse como tal. ¿Una piedra? ¿por qué no deberíamos pues, considerar a una piedra como un ser vivo? ¿está entonces el religioso, basándose en un uso falaz de la semántica, alegando que en vez de creer en el monoteísmo debería creer en el animismo o en el panteísmo?

Supongamos, por ejemplo, que aceptáramos la proposición de que ese personaje es un ser vivo: «alguien». Todavía no hemos conocido (o no tenemos constancia alguna) de un ser, o «alguien», que no reúna tales cualidades. Si reduciéndonos a lo más microscópico ya cuesta considerar, por ejemplo, a un virus como un organismo «vivo» ¿por qué debería entonces hacerse una excepción con tal personaje?

Lo primero que debería hacer el creyente, si quiere demostrar la existencia de dicho personaje más allá del papel y su imaginación, es evidenciar la existencia de un ser vivo («alguien») que no nace producto de una reproducción celular, que no crece, que no metaboliza sustancias químicas, que no tiene ni un sólo órgano que le dote de una capacidad para responder a estímulos externos, que no pueda a su vez reproducirse y generar más descendencia o que no sufra muerte alguna (apoptosis el caso de un organismo celular, si quieremos reducirlo a la unidad más básica viva). Un ser que, a pesar de todas esa carencias, pueda cumplir con tal definición. Esto, ya lo habrán notado, es algo incoherente. Precisamente, porque hemos definido como «ser vivo» u «organismo vivo» a aquello que cumple las caracteristicas básicas para considerarlo como tal, es por lo que ese personaje (dios) no puede existir como «alguien».

3º.- Que ese dios es, además de lo anterior, «consciente» y que este «piensa». O al menos ellos lo describen así, con esta cualidad

Todavía no se conoce a ni un solo ser vivo que pueda pensar o que tenga un mínimo de capacidades intelectuales sin los correspondientes órganos que los generen. ¿Su dios tiene un cerebro o, como mínimo, un sistema nervioso? ¿Conocen de algún ser vivo que pueda pensar, que sea además consciente, sin (como mínimo) un sistema neuronal como para tomar en cuenta tal posibilidad en su deidad favorita?

Lo segundo que debería hacer el creyente, a parte del punto anterior (demostrar la contradicción e incoherencia de un personaje realmente «vivo» sin ni una sola de las capacidades que tiene un organismo vivo), es demostrar que puede generarse «consciencia» sin una sistema físico que la origine; sin algo que transforme impulsos electricos en procesos inteligentes. El religioso debería, por tanto, evidenciar la existencia de un «alguien» «inteligente» sin aquello que produce la inteligencia.

4º.- Que «habla» y dice cosas. En resumen, que puede comunicarse

¿Podrían explicarme cómo lo hace? Existen muchas formas de comunicación: la expresión facial o corporal, los sonidos que se emiten haciendo vibrar el aire a través de unas cuerdas vocales,… Pues bien: la única forma en que este, según ellos describen, «ser vivo pensante» se comunica es a través de los sueños de aquellos que creen en su existencia.

Es muy común el oírles decir «dios dice esto…» o «dios dice» aquello, pero si todavía deberían explicar los anteriores puntos y evidenciar que aquellos términos que ellos usan para referirse a tal personaje son mínimamente posibles, además deberían explicarnos cómo se comunica: cómo saben que lo que estas personas oyeron u oyen en sus cabezas no es simplemente su propia imaginación.

A menudo, ese personaje que tanto habla con frases y palabras en sus textos «sagrados», en el mundo real y actual ¡irónicamente! por lo visto sólo puede comunicarse a través de lo que ellos consideran sucede en el mundo real. Todo se reduce, de nuevo, a su percepción de la realidad. Así que ¿cómo saben que eso que ellos perciben es un ser comunicándose y no simplemente un serie de sesgos?

5º.- Que ese «ser vivo», que piensa, interactúa además con el mundo físico y con la materia

El culmen de todo esto, relacionado especialmente con el último punto (la comunicación), ocurre cuando llegamos a este punto: su «ser vivo pensante», según ellos, es un «ser metafísico». O sea, que según cómo lo describen ellos, este ser o ente no está compuesto ni por materia, ni por energía, ni por vacío; ni mucho menos se encuentra afectado por el tiempo y el espacio. De hecho ni si quiera se encuentra en él ¿Cómo se supone entonces que, según ellos, interactúa con el mundo real en el que vivimos en el que todo lo que lo conforma es precisamente materia, energía y vacío?

