La Escuela Austriaca de Economía nació en el siglo XIX con Carl Menger, creció con Ludwig von Mises y se canonizó con Friedrich Hayek. A simple vista, parece una corriente más dentro del liberalismo clásico, una de esas tradiciones intelectuales que defienden la libertad individual y la economía de mercado. Pero al rascar la superficie, lo que aparece no es una escuela científica sino algo más parecido a una religión con dogmas, profetas y feligreses devotos. Y como toda religión, la Escuela Austriaca promete la salvación (no del alma, sino del mercado) a través de la fe en axiomas incuestionables.
1. Una metafísica con pretensiones de ciencia
La crítica más recurrente (y la más antigua) es que la Escuela Austriaca no hace ciencia sino teología racionalista. Sus teorías se sostienen sobre conceptos a priori, indemostrables, y se resisten a toda verificación empírica.
El propio Ludwig von Mises lo admitía sin pudor en La acción humana (1949):
“Las leyes económicas se deducen lógicamente. No necesitan pruebas.”
Es decir, la realidad no sirve para contrastar la teoría, solo para ilustrarla. Esa es la definición misma de metafísica. Lo que en física o biología sería un disparate (“no necesito pruebas, tengo la lógica”), en la Escuela Austriaca es virtud epistemológica.
El economista Bryan Caplan lo resumía con ironía:
“Elevan la filosofía por encima de la ciencia. Rechazan la econometría porque su teoría es ‘cierta a priori’. Se aíslan del progreso.”
Y Mark Blaug, en The Methodology of Economics (1980), fue más directo:
“Confunden lógica con hechos. Su doctrina es inmune a la crítica.”
2. La praxeología: teología del mercado racional
Si hay una palabra que condensa el espíritu religioso de la Escuela Austriaca, esa es praxeología. Mises la presentaba como la “ciencia de la acción humana”, pero en la práctica es una especie de teología racionalista que pretende deducir todo el comportamiento económico a partir de axiomas autoevidentes.
El punto de partida es un dogma: “El hombre actúa con propósito”. Desde ahí, todo lo demás se infiere por deducción lógica. No hay experimentos, ni contrastación empírica, ni posibilidad de falsación. Tampoco existe libertad a la hora de razonar: la lógica, por supuesto, es la suya. El método se parece más a una escolástica que a una ciencia: se parte de la verdad revelada y se la despliega en tratados.
Mises lo formula así en La acción humana (1949):
“Las proposiciones de la praxeología son a priori. No se derivan de la experiencia. No necesitan verificación.”
En otras palabras, el método no busca probar, sino reafirmar (sin tener en cuenta sus propios sesgos y prejuicios). Y eso lo convierte en una doctrina cerrada, inmune a los hechos. Si los datos contradicen la teoría, peor para los datos.
El economista Mark Blaug (uno de los grandes historiadores de la metodología económica) fue lapidario:
“Los austriacos confunden la lógica con los hechos. Lo que ellos llaman ‘razonamiento deductivo’ es simplemente fe en sus premisas.”
El problema no es solo epistemológico sino moral: al negar la verificación empírica, los austriacos se colocan fuera del debate científico. Para ellos, la economía no es una disciplina que observa y contrasta sino un edificio lógico autosuficiente.
Bryan Caplan, profesor en George Mason University, lo expresó así:
“Elevan la filosofía por encima de la ciencia. Su modelo no necesita datos porque se declara cierto a priori. En la práctica, eso los aísla del progreso.”
La consecuencia es una economía puramente verbal: una cadena de silogismos donde las palabras sustituyen a las pruebas. La realidad (las recesiones, los mercados financieros, las crisis, etc.) no se investiga, se interpreta como una desviación moral del ideal.
El filósofo de la ciencia Terence Hutchison, en su clásico The Significance and Basic Postulates of Economic Theory (1938), ya había advertido de este peligro:
“El apriorismo extremo de Mises no es una metodología científica, sino un racionalismo dogmático disfrazado de análisis económico.”
En otras palabras, la praxeología no describe cómo funciona el mundo; describe cómo debería funcionar según la fe liberal más pura. No es análisis, es catecismo.
El mito del propósito: cuando el axioma se derrumba
La piedra angular de toda la praxeología de Mises (y de toda la Escuela Austriaca) es su famoso axioma:
“El hombre actúa con propósito.”
A primera vista, parece una verdad trivial: los humanos hacen cosas porque quieren lograr algo. ¿Quién podría discutir eso? El problema es que los austriacos no lo usan como una observación descriptiva sino como una premisa universal, necesaria e infalsable. De ese axioma deducen toda su teoría económica. Pero si examinamos la afirmación con rigor lógico y empírico, el edificio se tambalea.
1. Un axioma circular
Desde el punto de vista lógico, el enunciado es tautológico. Decir que “toda acción humana es intencional” equivale a definir acción como “comportamiento con intención”. Es una verdad por definición, no por descubrimiento. No describe el mundo: lo redefine para que encaje en sí misma.
Esa circularidad tiene un efecto teológico: si algo parece contradecir el axioma, se reinterpreta como “no acción”.
- El borracho que tropieza no actúa con propósito → no es acción → el axioma sigue siendo cierto.
- El enfermo mental que se autolesiona sin razón → no actúa racionalmente → no cuenta.
Así, el axioma se vuelve irrefutable, no porque sea verdadero, sino porque es inamovible por construcción.
Como señalaba Karl Popper (el archienemigo del apriorismo):
“Una teoría que no puede ser falsada por ningún posible hecho no es científica, sino metafísica.”
2. La evidencia psicológica: los humanos no siempre actúan con propósito
El axioma de Mises no resiste el mínimo contraste con la psicología cognitiva moderna. Sabemos que una gran parte del comportamiento humano no es intencional sino automático, inconsciente o impulsivo.
¿Ejemplos empíricos?
- Sesgos cognitivos y heurísticas (Kahneman y Tversky, Judgment under Uncertainty, 1974): gran parte de nuestras decisiones son el resultado de atajos mentales, no de propósitos racionales.
- Conducta automática: el 40–50 % de nuestras acciones diarias son hábitos inconscientes (Duke University, PNAS, 2006). Nadie “elige” racionalmente el orden en que se viste o el pie con el que da el primer paso.
