¿Qué pasa con la naturaleza que permite que ocurra esto, que sea posible imaginar a partir de un fragmento lo que será el resto? Ésta no es una pregunta científica: no sé qué respuesta darle y en consecuencia voy a contestar de forma no científica. Creo que se debe a que la naturaleza es simple y tiene, por lo tanto, una gran belleza. Richard Feynman

Los Testigos de Jehová y la sangre (que han derramado)

Índice de contenido

Piensa en ello…

Yo no puedo ser religioso ni creer en dios. Prefiero la filosofía a la religión, pues no puedo poseer al mismo tiempo lo evidente y lo incomprensible. Pierre Bayle
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Las creencias religiosas pueden enajenar a una persona hasta tal punto de asesinar a una persona querida simplemente por una serie de normas inventadas e interpretadas según las convicciones personales y subjetivas de una persona a la que ni si quiera se conoce personalmente. Algunos se preguntarán a qué me refiero con «asesinar». Con ello me refiero a (según el propio DRAE) cuando lo define como matar  a  alguien  con  alevosía,  ensañamiento o por una recompensa. Algo que han hecho los Testigos de Jehova, pues han tenido la cautela de no autoincriminarse haciendo que sea la propia persona  quien decida quitarse la vida convenciéndola (a ella o a su familia) con promesas falsas (al menos hasta que se dignen a evidenciarlas); hacen que la víctima aumente  inhumanamente  y  de  forma  deliberada  su sufrimiento, causándole padecimientos innecesarios, y lo han hecho y hacen única y exclusivamente porque creen que así recibirán una recompensa de un ser omnipotente.

[toc]

¿Por qué lo hacen?

Según la propia web oficial de la Watchtower española sobre su negativa a realizar las transfusiones de sangre, ellos mismos reconocen que esta no responde a motivos científicos sino religiosos:

¿Por qué no aceptan transfusiones de sangre los testigos de Jehová?

Es debido a razones religiosas, más bien que médicas. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos mandan abstenernos de la sangre (Génesis 9:4; Levítico 17:10; Deuteronomio 12:23; Hechos 15:28, 29). Además, para Dios, la sangre representa la vida (Levítico 17:14). Así que los Testigos obedecemos el mandato bíblico de abstenernos de la sangre por respeto a Dios, quien nos dio la vida.

Su religión (su conjunto de creencias y culto al personaje de un texto que ellos interpretan, como todo cristiano, a la carta – en este caso, según la ideología de su fundador Charles Taze Russell y su “Cuerpo Gobernante”), como ellos mismos confiesan, es la que ha hecho (y hace) que se nieguen a realizar este proceso médico. Sobre esto (que se basan en sus creencias) nada con lo que discrepar. Ellos mismos lo confiesan. Con lo que sí discrepo es con lo que afirman en el mismo artículo sobre las víctimas de su ideología:

Rumor: Muchos Testigos, incluidos niños, mueren cada año por no aceptar una transfusión de sangre.

La verdad: Esta acusación carece de fundamento. Hoy los cirujanos suelen realizar intervenciones complejas —tales como operaciones ortopédicas o de corazón y trasplantes de órganos— sin transfusiones. * Los pacientes que no aceptan transfusiones se recuperan igual o mejor que quienes sí las aceptan, aun en el caso de los niños. * De todos modos, nadie puede asegurar que un paciente morirá si no recibe sangre ni que sobrevivirá si la recibe.

Algo que es obviamente falso. Pero no ya sólo porque lo digan las autoridades médicas o porque hayan habido casos, sino porque hasta ellos mismos lo reconocieron e incluso presumieron de ello.

Víctimas de sus creencias: los «mártires» de los TDJ

despertadLa hemeroteca es la peor enemiga de los religiosos: El 22 de mayo de 1994 los Testigos de Jehová publicaron, en su revista “¡Despertad!” la foto de todos los niños, miembros de su secta, que habían muerto por no recibir una transfusión sanguínea representándolos como “mártires” bajo el título de “Jóvenes con “poder que es más allá de lo normal”” y bajo la frase (ver imagen) jóvenes que pusieron a Dios en primer lugar. En ella, dirigida a los jóvenes miembros de la Watchtower, se pintaba a estas víctimas como “héroes”. Según ellos, porque habían muerto negándose a recibir una transfusión sanguínea que habría salvado sus vidas en el mundo real.

Así se les retrataba a Leane Martínez y a Crystal Moore como ejemplos de lo que se debe hacer. Como si fueran héroes por una causa:

ERES joven. Solo has cumplido 12 años. Tienes una familia a la que amas y amigos en la escuela con los que te diviertes. De vez en cuando vas a la playa o a la montaña. Te quedas fascinado cuando contemplas el cielo nocturno repleto de estrellas. Tienes toda la vida por delante.
Entonces enfermas de cáncer. Aunque a los 60 años esa noticia supone un gran golpe, si solo se tienen 12, aún resulta más desoladora.

Lenae Martínez

Así se sintió Lenae Martínez, una niña de 12 años. Tenía la esperanza de vivir para siempre en una Tierra paradisíaca, una esperanza basada en la enseñanza bíblica que le habían dado sus padres, que son testigos de Jehová. ¿Acaso no había leído en la Biblia que la Tierra subsistirá para siempre, que fue creada para ser habitada por toda la eternidad y que los mansos la heredarán permanentemente? (Eclesiastés 1:4; Isaías 45:18; Mateo 5:5.)

