"Una mente crédula [...] encuentra el mayor deleite en creer cosas extrañas y, cuanto más extrañas son, más fácil le resulta creerlas; pero nunca toma en cuenta las que son más sencillas y posibles, porque todo el mundo puede creerlas."

Samuel Butler

El fraude de Argumosa y su «psicofonía del infierno»

La Psicofonía del Infierno es un bulo clásico: Argumosa aseguró haber grabado 10 minutos de voces y gritos en una sesión con entre 9 y 12 testigos de “alta sociedad”. Nunca reveló sus nombres ni permitió verificar la grabación completa, y ninguno de los supuestos presentes ha confirmado jamás la historia.

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Me presentan este artículo de Guioteca.com (un sitio especializado en fenómenos paranormales y sensacionalismo, sin rigor científico) y preguntan sobre el caso que expone. El artículo presenta un clásico bulo pseudocientífico conocido como la “Psicofonía del Infierno” o “Psicofonía de Argumosa” (1985). Se trata de una historia sin verificación independiente, construida sobre testimonios no corroborados, interpretaciones subjetivas y falta de evidencia. Pero vamos a analizarlo y desmentir punto por punto con fuentes escépticas y científicas disponibles lo expuesto en dicho artículo..

Resumen del artículo (lo que afirma como “hecho”)

En noviembre de 1985, el «parapsicólogo» (magufo) español Germán de Argumosa y Valdés (Torrelavega, 1921 – Madrid, 2007) graba 10 minutos con una grabadora en el sótano/biblioteca de una casona en las afueras de Madrid (dejándola sola mientras el grupo sube al salón). Al reproducirla, se oyen alaridos, campanas, ruidos infernales y voces: una masculina dice “Agua, agua… me ahogo” y una femenina “Ya te tengo, Juan, te mataré… te matareeee” (descrita como “un coro del infierno”).

Entre los presentes (artistas y “alta sociedad”) estaba un diplomático chileno de ~40 años llamado Juan (de la embajada en Madrid), supuestamente en perfecta salud. Tres meses después, Juan muere de un paro cardíaco “en extrañas circunstancias”, pronunciando “agua, agua”. La grabación se presenta como predicción paranormal profética. Argumosa solo mostró fragmentos (consideró el resto “demasiado espeluznante”) y “expertos europeos” la validaron como auténtica.

 

La realidad: es un fraude documentado y pura pseudociencia

La historia que contó Argumosa y que relata esa web (y en otros espacios magufos) no resiste el escrutinio escéptico ni científico en lo más mínimo.

Algo que podría darnos una pista y hacernos sospechar es que el artículo, para empezar, no cita fuentes verificables, grabaciones completas ni análisis técnicos; solo repite la narrativa de Argumosa. Algo que también sucedió con el propio Argumosa y que sucede con todos los charlatanes de la misteriología sobre este y otros casos similares.

La historia de Argumosa se clasifica desde hace décadas explícitamente como un fraude en fuentes dedicadas al análisis de pseudociencias por una serie de puntos bastante claros que veremos a continuación.

1. La grabación nunca fue verificada de forma independiente

Solo se emitieron seis fragmentos cortos (entre unos 50 y 60 segundos en internet o radio), que sumados apenas llegan a los 4:35 minutos.

Este es el fragmento, por ejemplo, que emitió el magufo de ultraderecha Iker Jiménez:

Es, de hecho, el fragmento que Argumosa iba paseando por los platós de los programas de televisión y radio (como en esta entrevista de 1993).

La cinta completa de 10 minutos nunca se publicó ni se permitió analizarla con medios técnicos modernos. Argumosa la reproducía él mismo en la radio (con su propio magnetófono y micrófono cerca del altavoz) para evitar así a los ingenieros de sonido.

Como lo oyen o más bien leen. Durante la única emisión completa de esos supuestos 10 minutos, Germán de Argumosa no entregó la cinta original al estudio para que fuera reproducida directamente desde el equipo de la radio. En su lugar, llevó su propio magnetófono (grabadora de cinta abierta o de carrete), introdujo en él la cinta de su propiedad, la reprodujo allí mismo y colocó un micrófono del estudio muy cerca del altavoz de su aparato para que el sonido se captara y transmitiera en directo por antena.