Si su «ser» ficticio favorito, ese personaje, no está formado ni por materia, ni por energía, ni contiene un vacío y mucho menos se encuentra dentro del espacio y el tiempo,  su personaje  es «nada». No es entonces nada más que una entelequia. Una construcción mental que no pasa de existir única y exclusivamente como un concepto abstracto y ambiguo que, por su naturaleza onírica, es del todo irracional y totalmente subjetivo (como lo son el resto de personajes que la humanidad nos hemos inventado y que hemos colocado en mitos desde nuestros inicios neolíticos). Al no poder si quiera definirse, al no poder observarse empíricamente, cualquiera puede dotarle de los atributos que mejor le plazcan (a Yahvé, por ejemplo, le fueron colocando los del resto de personajes mesopotámicos).

Si, además. no posee ni una sola de esas cualidades que componen a todo el Universo, todo lo que lo conforma, y además, por cómo lo describen (ya sea por vía escrita o por vía oral), este realiza actos antinaturales (como pasarse ciertas leyes físicas por el arco del triunfo) dicho personaje carece de toda coherencia y sentido. Su personaje, en ese caso, no viene a ser distinto al clásico recurso literario de «lo hizo un mago»: un deus ex machina para tapar huecos en el conocimiento sobre cómo suceden o son las cosas realmente. Lo que comúnmente se denomina como dios de los huecos.

Conclusión

¿Si su dios no es un ser físico (compuesto por materia, energía, etc) ¿de donde extraen entonces su existencia?

Ese personaje, dios (y cualquier divinidad o deidad), no es más que una antropormofización de un concepto cuyo único propósito es cubrir huecos en el conocimiento y solucionar problemas emocionales: el padre imaginario que nunca te abandona y te protege de las incertidumbres de este Universo indiferente a tu existencia. Pese a que lo describen de una forma, ni uno sólo de los términos que se emplean en su descripción es acertado pues, como se demuestra aquí, ni uno de ellos sirve para definir a tal personaje excepto uno que ya mencioné: entelequia.

Cosa, persona o situación perfecta e ideal que solo existe en la imaginación.

(DRAE)

Por eso, muy acertadamente, se puede decir que ese dios no es algo falsable. Lo único que tiene el creyente religioso, en este caso, es su confianza ciega (Fe) en que tal personaje ficticio e incoherente «existe» más allá de su propia imaginación o la de quienes le han afirmado existe. Lo cual se puede aplicar a cualquier idea que a uno le surja: como así se ha hecho en plan paródico con el Unicornio Rosa Invisible o con el Monstruo Espaqueti Volador.

Hablan, afirman más bien, que existe (en la realidad, fuera de su imaginación) un ser (vivo) que no cumple ni una sola de las cualidades que usamos para definir a algo como vivo; pensante y consciente sin un órgano que genere tal pensamiento y consciencia; que habla pero que sólo lo hace en sueños o con sucesos porque, según ellos, no pueden explicarlos y que interactúa con el mundo físico sin ser físico (ni materia, ni energía, ni vacío, etc) o sin si quiera poder situarlo u observarlo físicamente.

A parte de hablar de dicho personaje, describiendo a tal personaje con todas esas incoherencias y alegando que existe porque así lo creen, ya que insisten tanto en propagar tales afirmaciones ¿cuando piensan evidenciarlo? ¿Cuando van a evidenciar que un ser, con tales características y las omni que ya describí hace tiempo, está interactuando físicamente con este mundo? Y con «evidenciar», por supuesto, no me refiero a lo que ellos entienden por probar sino con presentar evidencias empíricas que lo demuestren. Porque, si según los religiosos ese personaje hace cosas en este mundo significa que sus interacciones pueden ser observadas y analizadas físicamente. Estaremos esperando a que aporten, entonces, sus estudios y experimentos, obviamente revisados.