Pero a Lenae la ingresaron en el Hospital Pediátrico Valley, en Fresno (California, E.U.A.). Aunque la internaron por causa de lo que parecía ser una infección renal, las pruebas revelaron que tenía leucemia. Los médicos que la trataban decidieron que había que transfundirle plaquetas y un concentrado de glóbulos rojos, y empezar un tratamiento de quimioterapia de inmediato.

Lenae dijo que no quería sangre ni hemoderivados, pues se le había enseñado que Dios lo prohíbe, según lo muestran los libros bíblicos de Levítico y Hechos. “Porque al espíritu santo y a nosotros mismos nos ha parecido bien no añadirles ninguna otra carga, salvo estas cosas necesarias: que sigan absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas, y de fornicación.” (Hechos 15:28, 29.)

Sus padres apoyaron su postura, si bien Lenae recalcó que la decisión la había tomado ella y que lo consideraba un asunto de gran importancia.
Aunque los médicos ya habían hablado varias veces con Lenae y con sus padres, una tarde regresaron. Respecto a esta visita en particular, Lenae explicó: “Me sentía muy débil por el dolor y porque había vomitado mucha sangre. Me hicieron las mismas preguntas, solo que de manera diferente. Les repetí: ‘No quiero nada de sangre ni de sus derivados. Preferiría morir, si fuera necesario, antes de quebrantar la promesa que le he hecho a Jehová Dios de efectuar su voluntad’”.

Lenae añadió: “Volvieron a la mañana siguiente. Las plaquetas estaban bajando y todavía tenía mucha fiebre. Me di cuenta de que esta vez el médico me escuchó más. Aunque no aprobaban mi postura, dijeron que era una niña de 12 años muy madura. Luego entró el pediatra y me dijo que lo sentía, pero que lo único que me podía ayudar era la quimioterapia y las transfusiones. Se marchó y prometió volver más tarde.

”Cuando salió, me puse a llorar desconsoladamente, porque él me había atendido desde siempre, pero entonces me daba la sensación de que me estaba traicionando. Cuando regresó, le expliqué que lo que me había dicho me daba a entender que ya no se interesaba en mí. Aquello le sorprendió, y dijo que lo sentía, que no había sido su intención herirme. Me miró y añadió: ‘Bueno Lenae, si así es como tiene que ser, entonces te veré en el cielo’. Se quitó las gafas, y con los ojos anegados en lágrimas me dijo que me quería y me dio un fuerte abrazo. Se lo agradecí y le respondí: ‘Gracias. Yo también lo quiero, Dr. Gillespie, pero espero vivir en una Tierra paradisíaca cuando resucite’”.

A continuación entraron un doctor, una doctora y un abogado. Dijeron a los padres de Lenae que querían hablar con ella a solas y les pidieron que salieran, lo cual hicieron. Los médicos habían sido muy considerados y amables desde el mismo principio, y estaban impresionados tanto por la elocuente manera de hablar de Lenae como por sus profundas convicciones.

Una vez a solas con ella, le dijeron que se estaba muriendo de leucemia y añadieron: “Pero las transfusiones de sangre te prolongarán la vida. Si las rechazas, morirás en pocos días”.

—Si me ponen sangre, ¿cuánto se prolongará mi vida? —preguntó Lenae.
—De tres a seis meses aproximadamente —respondieron.
—¿Y qué puedo hacer en seis meses? —preguntó.
—Te pondrás fuerte. Puedes hacer muchas cosas. Ir a Disney World y visitar muchos otros lugares.

Lenae pensó un poco y después contestó: “He servido a Jehová toda mi vida: doce años. Él me ha prometido vida eterna en el Paraíso si le obedezco. No voy a volverle la espalda ahora por seis meses de vida. Quiero serle fiel hasta la muerte pues sé que, a su debido momento, él me resucitará y me dará vida eterna. Entonces tendré suficiente tiempo para todo lo que quiero hacer”.

Los médicos y el abogado estaban visiblemente impresionados. La encomiaron, y al salir dijeron a sus padres que la niña razonaba y hablaba como un adulto y que la veían capaz de tomar sus propias decisiones. Recomendaron al comité de ética del Hospital Pediátrico Valley que la consideraran una menor madura. Dicho comité, compuesto por médicos y otros profesionales de la salud, además de un profesor de Ética de la Universidad Estatal de Fresno, acordó permitir que Lenae tomara sus propias decisiones con respecto al tratamiento médico que se le administraría. La consideraron una menor madura. No se pidió ninguna orden judicial.

Tras una larga y difícil noche, el 22 de septiembre de 1993 a las seis y media de la mañana, Lenae se durmió en la muerte en los brazos de su madre. La dignidad y la calma de aquella noche quedaron grabadas en la memoria de los presentes. Al servicio de funeral asistieron 482 personas, incluidos doctores, enfermeras y profesores, a los que habían impresionado la fe e integridad de Lenae.

Los padres y los amigos de Lenae agradecieron mucho la sensibilidad de los médicos, las enfermeras y los administradores del Hospital Pediátrico Valley para percibir la madurez de esta menor y el hecho de que no fuese necesario ningún juicio por tomar esa decisión.

Lisa Kosack

La primera noche que Lisa pasó en el Hospital Pediátrico de Toronto (Canadá) fue una terrible pesadilla. Ingresó a las cuatro de la tarde y enseguida empezaron a hacerle pruebas. No llegó a su habitación hasta las once y cuarto de la noche. A medianoche… bueno, dejemos que Lisa misma cuente lo que sucedió: “A medianoche entró una enfermera y dijo: ‘Tengo que ponerte un poco de sangre’. Yo exclamé: ‘¡No puedo aceptar sangre porque soy testigo de Jehová! ¡Espero que esté informada! ¡Espero que esté informada!’. ‘Sí, lo estoy’, dijo, e inmediatamente me sacó el tubo intravenoso y lo conectó bruscamente al gotero de la sangre. Me puse a llorar y a gritar sin control”.