De esta forma, los pocos oyentes de esa emisora de radio que escucharon la grabación a través de una doble conversión (la cinta original reproducida por el equipo de Argumosa y luego captada por el micrófono de la radio), lo que escucharon fue un audio que generó una calidad de sonido claramente inferior y añadió posibles artefactos a la grabación. Esta metodología impidió que los técnicos de la emisora tuvieran acceso directo a la cinta virgen, imposibilitando cualquier verificación técnica independiente en ese momento y explicando en gran medida por qué la versión íntegra nunca circuló en buena calidad ni pudo ser analizada forensemente después.

De hecho, La grabación íntegra de 10 minutos de la Psicofonía del Infierno (la que supuestamente se emitió en noviembre de 1985 en el programa La Otra Frontera de Radio Fortaleza) no está disponible públicamente en ninguna fuente verificable.

¿Por qué no existe la versión completa?

Según todas las referencias históricas, la cinta completa solo se emitió una vez en ese programa de radio local madrileño (Radio Fortaleza, barrio de La Uva/Hortaleza), con Germán de Argumosa presente en el estudio. Más allá de ese programa, Argumosa siempre se negó a publicar la grabación íntegra. Solo permitió escuchar o emitir fragmentos cortos (generalmente de 30-60 segundos, donde se oyen los gritos, “Agua, agua… me ahogo” y “Ya te tengo, Juan, te mataré…”).

Después de su muerte en 2007, los herederos de Argumosa se negaron a reproducirla o entregarla para cualquier análisis o estudio. Está considerada “lost media” (medio perdido) en la comunidad de archivos paranormales y escépticos. Lo único disponible es el minuto que he puesto, que es el que se replica siempre que se habla de este caso.

En resumen: no hay archivo oficial, copia digital auténtica ni grabación del programa de radio que conserve los 10 minutos completos. Cualquier cosa que circule como “10 minutos íntegros” en internet es, en el mejor de los casos, una reconstrucción o montaje hecho años después con los fragmentos conocidos más otros sonidos de ambiente, efectos o silencio añadidos para llegar a esa duración.

2. Cuando se analizan los audios se descubre el pastel

No hay fuentes científicas que la respalden; solo repeticiones sensacionalistas del bulo en YouTube, TikTok, Cuarto Milenio o demás sitios dedicados a hacer proselitismo y de pregoneros de estas estafas paranormales.

Ahí arriba tienen, por ejemplo, al mentiroso estrella de la ultraderecha como ejemplo de mal periodismo, contándonos que Argumosa «ofreció al público» algo sobre lo que no permitió verificación alguna.

Como siempre con lo magufo (y que los creyentes dados el pensamiento mágico tienden a ignorar, omitir o menospreciar por ser desfavorable a sus sesgos), como ya he dicho, es que ningún estudio revisado por pares, universidad o institución científica (ni siquiera si admitiéramos a una parapsicológica seria) valida la psicofonía de Argumosa que tan alegremente comparten los charlatanes del misterio.

La comunidad escéptica (desde las Wiki sobre Pseudociencias, pasando por los foros escépticos a los análisis técnicos hechos por expertos en analizar audios) coincide en que es un fraude clásico para promocionar lo paranormal. Comentarios en vídeos donde se realizan análisis técnicos de los únicos fragmentos de mala calidad (gracias al recelo del propio Argumosa) lo llaman abiertamente una estafa en la que «se dan golpes» y «ponen voces», y tienen razón.

Si miramos esos análisis de audio disponibles (hechos tanto por entusiastas como por escépticos) estos revelan que el sonido tiene loops repetidos, “clicks” de rebobinado manual, sobreposiciones de efectos y sonidos que coinciden con discos de efectos de terror de la época (BBC, etc.). Con la tecnología analógica de 1985 era fácil preparar una cinta pregrabada y modificarla. No es desde luego la primera en hacer esto: hace años ya publiqué un artículo sobre otras «voces del infierno» bastante conocidas a nivel mundial donde exponía esa estafa y su metodología. Hasta el mismo Argumosa admitió que algunas psicofonías famosas eran un fraude (una actriz de doblaje confesó haberlas hecho).