- Trastornos neurológicos: en casos de síndrome de Tourette, epilepsia o lesiones frontales, los individuos ejecutan movimientos y decisiones sin intención consciente. ¿Son “acciones humanas”? Sí. ¿Con propósito? No.
- Sueños lúcidos, lapsus, tics, reflejos, hábitos adictivos: todos son comportamientos humanos que no responden a un fin deliberado.
La psicología moderna muestra que la intencionalidad no es la norma sino una pequeña isla dentro del mar de procesos automáticos. Si el axioma dice que toda acción es intencional, entonces la ciencia empírica lo refuta a diario.
3. La neurociencia: la voluntad llega después
Desde Benjamin Libet (1983) hasta estudios recientes con fMRI, sabemos que el cerebro inicia una acción antes de que el sujeto sea consciente de su intención. El “potencial de preparación” neuronal aparece unos 300 milisegundos antes de que la persona “decida” moverse. En otras palabras: el cuerpo actúa y luego la mente inventa una narrativa de propósito. Esto destruye la idea de que la acción humana se origina en una voluntad racional. Lo que los austriacos llaman “propósito” es muchas veces una reconstrucción post hoc: un relato que da sentido a lo que el cerebro ya decidió hacer.
4. La sociología y la historia: la acción sin sentido
Incluso en el plano social, la idea de que toda acción humana tiene un fin deliberado no se sostiene. Buena parte de la historia económica está hecha de acciones sin propósito racional colectivo: burbujas financieras, pánicos bancarios, guerras, modas, crisis…
Nadie “quiere” una crisis, pero las acciones individuales (racionales desde su punto de vista) la generan de forma emergente y caótica. El resultado no obedece a ningún propósito consciente. La teoría de la “acción humana con propósito”, por lo tanto, no puede explicar fenómenos emergentes, espontáneos o autoorganizados, porque todo su marco supone agentes plenamente conscientes de sus fines.
5. Paradoja moral: si todo acto tiene propósito, nada es irracional
Si aceptamos el axioma al pie de la letra, todo acto humano es racional, porque se define como orientado a un fin: el asesino serial, el adicto, el suicida, el corrupto… todos actúan con un propósito. El axioma se vuelve moralmente vacío: no distingue entre sabiduría y locura, altruismo y sadismo. Así, la teoría económica se convierte en nihilismo ético disfrazado de lógica pura. El economista Terence Hutchison lo observó con ironía:
“Si toda acción es racional, entonces la economía deja de estudiar la razón humana para estudiar cualquier cosa que ocurra.”
6. Conclusión: el axioma que explica todo, explica nada
El axioma de Mises pretende ser una verdad universal. Pero como toda verdad infalsable, se convierte en una piedra filosofal en el más puro sentido magufo: un principio tan amplio que ya no sirve para distinguir entre lo verdadero y lo falso, lo racional y lo absurdo, la ciencia y la fe.
En realidad, la afirmación “el hombre actúa con propósito” es menos un descubrimiento científico que un acto de fe antropológica: una manera elegante de decir “creemos que el ser humano siempre sabe lo que hace”. Pero la evidencia (neurológica, psicológica e histórica) dice lo contrario: el ser humano no siempre actúa con propósito. Y, de hecho, gran parte de la economía real surge precisamente de la ausencia de propósito consciente: de los errores, las pasiones, las rutinas y los impulsos. Por no mencionar que la economía a veces surge de factores totalmente aleatorios que en nada tienen que ver con la acción humana: climatología, pandemias, etc. La praxeología de Mises, al negar todo esto, no describe a los humanos: describe a ángeles racionales que solo existen en su teología del mercado.
3. Contra el positivismo, con fe aristotélica
En los años veinte y treinta, mientras el Círculo de Viena (Carnap, Schlick, Neurath) intentaba limpiar la ciencia de metafísica, los austriacos hacían lo contrario: la elevaban a principio rector. Para los positivistas lógicos sólo existen dos tipos de enunciados válidos: los que pueden verificarse empíricamente y las tautologías. Todo lo demás (incluido el “valor subjetivo” o el “orden espontáneo”) pertenece al terreno de la especulación ontológica.
Sin embargo, Menger, Mises y sus discípulos insistían en que la economía podía descubrir “esencias universales” de la acción humana. Ahí está la raíz aristotélica del asunto: el intento de fundar la economía sobre una ontología realista, casi medieval.
Carnap lo habría despachado sin dudar: ni verificable ni analítico, ergo sin sentido. Pero para los austriacos y más para los de comienzos del siglo XX, esa “verdad necesaria” sobre la acción humana se convirtió en su equivalente del dogma de la Creación: una premisa eterna e inmutable sobre la naturaleza del hombre y su deseo de maximizar su bienestar.
4. Los derivados: cuando la teología se convierte en ideología
De la praxeología de Mises brotan sus descendientes más devotos: el libertarianismo radical, el anarcocapitalismo y toda una cosmovisión que convierte el mercado en divinidad. Si la praxeología es la teología, estos sistemas son su moral revelada.
Los economistas que vinieron después (Murray Rothbard, Hans-Hermann Hoppe, Walter Block y una legión de discípulos digitales) llevaron los axiomas austriacos a su conclusión lógica: si toda interferencia estatal es una violación de la libertad individual, entonces el Estado debe desaparecer por completo. Ni si quiera reformarse o limitarse: directamente extinguirse, a ser posible. Y si no pueden llevarlo a cabo, porque cuando acceden a la política obviamente esto deben gestionarlo mediante un Estado, reducirlo a su mínima expresión. A ser posible, dejando las instituciones más opresoras, que les protejan luego de las protestas por sus actuaciones político-económicas (como en toda religión: la libertad de expresión y la protesta son el enemigo número uno – lo que impide seguir ejecutando el plan doctrinal). Cuando ellos son el Estado se acaban sus responsabilidades para con las personas que administran, porque no tienen en cuenta la pluralidad en la que viven: no hay enfermos, pobres, etc. Que cada cual se proteja a sí mismo. Ellos sólo están para beneficiar a la empresa, en general (que ellos sean empresarios es solo una «casualidad»).