¡Qué manera tan cruel e insensible de tratar a una niña de 12 años enferma y asustada, en mitad de la noche y en un entorno desconocido! Los padres de Lisa la habían llevado al Hospital Pediátrico de Toronto esperando encontrar a médicos amables y dispuestos a cooperar. Pero en lugar de eso, hicieron pasar a su hija por la horrible experiencia de administrarle una transfusión a medianoche, a pesar de que tanto Lisa como sus padres rechazaban el uso de la sangre y de los hemoderivados por considerarlo una violación de la ley de Dios. (Hechos 15:28, 29.)

A la mañana siguiente el hospital solicitó una orden judicial para administrar transfusiones. El juicio duró cinco días, y fue presidido por el juez David R. Main. Se celebró en una habitación del hospital, y Lisa estuvo presente los cinco días. Lisa padecía leucemia mieloide aguda, una enfermedad que suele ser mortal, aunque los médicos atestiguaron que había un índice de curación del 30%. Prescribieron múltiples transfusiones de sangre y quimioterapia intensiva, un tratamiento muy doloroso con efectos secundarios debilitantes.

Lisa testificó el cuarto día del juicio. Una de las preguntas que le hicieron fue cómo le había hecho sentirse la transfusión que le habían administrado por la fuerza a medianoche. Ella explicó que se había sentido como un perro utilizado para un experimento, como si la violaran, y que el hecho de ser una menor llevaba a algunos a pensar que podían hacerle cualquier cosa. Le daba asco ver que la sangre de otra persona entraba en su cuerpo por la posibilidad de contraer sida, hepatitis o cualquier otra enfermedad infecciosa. Y, sobre todo, le preocupaba lo que Jehová pensaría de ella por quebrantar su ley contra la introducción de sangre ajena en su cuerpo. Dijo que si alguna vez le volvía a suceder, “lucharía, tiraría a patadas el gotero, se arrancaría el tubo intravenoso sin importar lo mucho que le doliera y agujerearía la bolsa de sangre”.

—¿Cómo te sientes ante el hecho de que la Sociedad de Ayuda a los Menores haya solicitado que quiten a tus padres tu custodia y se la concedan a ellos? —le preguntó su abogada.
—Pues me siento muy, muy enfadada; siento que son crueles porque mis padres nunca me han pegado; al contrario, me han amado y yo los amo a ellos, y siempre que he tenido anginas, resfriados o cualquier otra cosa, me han cuidado. Su vida entera giraba en torno a mí, y ahora, simplemente que alguien aparezca, solo porque no está de acuerdo con ellos, y me arranque de mis padres, creo que es algo que me afecta mucho.
—¿Quieres morir?
—No, no creo que nadie quiera morir; pero si llego a morir, no voy a tener miedo, porque sé que tengo la esperanza de vida eterna en un paraíso en la Tierra.
Había pocos ojos secos mientras Lisa hablaba con valor sobre su inminente muerte, su fe en Jehová y su determinación de seguir obediente a su ley sobre la santidad de la sangre.
—Lisa —continuó preguntando su abogada—, ¿cambiaría tu opinión si supieras que el tribunal te ordena aceptar transfusiones?
—No, porque yo voy a seguir siendo fiel a mi Dios y observando sus mandamientos, pues él está muy por encima de cualquier tribunal o de cualquier hombre.
—Lisa, ¿cuál querrías que fuese el fallo del juez en este caso?
—Lo que me gustaría que el juez fallase en este caso es que me envíen de vuelta con mis padres y que les devuelvan mi custodia para que yo pueda sentirme feliz, regresar a casa y estar en un ambiente agradable.

Y eso fue precisamente lo que falló el juez Main. A continuación reproducimos algunos extractos de su fallo:

“[Lisa] ha expuesto ante este tribunal de manera clara y realista que si se intenta transfundirle sangre, se opondrá a dicha transfusión con todas las fuerzas que pueda reunir. Ha dicho, y le creo, que gritará y forcejeará y que se arrancará el tubo intravenoso del brazo y tratará de romper la bolsa de sangre que pongan sobre su cama. Rehúso dictar orden alguna que someta a esta niña a todo ese sufrimiento.”

Respecto a la transfusión que le habían administrado por la fuerza a medianoche, dijo:

“Debo fallar que ha sido discriminada por su religión y su edad en conformidad con la sección 15(1) [de la Carta Canadiense de Derechos y Libertades]. En estas circunstancias, al habérsele administrado una transfusión de sangre, se vulneró su derecho a la seguridad de su persona en conformidad con la sección 7.”

La impresión que Lisa le causó al juez es digna de mención:

“[Lisa] es bonita, muy inteligente, elocuente, cortés, sensible y, lo más importante, es una persona valiente. Tiene una sabiduría y una madurez que no corresponden a su edad, y creo que no sería exagerado decir que tiene todos los atributos positivos que cualquier padre querría ver en un hijo. Posee unas creencias religiosas firmes y claras. En mi opinión, por más que se le aconseje o presione, ya sea que lo hagan sus padres o cualquier otra persona, incluida una orden de este tribunal, nada podrá alterar ni hacer tambalear sus creencias religiosas. Creo que a [Lisa Kosack] debería dársele la oportunidad de luchar contra su enfermedad con dignidad y tranquilidad de ánimo.”
”Solicitud desestimada.”