Resulta curioso, sin embargo, que jamás se haya observado tal cosa. Ni si quiera los creacionistas, tan preocupados por desacreditar aquellas evidencias que no apuntan hacia sus creencias (como si la alternativa a los hechos evidenciados por la Ciencia fuera algo «mágico» tan incoherente como lo descrito), han aportado de momento ni una sola evidencia empírica de la existencia de un ente o ser que provoque ni un solo efecto físico-químico: su argumento consiste simplemente en afirmar que, según ellos, todo «aparenta» ser «diseñado» por el personaje en el que ellos previamente creen. Si uno, además, se acerca a sus webs lo único que podrá comprobar es que estos recurren a ese razonamiento circular basado, además, en sus testimonios anecdóticos favoritos (los bíblicos) y en una ristra inmensa de falacias de autoridad y hombres de paja. Incluso incluyen, en sus propias webs, declaraciones de intenciones y hacen jurar, a sus inscritos, a que acepten sus afirmaciones pese a las evidencias que surjan. Lo que viene siendo, de nuevo, pedir que se confíe ciegamente en ellos y en quienes estos a su vez han creído.

Qué quieren que les diga: creer que algo existe simplemente porque así, valga la redundancia, lo cree uno me parece de lo más ridículo e irracional. Máxime cuando lo único que se tiene es un «X lo dijo» como evidencia y cuando, para defender tal postura, uno debe apelar a falacias y a un uso torticero del lenguaje. Allá cada uno con su autoestima.

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4 respuestas

  1. Definitivamente. Todo lo que se conoce más bien la gente lo quiere considerar de una manera tan básica que terminan olvidando la ciencia que hay detrás como por ejemplo la inteligencia: Van a lo más simple de dicha palabra (capacidad de razonamiento..) e ignoran la naturaleza de dicha característica tal y como lo hacen con «vida» y demás términos. Todo para ponerlos como evidencia de la existencia de ese dios. Hemos llegado a un punto en el que podríamos considerar que el universo existe por un mecanismo cuántico que podría hacerlo eterno pero aún así los creacionistas seguirían insistiendo en que tuvo que haber un creador o ente «motor» que hizo funcionar el suceso que dio origen a nuestro universo; pero adivina qué, se llega a descubrir un suceso anterior al que produjo el universo tal y como lo conocemos y estos hipócritamente, cambian a su dios de posición acabando este siendo el causante de el suceso recien descubierto. Es algo que han hecho, hacen y seguirán haciendo…

    Excelente post, saludos.

  2. Hola Ateo. He llegado a tu página para buscar información sobre el Islam y me he encontrado con una gran comunidad. Me gusta que no te conformes y busques respuesta a conceptos que no están nada claros.
    Te invito a que sigas investigando profundamente, nunca de forma superficial, algo que sabes hacer genial. Pregunta, compara, vive y responde a lo que hay en tu mente. Pide a Dios que si es real de verdad, que te lo muestre.
    Porque DIOS ES REAL y está vivo. Lo sé porque lo he experimentado.

    1. Traducción: me importa una mierda lo que expongas, por muy razonado y documentado que esto esté, que yo seguiré creyendo en los mitos con los que me he criado y de regalo voy a decirte que no tienes ni idea. Así que pídele a mi personaje ficticio favorito que te demuestre que es real.

      Le propongo, señor Daniel, que crea en las hadas, los elfos y los duendes. ¿Aportarle evidencias yo de su existencia? No, no. Pídale a las hadas, los elfos y los duendes que si son reales, que se lo muestren. Porque LAS HADAS, LOS ELFOS y LOS DUENDES SON REALES (lo digo en mayúsculas así que inherentemente debe ser cierto) y están vivos (aunque dedique todo este artículo a explicar qué es «vivo» y estos personajes no cumplan ninguna de las condiciones). Lo sé porque lo he «experimentado» (y muchos a lo largo de la historia y actualmente confiesan haberlo hecho: me da igual que pueda ser un producto mental y se basen en experiencias subjetivas, el testimonio anecdótico cuenta ¿no?).

    2. Porque DIOS ES REAL y está vivo. Lo sé porque lo he experimentado.

      Porque EL UNICORNIO ROSA ES REAL y está vivo. Lo sé porque lo he experimentado.

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