Así nace el anarcocapitalismo, una utopía que se presenta como “realismo extremo” pero que en la práctica funciona como una escatología política: un mundo purificado del pecado estatal, gobernado solo por contratos y propiedad privada. Uno en el que se ignora las relaciones de poder y las clases, como si tuvieran la misma capacidad de decisión el individuo que busca un empleo porque no posee capital y quien tiene ese capital: el dueño de los medios de producción que busca trabajadores. Ya hemos dicho que en esta secta se ignora la realidad, así que jamás tendrán en cuenta las condiciones materiales y socioeconómicas de la gente. Y si se las señalan, las ignorarán. No es un modelo de economía; es una teología de la redención a través del mercado (su ente mágico y autoconsciente).
5. La metodología como credo
La praxeología (el método estrella de Mises del que ya hemos hablado) funciona como el catecismo del creyente. Parte de un axioma “autoevidente” (“los humanos actúan con propósito”) y deduce de ahí todo el universo económico. Si los datos contradicen la teoría, el problema no son los axiomas sino los datos. La actitud es idéntica a la teológica: la fe no se corrige por la experiencia y la evidencia.
Durante la Gran Depresión, por ejemplo, los austriacos culparon al intervencionismo estatal y la expansión del crédito. Las estadísticas, el desempleo masivo y la deflación los contradecían, pero eso no les importó. Su modelo era “apodíctico”: verdadero por definición.
El rechazo a las matemáticas o la econometría forma parte del mismo credo. Como escribió el economista Ash Navabi,
“Usan cadenas causales impecables… pero parten de premisas irrefutables. Ignoran la realidad para mantener la pureza.”
Es una fe en la lógica verbal pura, sin contacto con el mundo. Ciencia sin experimento, como alquimia sin laboratorio.
6. Mises y Hayek: los profetas del mercado
En toda religión hay un texto sagrado y una jerarquía de santos. En la Escuela Austriaca, la Biblia se llama La acción humana (1949) y su autor, Ludwig von Mises, ocupa el lugar del sumo sacerdote.
En el Instituto Mises, su «Vaticano», su palabra resuelve cualquier disputa. Discrepar es herejía. El economista George Selgin lo señalaba con frustración:
“Muchos no argumentan. Solo dicen: ‘Mises lo dijo’.”
Murray Rothbard, su discípulo más ferviente, llevó esta devoción al extremo, transformando las ideas de su maestro en dogmas morales: el anarcocapitalismo como destino inevitable del individuo racional. Por lo visto, según ellos, es inevitable (aunque sean ellos quienes eligen llevarlo a cabo cuando acceden a la política) por ejemplo, en vez de resolver las condiciones materiales para mejorar la vida de las personas, que se produzca la venta de órganos o la trata de personas (que ellos permitirán legislando). Murray N. Rothbard escribió literalmente que “en la sociedad puramente libre habrá un floreciente mercado libre de niños”.
«En resumen, debemos enfrentarnos al hecho de que la sociedad puramente libre tendrá un floreciente mercado libre de niños. Superficialmente, esto suena monstruoso e inhumano. Pero un pensamiento más detenido revelará el humanismo superior de tal mercado.»
Fuente: The Ethics of Liberty, capítulo “Children and Rights”
Cualquier medio vale para solventar los problemas que ellos mismos causan, al igual que hace la religión cristiana cuando afirma que existe un «pecado» y al mismo tiempo ofrece la «salvación».
Hayek, por su parte, actúa como santo patrón. Su Camino de servidumbre (1944) se convirtió en evangelio del libre mercado. Sin embargo, la comunidad austriaca suele ignorar sus virajes posteriores hacia posiciones más pragmáticas y sociales. El Nobel no fue tanto un reconocimiento a su fe, sino a su parte más empírica, la que sus discípulos prefieren olvidar.
Como dijo Paul Krugman:
“Es un sistema hermético. Solo hablan entre ellos.”
Y Gary Becker remató:
“Un culto con Mises en el centro.”
7. Los feligreses del libre mercado
Toda religión tiene su comunidad. En el caso austriaco encontramos templos modernos en el Mises Institute, foros de Reddit, grupos en redes sociales como X (antes Twitter) y think tanks libertarios que actúan como seminarios de fe económica.
El léxico es teológico: quien duda “no entiende la praxeología”; quien critica “no tiene fe en la libertad”. Lo que para el resto del mundo es una falacia de alegato especial, para los feligreses de la secta austríaca es un argumento válido para no afrontar las críticas cuando estas les provocan disonancias cognitivas. El choque con el mundo real es algo a evitar. Recordad que el empirismo está en contra de su credo.
Las criptomonedas, por supuesto, han reforzado esa liturgia: el Bitcoin como sacramento monetario y el patrón oro como mandamiento divino. El ingeniero y analista Stephen Diehl lo resume con dureza:
“Hay que desprogramar a los ingenieros convertidos por esta secta.”
Y el economista Noah Smith, con ironía:
“El anarcocapitalismo es un culto.”
La narrativa es siempre la misma: el Estado como Satán, el mercado como paraíso y la intervención se presenta como un pecado original.
Conclusión: cuando la fe suplanta al método
La Escuela Austriaca no está marginada en la academia por conspiraciones keynesianas (su creencia y excusa más habitual), sino porque no juega con las reglas del método científico. Su rechazo a la verificación empírica, su apego a axiomas revelados y su veneración por sus fundadores la sitúan más cerca del pensamiento religioso que del científico.
Tiene su teología (la praxeología), sus santos (Mises y Hayek), sus textos sagrados (La acción humana, El camino de servidumbre), sus seminarios (el Instituto Mises) y su escatología: el mercado perfecto que redimirá al hombre.
No es una escuela económica. Es una fe pretendidamente racionalista que cree antes de comprobar y que predica antes de medir. Y como toda religión, ofrece consuelo ante la incertidumbre del mundo… a cambio de renunciar al escepticismo.
Y eso lleva a las ideas que defienden algunos de ellos de legalizar mercados de órganos, trata de personas, y no sigo. Naturalmente ellos nunca se ven cómo teniendo que venderse a piezas o siendo víctimas de eso.
A veces, por mucho que puedan tener razón en alguna cosa, suenan cómo sectarios, y dudo de paso que Juan de Mariana escribiendo en el siglo XVI tuviera en mente un estado cómo los modernos. Hasta puede ser entretenido ver quiénes financian esos think thanks.