Lisa y su familia abandonaron el hospital aquel mismo día. Lisa efectivamente luchó contra su enfermedad con dignidad y tranquilidad de ánimo. Murió tranquilamente en su casa al lado de sus cariñosos padres. Con su muerte se unió a otros muchos testigos de Jehová jóvenes que pusieron a Dios en primer lugar. Como resultado, ella verá, al igual que aquellos, el cumplimiento de la siguiente promesa de Jesús: “El que pierda su vida por causa de mí la hallará”. (Mateo 10:39, nota al pie de la página.)

Así cómo, al mismo tiempo, usaban el caso de Ernestine Gregory y Crystal Moore como “víctimas” del código deontológico médico que insta a los médicos a actuar y no arriesgarse a que estas murieran por no recibir dicho tratamiento (véase Capítulo II.Artículo 5, punto 3) o a solicitar intervención judicial si considera que su criterio médico está siendo contrariado (Capítulo III, Artículo 14).

Ernestine Gregory

A Ernestine le diagnosticaron leucemia cuando tenía 17 años. Una vez hospitalizada, no consintió en que los médicos complementaran con hemoderivados el tratamiento de quimioterapia. Debido a la negativa de Ernestine y al apoyo de su madre a su opción por un tratamiento sin sangre, el hospital denunció el caso a los funcionarios de la asistencia social de Chicago (Illinois, E.U.A.), quienes a su vez solicitaron una orden judicial para administrar sangre. Se convocó una audiencia, en la que el tribunal oyó los testimonios de Ernestine, un médico, un psiquiatra y una abogada, además de los de otras personas relacionadas con el caso.

Ernestine dijo a su médico que no quería que le pusieran sangre. Que era una decisión personal basada en su lectura de la Biblia. Que administrarle por orden judicial una transfusión contra su voluntad seguía siendo una ofensa contra la ley de Dios y ella lo veía censurable, aunque lo mandase el tribunal. Que no se oponía a recibir tratamiento médico ni tampoco quería morir. Que aquella no era una decisión suicida, si bien no temía a la muerte.

El Dr. Stanley Yachnin testificó que estaba “impresionado por la madurez de Ernestine, su sensatez” y la sinceridad de sus creencias religiosas. También dijo que Ernestine entendía la naturaleza y las consecuencias de su enfermedad, por lo que no veía la necesidad de llamar a un psiquiatra o a un psicólogo.

De todas formas, finalmente se llamó a un psiquiatra, el Dr. Ner Littner, quien después de hablar con Ernestine, llegó a la conclusión de que tenía la madurez de una joven de entre 18 y 21 años. Dijo que mostraba que entendía las consecuencias de aceptar o rehusar las transfusiones de sangre. Que su postura no reflejaba coacción por parte de nadie, sino sus propias convicciones. El Dr. Littner especificó que a Ernestine se le debería permitir tomar su propia decisión en este asunto.

Jane McAtee, abogada del hospital, testificó que después de entrevistar a Ernestine, opinaba que la muchacha comprendía la naturaleza de su enfermedad y que “parecía plenamente capaz de entender su decisión y aceptar las consecuencias”.

Al tribunal también le impresionó mucho el testimonio de Ernestine. Llegó a la conclusión de que era una muchacha de 17 años madura, capaz de tomar decisiones médicas informadas; y, sin embargo, de forma sorprendente el tribunal dictó una orden para que le administraran transfusiones de sangre. En el hospital, dos médicos aguardaban con el equipo de transfusión listo para ser utilizado. Nada más recibir la orden judicial, le pusieron una transfusión por la fuerza, pese a sus enérgicas protestas. Aunque enseguida se apeló de la sentencia, no fue posible evitar que el hospital administrara la transfusión de manera apresurada.
Para impedir una nueva transfusión se apeló primero ante el Tribunal de Apelación de Illinois. Este, en una decisión de dos contra uno, juzgó que a Ernestine no se le podía obligar a aceptar transfusiones de sangre contra su voluntad. El tribunal razonó que el derecho de Ernestine a la libertad de culto —otorgado por la Primera Enmienda de la Carta de Derechos estadounidense—, así como el derecho constitucional a la intimidad, protegía su derecho como menor madura a rehusar transfusiones de sangre por razones religiosas.

Los funcionarios de la asistencia social apelaron al Tribunal Supremo de Illinois contra la decisión del Tribunal de Apelación. Pero el Tribunal Supremo ratificó la sentencia, decretando que aunque Ernestine era menor, tenía el derecho de rechazar cualquier tratamiento médico que considerase objetable. La decisión del Tribunal Supremo se basó tanto en el derecho que concede la ley jurisprudencial a decidir por uno mismo sobre su propio cuerpo como en el precepto de los menores maduros. El Tribunal Supremo de Illinois resumió como sigue la norma que se aplica en ese estado en los casos de menores maduros:

“Si hay pruebas claras y convincentes de que la menor es lo suficientemente madura como para comprender las consecuencias de sus actos y tener el discernimiento de una persona adulta, entonces el principio de menor maduro le da el derecho que concede la ley jurisprudencial a consentir o rechazar ciertos tratamientos médicos.”

Ernestine no recibió más transfusiones, y no murió de leucemia. Se mantuvo firme y puso a Dios en primer lugar, al igual que los otros jóvenes mencionados antes. Todos ellos recibieron el “poder que es más allá de lo normal”. (2 Corintios 4:7.)