 «a su despacho acude una mujer, cuyo nombre no ha trascendido, pero le confiesa que es actriz de doblaje y que ha sido la que ha perpetrado esas psicofonías».

Algo que nos sirve para ver que hasta él mismo sabía cómo podían realizarse, extenderse y ser creídas.

La explicación científica es que lo sucedido con las psicofonías (EVP en inglés), en todas ellas y en relación a las voces que quienes las escuchan dicen oír, cuando no son frases soltadas por las personas que perpetran este tipo de estafas, lo que son es básicamente una suma de pareidolia auditiva y apofenia: el cerebro impone patrones significativos (voces, palabras) en ruido aleatorio, interferencias de radio/TV o artefactos del equipo. Las revisiones científicas lo confirman:

“Estos registros suelen ser explicados racionalmente como resultado de pareidolia, apofenia o simplemente fraudes”.

A todo esto, se añaden varios sesgos, como el de confirmación o el de conformidad: en muchas de las grabaciones presentadas como psicofonías una persona dice escuchar una frase o palabra dicha en ellas. A partir de ahí, todas las personas que escuchan ese fragmento dicen oír lo mismo. Algo que no sucede cuando se les pregunta por separado y sin que hayan tenido contacto entre sí.

3. La cantidad cambiante de fechas, lugares y testigos que jamás aparecieron

Del resto de testigos que podrían confirmar el relato nos tendremos que basar en la fe, porque Argumosa jamás dijo quiénes eran.

Según la versión que contó repetidamente Germán de Argumosa, la psicofonía se grabó en noviembre de 1985 (o a finales de octubre, según algunas entrevistas) alrededor de las 3:00 de la madrugada, en la biblioteca o sótano de un chalet ubicado en una urbanización de lujo a las afueras de Madrid (a veces mencionado como Puerta de Hierro, aunque nunca se precisó la dirección exacta). El grupo estaba reunido en una cena o tertulia entre “intelectuales y gente de alta sociedad”, y la idea surgió de forma espontánea tras hablar de temas paranormales.

Argumosa, como he dicho, nunca reveló públicamente los nombres completos de los testigos, alegando que se trataba de personas conocidas (artistas, políticos, diplomáticos y “alta alcurnia española”) que deseaban mantener el anonimato por el impacto emocional de lo ocurrido.

Otro indicio de la falsedad de esto, es que según dejó reflejado él mismo y las fuentes cercanas a él al contar el relato, la cifra de personas (incluyéndolo a él) varía según las versiones entre 9, 12 o 13: algunas versiones hablan de 9 testigos más Argumosa, otras de 12 personas en total presentes durante la grabación y la escucha posterior, que puede incrementarse a 13 ya que en unas versiones se incluye a Argumosa y en otras este es alguien ajeno a esa cifra de «testigos».

Los únicos detalles que dio sobre los asistentes fueron:

  • Un diplomático chileno de unos 40 años llamado Juan (el supuesto “protagonista” de la profecía), que era uno de los presentes y murió tres meses después.
  • Los dueños del chalet (amigos suyos, no identificados).
  • Una “estrella de la farándula” o persona famosa cuyo nombre jamás desveló (en algunas narraciones, la reunión se hizo en su casa).
  • El resto eran “intelectuales”, “personalidades vinculadas a la política” y gente de alto nivel social y cultural, todos conocidos entre sí.

Ninguno de estos testigos ha salido nunca públicamente a confirmar o desmentir la historia (ni siquiera después de la muerte de Argumosa en 2007). Argumosa siempre mantuvo que el grupo quedó horrorizado, que algunos abandonaron la sala visiblemente afectados y que uno de ellos sufrió un colapso nervioso. La falta de nombres concretos y la variación en el número de personas (9, 12 o 13 según la fuente) impide cualquier verificación independiente. Lo dicho: fe. Que es en lo que se basa todo charlatán y cuentista.