Según sé,tales cosas solo se aprobarían si la mayoría estuviera de acuerdo. Cómo el anarcocapitalismo y el libertarismo se basan en el libre mercado,y el libre mercado depende de la oferta-demanda,la venta de órganos y trata de personas serían una realidad solo si la mayoría decide pagar por ello. Osea,por más ricos que haya queriendo comprar órganos o personas,si el resto de la población contrata compañías de ley contra eso, eventualmente perderán,y el mercado desaparecerá.
Oh bueno,es lo que deduje después de estudiar levemente a los ancaps.
Pd:Tal vez no se publique,pero debo decir que me gusta este sitio xd.
Le voy a responder por pena. Que es lo único que me causa usted.
Lo de que «tales cosas solo se aprobarían si la mayoría estuviera de acuerdo« es una falacia y una completa estupidez. Si hay libertad de mercado y no hay legislación alguna que prohibe un acto, no depende de si hay mayoría deseando algo o no. Solo depende si hay una sola persona dispuesta a pagar por ello. La mal llamada «ley» de la oferta y la demanda solo dice, por cierto, que los precios suben cuando la demanda supera a la oferta (escasez) y bajan cuando la oferta supera a la demanda (excedente). No habla sobre qué se vende.
Lo que dijo usted aquí y que lo remata con lo de que «por más ricos que haya queriendo comprar órganos o personas,si el resto de la población contrata compañías de ley contra eso, eventualmente perderán,y el mercado desaparecerá« es tan incoherente y estúpido que se cae por su propio peso con lo que sucede en la realidad.
¿»si el resto de la población contrata compañías de ley contra eso»? Los libertarios defienden la desregulación. Qué «población», a qué «personas» van a contratar y a qué carajos de «ley» van a apelar, si ya no habría ley que prohibiera la trata de personas y la venta de órganos. ¿Es que no le da nunca a usted por pensar y reflexionar, antes de comentar? Me da a mi que sus «deducciones» parten siempre de la más completa ignorancia.
Se nota muchísimo que no has leído la acción humana de mises
1) Mises distingue entre acción humana y acción biológica. Las diferencias se explican al empezar el libro
2) Te quejas mucho de que no es empírica. Pero tus críticas son palabrería y argumentos de autoridad no experimentos científicos
3) Inventas lo que quiere decir Metafísica
Que haya leído o no Ludwig von Mises no responde absolutamente nada de lo que planteé.
1. Decir «no has leído *La acción humana*» no es un argumento. Es una falacia de autoridad. Si cree que Mises refuta lo que dije, cite el pasaje y explique cómo. De lo contrario solo está intentando desacreditar al interlocutor sin responderle.
2. Mi argumento era muy concreto: usted afirmó que mercados como la trata de personas o la venta de órganos solo existirían si la mayoría los apoyara. Eso es falso. Un mercado no necesita el respaldo de una mayoría; basta con que existan compradores y vendedores. El narcotráfico, el tráfico de armas, la prostitución ilegal o el comercio de especies protegidas existen precisamente sin contar con el apoyo de la mayoría de la población. Ese fue mi argumento, y usted no lo ha respondido.
3. También afirmó que «el resto de la población contrataría compañías de ley». ¿Qué ley? Si el propio planteamiento libertario elimina la legislación estatal que prohíbe esas prácticas, ¿en virtud de qué norma actuarían esas compañías? Usted nunca explicó eso. Se limitó a cambiar de tema.
4. Sobre el empirismo, vuelve a inventarse lo que dije. Mi crítica a la praxeología de Mises es que parte de axiomas considerados verdaderos a priori y rechaza que la teoría económica deba contrastarse empíricamente del mismo modo que las ciencias naturales. Esa es una descripción fiel de la metodología misesiana, no una invención mía. Si considera que es incorrecta, cite a Mises diciendo exactamente lo contrario.
5. Finalmente, tampoco he «inventado» el significado de metafísica. Si sostengo que una teoría es metafísica en un determinado sentido filosófico, lo mínimo que debería hacer es explicar por qué esa clasificación es errónea. Decir simplemente «inventas lo que quiere decir metafísica» no es un argumento, es una afirmación gratuita.
En resumen, no ha respondido a ninguna de las objeciones que le hice. Solo ha dicho «lee a Mises», ha cambiado de tema y ha atribuido a mi crítica cosas que nunca dije.
Tal vez, Ludwig von Mises al afirmar:
“Las leyes económicas se deducen lógicamente. No necesitan pruebas”,
quiso decir algo como: «cuando uno tiene sed, desea tomar agua», que dudo alguien diga que esto último es falso.
Es decir, por lógica, la misma afirmación no necesita pruebas puesto que vienen implícitas en lo que se afirma.
Que conste…
Está confundiendo usted entre lógica formal y realidad empírica.
Que una deducción puede ser lógicamente válida, eso no garantiza que sea verdadera respecto del mundo real. Por ejemplo:
Esa deducción es lógicamente válida, pero fácticamente falsa. Lo mismo pasa con la praxeología de esta secta austríaca: que algo se deduzca lógicamente no elimina la necesidad de verificación empírica si se pretende hablar de hechos en el mundo. La frase de von Mises es un cuñadismo. Y en dicha secta aplican la praxeología para eludir basarse en la evidencia.
No creo estar confundiendo lógica formal y realidad empírica, creo que Usted es el que esta confundido. No advierte que Mises las asemeja, las iguala, concluye que la acción humana no necesita pruebas, que son un sin fin de hechos y consecuencias, si pasa uno sucede el otro.
No dede el punto de vista científico puesto que el método científico estorba en lo evidente. El agua moja, no es necesario ponerse a demostrarlo. Es decir, onbviamente cuando uno afirma tiene que probar, pero hay cosas que son tan evidentes que uno toma la osadía de decir: «no se necesitan pruebas».
Y creo que tiene razón puesto que la acción humana es un hecho, e junto con las demás forman parte de acciones humanas. ¿Acaso no suceden? ¿Qué es lo que hay que probar?
Entiendo que cuando uno quiere direccionarlas hacia ciertos fines necesite probar que sus directrices, pero aquí, en este inteccambio, importa poco el fin, lo que se discute es la frase y lo que ella afirma, y es allí en donde manifiesta un dogma: las acciones deben dirigirse y no dejarlas a su libre albedrío. En ese caso, es Usted quien debe presentar pruebas, no Mises.