 

Crystal Moore

A Crystal Moore, una muchacha de 17 años, no se la trató con igual consideración cuando ingresó en el Centro Médico Presbiteriano de Columbia, en la ciudad de Nueva York. Padecía colitis ulcerativa. Desde el momento en que ingresó en el hospital, tanto ella como sus padres recalcaron repetidas veces su negativa a aceptar sangre. Ella no quería morir; al contrario, quería recibir un tratamiento médico que fuese compatible con el mandato bíblico de abstenerse de sangre. (Hechos 15:28, 29.)

El equipo médico que atendía a Crystal estaba convencido de que su estado requería una transfusión de sangre. Un doctor dijo sin rodeos: “Si Crystal no recibe una transfusión para el jueves 15 de junio, el viernes 16 de junio estará muerta”. El 16 de junio Crystal no estaba muerta, y el hospital recurrió al Tribunal Supremo del estado de Nueva York para que autorizara la administración de transfusiones por la fuerza.

En la audiencia, que se convocó apresuradamente en el hospital aquella misma mañana, uno de los médicos testificó que Crystal necesitaba de inmediato dos unidades de sangre y que quizás necesitaría por lo menos otras diez más. Dijo además que si Crystal trataba de oponer resistencia a las transfusiones, la ataría a la cama de pies y manos para administrárselas. Crystal dijo a los médicos que ‘gritaría con todas sus fuerzas’ si trataban de ponerle una transfusión, y que, como testigo de Jehová, veía tan repulsiva la administración forzada de sangre como la violación.

A pesar de las repetidas solicitudes de su abogado durante la audiencia, a Crystal se le negó la oportunidad de hablar ante el tribunal y demostrar su capacidad para tomar decisiones. Aunque Crystal acababa de recibir un premio en el programa escolar Super Youth en reconocimiento de su buen nivel académico y la iniciativa que había demostrado en el instituto, la jueza rehusó dejarla explicar en el juicio por qué rechazaba la sangre. Esto supuso negarle su derecho a un debido proceso legal, a decidir por sí misma sobre su propio cuerpo, a la intimidad y a la libertad de culto.
Si bien el tribunal no permitió que Crystal testificara en el juicio, los miembros que lo componían la visitaron en su habitación y hablaron con ella a solas durante unos veinte minutos. Después de la visita, la jueza dijo que Crystal tenía “obviamente mucha inteligencia” y era “muy elocuente”, añadiendo, además, que “desde luego estaba en pleno uso de sus facultades mentales” y era “capaz de expresar muy bien sus opiniones”. A pesar de estas observaciones, el tribunal siguió negándole obstinadamente la oportunidad de decidir sobre su tratamiento médico.

La mañana del domingo 18 de junio Crystal necesitaba ser operada de urgencia, a lo cual dio su consentimiento, aunque siguió rechazando la sangre. Durante la operación no llegó a perder ni 100 centímetros cúbicos de sangre. Pese a todo, los médicos afirmaban que pudiera requerirse una transfusión de sangre posoperatoria. Otro doctor testificó que no era necesaria ninguna transfusión. Él había tratado habitualmente casos similares sin sangre durante los últimos trece años y nunca había tenido necesidad de transfusiones complementarias.

El 22 de junio de 1989, el tribunal concedió al hospital la custodia temporal de Crystal para que le transfundieran sangre únicamente si “era necesario para proteger o salvar su vida”. Dicha tutela finalizó cuando la joven fue dada de alta del hospital. Crystal nunca necesitó sangre, y jamás se la transfundieron, pero el trato que recibió del tribunal fue vergonzoso.
Tras ser dada de alta del hospital, Crystal se graduó de la escuela secundaria con la máxima calificación. Poco después emprendió el ministerio de tiempo completo como testigo de Jehová. Llegó a ser guía del Salón de Asambleas de los Testigos de Jehová de Jersey City y se ofreció voluntaria para formar parte de un equipo que construye y renueva Salones del Reino.

No obstante, los médicos del Centro Médico Presbiteriano de Columbia habían dicho que si no recibía una transfusión el 15 de junio, el 16 de junio estaría muerta, y que si oponía resistencia a la transfusión, la atarían a la cama, sujeta de pies y manos. Que recuerden el caso de Crystal Moore los médicos que soliciten una orden judicial para administrar sangre y tengan el descaro de afirmar que el paciente morirá si el juez no accede de inmediato.

La ciencia médica, su enemigo

La misma revista, además de amenazar a los médicos con acciones legales, no duda en asustar dejando información tendenciosa sobre los “peligros” de que a uno le hagan una transfusión:

Peligros de las transfusiones de sangre

En el número del 14 de diciembre de 1989, la revista The New England Journal of Medicine publicó que una sola unidad de sangre puede contener suficiente cantidad del virus del sida como para provocar hasta 1.750.000 infecciones.

La misma falacia que argüir que, como en la punta de una aguja caben millones de bacterias, deberían prohibir fabricarlas y usarlas. Por eso se esterilizan. Al igual que por eso se realizan análisis de la sangre y controles a los donantes.

En 1987, después de conocerse que el sida se transmitía mediante la sangre de donantes voluntarios, el libro Autologous and Directed Blood Programs lamentaba: “Esta fue la más amarga de todas las ironías médicas: que la sangre, ese precioso regalo dador de vida, pudiera convertirse en un instrumento de muerte”.