4. El “diplomático chileno Juan” no existió

El remate final (que sucede con esta clase de timos – como el que expuse en el otro artículo) es que las historias y datos con las que las adornan son falsos. No hay registro alguno en la Embajada de Chile en Madrid de un diplomático llamado Juan que muriera en esas fechas (aproximadamente en enero 1986). El hecho es que el embajador real entre 1985 y finales de 1986 era Fernando Zegers Santa Cruz (vivo en esa época y sin relación con el cuento de Argumosa). Otros funcionarios chilenos de la época tampoco recordaban a nadie con ese perfil descrito por Argumosa. Y después de Zegers, durante el año 1987, el cargo de embajador de Chile en España fue ocupado por dos personas debido a un cambio en la representación diplomática:

  • Enrique Krauss Rusque: que desempeñó en el cargo hasta 1987.
  • Mario Fontecilla Concha: quién asumió el cargo en 1987, extendiéndose su periodo hasta 1988.

Por lo que el citado «Juan» jamás existió, pero es que a esto se añade que la muerte “profética” (paro cardíaco más lo del “agua, agua”) es una falacia post-hoc: se contó después de los supuestos hechos y no hay médico, autopsia ni certificado que lo confirme. Es un detalle dramático inventado o exagerado por Argumosa. Si admitiéramos que hubo un tal «Juan», o bien Juan era un amigo cercano al que se le cambió el nombre para dramatizar, o es pura ficción. Lo cual es más probable, teniendo en cuenta el carácter cuentista de Argumosa.

¿Y quién era Argumosa?

 Algo que puede explicar cómo surgió este fraude es quién era el propio Germán de Argumosa. Además de un fascista que luchó con el bando golpista en los requetés (muy propio de su perfil de clasista acomodado conservador de apellido compuesto – véase su ascendencia) hasta que le sentó mal el régimen dictatorial, Argumosa era un completo magufo. Por más lavado de cara por falta de criterio que le dieran medios como El Mundo, ya en su época y posteriormente se le conoció como un pseudocientífico con un historial de afirmaciones sin evidencia.

A pesar de valerse del renombre de sus antepasados y de codearse con personalidades de la época, algunos de sus familiares médicos (uno de ellos relacionado con otra estafa religiosa), y pese a que se autodenominaba “profesor”*, este no tenía formación científica ni cargo universitario.

Argumosa, como no podía ser menos en alguien con un perfil magufo, promovió otras pseudociencias como la fisiognomía (asociando rasgos faciales a la homosexualidad) y casos ya desmentidos de estafas como las Caras de Bélmez (donde también afirmó que habían psicofonías “paranormales”, que luego se desmintieron como fraudes).

Su motivación era validar la “parapsicobiofísica” como una ciencia y esta grabación era su “prueba irrefutable”. Para ello se valía del manual del buen manipulador y usaba el dramatismo (advertencias de “no escuchar si eres sensible”) para generar una respuesta emocional que beneficiara a su leyenda urbana.

Conclusión

El artículo de Guioteca es pseudociencia pura: una leyenda urbana construida sobre una grabación manipulada (o inexistente en su versión completa), fuentes inexistentes, un testigo ficticio o anónimo, y la tendencia humana a ver lo sobrenatural en ruidos. No hay evidencia verificable y todas las pistas apuntan a un fraude o a un error de interpretación. Las psicofonías tienen explicaciones naturales bien documentadas (pareidolia, interferencias, fraudes…). Si se analizan los audios presentados se ven claramente sus fallos y si se busca el audio original completo, no existe públicamente por una razón: nunca se quiso someterlo a un escrutinio real.

Y no. Ni existen las almas o los espíritus. Ni el infierno existe: es solo una versión mesiánica (cristiana) que mezcla el Hades griego y el Seol judío. Ni existe demonio o diablo alguno. Dejen ya las supercherías arcaicas de lado y maduren. Que estamos en el siglo XXI.

 

(*)Nota:

Hay toda una discusión hecha por fans de lo magufo en Wikiwand sobre esto, alegando que era «profesor» por haber dado unas clases en unos cursos de parapsicología en la Universidad Autónoma de Madrid, en un lugar que le habilitaron para ello. A poco que alguien sepa cómo funcionan las universidades se dará cuenta de cual es la trampa ahí. Las universidades, por un módico precio, permiten alquilar espacios para que cualquiera pueda dar cursos, talleres, conferencias, etc. sin validez científica alguna. La Universidad Autónoma de Madrid no es la excepción.  Muchos charlatanes, de hecho, se han aprovechado de esto para engrosar en sus lamentables currículums que han participado en dichas universidades o que estas les avalan.

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