«No creo estar confundiendo lógica formal y realidad empírica, creo que Usted es el que esta confundido. No advierte que Mises las asemeja, las iguala, concluye que la acción humana no necesita pruebas, que son un sin fin de hechos y consecuencias, si pasa uno sucede el otro.»
ME dice que no lo hace y acto seguido repite el mismo error. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
«No dede el punto de vista científico puesto que el método científico estorba en lo evidente. El agua moja, no es necesario ponerse a demostrarlo. Es decir, onbviamente cuando uno afirma tiene que probar, pero hay cosas que son tan evidentes que uno toma la osadía de decir: «no se necesitan pruebas». Y creo que tiene razón puesto que la acción humana es un hecho, e junto con las demás forman parte de acciones humanas. ¿Acaso no suceden? ¿Qué es lo que hay que probar?«
Menuda simplificación de la economía que usted, por lo visto fan de Mises, hace: comparar un silogismo tipo «el agua moja» con propuestas que afectan a entornos sociales complejos. Por no mencionar la soberana ignorancia de qué es y cómo funciona la ciencia: el método científico no busca demostrar lo obvio, sino probar lo que se infiere de lo obvio. Nadie prueba que el agua moja; lo que se prueba es por qué moja, cómo lo hace, bajo qué condiciones deja de hacerlo (por ejemplo, en el vacío, o cuando está en estado sólido). Del mismo modo, nadie discute que los humanos actúan; lo que se discute es cómo y por qué sus acciones producen ciertos efectos económicos. Eso sí requiere verificación, porque no es evidente ni necesario que, por ejemplo, la intervención estatal cause inflación, o que el mercado libre conduzca a un equilibrio. Y si uno afirma tales cosas, al menos debe basarlas en datos empíricos, que en ciencia se hacen mediante estudios donde se incluyen las evidencias recogidas, aplicadas a hipótesis concretas que deben probarse en dichos estudios revisados. Pero es que su querido Mises y su querido libertarismo lo que defienden es huir de eso para no afrontar que sus ideas pueden estar equivocadas. La ciencia les estorba solo a quienes siguen una doctrina religiosa.
Por cierto. Los materiales hidrofóbicos no se «mojan» (y menos los superhidrofóbicos) cuando entran en contacto con el agua. Para que vea hasta que punto sus justificaciones, en el mundo real, son una soberana estupidez. Digna, desde luego, de quien suelta frases como la burrada de que «el método científico estorba en lo evidente«.
«Entiendo que cuando uno quiere direccionarlas hacia ciertos fines necesite probar que sus directrices, pero aquí, en este inteccambio, importa poco el fin, lo que se discute es la frase y lo que ella afirma, y es allí en donde manifiesta un dogma: las acciones deben dirigirse y no dejarlas a su libre albedrío. En ese caso, es Usted quien debe presentar pruebas, no Mises.«
Ya lo que me faltaba escuchar es que quien debe de probar las afirmaciones no es quien las hace sino quien las discute. Como dije, los fans y defensores de Mises y la Escuela Austriaca son como los creyentes religiosos: aceptan lo que les dicen desde la secta mesiante la fe ciega y luego van empleando probatio diabolicas con quienes cuestionan a dicha religión invirtiendo el onus probandi. Si Mises dice que “las leyes económicas se deducen lógicamente y no necesitan pruebas”, el peso de la prueba es suyo, porque está haciendo una afirmación extraordinaria. “No necesito probarlo porque es evidente” es precisamente la definición de dogma. Hágaselo mirar.
La economía puede no ser una ciencia dura cómo lo es por ejemplo la física pero al menos intenta seguir el método científico, formulando hipótesis y viendo si son ciertas con los datos disponibles. Lo mismo exactamente con las ciencias duras dónde se pone a prueba que las asunciones que se dan (leyes y constantes físicas que no cambian y son iguales en todo el Universo) se cumplen. Y porque el agua moja y otros líquidos mojarían de modo distinto, si tan siquiera pasa.
Por otro lado, si la doctrina del Homo Economicus fuera cierta no existirían por ejemplo las compras impulsivas y todo eso que los expertos en marketing saben y con lo que juegan para que cuando uno va al supermercado se gaste más de lo que pensaba al principio. A lo mejor también, por ejemplo, en astrofísica, se asume que los modelos teóricos que se emplean son sólo eso y aproximaciones porque el Universo real es mucho más complicado y una estrella puede rotar y haber procesos que cambien su evolución que se descubren con el tiempo o dos galaxias que chocan estar compuestas por mucho más que partículas (gas interestelar, materia oscura, etc).
Hay desde luego razones por las que se dice que en algunos libros de texto de economía los austríacos están en la sección de charlatanes. Y todo eso independientemente de que, por ejemplo, los impuestos desde luego que deberían gestionarse mucho mejor y que debería de existir mano mucho más dura contra los políticos que despilfarran dinero público, corruptos o no, y/o no saben gestionar que votar cada cuatro años o que si alguien quiere emprender no hay que freírle a impuestos y burocracia.
Me parece también hipócrita sólo quedarse en la parte de liberalismo económico e ignorar que liberalismo es más que sólo esa parte.
Mises:
«La praxeología es una ciencia a priori. No necesita apoyarse en la experiencia para establecer sus teoremas. […] Las proposiciones de la praxeología no se derivan de la experiencia. Son, como las de la lógica y las matemáticas, anteriores a cualquier comprensión de los hechos históricos.»
(Acción humana, cap. II, sección 1)
«Los teoremas de la economía no son hipótesis que requieran verificación por la experiencia. Son deducciones lógicas a partir del axioma de la acción.»
(Adaptación cercana de varios pasajes, especialmente cap. II, sección 5 y cap. XXXIX)
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No soy fan de Mises, de nadie, ni de nada. Que conste.
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Mises ve la economía como una disciplina a priori y deductiva. No necesita pruebas empíricas porque se deducen lógicamente de un axioma indudable: la acción intencional. Usted comete el error de utilizar herramientas inductivas en algo que es deductivo. El axioma «los humanos actúan» es analíticamente verdadero, como «los solteros no están casados».