Y como la saliva puede transmitir el virus de Epstein-Barr o el herpes de tipo 1 (HSV-1) , ¡prohibamos besar!. Y como el herpes de tipo 2 (HSV-2) y la Hepatitis B (HBV), que también se transmite por la sangre, se transmiten por el sexo ¡prohibamos todo tipo de relaciones sexuales!

 

  El Dr. Charles Huggins, director de los servicios de transfusiones de sangre de un hospital de Massachusetts (E.U.A.), dijo: “Es la sustancia más peligrosa utilizada en medicina”.

En su afán por reproducir descontextualizada una cita de un médico, como argumento ad verecundiam para reforzar su negativa a recibir transfusiones de sangre, los Testigos se olvidan de que en medicina se usan sustancias como la prednisona o la cortisona, el methotrexate, el Coumadin, el Warfarin, el Mevacor,… (véanse todas en  www.drugs.com). Así que ¡Que leches! ¡Todas pueden ser peligrosas!¡Prohibamos la medicina! ¡Es mejor morir! y olvidémonos de que Huggins trabajó toda su vida realizando transfusiones y de que este se refería a las transfusiones en países pobres.

  La revista Surgery Annual llegó a esta conclusión: “Está claro que la transfusión más segura es la que no se administra”.

Obvio. Y la ingestión más segura es la que no se realiza ¡No comamos ni bebamos nada! ¡Podemos morir intoxicados!

Debido a que hay muchos más casos de recurrencia del cáncer tras las operaciones en las que se administran transfusiones de sangre, el Dr. John S. Spratt dijo lo siguiente en la revista The American Journal of Surgery de septiembre de 1986: “Puede que el cirujano de cáncer necesite convertirse en un cirujano que opere sin sangre”.

Y como ese es el caso en el estudio de Spratt (Blood transfusions and surgery for cancer) para el cáncer, las transfusiones son inherentemente malas para el resto de casos, como las hemorragias o la anemia ¿No? Pero es que, en este caso, convendría aclararles a los Testigos que un estudio no certifica algo. Son las revisiones de este y otros estudios lo que lo hacen. En este caso, la Cochrane tiene algo que decir:

Muchos de los pacientes que ingresan a un centro especializado presentan anemia, pero sólo una proporción pequeña recibe una transfusión de sangre. Dos de los síntomas principales de la anemia son la fatiga y la disnea. Esta revisión intentó identificar si la transfusión de sangre es un tratamiento útil para los pacientes con cáncer avanzado que presentan anemia. Solo se identificaron 12 estudios relevantes, pero todos fueron de baja calidad. Estos estudios indicaron que la fatiga y la disnea mejoraron inmediatamente después de la transfusión, pero esta mejoría comenzó a disminuir después de un período de dos semanas. De los pacientes que recibieron una transfusión del 31% al 70% presentó un beneficio transitorio que se prolongó alrededor de dos semanas.

Conclusiones de los autores:

Se necesitan estudios de mayor calidad para determinar la efectividad de la transfusión de sangre al final de la vida y, en particular, para determinar qué pacientes presentan mayores probabilidades de responder y cuáles no, así como la duración de cualquier respuesta. Los efectos perjudiciales potenciales de la transfusión de sangre al final de la vida (indicados por la mortalidad alta a los 14 días) se deben distinguir de la transfusión inapropiada en los pacientes que mueren de cáncer avanzado.

Fuente: Transfusiones de sangre para la anemia en pacientes con cáncer avanzado (Cochrane)

Y así es como los Testigos de Jehová pasan de la realidad: que las transfusiones son más efectivas a corto plazo que a largo plazo para el cáncer pero se necesitan más estudios para corroborarlo, a “este tipo que sabe mucho dijo esto en un estudio ergo tenemos razón”.

La revista Emergency Medicine comentó: “De nuestra experiencia con los testigos de Jehová se puede deducir que no necesitamos depender tanto de las transfusiones de sangre, con todas sus posibles complicaciones, como antes pensábamos”.

Que, según la propia revista (ver enlace), es que los  “TJ inconscientes, firmando tarjetas de rechazo de la sangre, una forma de directiva anticipada, crean dilemas médicos, éticos y legales para profesionales de la salud.”

La revista Pathologist mencionó la negativa de los testigos de Jehová a aceptar sangre, y dijo: “Existen numerosas pruebas que apoyan su opinión, a pesar de que los bancos de sangre se pronuncian en contra”.

No según las revisiones, como he mostrado anteriormente. Pero es mejor coger citas sin explicar el porqué se dicen y dotando de autoridad absoluta a quien las dice que contextualizarlas.

El Dr. Charles H. Baron, profesor de Derecho de la Facultad de Leyes del Boston College, dijo lo siguiente respecto a la negativa de los testigos de Jehová a aceptar sangre: “Toda la sociedad norteamericana se ha beneficiado. Gracias a la labor de los Comités de Enlace con los Hospitales de los testigos de Jehová, existen hoy menos probabilidades de que se administren transfusiones de sangre innecesarias, no solo a los testigos de Jehová, sino también a los pacientes en general”.