Me trae ahora pruebas de lo que digo: de que Mises pretende librarse de aportar evidencias. Porque Mises, repito por última vez (y como me siga insistiendo le bloqueo por troll), primero crea su ideología luego pretende encajar todo a ella, cuando debería ser al reves: primero observar la realidad, luego establecer hipótesis que comprobar, comprobarlas y luego, a partir de ahí, establecer un modelo que se ajuste a los hechos.
La economía no es deductiva (por más que usted lo crea): se basa en una cantidad ingente de factores basados en el análisis de datos. Pero se ve que como no entiende eso, no logra entender todo lo demás.
Ciertamente, ateoyagnóstico, al ver que los comentarios deben ser aprobados, hecho que solo evidencia el socialismo en sangre del autor, es decir, lo enemigo de la libertad, lo que es decir también, lo cobarde puesto que siempre sale victorioso al tener la última palabra, aún así, decidí instruirlo for free, pero me paga con el silencio. Debería darle vergüenza la magnitud de su hipocresía; en vez de agradecerme de aparecer una voz contraria. Pff
La verdad que no quería molestarme mucho, pero hay días en que no estoy en vena de oler ese tufillo a fatal arrogancia de los que se la dan de científicos, pero cuando hablan de economía no aciertan ni una, como diría Camilo José Cela.
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Hablar de una comprensión praxeológica es un marco conceptual diferente al hacerlo de un paradigma empirista y cientificista; son verdades diferentes. Mises no habla de hechos verificables del mundo físico, él hace una afirmación apriorística sobre la estructura lógica de la acción humana. El axioma es la acción «el hombre actúa», una verdad sintética a priori, no empírica ni meramente analítica. No describe un hecho particular del mundo, sino que es condición de posibilidad de cualquier hecho social comprensible.
Por eso, Mises dice que no «necesita prueba», porque toda la observación empírica ya presupone que los humanos actúan con propósito. Es una verdad FUNDACIONAL, no DERIVADA.
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En síntesis, el debate no es si las deducciones deben probarse empíricamente, sino si toda economía puede reducirse a proposiciones empíricas. Mises responde que no, porque los fenómenos económicos presuponen intencionalidad humana, y esa intencionalidad no es observable como un hecho físico sino comprendida racionalmente. Su método no rehúye la ciencia: propone otra forma de cientificidad, distinta del positivismo.
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Esto es para darle la oportunidad de que ponga en tela de juicio sus creencias, y no sea un creyente más de esos que tanto critica. Dudo mucho que deje su cobardía de lado y publique algo que lo aplasta argumentalmente y deja en evidencia que hasta un ciego vendado puede ver desde la Luna que no sabe de lo que habla.
En fin, uno por ahí se siente caritativo sin esperar las gracias. Que lo aproveche.
Nadie prostituye más la palabra «libertad» que los libertarados de la secta de Mises, que van presumiendo de ella y acusando a otros de ser sus enemigos, cuando ni saben diferenciar si quiera libertad positiva de negativa. Y tanta perorata, además, para solo venir con un ad hominem como argumento repleto de falacias y sofismas bajo la excusa de que «los comentarios deben ser aprobados», cuando en los 15 años que lleva abierta la web he aprobado todos los comentarios que me han escrito personas que estaban en las antípodas de mis ideas y a usted de momento le he aprobado todos hasta ahora. Hasta ahora, por razones totalmente evidentes: porque a partir de ahora, por insultarme y comportarse como un troll/imbécil, queda por supuesto usted bloqueado/a. No sin antes publicarle este su último comentario y esta mi respuesta, donde voy a resaltar el ejercicio de proyección suyo en este su párrafo final para que se ve lo miserable que es usted y el grado de hipocresía que maneja:
«Esto es para darle la oportunidad de que ponga en tela de juicio sus creencias, y no sea un creyente más de esos que tanto critica. Dudo mucho que deje su cobardía de lado y publique algo que lo aplasta argumentalmente y deja en evidencia que hasta un ciego vendado puede ver desde la Luna que no sabe de lo que habla.«
¿Darme la oportunidad? ¿Pero quien carajos se cree usted que es? Esa condescendencia falaz se la puede usted meter por el culo, porque yo desde luego no se la pienso ni aceptar ni consentir. Y más cuando parte de falacias de hombres de paja y proyecciones, como cuando habla de que me da «la oportunidad» para que yo «ponga en tela de juicio mis creencias» cuando es usted quien sí las tiene y no lo ha hecho ni hace. Y cuando es usted quién ha venido a mi web y yo quien le puede o no consentir comentar. Y tiene el cuajo además de llamarme cobarde, cuando es usted el pedazo de imbécil que para no afrontar los hechos que le he respondido hasta ahora ha prertendido zanjarlo con esta respuesta.
«En fin, uno por ahí se siente caritativo sin esperar las gracias. Que lo aproveche.»
Que le aproveche a usted. Que, como dije, con esto ya gastó su última oportunidad para intentar tener razón en su defensa a la secta de libertarrados a las que usted ha venido a defender (supongo que porque es usted otro saco de mierda de dicha secta). Por desgracia para usted [todos sus comentarios] y mis respuestas (porque le he respondido a todo, pese a su victimismo patético y mezquino en este comentario) seguirán publicados para que se vea que es usted un/a hipócrita.
Y como no le pienso dar ni una mínima ventana de oportunidad para que se sienta que no le respondo (y para que lo vea todo el mundo otra vez), le responderé de nuevo a su repetición argumental de que:
«Hablar de una comprensión praxeológica es un marco conceptual diferente al hacerlo de un paradigma empirista y cientificista; son verdades diferentes. Mises no habla de hechos verificables del mundo físico, él hace una afirmación apriorística sobre la estructura lógica de la acción humana. El axioma es la acción «el hombre actúa», una verdad sintética a priori, no empírica ni meramente analítica. No describe un hecho particular del mundo, sino que es condición de posibilidad de cualquier hecho social comprensible.
Por eso, Mises dice que no «necesita prueba», porque toda la observación empírica ya presupone que los humanos actúan con propósito. Es una verdad FUNDACIONAL, no DERIVADA.