¿No es genial? ¡Gracias a los Testigos “existen hoy menos probabilidades de que se administren transfusiones de sangre innecesarias”! ¿En qué estudio se ha basado el profesor de derecho para afirmar eso? No lo sabemos y a los testigos no parece importales demasiado. Qué generosos ¡Pero si hasta están ahorrando sangre a los bancos! No obstante, en su revista La Atalaya de 1 de marzo del 2001 con título “La cirugía sin sangre: “una clara tendencia médica”” afirmaban:

“No obstante, incluso la sangre “limpia” puede representar un riesgo de infección, pues inhibe temporalmente el sistema inmunológico de los pacientes”

Generalizar está bien, cuando no te importa nada más que tener razón. Por un lado le echan la culpa al código deontológico de los médicos que se negaron a seguir sus deseos fundamentados en creencias absurdas religiosas, mientras que por otro tienen la necesidad de agradecerle a ese código que médicos, por querer salvar vidas, hayan tenido que buscar alternativas para complacerles. Han creado un problema al que la medicina ha tenido que buscar soluciones. Porque, claro, hay que respetar sus derechos (véase este enlace y este otro también) aunque ellos no respeten el derecho a la vida de sus hijos. Lo más triste de todo es que, al igual que hicieron y hacen con ellos, ellos lo están haciendo con sus hijos inculcándoles una mentira que han propagado durante décadas porque esta se le ocurrió a un tipo al “interpretar” la Biblia.

El mismo mes que publicaron esta edición, en la misma revista (¡Despertad!) publicaron otra con una noticia sobre lo malvadas que son las transfusiones sanguíneas titulada “Los hemofílicos reciben sangre contaminada”. Pero no es novedad que los religiosos, en este caso los Testigos de Jehová, recurran al sesgo de confirmación constantemente.

Sesgo que ha hecho que escriban esto cuando, a parte de negar lo que reconocían públicamente en dicha revista (con la poca ética y moral de definirlo como meritorio), les hace negar lo que hemos visto en casos que van desde ancianos, hasta bebes. Como lo fue el caso de  María Irene: una Testigo de Jehová cordobesa (Argentina) de 74 años que (en 2013) sufrió un accidente de tráfico y murió por negarse a recibir una transfusión, después de que hubiera perdido mucha sangre. O como lo fue el caso de M.C.R.B: una Testigo de jehová sevillana (España) de 61 años que (en 2009) murió por negarse a recibir una transfusión sanguínea, también tras un accidente de tráfico. O como también lo fue el caso de Mercedes Pucheta: una testigo de Jehová de 60 años argentina que (en 2015) se negó a recibir una transfusión por sus creencias religiosas. O como lo fue el caso de Marcos Alegre Vallés: un niño de 13 años, hijo de unos Testigos de Jehová, que murió por no recibir una transfusión gritando de miedo (sus padres, que se negaron y solicitaron que le dieran el alta, le habían inculcado que esta era algo malo). O como lo fue el caso de Diego Kalev: un bebé mexicano de 10 meses que murió porque la madre, Testigo de Jehová, se negó a que le realizaran una transfusión por mismos motivos. Pueden ver decenas de casos documentados en este enlace.

Pero, volviendo al tema que nos ocupa ¿En qué quedamos? ¿”nadie puede asegurar que un paciente morirá si no recibe sangre” o han muerto por no recibirlas y por ello son “héroes” porque tienen, según la WT, un “poder que es más allá de lo normal”?

Sobre la afirmación “ni que sobrevivirá si la recibe”, que esto se lo digan, por ejemplo, a alguien que ha perdido sangre en un accidente (como los que cada año sobreviven a ellos, a diferencia de lo que les ocurrió a las dos Testigos de Jehová del ejemplo anterior). O a los pacientes que reciben las 6.200 transfusiones de sangre diarias que se hacen en centros sanitarios españoles cuando, cada día, se salva una media de 80 personas gracias a esas transfusiones.

¿De donde viene su negativa?

Bueno. Como ellos mismo afirman: de su interpretación de la Biblia. Interpretación que hicieron hace no mucho tiempo. En su renombrada revista Zion’s Watch Tower and Herald of Christ’s Presence (fundada el 1 de julio de 1879) como The Watchtower Announcing Jehovah’s Kingdom (La Atalaya) su Cuerpo Gobernante pasó de decir en 1909 (concretamente el 15 de abril de 1909. pág. 4374) esto:

“La prohibición de la sangre no se considera para los cristianos.”

A decir en 1945 (concretamente 1 de julio de 1945, págs. 198-201) esto otro:

“Las transfusiones de sangre son un acto pagano y desonroso para Dios.”

Desde entonces, no han dejado de hacer propaganda no solo de ello sino de los trasplantes de órganos (como puede verse en esta cronología).

Para aquellos perezosos que no quieren ver los enlaces, una tabla la cronología de sus afirmaciones, donde se muestra incuso que estas han seguido siendo contradictorias a lo largo de los años:

AñoFuenteAfirmación
1959La Atalaya del 1 de agosto de 1959, Página 479“La inyección de anticuerpos en la sangre en un vehículo de suero sanguíneo o el uso de los fragmentos de sangre para crear tales anticuerpos no es lo mismo que el tomar sangre, sea que fuere por vía oral o por transfusión, como nutritivo para fortalecer las fuerzas vitales del cuerpo. Aunque no era el propósito de Dios que el hombre contaminara su corriente sanguínea con vacunas, sueros o fracciones de sangre, el hacerlo no parece estar incluido en la expresa voluntad de Dios que prohíbe la sangre como alimento. Por lo tanto sería un asunto de criterio particular el que uno acepte o no acepte tales clases de medicación.”
1960La Atalaya del 1 de abril de 1960, Pág. 223“Según el método de manejar la sangre prescrito por la Biblia, la sangre cuando se sacaba de un cuerpo había de derramarse sobre el suelo como agua y había de cubrirse con polvo. (Lev. 17:13,14; Deu. 12:16,23,24; 15:23; 1 Cró. 11:18,19) Esto se debe a que la vida está en la sangre y tal sangre derramada se considera sagrado delante de Jehová Dios. El pacto concerniente a la santidad de la sangre declarado después del Diluvio todavía es válido hoy día, y abarca tanto la sangre de animales como de humanos, sea la de uno mismo o la de otra persona. En consecuencia, el que se le saque la sangre a una persona, y se almacene y después se introduzca en la misma persona sería una violación de los principios bíblicos que gobiernan la manera de tratar con la sangre.—Gén. 9:4-6.”
1961La Atalaya, 15 de enero de 1961, Pág. 63 y 64“El tomar una transfusión de sangre es una grave violación de las Santas Escrituras y puede dar lugar a una expulsión.”
1963La Atalaya, 15 de noviembre de 1963, Pág. 700“…porque no sólo es la sangre íntegra sino todo lo que se saca de la sangre y se usa para sostener la vida o fortalecerlo a uno lo que queda bajo este principio.”
1967La Atalaya, 15 de Noviembre de 1967, Págs. 702-704 “Los trasplantes de órganos son una forma de canibalismo y deben de evitarse”
1968La Atalaya, 15 de abril de 1968, Pág. 254“…los que se someten a tales operaciones están viviendo así de la carne de otro humano. Eso es caníbal… Jehová Dios al hombre… no le concedió permiso para que el hombre tratara de perpetuar su vida por medio de introducir en canibalismo en su cuerpo carne humana, ya fuera masticada o en forma de órganos entero o partes del cuerpo de otras personas.”
1975La Atalaya, 1 de marzo de 1975, Pag. 159-160Cualquier fracción de sangre considerada como alimento nutritivo no debe ser utilizada en el tratamiento médico
1977Los testigos de Jehová y la cuestión de la sangre, 1977, Pág. 40, párrafo 111Las transfusiones de sangre son trasplantes de órganos
1978La Atalaya, 1 de noviembre de 1978, Pág. 31La proscripción sobre ciertas fracciones de sangre (sueros) es levantada para los hemofílicos
1980La Atalaya, 15 de septiembre de 1980, Pág. 31 Los trasplantes de órganos son asuntos de conciencia, decididos por cada uno
1984La Atalaya, 15 septiembre de 1980, Pág.. 31Aceptar el trasplante de médula ósea es un asunto de su conciencia
2000La Atalaya, 15 de junio de 2000, Pág.. 30Los componentes “mayores” de la sangre están prohibidos, las porciones “menores” de sangre quedan a criterio de cada cristiano.


Fuentes adicionales:

 A lo largo del artículo se incluyen fuentes y referencias oficiales. Estas otras son un complemento:

¿La sangre está prohibida entre los Testigos de Jehová? (traducción de Freeminds)

Sangre de víctimas (Extestigosdejehova)

¿Cuantas mártires más nos hacen falta? (John Henry Kurtz)

Enseñanzas que hacen daño (Liberados)

sangreyvida.com (web crítica sobre los Testigos y su reticencia a las transfusiones)

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5 respuestas

  1. Muy buena información acerca de la secta de los testigos de Jehová; yo la contaría como una de las sectas mas peligrosas, por el grado de castración mental, del cual hacen gala sus predicadores itinerantes al hablar con ellos, que nadie los saca de sus creencias; muy buen cuadro, que muestra como han venido cambiando sus posturas a lo largo de la existencia de dicha secta, que dicho sea de paso, critican de religiones falsas a otras sectas que cambien de postura.

    Saludos.

    1. TODO EXTRAORDINARIO,MUY LÚCIDO,ESTOS TESTIGOS SON DEMASIADO TENACES EN SUS FUNDAMENTALISMOS, HAY QUE RECONOCERLOS, PERO POR ELLO MISMO, PELIGROSOS. NO HAY QUE PERMITIRLES QUE MEDREN, MIENTRAS SEAN MINORÍA NO HARÁN GRAN DAÑO. FELICIDADES

  2. De risa la de los “Los trasplantes de órganos son una forma de canibalismo y deben de evitarse” y ahora gracias a ellos se que la «sangre es un órgano»,y esta no tiene desperdicio «Dios que prohíbe la sangre como alimento» y si lo prohíbe para que hizo animales e insectos que se alimentan de ella como por ejemplo, mosquitos, sanguijuelas, garrapatas, murciélago, piojos, etc. para variar el dios inútil y contradictorio y todo su séquito de crédulos.

  3. Los «vividores» que llevan esta congregación, están tan acostumbrados al abuso y al poco intelecto de sus fieles que exponen «el negocio» a problemas legales y escándalos al igual que hacen otras sectas cristianas con sus desvaríos, violaciones, etc. Esto pasa porque sus pastores suelen ser lobos, gentuza delincuente que si no tuviese a Cristo para lucrarse, estarían en cualquier cosa ilegal o bajuna, según esa torticera forma de cuidar su fuente de lucro. Esto parece un mal endémico de estas gentuzas, ya que el fin de una secta incluso cristiana es el suicidio colectivo para «honrar» a Dios.

  4. representándolos como “mártires” bajo el título de “Jóvenes con “poder que es más allá de lo normal”” y bajo la frase (ver imagen) “jóvenes que pusieron a Dios en primer lugar”.

    ¡¡¡¡¡¡Como el DAESH con los niños-bomba!!!!!

    Debería ser suficiente para ilegalizar esa secta.

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