–
En síntesis, el debate no es si las deducciones deben probarse empíricamente, sino si toda economía puede reducirse a proposiciones empíricas. Mises responde que no, porque los fenómenos económicos presuponen intencionalidad humana, y esa intencionalidad no es observable como un hecho físico sino comprendida racionalmente. Su método no rehúye la ciencia: propone otra forma de cientificidad, distinta del positivismo.«
1º. Para empezar, la “verdad sintética a priori” no salva a Mises de ser dogmático. Mises dice que el axioma “el hombre actúa” es una verdad sintética a priori, inspirándose en Kant: no empírica, pero tampoco meramente analítica. El problema es que aquí es donde su sistema empieza a parecer más religioso que científico:
Una verdad sintética a priori, según Kant, permite conocimiento necesario sobre la estructura de la experiencia, pero siempre en el marco de la experiencia posible. Mises, sin embargo, no contrasta sus derivaciones con la experiencia, ni acepta la posibilidad de refutarlas.
Al declarar que “toda la economía se deduce lógicamente del axioma de la acción”, esto crea un sistema cerrado e indemostrable, donde toda crítica empírica se considera irrelevante. Eso es exactamente lo que caracteriza a un dogma religioso: un sistema cerrado, donde la evidencia externa no puede contradecir los principios fundacionales. Pero usted, como feligrés de esta secta, se ve que es incapaz de entender esto pese a ser algo tan obvio y simple.
2º. El hecho de que Mises trabaje en un “marco conceptual praxeológico” no le exime de tener que aportar coherencia con la realidad: Un marco conceptual puede ser útil como herramienta de análisis, pero sus conclusiones sobre el mundo deben ser verificables para tener valor predictivo o explicativo. Mises, cual profeta o líder religioso, al excluir cualquier contraste empírico, convierte la economía en una teología de la acción humana, donde todo se deduce de un axioma y nada puede refutarlo. Esto no es ciencia, sino una ideología deductiva, que exige fe en sus premisas y no en los hechos.
y 3º. Para rematarlo: Reducir toda economía a proposiciones empíricas no implica invalidar la deducción lógica. Nadie dice que la lógica no tenga valor. Es evidente que se pueden hacer deducciones coherentes a partir de un axioma como “el hombre actúa”. El problema es pretender que esas deducciones constituyen toda la economía, sin necesidad de contrastar con la realidad. La economía, a diferencia de la lógica pura o las matemáticas, estudia hechos sociales con consecuencias materiales. Por lo tanto, las deducciones no pueden sustituir la verificación empírica: una teoría puede ser lógicamente consistente pero empíricamente falsa.
Por cierto. Deduzco que esta respuesta suya, teniendo en cuenta que sí le he publicado y le he respondido a sus comentarios anteriores (incluso a este en el que ha venido a insultarme gratuitamente), es porque irónicamente le ha dolido precisamente que lo hiciera y le dejara en ridículo. Usted, que defiende un sistema de creencias que postula para autoprotejerse como doctrina que no hay que comprobarlas previamente, cual secta. Lo dicho: quédese con eso porque con eso es con lo que va a quedarse. Y así es como va a quedar usted para las posteridad. 😉 Le aconsejaría que se lo haga mirar, pero es que es inútil con los feligreses. Así que, ale, a pastar.
ruzzarin, eres tu?
Milei ¿eres tú?
En fin. Ni se moleste en contestar mal. Ya nos ha dejado claro, aportando todo lo que ha querido aportar hasta ahora, que no es usted más que un troll. Paso a bloquearle.
Me parece que esa arrogancia, y sobre todo llamar «socialistas» a quienes no están de acuerdo con su ideología (no es la primera vez que lo veo), dice mucho y no bueno, y aunque «los humanos actúan» pueda ser un inicio es en adelante dónde lo demás falla.
Debe de doler que ningún país ha tratado de ser Rallolandia y que lo más cercano (Argentina) lo es sólo por desesperación tras lo que ha pasado allí las pasadas décadas, aunque Milei sea, economía aparte, el esperpento que es.
Tal cual. El tipo tiene unas ínfulas mientras se dedica a proyectar, que no es ni medio normal. Pero bueno, viendo de donde es no me extraña que sea un feligrés del libertarismo. Me apostaría a que incluso votó a Milei.
PD: He encontrado a un Ariel Lorenzo, argentino y libertario en Youtube. ¿No será él?
no sería raro.
Mejor que esos tipos no vean cómo funciona el cuerpo humano, o para el caso cualquier organismo multicelular porque si las cosas fueran también el equivalente de liberales a nivel celular la vida no habría llegado muy lejos.
y el comunismo nunca se va a poner a prueba, porque siempre vana a decir, eso no fue verdadero comunismo, nunca se va a poder falsear, lease a Popper, la miseria del historicismo, cualquier libro le sentaria bien o lo pondra rabiar si va en contra de su vision economica
Me recomienda leer a un autor al cual cito, que critica precisamente las bases de la secta a la que usted ha venido a defender y del cual incluso ya publiqué su obra. ¿No se le cae la cara de la vergüenza? Más vale que en vez de emplear falacias aportara usted, si tanto sabe, datos y argumentos que demuestren lo que afirma. Pero claro ¿qué se puede esperar de alguien que se ofendió porque critiqué y expuse a una secta que predica explícitamente no basarse en la evidencia como base fundamental. Y que ignora todo lo que le exponen, porque sólo es un fanático que tiene que defender su credo? Pues eso, nada. Porque eso es lo que usted tiene para refutar lo que expuse en este artículo. Y no lo hace por una cuestión muy simple: sabe que no puede porque no dije nada que fuera falso de ella.
Por cierto, no soy comunista. Pero eso no me impide, a diferencia de los fanático religiosos como usted, criticar el sistema en el que vivo. Precisamente porque yo sí soy escéptico y crítico. Por eso y porque, a diferencia de usted, como se puede ver y percibir en sus comentarios, yo sí que me he leído las obras de Marx y Engels, entre otros, como también la de Adam Smith e incluso las de todos los autores de la Escuela Austríaca como para poder formarme mi propias ideas, mi criterio y opinar sobre ello. Cuando usted haga algo similar, comprendiendo lo que lee y desde un punto de vista objetivo (en vez de el de un fanático), entonces viene a hablarme.
por lo menos hagas premisas desde el punto de vista real para que tambien salga conclusiones validas,
Si no sabe razonar y no entiende un silogismo simple, es su problema.
es que usted pone unas premisas exageradas para ridiculizar tanto esfuerzo que han hecho los economistas, ellos por lo menos usan axiomas basados en algo obvio, si quiere vaya y ridiculice tambien los postulados de Euclides, porque Euclides no demostró esos postulados, porque tanto los postulados y axiomas son algo obvio que no necesita demostracion, por lo menos no ha aparecido una economia mejor, cuando aparezca pues se cambia y ya
Este va a ser el último comentario que le aprueba y responda, como ya prometí.
«es que usted pone unas premisas exageradas para ridiculizar tanto esfuerzo que han hecho los economistas, ellos por lo menos usan axiomas basados en algo obvio«. Gracias por usted mismo demostrar lo que dije: que la Escuela Austriaca no se basa en la evidencia, solo en axiomas de cuñado.
«tanto esfuerzo que han hecho los economistas« En fin. ¿Pero usted se ha leído las obras de esos economistas? No me haga reír. Son un completo despropósito, repleto de aberraciones que sólo se les puede ocurrir a unos tarados.
Y encima tiene los santos cojones de hacerlo afirmando esto para compararlo: «si quiere vaya y ridiculice tambien los postulados de Euclides, porque Euclides no demostró esos postulados«
¿Pero sabe si quiera cuales son los postulados de Euclides?
Contra esto está usted, en su comparación absurda de tipos que hablan de subjetividades y de economía, pretendiendo como base axiomática que la economía funciona por lo que ellos creen y por tanto no necesitan demostrarlo a priori ni evidenciarlo a posteriori. Cuando, como yo sí he expuesto en el artículo y en otros comentarios, sus afirmaciones caen cuando se observan una cantidad de factores que operan en la realidad.
Mire, se acabó. Este comentario se lo he publicado (porque me ha dado pena) y no más. Ya ha demostrado sobradamente todo a lo que es usted capaz de dar de sí.
Aquí en argentina tenemos al máximo representante de la escuela austríaca y el sionismo global, acompañado por «las fuerzas del cielo» cada vez que da un discurso.
Apoyado por la gran masa de ignorantes, fascistas y fanáticos evangélicos que crece a ritmos acelerados producto de tanta miseria (tanto intelectual como material).
Según los organismos oficiales está todo bien. Aunque la realidad diga todo lo contrario.
entro aca con entusiasmo pero todo se derrumba con este documento, yo soy agnostico esceptico, pero no comunista, no mezcle agnosticismo con comunismo, ese no es su tema, ¿que porque le digo comunista? por criticar las bases del capitalista, es que en esta vida ¿no puedo encontrar un ateo que no sea comunista? que desgracia
Yo, en cambio, soy de la evidencia.
La desgracia es que haya fanáticos y feligreses de sectas, dando igual cual sea su base temática principal. Como usted, tan fanático de esta secta económica, que cuando alguien la critica, cual sectario polarizado, es incapaz de ver más allá. No sea que le hagan reflexionar y dejar, cual feligrés, su credo simplón según el cual criticar a una panda de neoliberales implica criticar el capitalismo al que usted, cual creyente, se adhiere y por tanto quien no lo haga es su enemigo: en este caso «comunista». Porque ha entrado a esta web, ha visto un artículo donde se expone a una panda de vendehumos de ultraderecha, y como usted ya fue adoctrinado por ellos, solo le ha quedado responder como lo haría cualquiera de los adoctrinados del resto de religiones con las que llevo 15 años discutiendo.
soy apolitico, me encabronan que mezclen politica y otras cosas con escepticismo
Lo que es usted, es un cuñao de ultraderecha, como cualquiera de los que se califica como «Apolítico» mientras por por ahí defendiendo una ideología política.
y que economia propones, una que no existe, o una que usted va a hacer, o una de la URSS comunista?
Para empezar, la URSS no era comunista sino socialista, ignorante. Y tiene gracia que me hable de «una que no existe» cuando la revolución bolchevique duró apenas unos años para acabar con el feudalismo zarista y luego el socialismo sirvió, hasta que se la cargaron presidentes como Kruschev y desde él, para sacar de la pobreza a millones de rusos industrializando una sociedad agraria mediante políticas quinqueniales. Lo mismo que ha pasado con China desde finales de los años 70, que según el Banco Mundial ha sacado a más de 800 millones de la pobreza y convertido el país en una potencia mundial, basada en los acuerdos comerciales en vez de la intervención y la guerra con otros países, como el EE.UU. que tú seguro defiendes y apoyas porque eres un feligrés del capitalismo y habéis tomado como referente ese país tercermundista en lo microeconómico, que deja sin atención médica a su población.
Ni sé porqué sigo contestándote, cuando dije que no volvería a hacerlo. Será porque me gusta exponer a necios. Para que todo el que entre vea de qué pie cojeáis los que venís a cuestionarme. En fin. Se acabó.
pues si no quiere debatir mas, tenga la decencia de borrar mis comentarios
Ya quisieras. Voy a dejarlos para que se vea lo ridículos que sois. Como hago con todos.
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Ridículo y patético. Como todo sectario que ha venido a cuestionarme. Fin.
¿Has leído sobre el distributismo?,si es así,¿Que opina?,¿No es una alternativa a la escuela austriaca y al socialismo?
El distributismo es una proposición absurda propuesta por la Iglesia Católica (no toda) sólo para perpetuar el sistema con un placebo falaz que apela a la ignorancia. Pues se supone que pretende competir contra el socialismo o el comunismo, pero quien lo propuso (el teólogo Juan de París, basándose en un papa, Leon XIII) no entendió un carajo la filosofía marxista ni cómo funciona el capitalismo.
El distributismo propone que la propiedad productiva esté lo más distribuida posible entre muchas familias:
O sea, que la propiedad privada (la de los medios de producción) esté en locales pequeños, en manos de muchas pequeñas familias y pequeñas empresas familiares. Es una absurdez tal, que si no se cambia el modelo base capitalista de poco sirve en al mundo real globalizado en el que vivimos, en el que esas pequeñas empresas deberían competir contra multinacionales, oligopolios y monopolios. Por no hablar de que en las economías modernas muchas industrias necesitan gran escala para ser eficientes: energía, industria pesada, tecnología avanzada, transporte masivo, etc.
Lo único positivo del distributismo es que fomenta las cooperativas. Pero para eso mismo ya tiene uno entonces al socialismo o al comunismo, que además si plantean y resuelven el resto de problemas que el distributismo no, porque jamás ni se los planteo.